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Entrega del premio Calendario 2013
No puedo vivir sin escribir

Por: Jorge Luis Salas Hernández
Foto: Roberto Ruíz

Está bien entrada la mañana cuando llego a la casa de Elaine. Me recibe su abuela. Pasa, enseguida la llamo. Largas filas de libros descansan en los anaqueles clavados en las paredes de la sala. Con mi mirada los recorro. Un viejo piano es adorno de una habitación decorada también con cuadros que conservan fotos de familia. El abuelo escucha una emisora cubana de radio. La abuela se retira a sus quehaceres en la cocina…

A Elaine Vilar Madruga la conocí a través de La Gaveta, revista de arte y literatura de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Pinar del Río. Convencido de que la joven vivía en alguna esquina de la ciudad Cenicienta me dispuse a entrevistarla, en cambio cuando un conocido me ofreció el número de teléfono de su casa me sorprendieron los siete dígitos capitalinos; pero la suerte ya estaba echada y la entrevista a esta joven escritora cubana sería un hecho. He recorrido 200 kilómetros para llegar hasta ella. Elaine Vilar Madruga incursiona en los géneros de novela, cuento, poesía, literatura fantástica y de ciencia ficción, teatro y literatura para niños y jóvenes. Hoy estudia Dramaturgia en el ISA y dirige un taller literario, Espacio abierto, para amantes del género fantástico.

…pronto hace su aparición y me saca de mis cavilaciones. Tiene una sonrisa espléndida y una amabilidad desbordada, el pelo rubio y rizado como las niñas de los cuentos infantiles, los ojos claros y la figura de una modelo renacentista. Al final no pude ir a clases pues mi novio amaneció enfermo, me comenta después de saludarme. ¿Qué tal el viaje? ¿Te costó mucho encontrar mi casa?

Ese mediodía me entregó algunos de sus mejores cuentos y poemas, unas fotos, su currículum y las respuestas a mis preguntas. Esta talentosa joven goza del privilegio de ser premiada por aquello que más le gusta hacer: escribir. Este 2013 obtuvo el Premio Calendario, de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en dos categorías: Ciencia ficción y Literatura infantil y juvenil. Su abuela afirma que desde antes de saber leer se aprendía de memoria los cuentosque su mamá le leía…

¿A qué edad comenzaste a escribir y a qué edad te consideraste una escritora?

Quizás pueda sonar inverosímil, pero lo cierto es que comencé a escribir a los siete años -cuando ya había alcanzado la suficiente soltura con los trazos- mis primeros cuentos y poemas, y desde el comienzo me consideré una escritora. Claro que eso me da ahora mucha risa, porque con ocho años, una niña casi siempre quiere ser, no sé, maestra, modelo, bailarina, cantante, y yo siempre estuve parada en mis trece: escritora, escritora y escritora. Y solo eso. Y si volviera a nacer tres veces más, escritora sería. Siempre he sido, además, una buena lectora, porque la escritura de los otros me fascina tanto o más que la mía propia, y siempre me ha servido como motor impulsor y motivo creativo. Así que es como una especie de programa de vida que casi, puedo decir, nació conmigo, que me ha apasionado siempre y que es un axis indispensable dentro de mi vida. Me imagino vivir sin muchas cosas. No sin escribir.

Para mí, escribir siempre ha sido un oficio como otro cualquiera. Lo he comentado en otras entrevistas: la práctica es la que construye al obrero de la palabra. Horas y horas tras la máquina, o el papel. Estudios, investigación, escritura y reescritura. Y de nuevo corregirte. Y hacer que la gente más cercana te lea, que son tus primeros críticos, aunque no siempre los más neutrales. Pienso eso: que para ser escritor no basta con publicar tus primeros cinco cuentos o seis poemas en la editorial de turno, ya sea dentro o fuera de tu país, sino de veras enfrentarte al sudor de la forja, que hace al hombre (o a la mujer), y al escritor.

Responde en cada caso qué prefieres para crear: ¿Hoja de papel o una laptop?...

