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Yo no soy un escritor con miedo…

Por: Yordis Monteserín

Conocí a Eldys Baratute cuando estudiaba para convertirse en médico, era tan delgado como pueda imaginarse y aun no había publicado su primer libro. Varios años después, cuando Carelsys Falcón me pide realizar una entrevista a un escritor miembro de la AHS, no recuerdo otro (entre los que están y los que han pasado) que haya tenido una trayectoria tan empinada en tan poco tiempo.

Evidentemente, muchas cosas han cambiado desde aquellos días en que Baratute era un joven tallerista interesado en publicar para los niños; entre otras, no se dedicó a la medicina, centuplicó su figura y, además, cuenta con una decena de premios y libros publicados. Su nombre o su estridente figura están en cada evento o jurado de literatura infantil que se realiza en el país (y en otros géneros que el mismo Eldys no practica); se cuenta con él, se escribe de él e incluso se le maldice. Interesantes resultados para un escritor que aun no ha cumplido los treinta años y vive en una ciudad alejada de los centros de poder cultural de nuestro país.

¿Piensas que tu caso es poco común? ¿Qué posibilidades reales tiene un joven escritor de alcanzar el interés de las editoriales nacionales?

Bueno, en realidad no sé a cuál joven te refieres con lo de poco común, si es al que guardó el título de médico (doblado en una gaveta porque siempre me ha parecido patético ponerlo en un cuadro en la sala de la casa) después de haber estudiado una carrera de seis años, con mil guardias de por medio, pacientes diabéticos, asmáticos e hipertensos; terrenos, dispensarizaciones, campañas de dengue, leptospira y todo lo demás que hice en mi año de internado, que después de dejar el Ministerio de Salud (claro y dejar de fumar también) que ha duplicado su peso en kilos y que le interese escribir para niños y que además tiene algunos premios y libros publicados, déjame pensar… sí, creo que soy el único en el universo, por suerte para la humanidad tan seria y conservadora.

Pero si te refieres a la persona que desde Guantánamo o cualquier otra provincia no se conforma con que su obra se quede entre los vecinos del barrio, sus compañeros de trabajo y algún que otro fan que se encuentre en la calle; un escritor que tiene como premisa que la obra primero hay que hacerla, pero que además hay que promocionarla, y que nada te cae del cielo si no sales a buscarlo; que las instituciones llegan a ti si tú sales en su búsqueda; que los escritores tienen que quitarse el traje y la corbata y salir a la calle con una caja de libros, tuyos o de los demás, bueno de esos sí te puedo asegurar que no soy el único en Cuba.

Muchos autores, sobre todo jóvenes, se han sacudido el provincianismo (y que conste que aquí también incluyo a los de La Habana que en ocasiones son también provincianos) en el que sucumbe la cultura cubana y en el que, lamentablemente, nuestra provincia es uno de los líderes, y han logrado ser parte del cuerpo literario del país, algo que no depende de si publicas tu libro en la Risograph o en una editorial nacional sino, primero, del talento que poseas y después del interés que tengas en que tu obra sea (re)conocida en el país. De que seas el escritor con el que se deba contar porque su obra lo amerita y además no pone peros para moverse de un lugar a otro.

Lo más triste que le puede suceder a un creador es ser provinciano, conformarse con ser la gloria local, te dediquen la Feria del Libro de un municipio (sobre todo cuando no existen más autores en ese municipio), con publicar 104 libros en la Riso de tu provincia. Y no denigro el trabajo de la Riso, todo lo contrario, casi todos los autores cubanos, por no ser absoluto, le debemos parte de nuestra obra a las editoriales territoriales; el punto está en no conformarse con eso, en explorar más allá de las fronteras de tu provincia, en no tenerle miedo a lo que está fuera de la puerta de tu casa. Yo no soy un escritor con miedo, a eso le debo lo poco que he alcanzado.

