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Desde un tiempo que deslumbra
Por: Arístides Vega Chapú
El pasado año tuve la posibilidad de visitar un Ciego de Ávila no solo rejuvenecido en su aspecto arquitectónico, con nuevos espacios creados como La Turbina -una especie de parque temático, accesible a cualquiera-; sino en la visión renovada que aportan los jóvenes creadores que, agrupados alrededor de la AHS, han movilizado e incentivado una vida cultural mucho más dinámica y diversa que hasta hace poco.
Talentosos y osados son algunos de los que protagonizan la nueva hornada de escritores que en esa tierra nunca han faltado. Ellos vienen a sumarse a un grupo de reconocidos escritores que ya existían en una ciudad, que aunque pequeña, ha aportado valiosas obras al contexto literario nacional.
Quizás por todo esto, sigue siendo Ciego de Ávila el espacio reconocido por muchos jóvenes creadores para diversos eventos y convites nacionales, como Los Juegos Florales que la AHS organiza cada año.
En 2009 fui invitado como jurado del premio Poesía de Primavera que, como parte de este evento, reconoce cada año un poemario escrito por un menor de 30 años.
La calidad de las obras presentadas al concurso me propició constatar el alto nivel de la escritura que hacen los más jóvenes. El premiado, entonces, resultó ser Sergio García Zamora con Tiempo de Siega, que con seriedad y respeto al premio y al ganador, Ediciones Ávila publicó con la necesaria puntualidad como para presentarlo en la edición de este año de los Juegos Florales.
Sergio García Zamora (Esperanza, Villa Clara, 1986) sorprendió a muchos cuando Sed de Belleza publicó en 2003 su primer poemario Autorretrato sin abejas. Su autor era aún estudiante de último año de pre universitario en la Escuela Vocacional de Villa Clara y ya su poesía mostraba los primeros signos privativos de una lírica que con precocidad era distinguible.
Un poemario donde el escritor deja constancia de su deslumbramiento por todo cuanto lo rodea, desde una ingenua y a la vez vital mirada, propiciada desde sus escasos años, a un mundo complejo del que intenta constantemente extraer lo que considera, sus experiencias más trascendentales hasta entonces y compartirla a pesar de dudas e inseguridades.
Aunque está en espera de sendos libros, por las editoriales Abril y Sed de Belleza, este premio de Poesía de Primavera en 2009 le aseguró a Sergio García Zamora la salida de su segundo libro.
Tiempo de Siega ya expone registros más sólidos que le permiten un tanteo maduro a un mundo, que aunque aún sigue siendo complejo, está trazado con mucha más persistencia y dominio de quien pone en geografías variadas a personajes que saben comportarse con eficacia como protagonistas de las experiencias vitales que conforman la dramaturgia de este poemario. El largo y fragmentado poema que da título al libro y que aparece como conclusión, cierre preciso del poemario, es un buen ejemplo de ello.
Sus reflexiones están en boca de personajes que habitan en un pequeño pueblo, tengamos en cuenta que el poeta nació y vive en Esperanza, un poblado a varios kilómetros de la capital provincial, que él privilegia como escenario fundamental, pero que se va ficcionando hasta convertirse en un universo geográfico cuyos límites no serían posibles de establecer.
Y es que la luz filosófica y cuestionadora con que se permite visualizar determinadas zonas geográficas o sentimentales, espacios históricos o familiares, parte desde una minúscula parcela vivencial hasta alcanzar paisajes tan amplios, diversos y complejos, como suele ser la geografía imaginaria de los escenarios poéticos.
Este libro dividido en tres estancias reflexivas: Tiempo de asombro, Tiempo de Caza y Tiempo de Siega, va agrupando imágenes que en su totalidad permiten la visualización de cuánto le ha sido inspirador al poeta; la familia –la madre y el padre, el abuelo, el hermano, el cercano padrastro –, los amigos, las circunstancias que propician los diversos actuares de las personas más cercanas, el amor y las dudas, y la vida compleja e intensa que con la seducción lograda en este poemario, se transparentan a través de versos exactos y bien cuidados que en primer lugar se proponen comunicar.
Desde los sucesos más cotidianos (Mi padre, experto matarife, /daba hincadas a los cerdos/buscando el camino más corto hacia la muerte…) a los más sublimes (Es tan dulce la idea del hijo en ti/ como contemplación de una fruta/ en almíbar.), el abarcador diapasón temático de este libro se sostiene sobre la inteligente observación del Hombre desde sí mismo.
Tiempo de siega se presenta con una cuidada edición realizada por el también joven poeta Liuvan Herrera Carpio y un diseño pensado desde las limitaciones reales de la impresión en la risográfica que prueban, desde el buen gusto de la sobriedad, que las ediciones más humildes y limitadas en cuanto a los materiales posibles de usarse, se puede lograr un libro con el decoro, que esta poesía puntualmente bien escrita, con tanto que contar, de tantas miradas desprejuiciadas sobre casi todo lo que queremos ver y compartir.
Sergio García Zamora no escatima ninguna variante lírica para exponer los variados conflictos universales desde una cotidianidad que convierte en interesante a partir de resortes que van desde su experiencia personal, mostrada con honestidad, hasta una demostración de dominar culturas y saberes diversos, con absoluta prueba de lograr un testimonio fidedigno desde el uso de las formas clásicas hasta la prosa lírica o el verso libre.
Con absoluto conocimiento de estas variantes, su poesía, lejos de intentos experimentales, de modas y artificios, muestra un discurso que, desde la emoción, alcanza esa perfección del que conoce el lenguaje trascendental de la poesía. |