Mira, si la vida -o los avances tecnológicos me lo permitieran- escogería escribir con papel y pluma, como en algún momento de la historia de la literatura universal lo hicieron también los grandes. Escribí de esta manera, quizás más primitiva, aunque también más emocional, durante mucho tiempo debido a la carencia de una computadora en mi casa. Sin embargo, en cuanto pude poseer una –de las bien viejas y malas, pero una de esas compañías inolvidables en la soledad del escritor, la soledad del acto creativo como génesis de todo; esencia primera y última de la obra de arte-, tomé el camino de lo fácil y descubrí -cosa curiosa- que no estaba renunciando a ser yo misma ni hacía un arte comercial por utilizar los beneficios -los pocos beneficios- que la tecnología puede otorgarte en el caso de la creación. Y, para qué mentirte, enseguida me acostumbré, y adoré comenzar a escribir en mi laptop… de tal manera que ahora mismo te juro que no me puedo imaginar escribir nada sin ella. Tengo mis costumbres, y bastante arraigadas, a la hora de escribir: hacerlo en ocasiones en determinado espacio, con poca compañía, y preferiblemente en silencio… aunque la realidad, por lo general, es otra bien distinta. Pero hasta así tiene su gusto.

¿El día o la noche?...

Me da lo mismo el día o la noche: no creo en musas. Hay que escribir a todas horas, quieras o no. Obligarte a escribir. Y sí, en ocasiones saldrán textos buenos, regulares y peores; pero te mantendrás de pie sobre el oficio, domándolo. Aunque muy en el fondo prefiero escribir de noche, quizás porque es una de las pocas horas del día en que tengo una cierta calma y menos movimiento en cuestión de trasladarme de un lugar a otro… pero el día es, también, un buen momento. Y ojalá pudiera escribir dormida.

¿Cuál es tu peor poema? ¿Y tu peor cuento?

La respuesta es simple: aquel que se escribe sin emoción alguna. El texto estéril, el texto sin esperanza, sea del género que sea. No sé, es como caer en el hueco negro de la creación. Te lo digo así, con toda ingenuidad, porque es un miedo que me persigue desde hace años y que no he logrado contener… He leído y releído -por obligación- casi todos mis textos, y en ellos encuentro las huellas -todavía vivas y latentes- de lo que me impulsó a escribirlos. Y eso me alegra, y me reconforta, porque sé que -aunque algunos de esos textos no son, quizás, maravillosos- sí fueron escritos con un sentido y cumplieron un propósito. Escribir un texto sin alma es negarte como escritor o, peor aún, hacer una literatura mercenaria. Y yo detesto eso, casi con tanta fuerza como me repele ver cómo se persiguen estilos o se imitan maneras de decir porque parecen postmodernas, performativas o, simplemente, porque se premian o se venden mejor. Y qué común se ha vuelto esto, ¿sabes? Pero qué común. La gente se ha cansado de escuchar sus propias voces internas y se afilian a lo primero que suene mercadeable. Entonces sí, me preocupan los textos vacíos de la ética más elemental del ser humano.

¿Qué cree una joven escritora sobre el lector joven cubano?

El joven lector cubano necesita a un joven escritor con tanta fuerza como sucede a la inversa. Esa es ya una realidad que no puede, ni debe, ser ocultada, y que debe dotarse de inmediatez e intercambio. No vale con ser un producto hecho por los jóvenes para otros jóvenes, sino que debe ser una literatura que hable ya no desde un futuro tan lejano como casi imposible, sino desde la cercanía. El día que se entienda esto, se evitará que buena literatura, excelentes textos y gente que ama la creación -desde la profundidad de los procesos, o desde el sitio del lector- pierda la ilusión o se sumerja en la desidia.

¿Qué significa para una joven cubana de estos tiempos estudiar en el Instituto Superior de Arte (ISA)?

