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(Des)h ojeando el Calendario
Dossier de reseñas de libros publicados en la colección Calendario tras obtener el premio homónimo de literatura convocado anualmente por la Asociación Hermanos Saíz

Por: Jorge Enrique Rodríguez

XXIX

Sans amour (i)limitado

(…)-Imagina esto: Son dos muchachas en el vagón del tren. No se conocen. Están sentadas espalda contra espalda en asientos opuestos. Una ve la ciudad venir a su encuentro. La otra la ve irse. No se conocen, y están muy lejos de sospechar que esta coincidencia anónima no cambiará sus vidas absolutamente en nada. Absolutamente (…). Tal vez en esta “inducción” se cuece la verdadera “tesis” de la fábula que el narrador y novelista Michel Encinosa Fú (Ciudad de La Habana) urde en las páginas de su libro Dopamina, sans amour -premio Calendario 2006. La “tesis” de que no hay coincidencia alguna en los “cambios” o torceduras, ni siquiera “azar concurrente”, sino una emboscada “conciliada” hasta los más mínimos detalles y matices. ¿Conciliada por quién… y por qué? Nadie podría saberlo a ciencia cierta, pero lo seguro es que Dios nada tiene que ver.

El desarrollo de las nuevas tecnologías (catalizadas en la web 2.0) no sólo significó la evolución (manipulación) de la información y del conocimiento, desembocando en el fortalecimiento del “cuarto poder”, sino que también representaría un nuevo escenario, o trasfondo para la literatura en sus más variados géneros. Dopamina, sans amour refleja esta “apropiación” a través de la “(re)construcción” de un blog al cual podemos asomarnos a las actualizaciones de “¿un(a) asesino(a) en serie”, o de “las fantasías perversas de un(a) cibernauta?”.

(…) Sady me abrazó más fuerte:
-Nunca te había visto desnudo. Yo a ella sí, tantas veces. Se lo dije.
-¡Maricón hijo de puta! Ya no me abrazaba. Corría hacia atrás, tropezaba y caía sobre una mesita, y se levantaba para seguir corriendo. No quise verla correr. Forcejeamos hasta la cocina. Ella no gritaba. En realidad, su resistencia era fingida. Hasta que cogí el cuchillo. Dejó de fingir, pero ya no tuvo tiempo de gritar. Fui a buscar la cámara. Tiré esta, en homenaje a mi madre, que le toca fregar cuando regrese.
En mi blog tenía un comentario de la puta belga. Lo cito:
“Escríbeme a este correo. ¿Hablas inglés? Quiero conocerte. Dónde tú vives. Tengo que conocerte”.
Lo pensé, y no, no quiero conocerte.
¿Por qué coño conocerte? Tokio es una mierda. Bélgica también. Búscate un mulato cubano en Madrid. Porque para empezar, sé que ni eres belga ni vives en Tokio ni mides 95-60-90. Tokio es un invento de los belgas y los belgas no existen; son una leyenda coreana. Por otro lado, la única que mide 95-60-90 es Sylvia Saint. No jodas.
Voy a cerrar este blog y me monto otro. Ya voy por treinta. Todo es inútil, pero un placebo es un placebo. Eso es lo importante.
Sospecho que Analio (ver CATY) tuvo la culpa.
Tal vez, no. Pudo ser Caty.
A veces sales a la calle y eres otra persona, y todos los demás son otras personas, y por eso no importa, ¿verdad que no?

La magistralidad de Encinosa Fú se vislumbra en el acto de borrar toda frontera entre dos realidades que el imaginario/pensamiento social traza como “distintos” y no como extensión/reflejo y dependencia absoluta de ambas realidades entre sí: la física y la virtual. No es posible aseverar si los “asesinatos” se cometen en realidad y se actualizan en el blog, o si conforman la bitácora  -de alto calibre literario- de un cibernauta desbocando sus demonios, que Evelyn Pérez resume como “los fragmentos de varias vidas que pueden ser las de cualquiera. Flachazos de una polaroid. Reflexiones perdidas dentro de otras reflexiones. Perdidas a su vez, dentro de otras… reflexiones perdidas” (…) “que pudieron ser escritas por el hombre de la camisa de cuadros que se cruzó en tu camino. Incluso por la muchacha belga que vive en Tokio. Pero no, fueron escritas por un tal Marco Antonio Alvarado para ti. No hay dudas. Solo para ti”.

