Tras las huellas de nuestra identidad
RESEÑA
Por: Yailín Alicia Chacón Guzmán
Al “conjunto de criterios, percepciones y gustos por lo asiático, particularmente lo chino, lo llamamos exotismo oriental cubano”, define Mario G. Castillo Santana en su ensayo: Tras las huellas del exotismo oriental cubano, ganador del Premio Calendario 2008.
El libro en su conjunto es una invitación a descubrir la presencia de los chinos en la sociedad cubana, pero Mario lo hace desde la perspectiva de cómo la sociedad de la isla los hizo suyo para conformar nuestra nacionalidad.
La obra está dividida en cinco acápites en donde se descorren los mitos alrededor de este tópico: El exotismo oriental cubano en tres clásicos de la literatura cubana, apropiaciones populares del exotismo oriental cubano, el mito de la corneta china santiaguera, el exotismo oriental en la creación literaria cubana del siglo XX y la cubanidad de nuestro exotismo oriental.
La literatura y la música sirven para explicar los fenómenos en que se introduce la apropiación de rasgos de esa cultura por la nuestra, algo que Mario expone con una prosa precisa y directa. En el caso de la literatura la introducción por los escritores de personajes chinos fue recurrente desde finales del siglo XIX y en el transcurso del XX. Esta presencia es rastreada por Castillo en los libros: Memorias de una cubanita que nació con el siglo, de Renée Méndez Capote; Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet; Carmela, de Ramón Meza; así como en algunos artículos publicados por José Martí y Julián del Casal.
Especial atención le presta a la obra de Regino Pedroso, como uno de los fundamentales exponentes de la representación de lo asiático en las letras cubanas:
“Mulato de madre negra y padre chino, en su vida y su obra se sintetizan buena parte del perfil del exotismo oriental cubano, mostrando sus aristas más peculiares a partir de la creación directa de uno de sus descendientes en la Isla y no como resultado de una simple imitación acrítica de las modas modernistas francesas”.
Al igual que en la literatura, en la música lo asiático dejó su huella. Mario Castillo pone varios ejemplos, entre los cuales referimos uno, por lo ilustrativo. Se trata del instrumento célebre del carnaval santiaguero y la polémica generada alrededor de su surgimiento:
“Los artistas anónimos, el más puro ingenio popular le dieron vida a una de las más perdurables expresiones del exotismo oriental en la cultura cubana: la corneta china.”
Resulta verdaderamente revelador la refutación que hace el autor sobre la tesis, planteada por algunos especiaolistas, de que la corneta china es de origen asiático:
“Creemos que los investigadores santiagueros contemporáneos, al desconocer el lugar del exotismo oriental cubano, en un periodo en el que el uso del legado cultural afrocubano se consideró, incluso por intelectuales y activistas blancos como barbarie y retroceso, han desechado la posibilidad de valorar que el carácter asiático que se le asigna al origen de la corneta forme parte de las estrategias de legitimación y renovación de las prácticas musicales de los sectores populares negros y mestizos santiagueros, sobre la base de una manipulación paródica de formas artísticas legitimadas como las catalanas.”
El ensayo persigue además, mostrar la diferencia existente entre Cuba y algunos países del continente que también recibieron directamente la emigración china. En la Isla ciertos factores condicionaron que los chinos estuvieran presentes en “los mitos fundacionales del patriotismo cubano”:
“El personaje del coolíe mambí, encarnado en figuras como el general José Bu o el capitán Saturnino Achón (Liang Xianbai), personalizan la expresión ya célebre de Gonzalo de Quesada: ‘No hubo un chino traidor, no hubo un chino desertor’. Pero más allá de las grandes figuras y las palabras para el ‘bronce’, el prestigio de los chinos en Cuba se puede rastrear incluso, a través de las pequeñas voces de un antiguo esclavo o las de una niña que nació en el siglo XX.”
Para cerrar el círculo alrededor del exotismo oriental cubano Mario agrega que la aceptación de la presencia china por parte de los habitantes de la Isla propició que estos sean una pieza clave en la conformación de la cultura nacional :
“Por tanto, de este recorrido por las huellas y avatares del exotismo oriental cubano, definimos que su perfil no forma parte de una ‘cubanidad externa’, en la que se asume la mirada del colonizador. Al contrario, es expresión de las profundas contradicciones que genera la historia del capitalismo de plantación tardía en Cuba, siendo la cultura en sus variantes cultas y populares el espacio donde son representadas y sublimadas esas tensiones.”
Sin lugar a dudas, la lectura de este ensayo proporciona una nueva mirada para lograr entender esa mezcla que conforma la cubanidad. Aporta elementos interesantes y diferentes de cómo lo asiático son parte de la cultura nacional y no un elemento aislado.
Mario G. Castillo Santana: Miembro del colectivo-cátedra Haydée Santamaría. Historiador, gestor cultural y docente. Máster en Estudios Interdisciplinarios en América Latina, el Caribe y Cuba. Ha publicado junto a Míriam Herrera de la memoria a la vida pública…, Premio Anual de Investigación Cultural del Centro Juan Marinello, 2001 y Premio Memoria Nuestra, 2007; así como artículos, ensayos y entrevistas en las revistas Catauro y Caminos. Actualmente labora como investigador del Instituto Cubano de Antropología.
|