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Del buen y mal amor nos cuenta Nelson
RESEÑA

Por: Eldys Baratute

Un elemento que caracteriza la literatura infanto-juvenil de finales de los años 90 y principio de los 2000 es que algunos de los escritores que ya tenían una obra reconocida en la llamada literatura para adultos comienzan a escribir textos que, además, encuentran sus lectores dentro del público de los más pequeños. Las voces de José Manuel Espino, Arístides Vega Chapú, Yamil Díaz, Teresa Melo, René Valdés, Nelson Simón y otros, se unen a otras ya reconocidas dentro del panorama literario cubano1. Sin dudas, Nelson Simón es una de las más auténticas que se escucha por estos días. Con los premios literarios más importantes de todo el país (La Edad de Oro, Herminio Almendros, Premio de la Crítica y en varias ocasiones La Rosa Blanca), y un arsenal temático que va desde la poesía llena de lirismo e intertextualidades, alejada de todo intento facilista de convertir el verso en un juego fonético para que el niño aprenda a rimar las palabras, las simpáticas historias de brujas contemporáneas, hasta los relatos donde los niños son protagonistas de los conflictos familiares.

Cuentos del buen y mal amor (Premio La Edad de Oro, 2007; Ed. Gente Nueva, 2008; Premio de  la Crítica, 2009) es precisamente uno de esos textos.  Si alguien me propusiera resumir con pocas palabras la esencia del libro dijera que, sobre todo, este es un cuaderno sobre las relaciones humanas. Los niños protagonistas son, quizás como lo fuera el propio autor, atrevidos y curiosos. ¿Acaso muchos no hemos sido como Pietro, el protagonista de la primera historia, y […] con el valor y la gentileza  con que los grandes caballeros partían, hace miles de años, hacia las oscuras montañas para matar al dragón y ganarse así la mano de la princesa amada […]  hemos salido a deshacer imposibles con tal de complacer a nuestro amor adolescente?; ¿no es esta la etapa en la que somos más cuidadosos con la ropa, el pelo y los zapatos?; ¿y para qué todo eso si no para llamar la atención del príncipe/princesa de nuestros sueños del que por su amor somos capaces de todo, hasta de alcanzar un resfriado similar al de María Carla, la niña de Lluvia de mayo. Quizás es cierto que María Carla es una niña contradictoria, como también pueden serlo Verónica y Ana, protagonistas de otros dos cuentos. Las dos últimas se enfrentan a las consecuencias de la separación de sus padres, fenómeno cada día más común en nuestra sociedad. Verónica juega con las nubes pero no quiere que llueva […]  le molesta que hoy, precisamente cuando su padre había prometido buscarla para visitarlos, esté lloviendo de ese modo. Verónica lleva dos meses sin ver a su padre […] y la lluvia, que antes la hiciera tan feliz, ahora le desagrada. Esto evidencia hasta qué punto la percepción que los niños tienen de la realidad puede cambiar después del divorcio. Ana, por su parte, no sabe lo que significa esta palabra y la confunde con un pájaro negro, un silencio grande o una flor marchita. Aunque no tenga claro qué significa, sabe que es malo, porque desde que oyó mencionarla por primera vez, sus padres no son los mismos.

Hoy en día las temáticas realistas (el divorcio, la violencia familiar, el cambio de roles, la muerte, la enfermedad) se han puesto muy de moda en la literatura infantil, pero lo que sí es seguro es que no todos logramos llegar al punto, para que estos temas no se vuelvan en exceso lacrimógenos y superficiales, donde se entrelazan una buena historia, una buena escritura e ingenio. Con todo el lirismo que caracteriza su obra (tanto la poética como la prosa), Nelson Simón logra fusionar estos tres elementos y permite que sus historias sean disfrutadas por lectores de todas las edades.

En Penélope y Caballo rosado, este autor demuestra mayor dominio de la palabra y las técnicas narrativas, al punto que los lectores dejamos de ser entes pasivos para convertirnos en personajes. Quizás esto se deba, en ambos casos, al muy acertado uso de la primera persona como voz guía.

Amalia es la viejecita que, sentada en un banco, como Penélope, espera el regreso de su primer y único amor. Detrás de este pretexto, aparentemente trivial, se esconde, como un iceberg, el dato escondido que justifica el relato. Muchas lecturas nos brinda Penélope, para  los que queramos seguir el hilo de Nelson Simón, este nos da  pistas que nos ayudan a construir la historia que él pensó, pero también se las ingenia para que los más fabuladores se inventen la suya propia.

Caballo rosado es el cuento del respeto a la individualidad ajena, a la diferencia, el respeto a la privacidad, y ¿por qué no?, es una historia de amistad y amor. Ale es distinto al resto de los varones de su aula, le gusta la pintura y sobre todo el corazón se le desboca y sale corriendo cuando está cerca de Marcelo, su mejor amigo.

Marcelo, por el contrario, por ser grande y fuerte es admirado por todas las niñas, pero como sabe que los demás abusan de su amigo lo cuida y lo defiende, aunque los otros varones se burlen de ellos. En este texto aparecen tres parlamentos fundamentales que demuestran cómo evoluciona la relación de amistad entre los dos adolescentes. Primero Marcelo se muestra incrédulo ante lo desconocido, después comprende,  respeta.

I
[Marcelo]: Es muy bonito, pero… ¿quién ha visto a un caballo rosado? Los caballos rosados no existen.
…………………………………………………………
II
[Marcelo]: Ale, espero que me entiendas, tú eres mi amigo, pero para mí no existen los caballos rosados.
………………………………………………………….
III
[Marcelo]: Siempre seré tu amigo, ¿y sabes por qué? […]  Porque me enseñaste que también existen caballos rosados.

Estas seis historias, unidas a las magníficas ilustraciones de Raúl Martínez, evidencian que se puede escribir sin subestimar a los niños, adolescentes y jóvenes, que estos merecen respeto e historias inteligentes.

Ojalá el Premio de la Crítica otorgado a Cuentos del buen y mal amor sirva para que esos dos mil ejemplares de su primera edición se multipliquen y muchos otros lectores puedan disfrutarlo

Esto es un fenómeno que merece estudio porque no sólo ocurrió a finales de los 90 y principio de los 2000. Recordemos las figuras de Eliseo Diego,  María Borrero, Emilio Ballagas y Nicolas Guillén y el propio José Martí.
© Asociación Hermanos Saíz. 2009.