Noria de ensueño
Entre tu sueño y mi almohada
Juan Carlos García Guridi
Entre tu sueño y mi almohada
aún tejo follajes verdes
con la carne que no muerdes
desde aquel adiós por nada.
Rendida, toda ultrajada
por la lengua y la censura
este canto de bravura
aclama las huellas rotas
y no lame las derrotas
de tu última aventura.
Ese beso que me diste
entre tu sueño y mi almohada
fue la excusa , la coartada
para tu silencio triste.
El pasado se resiste
por horas de luto impío.
vienes de lejos, vacío
en penumbras y desierto
a vivir el beso muerto
sobre cada labio mío.
Yo tenía la certeza
de ser otra vez amada
entre tu sueño y mi almohada
de los pies a la cabeza.
¡Qué ironía! La destreza
de tu toque seductor
le echó plagas a la flor,
tiró semillas al viento
y en oportuno momento
hizo promesas de amor.
Cada promesa endiablada
de un todavía te quiero
esperan el tiempo cero
entre tu sueño y mi almohada.
Por esa rosa olvidada
hoy se estanca el temporal
y aquel encuentro casual
que bañó la tarde incierta
me sabe a llovizna muerta
en la hendija del portal.
Te fuiste por la cañada
de las aguas de otros ríos
enterrado en los bajíos
de mi luna derramada.
Entre tu sueño y mi almohada
alcé los ojos de nuevo
y en el cruce sin relevo
que llena la tarde y sube
un ángel desde la nube
movió su dedo longevo.
Al ver mi mundo deshecho
sintió rabia el emisario.
Las luces del campanario
alumbraron todo el lecho.
Me fue naciendo en el pecho
entre tu sueño y mi almohada
sabor a hierba mojada
éxtasis, frescura, grito.
Adiós pasado maldito
que ya no me debes nada.
Se desbocan los fluidos
de hembra que busca la orilla,
un instante de chiquilla
regaló senos, quejidos.
Abrió sus brazos torcidos
se entregó a la mar anclada,
entre tu sueño y mi almohada
no dejó espacio tangible.
¡Ay, mordida irresistible
en la pelvis saturada!
Colgó la ropa en percheros
sobre el piso y el desván
un olor a carne y pan
rellenó los agujeros.
El agua de los aleros
me rozó el paladar mudo,
mi vida se hizo menudo
entre tu sueño y mi almohada
desde que llevo colgada
ropa en el cuerpo desnudo.
Me desperté con el susto
y oí crecida tu voz.
Plenilunio para dos
latidos fuera del busto.
Ya no sé si esto que incrusto
a cada página en blanco
es realidad o lo arranco
de la sombra fragmentada
entre tu sueño y mi almohada
nunca hubo esquina, ni banco.
Despertar la pesadumbre
sorbo a sorbo, quieto el beso
con el único suceso
de rutina y de costumbre.
Jamás te tuve en la cumbre
no era cierta la escapada,
tampoco fue tan salada
la entrega de aquellas noches,
porque no guardo reproches
entre tu sueño y mi almohada.
N.Q.C |