La Habana, motivo que vale la pena
Algunos recuerdos que valen la pena
Las cosas ya no son lo que eran antes
“La palabra es lo que lo construye todo”
Cementerio de elefantes (Escena Uno)
No me abandones
¡Semáforos en rojo! Demos paso a Mariene
Todos los semáforos en rojo
Narrar la historia de la gente sin historia
Tras las huellas de nuestra identidad
Sin temor a la fórmula de Harry Potter
Un lugar para la imaginación
(Des)h ojeando el Calendario
Una trayectoria con mucha Sed de Belleza
Entrar
Premio Calendario
Premio Sed de Belleza 2009
Beca de creación de literatura para niños y jóvenes La Noche
Beca Fronesis de creación novelística
Juegos Florales
Concurso Mangle Rojo
Cruzada Literaria Camagüey 2009
Cementerio de elefantes (Escena Uno)

Fragmento tomado de la obra teatral Cementerio de elefantes (Editorial Abril, 2009), Premio Calendario 2008.

Por: Fabián Suárez

PERSONAS

MARA,
una embarazada

ROQUE,
su esposo

LONGONE,
el propietario

CARLOTA,
la enfermera

BORIS,
el taxista

–Un balneario apartado–

UNO

Carlota, desnuda, con sueros, mangueras y apósitos. El cuerpo cubierto de grafiti.

CARLOTA. Hablar de mi enfermedad. Un enfermo crónico debe relacionarse modernamente con el sufrimiento que padece; conocer el origen, las causas que lo provocan, prepararse para morir con soberbia o tranquilidad. Luego, no puedes hacer nada. Solo te queda esperar. Tiemblan las manos, los vasos y las probetas resbalan. No puedo sostener las jeringuillas, el estetoscopio; coser debidamente una herida. Tiemblan, también, las piernas; mis rodillas se doblan, los tobillos. Una fuerza me obliga a rendirme contra el suelo como si fuera una penitente. El cristal de mis huesos se quiebra: la cervical, la columna, el cráneo… Hay calambres que me recorren a través del ciático. Pierdo facultades. Escucho voces. No quiero este cuerpo, siempre el mismo. Mis funciones motoras no me pertenecen. Tengo 26 años y pérdidas del equilibrio, espasmos involuntarios, movimientos imprecisos, confusión de mi tiempo y mi espacio. ¿A dónde se han ido todos? Llamo, pero nadie responde. Vuelve la parálisis, los trastornos de la memoria, la demencia; alteraciones que me hacen olvidar quién soy, dónde estoy, qué quiero. Miro mi foto de identificación. ¿Acaso conozco a esa muchacha? ¿Dónde nací, qué día, bajo el signo de quién? ¿Qué noticias comentan sobre mí? Padezco ansiedad, sufro alucinaciones, cambios en el estado de ánimo, tristeza cotidiana, soledad. Todo comienza de pronto, sin que te des cuenta. Luego, no puedes hacer nada. Sólo te queda esperar. No moveré el brazo izquierdo donde tengo tatuado mi nombre, dirección, grupo sanguíneo. No responde mi pierna derecha. Mi cintura no se dobla, la cabeza siempre fija. No bailaré con nadie. Nadie me pondrá un anillo. Nadie me vendrá a buscar. Esta es mi cama,los sueros, las pastillas; estas las técnicas invasivas, mis sondas, mis mechas, mis nuevos adornos. Me quedan dos ojos clavados en el techo. Quiero gritar, pero mi boca no escupe palabra. Cierro el ojo derecho, aún me queda el izquierdo. Déjenme sola. Así quiero vivir. No me desconecten todavía. Soy un gran ojo que todo lo ve. Llévenme al circo, a los museos, a las plazas públicas, a la televisión. No vaya a ser que sea demasiado tarde. Al cementerio no, ni a las cucarachas. ¿Cerraré mi ojo izquierdo? ¿Quién da más, vamos, quién da más? Un millón, la dama del sombrero de flores. ¡Atención! Me queda un sueño. ¡Vendido a la señora de negro! Ahí está el mar. La idea que soy se ahoga en la profundidad. Mis pensamientos y mis miedos. Quiero morir como una isla, como un cometa, como un elefante suicida. Mi mente se ha quedado en blanco, pero aún estoy viva. ¿Escucharon? Grito que estoy viva, estoy, es, e…

Carlota se convierte en un montoncito de arena.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.