Las posibilidades en las publicaciones nacionales dependen de dos cosas. La primera, que escribas, tengas una obra. En Cuba pasa algo, muchos artistas se quejan porque no los reconocen (ahora mismo algunos te querrán en la hoguera porque no has ido a hacerles la entrevista a ellos), y lo más elemental que puede hacer un artista, para lo que se supone que vino al mundo, es crear; si no lo hace, si no crea, si no escribe su obra, no va a llegar a ningún lugar por mucho que se queje. Ahora, suponiendo que tengas la obra, lo que te queda es mandar a un concurso o que evalúen el libro en el consejo de esa editorial que te interesa. Ganar o no un concurso es una caja de sorpresas en la que casi siempre pierdes: gastas papel, tinta, sobres de manila y sellos, y te aseguro que siempre ganas algo también. Primero ganas tres o cinco lectores especializados de los que puedes obtener un criterio para mejorar la obra o al menos puedes darles el gusto de que hablen del libro bien o mal; o sea, mucho antes de publicado se va hablando del libro, ahí comienza la promoción, y después, con mucha suerte, esos rumores pueden llegar a los oídos de alguien interesado.

En particular me gustan mucho los concursos aunque pierda, cosa que sucede muy a menudo. Ahora, cuando decides mandar el libro a una editorial la premisa es llamar, llamar, llamar y llamarrrrrrrrrrrrrrr hasta saber si ya tu libro está evaluado, si está aprobado y luego si será incluido en un plan editorial algún día. Y si no se aprueba el libro y te hacen sugerencias, si te parece bien las escuchas, si no sigues para adelante y llevas el libro a otro lugar. Recuerda que los decisores son personas llenas de subjetividades. Recuerdo que muchos de los que me dijeron que Marité… era un libro inapropiado para los niños, después me felicitaron cuando se ganó el premio La Rosa Blanca. Por supuesto, con la situación del papel, la poligrafía, los derechos de autor, las carencias y demás, se hace más difícil llegar a las editoriales nacionales, pero si no somos agresivos, en el mejor sentido de la palabra, nunca vamos a llegar ni a sus puertas. En fin, el camino de las posibilidades se lo va haciendo uno.

Tu primer libro estaba escrito en un estilo más suave, más elemental si se quiere, que los que siguieron (algunas historias realmente crueles). Sin embargo, las últimas obras son menos agresivas, más equilibradas quizás. ¿Se trata de un retorno o de una evolución? ¿Ha tenido alguna causa específica? y por último, ¿en este sentido, hacia dónde cree Eldys que apunta su literatura?

La literatura que se escribe con sinceridad, responde al momento de vida que esté viviendo el creador. Mi primer libro Cuentos para dormir a María Cristina (Ed. El Mar y la Montaña, 2005, 2007 y 2009) lo escribí entre mi etapa de preuniversitario, servicio militar y primeros años de universidad, y es hijo de toda la inocencia de la que uno peca en esa etapa. Además no tenía la menor idea de qué era la literatura y mucho menos pensaba en un estilo o en historias específicas para contar. Los cuentos fueron saliendo poco a poco, sin conciencia de que los estaba haciendo un escritor. Después, y en eso he sido muy fiel, he escrito de todo lo que me afecta a mí y a las personas que me rodean. Te aseguro que fuera de los libros existen historias más crueles que las que cualquier escritor pueda contar. La pregunta es ¿todos se atreven a escribirlas? O mejor, ¿todos saben escribirlas? Probablemente, aun yo no he dado en el clavo pero al menos trato de que niños y también adultos, ¿por qué no?, se encuentren en lo que hago. Que en mis personajes sea fácil identificar a un vecino, a un familiar o a uno mismo. Incluso en María Cristina… el lector avezado puede encontrar a ese Eldys que aparece después.

