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Manuel Leandro: La canción que hacemos es simplemente una extensión de nosotros mismos

Por: Rubén Ricardo Infante

Quiero una canción
para regalarla al viento,
quiero una canción
para que la cantes siempre,
quiero una canción
para que la prendas en tu oído
y aun la escuches
cuando estés dormida.
Augusto Blanca

El joven trovador holguinero Manuel Leandro Sánchez es uno de los representantes de menor edad que lleva adelante distintos espacios para la presentación de su talento, donde se invita a otros trovadores a confluir. Además de organizar el evento Quiero una canción en las Romerías de Mayo, Manuel ha participado en distintos conciertos y tiene la virtud de haber realizado la compilación o cancionero que lleva por título Quiero una canción. Jóvenes trovadores cubanos (Ediciones La Luz, 2012), donde se integran un total de veinte autores, los cuales aportan con sus respectivas poéticas a un proceso de continuidad o herencia de la trova cubana.

También se ha interesado en conocer qué piensan los trovadores jóvenes cubanos acerca de sus procesos de creación, de esta manera ha publicado distintos artículos en la revista Esquife sobre este tema. También hay que reconocer que, como organizador del evento Quiero una canción, a Holguín han regresado importantes nombres de la canción; de igual manera otros se han estrenado en nuestros espacios a través de este evento.

Este diálogo era una deuda con alguien a quien admiro mucho por su sencillez como creador, por su humildad como persona y por esa destreza con que sabe mezclar su voz y los acordes de la guitarra.

Manuel, comenzaste muy joven tu carrera, te presentabas en los espacios literarios de la ciudad de Holguín ¿qué encontraste en cada uno de ellos que te permitiera crecer en el ejercicio como trovador?

Ya leía y escribía un poco de poesía cuando comencé a acercarme a la creación musical, y en esa primera etapa estuve mucho más cerca de escritores talentosos como Luis Yuseff, Yanier H. Palao o Manuel García Verdecía, que de cantautores. Era y sigue siendo una relación natural y necesaria. El principal y primer culpable de esto es, sin dudas, Joaquín Osorio, un excelente promotor literario que confió en mi trabajo a pesar de mi edad, y me abrió las puertas de espacios muy importantes en Holguín. Creo que eso determinó en buena medida la manera en que me enfrento a la construcción de una canción, donde mi objetivo fundamental es decir algo, transmitir una emoción determinada, y la música es solo una de las tantas herramientas. También me sirvió para madurar rápidamente, en esa etapa cantaba casi todos los días para un público atento y recibí criticas muy útiles, de esas que siempre llevas contigo. Pienso que en ese sentido tuve mucha suerte y agradezco por haber podido comenzar de esa forma.

También has participado en conciertos organizados por el Centro Pablo ¿cuáles son las principales posibilidades que te han ofrecido estos?

Trabajar con el Centro Pablo es siempre una oportunidad única. Creo que cada uno de los que integra ese colectivo de trabajo ha aprendido el difícil arte de lidiar con músicos, y ha sido el respeto, la constancia y calidad de su trabajo lo que los ha llevado hasta aquí. Es uno de los pocos lugares en Cuba donde se puede ir a escuchar y cantar trova, sin prejuicios generacionales o un público que no sabe a qué fue. En mi caso, siento que me dio además la oportunidad de conocer a tres personas que admiro y estimo profundamente: Joaquín Borges Triana, Víctor Casaus y María Santucho. Ellos colaboraron de muchas formas en la confección del libro, además de Ana Carolina Sabino, productora y fotógrafa del centro a quién pertenecen buena parte de las imágenes recogidas.

Era mucho más joven la primera vez que pude cantar en el famoso patio de las yagrumas, y recuerdo que superó mi imaginación en todos los sentidos. Me daba además la oportunidad de tener un registro sonoro con calidad, algo que sigue siendo tan difícil para todos. Creo que también me hizo plantearme las cosas mucho más en serio, y comprender la importancia de confrontar el trabajo con otros públicos. Estoy bastante seguro de que es el lugar al que todo cantautor joven le gustaría llegar alguna vez, y eso dice mucho.

