(Des)h ojeando el Calendario
Dossier de reseñas de libros publicados en la colección Calendario tras obtener el premio homónimo de literatura convocado anualmente por la Asociación Hermanos Saíz
Por: Jorge Enrique Rodríguez.
III
Corrientes coloniales y otros desnudos.
Desmontaje de la estructura pre-codificada del hábito. Transfiguración de la esencia -casi en un ¿juego?- donde re-vivir/re-plantear el sentido, la secuencia, lo resultante, la expectativa. Tangencia y cimarronaje -entendido como la fuga que refunda/reforma/retorna- hacia otro uso de los límites. Así también podría rev(b)elarse la poética, el acto de sobreescribir el impulso crónico de pertenecer, y ser, más allá del polvo y su consagración.
Así se reb(v)ela igualmente Corrientes coloniales -Premio Calendario 2006-, de Leymen Pérez (Matanzas 1976), sin pre(en)tendimientos historiográficos; sólo el ejercicio poético-tangente, devenido reacción ante el sinsentido de la Historia y sus “cubrimientos”,
(…) si escoges a Balboa es Gilberto Girón el que habla
aquí son los muertos quienes hablan
y pueden narrar cómo nos atraviesan el pecho
en el hato de Yara o en cualquier abismo de colonia
intertextual o marmórea
como la colina de agua que respira
a través del ser formando al ser
y asfixiándolo
si escoges al fraile Escobedo
también estarás asfixiándolo (…)
Dejarse conducir por estas Corrientes coloniales es trasponer aquellas puertas vedadas, que hierven de tan sólo mentarlas; es extender la espalda a la furia de la memoria que se niega a sí misma, y al aprendizaje impuesto, oxidado por el vértigo. En ellas la poética es contracción, y por consiguiente, duele. Duele el verso exacto,
(…) al occidente del país donde los muros laceran
sombra a sombra lo poco que nos han dejado
los animales de hierro,
los héroes trasvestidos que fundaron en el interior
de un cuerpo mutilado
una plantación, una patria.
Los hombres de la colonia se arrastran
pero respiran
lo que proyecta el mundo cae por el breve abismo del cono donde hemos vivido como un golpe atravesado por un andamio ¿dónde hemos vivido? con los huesos tatuados
dentro y fuera del poema,
dentro y fuera de la historia (…)
No existen las imposturas; de nada sirve cerrar los ventanales, ni esconder espejos que delaten nuestra complicidad con la Historia y su “fechoría”. Es vano rehuir la embestida de estas corrientes que derriban las maneras tranquilas de versar, las entendibles por su docilidad en la sobremesa, las leales. Poeta y verso se mestizan en una dentellada, en una sola visión,
Los hombres venían y vienen apretujados dentro de una
resistencia y no sentían (ni sienten) la historia, el cuerpo deforme
de La Colonia desnudarse frente al pedazo de mar que aún se
cubre detrás de nuestros ojos, detrás de una pared de silencio.
Cuando los hombres atraviesan una línea dejan algo
muriéndose, en una rama, en una resistencia que nos lleva a
otra. Se supone que la historia nos da un instrumento para
ordenar las palabras con que terminamos matando al que
contempla (en la distancia) la sal que cae en la madera.
Y esta visión (dentellada) nos advierte que no habrá reconciliación alguna en los opuestos; que estas lecturas (corrientes) no son traficables y de su hondura no hay retorno sin antes entregarse a la cisura,
Tendido contra el suelo
contra una colonia
de hormigas
que almacenan
restos de nuestras vísceras
imaginemos a Martí
con un brazo cortado
(de)construyendo un país
con primitivas piezas de metal
-esquema rítmico- me dicen
en el laboratorio
“en la metrópoli
que se apodera de la belleza
de los pobres”
imaginemos a Martí
y rocemos el suelo
para que no se rompa el Ser
demasiado adentro.
En las Corrientes coloniales de Leymen se desvanecen los disfraces; apenas queda sitio para un último ritual, o la revisión de las ordalías. Nada se asevera, todo es pregunta. Es cuestión de saber o no saber que después de la línea será imposible sanar al sol entre las manos. Esa es su certeza, su sino, su performance,
(…) Mi cuerpo se refleja en infinitas direcciones,
proporciones, sucesiones
y no lo sé. Mi mano se detiene
para no destruir una realidad, una línea y un centro
que controla en el plano etérico al ser que soy. Vivimos
de pequeñas vibraciones en una enorme cavidad.
Entre el hálito de un santo y un muro. Entre el espacio
que ocupa el muro y los límites de una nueva colonia (…)
Tal vez, si no bastara descubrir aquí al poeta y su oficio, será posible extender el diálogo en Números del escombro (2002), Pared con grabado de Pollock (2004), Hendiduras (2005) y Transiciones (2006).
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