Confluencia poética de Pablo Armando y Luis Yuseff
Por: Michel G. Nuñez
Casi termina junio, con pocas lluvias y mucho calor. Confluencia habitual la de condiciones climáticas que han marcado -¡y de qué manera este 2010!- el eterno verano de este pequeño archipiélago.
Mas no son estas las únicas confluencias que se producen en nuestro país, están las otras, las de poesía. Esas que invitan al final de cada mes a grandes exponentes del verso, consagrados por la obra y el tiempo, a una lectura junto a los más jóvenes, aquellos que recién comienzan o cuyo camino alcanza unos metros apenas.
El pasado viernes 25 de junio la Casa del ALBA Cultural abrió sus puertas a todo el que quiso acercarse a este encuentro, invitados especiales los integrantes del Consejo Nacional de la AHS y de su Dirección Nacional que sesionaron en La Habana por esos días.
Pablo Armando Fernández – el histórico- y Luís Yuseff – el más joven, pero que anda ya con paso firme- resultaron los protagonistas de una cita a media luz, cuando comienza a caer la tarde en la añeja casona del Vedado habanero.
Pablo Armando (Premio Nacional de Literatura) pasa de los sesenta años con libros y poemas entre manos, ochenta de vida recién cumplidos. Ya dijo Benedetti de él, o mejor dicho, de su obra que era como una marea de palabras y que le vino desde que andaba por el central Delicias de su Oriente natal. El empujón vino de alguien que le dijo que era poeta y desde entonces es imparable. Quince años por Estados Unidos no cambiaron la esencia del cubano, que sucumbió al encanto de una isla cuyo tiempo y realidad se transformaron aquel año 59 en que regresó a La Habana y su vida cultural a la que se incorporó activamente.
Ha participado en diversas publicaciones culturales a lo largo de su vida, en misiones diplomáticas, libros de versos que se suceden, narrativa y ensayo florecieron durante ese periodo. Y ya, con esa paz que embarga a los ancianos venerables, fruto de tanta vida en la sangre, confiesa no tener manías para escribir, necesita sentirse rodeado de almas con sensibilidades similares, y jamás le pone títulos a sus obras, sus amigos se ocupan, los días de invierno en La Habana no lo asustan, más bien revuelven recuerdos de su estancia prolongada en Estados Unidos y en Londres.
Pablo Armando Fernández (1930) es hoy uno de los más conocidos y reconocidos poetas cubanos. Una presencia patriarcal precede su palabra. Una obra voluminosa en la que Los niños se despiden (1968), Suite para Maruja (1978), En el vientre del pez (1989) bastaría para presentarlo.
Su larga vida se vuelve más larga aún con la intensidad de un trabajo continuo, con la presencia y el reconocimiento de universidades del mundo entero, con el volumen de palabras pendientes, de ideas a horcajadas sobre sus hombros, en busca del tiempo que el poeta, -o mejor, el escritor- dedicará a ordenarlas. En busca también de ese tiempo a compartir y disfrutar junto a los jóvenes que nos juntamos ese día en la Casa del Alba y que tuvimos la oportunidad de escuchar sus versos leídos por él mismo:
…elegidos los que asisten a la resurrección de la rosa/
advenimiento del cuerpo
celebraciones entre el humo del incienso y el clamor y el jolgorio
y la preñez de la vida por vivir
ahora que vuelves: dolor de la resurrección
cuando nada de lo que miras
nada de lo que te celebra es conocido:…
Alguien escribió que Luís Yuseff Reyes (Holguín, 1975) no ignora cuanto le rodea o se le acerca, más bien dirige su mirada atenta hacia todas direcciones; observa, silencioso, los edificios derrumbados, las calles transitadas por humanos, animales, máquinas, y el rostro de los ancianos en busca de respuestas a la constante incertidumbre de estar vivo. Luis Yuseff exorciza angustias y alegrías a través del verso.
Poco más de treinta años tiene este poeta y narrador para quien los premios, no importa la latitud o alcance de donde provengan, no constituyen una búsqueda descarnada. Lo importante es ser leído. Entre sus libros publicados se cuentan Los navíos de Pável Horov(Ediciones La Luz, 1999), Esquema de la impura rosa (Ediciones Vigía, 2004), Yo me llamaba Antonio Broccardo(Ediciones Cauce, 2004) y Golpear las ventanas (Letras Cubanas, 2004).
Siempre que le preguntan sobre la belleza cita a Hipólito Taine, filósofo francés según el cual era bello lo feo, pero más bello lo bello. Yuseff, quien se desempeña como director de la Editorial La Luz de Holguín, confiesa que su credo es la búsqueda constante de la belleza, mas no significa que viva exactamente en ella, una visión que ha plasmado con claridad en uno de sus tantos poemas:
Bebiendo a sorbos de muerte, la negra leche del alba,
estaba yo contemplando las rosas
que me han tocado en este mundo
y por las que Dios viene a la tierra,
sin el temor de perder el camino que lo llevará de vuelta
a las estancias donde sabe estarse quieto.
Allí, a la intemperie, contemplé la rosa suicida de Yukio Mishima,
la rosa de oro de Beijing,
y la rosa radiactiva del país de los soles rasantes…
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Yuseff es un escritor-poeta de estos tiempos, con inquietudes y desgarramientos como todos. Reconoce que no vive en una torre marfil, pero que en la historia de la literatura y el arte, lo que ha trascendido es lo asociado a los cánones de belleza de cada época. En su opinión la belleza enseña un falso camino al hacer sentir como a las puertas del paraíso cuando muestra un infierno. Tal es mi intención al defender la tesis de que el Arte debe ser bello y no por ello banal.
Tampoco se trata de una estética determinada. Al final, la importancia está en lo dicho. Y lo dicho este viernes en la Casa del ALBA Cultural, en el Vedado, fue la poesía de Pablo Armando Fernández y Luís Yuseff, sus visiones sobre los que nos inquieta a todos y desde ángulos generacionales diferentes, pero con un mismo feeling. Y fue sobre todo, ya lo dijo Luís Yuseff, bello. ¿Banal?, en absoluto. |