colorao
El negro de tu vida
En Santa Clara somos más románticos
Mis temas siempre recurren a Cuba
Prefiero llamarle solamente trova
Yo le tengo tremenda fe a mi generación

Por: Danny González Lucena

Pedrito Beritán tuvo una guitarra en sus manos, por primera vez, en su natal Manzanillo. Durante su adolescencia vino a vivir a La Habana y después de asistir a cientos de conciertos, empezó a escribir sus propias canciones. Más allá del estrecho círculo de sus amigos, Pedrito se dio a conocer en La Séptima Cuerda, proyecto desarrollado en la Biblioteca Rubén Martínez Villena, de La Habana Vieja, junto a Adrián Berazaín, Mauricio Figueiral, Liliana Balance, entre otros trovadores. Luego concentró su actividad creadora más en solitario y también investigó antecedentes de nuestros ritmos históricos y otras sonoridades contemporáneas, acciones que precisó en la siguiente entrevista.

  1. ¿Cómo fueron tus inicios en la trova?

Esencialmente como público, porque antes que trovador, me declaro un fanático a ultranza de la canción de autor, no solo cubana sino del mundo entero. Desde el primer año de estancia en La Habana, fui a casi todos los conciertos que se realizaban.  Vi algunos muy buenos y otros muy malos. Con toda esa referencia fui descubriendo lo que quería hacer, aunque no tenía ninguna canción propia.

  1. ¿Cómo aprendiste a tocar la guitarra?

Con la guitarra del pueblo, les digo siempre a mis amigos. Era la guitarra de un compañero del preuniversitario que se llama William Estrada. Él les enseñaba las interioridades del instrumento simultáneamente a varios muchachos, aunque creo que el único que continuó fui yo. Luego perfeccioné muchísimo la técnica con un excelente músico hermano en mi natal Manzanillo y aquí estoy. Su nombre es Abel Baldoquín.

  1. ¿Recibiste alguna formación musical profesional?

Con ese amigo aprendí algo de la teoría de la música, las reglas de la armonía y un poco a leer y escribir las notas, pero eso fue luego de tocar intuitivamente durante más de un año. Esas clases me sirvieron de mucho.

  1. ¿Quién escuche tus canciones las relacionará con lo que se hace en La Habana dentro del mundo de la trova?

Si algo me he propuesto siempre desde que salió de mis manos la primera canción, es hacer una obra coherente con mi tiempo y espacio. No se puede  soñar con la nebulosa de Andrómeda cuando vas al trabajo en una guagua que te aplasta ese cosmos que llevas encima de la cabeza. La mayoría de mis compañeros trovadores están bien aterrizados en esto; por eso me estás hablando ahora de la trova de La Habana como un fenómeno cultural.

  1. ¿Qué personas y movimientos artísticos han influido en tu carrera?

En principio los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova, fundamentalmente Silvio, pero luego fui abriendo el diapasón y ahora oigo todo tipo de música, siempre a cada una le encuentro algo interesante; bueno, a excepción del reggaetón, que no me gusta para nada.

  1. ¿En qué estado se encontraba la trova en La Habana, cuando comenzaste en esta carrera?

Estaba en un estado crítico diría yo, había un solo lugar a donde se podía ir a ver trovadores, el Centro Pablo de la Torriente Brau.

  1. ¿Qué te inspira a la hora de componer?

Francamente cualquier cosa, no tengo preferencias, aunque me inclino más por lo social.

  1. ¿Qué nivel de aceptación crees que tiene la trova en la Capital, actualmente?

Estamos quizás al nivel que predominaba en los 80, solo que ahora somos muchísimos más trovadores y también las personas ya han visto MTV, entonces eso te hace más difíciles las cosas, porque tienes que servirle al público una propuesta que roce aunque sea mínimamente sus estereotipos o referentes.

En los 80 los trovadores legitimados por los medios eran muy buenos, y había muy poca información de la música contemporánea mundial, así que ellos estaban prácticamente descubriendo o fundando si se quiere, una nueva manera de hacer la música.

  1. ¿Qué géneros musicales desarrollas en tus canciones?

Cualquiera que me mueva el alma cuando lo escuche. Yo disfruto mucho también estudiar la música, sobre todo la cubana que tiene una infinidad de ritmos. 

  1. ¿Crees que la trova-fusión es un término válido, o prefieres llamar canción cubana contemporánea, (como nombra el investigador Joaquín Borges Triana) a la música hecha por jóvenes trovadores actualmente?

A mí me parece que el término fusión es la solución fácil para nombrar el hecho, porque la palabra fusión es como el saco donde todo lo que suene “entre esto y aquello” va a parar ahí, pero los límites son muy amplios y quedan englobadas muchas cosas. Me gusta más la definición de Borges Triana.

  1. ¿Cuáles crees que son las limitantes con las que se enfrentan los trovadores cubanos en su desempeño cotidiano?

Los medios no acaban de asumirnos con la fuerza que deberían, al fin y al cabo somos otro grupo de creadores, la mayoría con una obra sólida capaz de trascender. Por concepciones la mayor parte de las veces erróneas, de que nuestra música no es rentable para invertir en ella, se nos margina de algunos programas élites de los medios o no se invierten recursos institucionales para hacer una campaña coherente de lanzamiento de un disco de un trovador.

  1. ¿Cuál es el reto de tu generación para salvaguardar los valores estéticos-musicales que tú defiendes?

Yo le tengo tremenda fe a mi generación y creo, estoy casi convencido, de que si antes solo la obra de uno o dos trovadores de cada generación trascendía a las masas, esta vez va a ser diferente; esta vez seremos varios porque hay una calidad estética en las propuestas  muy impresionante y lo más importante, esa calidad se percibe más, debido a la diversidad y a lo genuino de cada cual.

© Asociación Hermanos Saíz. 2012.