El ISA es una institución de intenso prestigio, lo que podría decirse una forja de la intelectualidad artística cubana desde ya hace décadas. Actualmente estudio mi tercer año de Arte Teatral, en la especialización de Dramaturgia y, aunque en un comienzo -lo confieso- pensé que el ISA iba a ser una especie de paso formal por un instituto para obtener un título acorde a mi inclinación literaria -en una de las pocas carreras que forman de verdad a un creador, hoy en día-; la verdad es que muy pronto descubrí un mundo de posibilidades. He podido conocer y compartir con esa especie en extinción que son los verdaderos Maestros, profesores en letras capitales; aquellos que con solo abrir la boca ya muestran una lección de ética, de vida y de talento. He tenido mucha suerte, la verdad, porque tuve entre mis Maestros a Abey Echevarría, un verdadero hombre de teatro; a Eberto García Abreu; a Jaime Gómez Triana y a mi amigo y hermano Yerandy Fleites. Ahora mismo espero con ansias llegar a mi quinto año y conocer a la maestra Raquel Carrió.

El ISA, además, me ha permitido desarrollar un género que nunca había cultivado antes de entrar al Instituto: el teatro. Me ha brindado la posibilidad de mantener y llevar a vías de desarrollo mis procesos creativos. Es, también, un lugar de intercambio entre jóvenes artistas o, al menos, entre algunos jóvenes artistas que no se han rendido a la apatía o a la vacuidad. He encontrado, la verdad, pocos… pero también grandes amigos.

¿Qué opinión te merece la narrativa que hoy llevan adelante los jóvenes escritores cubanos? ¿Consideras que existe hoy una nueva narrativa joven en Cuba?

Este es un momento interesante dentro de la producción literaria nacional, donde se están dando a conocer voces nuevas que, sin dudas, pueden enriquecer y ampliar el panorama de la literatura cubana. Mis contemporáneos tienen las agallas para decir y proclamar nuevas ideas culturales que, sin dudas, conformarán el cuerpo y tejido de la creación de aquí a unas décadas. En medio de esa oleada, uno intenta insertar su propia voz, pero sin perder la identidad. Sin embargo, creo que es aun muy pronto como para atreverme(nos) a decir que existe una nueva narrativa joven. Sobre todo porque muchos de esos jóvenes creadores aun no han definido estilos, ni estéticas, ni formas de decir, y en ocasiones se deambula por un limbo de sabe dios cuántas influencias y sin sentidos.

Existen nuevas voces, sí; pero habría que esperar aun unos años para afirmar cuánto de eso nuevo pasa la prueba del tiempo y de lo novedoso, y se erige como verdadera voz, como algo que merece la pena escuchar y comprender más allá de lo inmediato.

¿Cuáles son los principales aciertos y desaciertos de la promoción que realiza la Asociación Hermanos Saíz (AHS) a la obra de sus escritores?

Los aciertos son muchos. En primera instancia, la AHS se ha encargado de fungir como motor impulsor de las nuevas generaciones de artistas cubanos; nos ha agrupado en un sistema de relaciones y de referencias que, si uno sabe manejar o utilizar con sabiduría, puede conducir a un camino de provecho. Yo siempre he tratado de ver a las instituciones más allá de la cobertura formal, y aprovechar todo aquello que me brinda desde lo humano. Otro de sus aciertos es propiciar nuevos espacios de debate y algunos -todavía incipientes, al menos desde mi experiencia- de promoción e intercambio entre la juventud creadora.

¿Desaciertos? Quizás que no se otorga toda la visibilidad necesaria a los asociados, ni siquiera a aquellos que ya han obtenido premios dentro y fuera del país. Es triste, muy triste -y ya hablo por experiencia propia- que se desconozcan tus logros dentro de tu propio terruño. Y si la AHS está ahí, tiene página web, pues se debería aprovechar para incentivar y promocionar a esa nueva creación que ya, incluso, ha trascendido la experiencia de lo nacional.

No sé. Quizás yo lo veo todo desde un punto de vista demasiado utópico, porque desconozco los mecanismos internos de la AHS e ignoro qué modos o vías tiene de llevar esto a cabo. Pero sí creo que no basta con crear cafés literarios, sino que se deben buscar más espacios de interacción y de escucha. El asociado no debe sentirse miembro de la AHS solo por tener un carné, sino tener sentido de pertenencia a una época, a una generación, a una manera de hacer y percibir el arte. Por supuesto, ya eso no depende exclusivamente de los mecanismos internos de la AHS, sino también del interés individual de cada uno de sus miembros.