(…) Es terrible llegar a viejo, Hedy. Yo tampoco sé lo que es, pero suena terrible. Todos esos viejos tristes, babosos, los ojos hundidos, los pellejos.
¿Cómo tener nueve años y de repente noventa? Porque es así, de un pestañazo. Pero ya tendrás noventa años, Hedy.
-¡Te cogí!
Y te tiré suavecito sobre tu cama. Estabas muerta de risa.
-tengo que drogarte para que te duermas y no me delates. Para que paguen el rescate.
Y seguías muerta de risa.
Te di las pastillas y el vaso de agua, como si fuera a la fuerza. Y te las tomabas, una detrás de otra, muerta de risa.
-¡Ahora ni el mejor detective del mundo te encuentra! ¡A que no!
Y tú muerta de risa.
-¡porque tú eres mi novia, Hedy!
Y tú, muerta de risa. Pero seguirás siendo mi novia.
Desde aquí no puedo verte. Pero sé que estas preciosa en tu cama. Tu mamá no debería dejar pastillas regadas por todas partes. Quién sabe, cuando legue, a lo mejor se toma las demás. Da lo mismo.
Tengo que levarle tus fotos a Mary. A ella le encantan mis fotos. Dice que son muy recurrentes. Eso me gusta mucho. Ella también me gusta, pero no tanto como tú, Hedy. Te lo juro.
Cross my heart and hope to die.
Además, está entrando una llamada, así que mejor desconecto la laptop de la línea. Debe ser tu mamá. Si no le cuentas, yo tampoco se lo voy a contar. ¿Verdad que quedamos en eso?

La narrativa de Encinosa Fú, confieso, me asusta. No terminas de leer cualquiera de sus obras  -Sol negro, Extramuros 2001;Niños de neón, Letras Cubanas 2001; Veredas, Extramuros 2006; o Dioses de neón, Letras Cubanas 2006, entre otras- sin dejar de sentir el sobresalto de que “algo de eso” puede estar sucediendo(se) a la vuelta de la esquina, en la próxima estación, en el próximo vuelo, en el próximo coito, en el próximo “prende”. Lejos de ser rehén de un discurso pesimista y deprimido, su literatura, y ahora esta, Dopamina, sans amour, la considero pertinente, advertida, que soslaya toda complacencia o entreguismo ante una realidad de(a)nunciada sin cinismos, ni ironías, sino con una tiranía que deja poco, muy poquísimo espacio al fingimiento o la impostura “maquillada” a destiempo y en desmemoria.

Comentar siquiera las certitudes estético-literarias de Encinosa Fú es casi un llover sobre mojado, un “llegar tarde” a las potestades que ha ido instaurando y suscribiendo con un oficio, casi un don, que no deja lugar a dudas en situarlo entre lo más distintivo de la narrativa cubana de estos tiempos.

Dopamina, sans amour es un libro (bueno, un blog) que nos deja el desasosiego de seguir “pinchando” en las actualizaciones; tal vez por una morbosidad (vamos, no seamos pacatos) que a todos nos habita, y también sin ser menos, por la eficacia y rigor que su autor esgrime para siempre conducirnos a través de sus estambres y avatares. Dopamina, sans amour deberíamos conservarlo como testimonio, quién sabe si algún día, mañana mismo… quién sabe…

(…)- Eres lo máximo, de verdad.
-y tú eres lo mínimo. Nunca haces algo por cambiar este mundo. Dale, que te toca.
-Creo que ya no tengo ganas de seguir.
-Tú siempre crees. Tienes una fe envidiable. Pero con eso no resuelves nada.
-No tengo nada que resolver.
-¿Seguro? Y entonces qué carajo haces aquí. Nunca vienes así de gratis. ¿Debes dinero? ¿Coronaste de tarros a un socio? ¿Te botaron del trabajo? El trabajo es una esclavitud, Marco Antonio. Vivimos para trabajar, y ya no trabajamos para vivir. ¿Es  eso, verdad? El trabajo…
-Lisy, cállate.
Callaste.
Con ceño fruncido, pero perplejo. Pero no aguantaste mucho.
-A ti te pasa algo raro hoy, Marco Antonio. Estás cortándome los flujos. Voy a tener que ponerte en mi lista de protestas.
-Tú y yo nunca hemos templado, ¿verdad?
-Mira que sí, que te pongo en mi lista.
-¿No quisieras templar conmigo? ¿No te dan ganas?
-Marco Antonio, vete.
-Ayúdame,  Lisy.
-Que te vayas. Esa no es forma de pedir ayuda. No sé qué te pasa, pero no es forma.
-Lisy… ¿te acuerdas de Caty?
-¿Cuál? ¿La puta que te mareado toda tu vida? No me digas que por fin se te abrió y no te gustó, que es una pazguata, con todos los maridos que ha tenido…
Te cogí por la nuca y te partí el cráneo contra la mesa. Te dio tiempo a decir algo, pero yo no quería oír más. Y de todos modos, ya había perdido el juego, como siempre.
Cuando pienso en la muerte imagino un gran pájaro negrialado. Yazgo en un mar de alfileres, plumas y otros instrumentos de fe y sexo y dios en el vientre de un pájaro negrialado.
Pero creo merecer más.
Yazgo en un campo de llamas y brezos, rindo mi cuerpo al ardiente corazón de dios en el vientre de un pájaro negrialado, pero creo merecer más que eso.
Tiene que haber más.
Siempre pierdo contigo, Lisy. Igual que perdí con Caty. Necesito alguien que pierda conmigo, que siempre pierda. Para levantarme el ánimo. Para sentirme mejor. O cuando menos, algo bien. Lo mínimo, lo indispensable.
Gaby. Claro, coño.
Necesito a Gaby.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.