En la mayor parte de tus canciones está presente mucha poesía y lenguaje poético, una característica que la llamada nueva nueva trova, o podríamos decirle novísimos trovadores, ha perdido un poco. ¿Cómo lo aprecias tú?

Pienso que estamos aquí para decir algo, y la canción que hacemos es simplemente una extensión de nosotros mismos. No elijo la forma en que escribo, es solo el resultado de mi vida en sentido general, la suma de sus partes. Creo que no importa el lenguaje o incluso la fórmula musical sobre la que se trabaje siempre que parta desde lo sincero, y no con el objetivo de simplemente encontrar el aplauso, por lo general vacío de un público confundido.

Se ha convertido en una moda los ciclos interminables de estribillos sobre una base rítmica bailable, e incluso son el plato fuerte en casi todas las presentaciones o eventos de trova en nuestro país, pero estoy convencido de que el tiempo como siempre tendrá la última palabra, y ¿quién sabe si soy yo el que está equivocado? De cualquier forma me he apoyado en mis antecesores: Ariel Barreiros, Leonardo García, Roly, demostrando que se puede gozar con una buena canción, y además encontrar otros que vienen llegando como Aliesky Pérez, de Pinar del Río; Amauris, de Santi Spiritus; o el proyecto Motivos Personales, de Ciego de Ávila, nunca me he sentido menos solo.

Me detenía en ese lenguaje poético porque entre las canciones escogidas sí se puede observar una intención muy marcada por la mejor canción.

No considero que existan mejores canciones, pienso que solo hay buenas y malas, y es el que las escucha el que debe ser capaz de reconocerlas. En el caso del libro tenía la misión de encontrar los textos, en mi opinión, más elaborados, porque aunque tratamos de acompañar la compilación con un soporte sonoro, la idea era mostrar lo valioso que sigue siendo para estos creadores el desarrollo del contenido, y que en muchos casos no son menos que poemas cantados. En algunas ocasiones fueron sus autores los que sugirieron los temas que querían que estuvieran en la selección, de ese modo no era solo mi criterio el que tomaba la decisión final, que es algo que puede afectar a un proyecto de este tipo.

El evento Quiero una canción, dentro de las Romerías de Mayo, ha sido una plaza importante por donde han transitado muchos de los trovadores cubanos. ¿Lo consideras como un espacio propicio para el encuentro entre jóvenes y maestros, premisa que defiende como concepto el Festival?

Sí. Es inevitable teniendo en cuenta que contamos todo el año con uno de los maestros más importantes de mi generación, que es Fernando Cabreja. El evento ha suplido esa necesidad natural de intercambio entre los cantautores holguineros y el resto del país, incluso del mundo. La pasada edición es la prueba más clara. Junto a la necesaria presencia de trovadores jóvenes como Ariel Barreiros, Roly Berrío, Nelson Valdés o Raúl Marchena, estaba la mirada tutelar de hombres que han dedicado su vida a la creación y promoción de la canción cubana, como Augusto Blanca y Fidel Díaz Castro. Por encima de cualquier carencia técnica o logística esa es una verdad que nadie puede pasar por alto.

¿Qué te motivó a trabajar en la conformación de este cancionero?

Hasta ese momento se habían publicado cancioneros o trabajos investigativos de la Trova tradicional, la Nueva Trova, la Generación de los topos, o enfocados en un sector determinado como el de la Trova santaclareña o el dedicado a las mujeres trovadoras. Eso me llamaba la atención teniendo en cuenta que eran precisamente los más jóvenes los que necesitaban con más fuerza un proyecto de este tipo. Lo hice porque nadie lo hacía, y algunos de estos trovadores estaban a punto de pasar a otra etapa de sus vidas sin haber sido nunca registrados en un libro.