Creo, además, que se podrían idear nuevos medios para publicar a los autores miembros de la Asociación, más allá de los premios literarios que, aunque válidos y además valiosos, suelen estar marcados por procesos de recepción plurales y hasta suerte. Es muy duro solo publicar cuando se te premia porque, ¿cuántas veces ocurre eso en un año regular? En cuestión de cálculos matemáticos… pocas. Y es muy triste engavetar y ver envejecer tus obras. No sé, se podría llevar a vías de realización un mejor intercambio con las editoriales -y ahora me remito solo al contexto de La Habana, provincia donde resido, pues sé que en otras provincias las editoriales territoriales suelen ser mejores. O crear proyectos de antologías entre los asociados.

La buena voluntad existe, estoy segura. Yo, que creo en el espíritu de pertenencia y de las buenas obras –de acuerdo a esa norma martiana por la cual siempre trato de regirme-, confío en que las estrategias de la AHS se encaminarán, cada vez más y mejor, a alcanzar un punto donde se hayan superado estos problemas. Creo que ya, actualmente, se encamina a esto.

¿Cómo piensa a Cuba en el 2050 una joven escritora que incursiona en la poesía y en la ciencia ficción?

Todos los días yo pienso mi Cuba, desde las letras y desde el alma. No importa si en el 2050, en el 80 o dentro de 5 segundos. Y la pienso desde el amor, desde este pedazo de tierra a la que me aferro todos los días. Pienso a una Cuba cada vez mejor. A un país culto, rico en almas y hombres. La pienso desde mis veintitrés años y quizás pueda parecer de nuevo utópica pero, si no lo hago de esta manera, temo caer en el vacío y la apatía que somete a algunos de los de mi generación. Pienso a una Cuba martiana, donde los valores de ese gran hombre sean más que papel y letras; donde se haya recuperado la verdadera esencia de sus palabras, en y desde los hombres y mujeres que la construimos día a día. Pensaría eso mismo si no fuera joven, ni escritora, e incluso si no escribiera poesía o ciencia ficción; en primera y última instancia, porque soy cubana.

¿Qué libro estás leyendo en este momento?

Acabo de terminar de leer La guerra sin ti, de Michel Encinosa, uno de los autores cubanos contemporáneos que más me fascina; y La Concordia, de Evelio Traba -uno de esos libros sencillamente maravillosos. Y ahora mismo me esperan varios textos en cola: los cuadernos premiados en el Calendario del año pasado. Caramba, y un montón de textos de teatro latinoamericano, y de Sarah Kane, y una biografía de Sartre y Simone de Beauvoir. Si te sigo enumerando…

¿Y sobre qué tema escribirás tu próximo libro?

Ahora mismo estoy envuelta en dos procesos dramatúrgicos, dos obras que hablarán de la Avellaneda y de Martí, esos íconos de la literatura, la historia y la cultura cubanas. Me preocupa un poco llegar a la imparcialidad, pues no pretendo montar o escribir un texto que hable sobre mármoles, sino sobre la gente viva, que palpita, que se mueve. Si logro eso, habré alcanzado mi principal objetivo.

Además, estoy enfrascada en la escritura de una trilogía de novelas ambientada en un universo a medio camino entre la fantasía heroica y el space opera. Solo he culminado la primera de las tres novelas, y me preocupa mucho el tiempo, pues en una sola me tomé casi dos años –y casi 300 páginas. Eso, sin contar la posibilidad en un futuro de editarla dentro de mi país. Ahora mismo me absorbe mucho tiempo el teatro –no solo la escritura, sino también la dirección-; por eso, quizás, tardo un poco para culminar algunos procesos. Además, terminaré en la próxima semana una cuentinovela de fantasía heroica que ya hasta título tiene, y que es una deuda personal con un millón de amigos que la han soñado junto a mí: Errantes.

 
© Asociación Hermanos Saíz. 2013.