Todos los semáforos en rojo
RESEÑA
Por: Laura Hernández Rodríguez
Reflexiones sobre los conflictos cotidianos y nuestras realidades propone Mariene Lufriú en su última creación literaria: Todos los semáforos en rojo (Editora Abril 2009, Premio Calendario 2008), que bien pudiera incluirse dentro de la línea erótica que ha marcado otras de sus anteriores publicaciones.
Este testimonio transita de la niñez a la primera juventud sin obviar la tensa etapa de la adolescencia, con una lectura de ágil ritmo narrativo que no da paso al pestañazo, la autora se vale de un lenguaje coloquial, pero donde también tienen espacio la hermética y el estilo barroco.
“Escucho el tibio aullar de una manada
que es siempre el anagrama de una fuga.
Es casi todo un pueblo que conjuga
partir por una angustia demorada (…)”
Envuelto en el gacho que supone siempre el erotismo, temas como la familia, la política, la patria y la conformación de la identidad marcan el camino de este libro. Aquí la identidad juega con esa visión de Mariene de los seres humanos como partes aisladas dentro de un gran universo: la sociedad.
“Yo sería un hilo más en el mantel,
otra simétrica raya del tigre,
la gota idéntica y sumisa
que se despeña
en el torrente de una época (…)”
Dividido en tres partes: Llegar de noche a la Isla, Brevedades y Galería suicida, el volumen alerta al lector sobre la necesidad de detenerse ante la roja para pensar en las distintas realidades de los hombres y en cómo afrontarlas, para lo cual Mariene somete a sus personajes a rigurosos cuestionamientos.
En ocasiones, también se establecen analogías entre el autor y los protagonistas de los poemas:
“Se forjan por azar sus propios cercos,
presumen de un instinto racional
y yo, que ya soy parte de estos tercos,
que tengo el corazón de un animal,
prefiero el lodo gris, como los puercos.
No traten de sacarme del corral”.
Los finales de los versos parecen unirse unos con otros y con cada una de las tres partes del libro, como dando paso siempre al siguiente poema.
En Llegar de noche a la Isla, si bien los versos revelan continuidad también se tornan, en ocasiones, conclusivos. Conclusiones que desde una primera lectura dan la impresión de que la autora pretende hablarle a alguien.
“Madre sabe muy bien qué frase escoge
P0ara salvar a alguien,
aunque después de tanto
se haya quedado sin decir
BREVEDADES”
El uso de ironías y también de sarcasmos es frecuente en la propuesta que brinda Todos los semáforos…. El tema erótico viene a ser ese hilo conductor de la técnica lírica usada por la autora que alude a la miel, la sábila o al licor, sustancias que generalmente se asocian a la sensualidad y al despertar de la libido:
“Tú serás la savia,
el licor,
la semilla
y la lumbre:
definitivamente
diseñado para permanecer
dentro de mí.”
“Yo los amaba a los dos,
la unión de sus sexos idénticos,
las sábanas húmedas a sus espaldas
después del carnaval (…)”
Sin dudas, Todos los semáforos… es una opción diferente para los lectores, invita al análisis de temas que a diario pasan por la cabeza y no siempre uno se detiene a meditar y en los que Mariene convida a mirar atrás para repensar también todo ese proceso de formación de la identidad cubana. |