Por mi trabajo como cantautor tenía una posición privilegiada, porque conocía de primera mano la mayor parte de lo que se estaba haciendo, y asistía a casi todos los encuentros que se realizan de este tipo en el país. Creo que por eso hay tantos autores talentosos pero desconocidos en el libro, eso es algo con lo que me siento muy contento y que me impulsa a seguir adelante.

Respecto al libro hay que decir que, como título, está entre los de mayor factura realizado desde La Luz y ya te va ofreciendo algunas alegrías…

El libro es una alegría en sí mismo, no solo para mí. Hacerlo me brindó la oportunidad de ahondar en la obra de algunos de mis cantautores preferidos, y contribuir en la promoción tan necesaria de cada uno de los que conforma esta selección. Más allá de los resultados que ha tenido o pudiera tener en el futuro, la opinión de la crítica especializada o los resultados en su venta, mi mayor alegría llega cuando alguien se acerca a preguntarme por uno de estos nombres que nunca había escuchado, o cómo podría encontrar la música de alguno de ellos. Ese era el objetivo y creo que se cumplió.

También formará parte de las opciones del Instituto Cubano del Libro para su presentación en la mayor parte de las provincias cubanas.

El Instituto apoyó el proyecto desde el comienzo. Gracias a eso tenemos hoy un producto hermoso con cinco mil ejemplares circulando en el país, un spot promocional saliendo en el verano y la oportunidad de participar en la gira nacional Verso amigo junto a reconocidos escritores cubanos. Es algo que agradezco por lo que significa para mí y para todos los que trabajaron de una forma u otra en función del libro. Llevarlo de ciudad en ciudad, proponerlo, ofrecer conciertos de los trovadores compilados, es el camino que siempre quisimos que tomara cuando apenas era un sueño. Aunque aun quede mucho por hacer, siento que le debo un aplauso a todos los que nos han ayudado a llegar hasta este punto.

Dentro de la programación de esta edición de la Jornada de la Canción Política se realizó un concierto con el título Quiero una canción, donde confluyeron algunos de los trovadores incluidos en el libro, ¿qué te pareció esta experiencia?

Los organizadores de la Jornada tuvieron a bien introducir este espacio dentro del evento con el objetivo de promocionar el cancionero. Cada presentación es siempre una gran responsabilidad porque agrupa la obra de muchos, y termina siendo la música la mejor herramienta. Es por eso una suerte poder compartir este momento con dos de los trovadores y amigos que integran la selección: Audi Vargas, de Guantánamo, y Aliesky Pérez.

Es la cuarta vez que participas en la Jornada, ¿cuáles son tus apreciaciones sobre este evento, uno de las más reconocidos en la promoción de los trovadores cubanos?

Creo que no se debe confiar en el camino recorrido. Cada encuentro de trovadores que se realiza en nuestro país brinda lo oportunidad de conocer a nuestros compañeros de causa, aprender, intercambiar información, y resulta en una ganancia sobre todo para la vida cultural de la ciudad donde se realizan. Ahí radica la importancia de un evento, y por eso es importante tener en cuenta que la misión de un organizador es crear un espacio donde tanto el artista como el público sean tratados con respeto, y no simplemente superar la cifra de invitados del año anterior, sobre todo cuando eso se convierte también en un problema.

Pienso que deben cuidar un poco más el criterio al seleccionar los participantes, y quizás insertar un espacio donde algunos de los invitados puedan ofrecer conciertos y mostrar otras zonas de su trabajo sin presiones, eso lo agradecería tanto el público como los propios trovadores. No obstante considero que a la Jornada le queda mucho por decir y hacer a favor de la canción cubana, y que seguimos necesitando otras en el resto del país que apuesten por esta manera de acercarse a la canción. Mientras tanto seguimos haciendo.

 
© Asociación Hermanos Saíz. 2013.