Por otro lado, cada libro es distinto al otro y a la vez todos se parecen, en Marité y la Hormiga Loca (Ed. Abril, 2007) se descubre al escritor que acaba de egresar de un taller de técnicas narrativas como el Centro Onelio Jorge Cardoso y quiere hacer gala de todo lo aprendido, pero ahí está el personaje diferente, alienado, incomprendido; en Alicia y el mundo de las maravillas (Ed. Cauce, 2009) y Los gnomos están tristes (Ed. Sed de Belleza, 2010) se encuentran rezagos de los años que escribí para la radio, no obstante cada uno de los niños protagonistas también es incomprendido como la niña rapera y ahora en Cucarachas al borde de un ataque de nervios (Ed. Oriente, 2010) creo que emerge un autor más seguro de lo que quiere, quizás, como dijiste, casi encuentra el equilibrio en su escritura, y todavía sigue buscando y te asegura que mis próximos libros serán inquietos tanto temática como estilísticamente.

Tu libro Cucarachas al borde de un ataque de nervios (Ed. Oriente, 2010) causó un gran revuelo en todo el país. Se escribieron reseñas, comentarios y hasta e-mails maliciosos. Algunos lo alabaron y otros lo vilipendiaron. ¿Cuánto de razón tienen quienes lo catalogaron como un libro inmoral? ¿Consideras que ha sido un libro afortunado, quizás el mejor hasta la fecha?

Si hay algo que aprendí de mis clases de filosofía en la universidad es que la moral es un término muy relativo y que depende de lo que te hayan enseñado sobre lo permisible o no. Todo lo que no es permisible es inmoral; sin embargo, ¿alguien sabe en realidad qué es lo permisible para el otro? Eso es muy difícil de responder. Claro que Cucarachas… es un libro inmoral para las personas que aun viven en el siglo x d.n.e, con doctrinas inquisidoras y piensan que los niños son pequeños tontos sin cerebro que no tienen derecho a pensar, que la literatura escrita para ellos solo debe tener palabras rimadas para que se diviertan, o mejor, muchas imágenes para que los hijos recorten las páginas y se queden entretenidos mientras los padres hacen los deberes de la casa, y que conste, bajo esas circunstancias, respeto su criterio, con una educación basada en esos principios no se puede pensar de otra manera.

Ahora, para los que piensan que los niños son seres inteligentes que pueden leer lo que más les plazca y hacer interpretaciones propias, los que de verdad respetan a los seres humanos desde su individualidad y quieren que sus hijos también los respeten, para esos, Cucarachas… no será nada inmoral, a ellos también los respeto, por supuesto, no más que a los primeros, porque creo que cada quién tiene el derecho de vivir y pensar como quiera, o como pueda y sobre todo a leer lo que le venga en gana. Lo que sí les aseguro a los unos y a los otros es que las supuestas cosas inmorales son muy atractivas. Y sí, creo que es un libro afortunado. Primero porque lo publicó la editorial Oriente, una de las más prestigiosas del país; segundo, porque tiene unas bellas ilustraciones en colores, algo que no pasa todos los días con los libros, y tercero porque es un libro del que la gente habla en la calle, del que se dicen muchas cosas buenas y muchas cosas malas, lo que da la medida de cuánto se ha leído; algo que después de Marité… no pensé que me volvería a pasar.

En Cuba, lamentablemente, existen muchas personas sin criterio de nada, viven por vivir, entre el trabajo, los hijos y la comida agotan las neuronas. El hecho de que se tenga un criterio sobre mi libro, sea cual sea, me dice que induje a las personas a pensar y esa es la mejor satisfacción que tengo como escritor. Con todo esto que digo de seguro el que lea esta entrevista y no haya leído el libro irá a buscarlo. Hace poco Ambrosio Fornet decía en una conferencia que esa era la verdadera crítica, el comentario sistemático que las personas tienen sobre los libros. Si a eso le sumas elogios de Enrique Pérez Díaz, Alga Marina Elizagaray, Nelson Simón, Fernando Rodríguez Sosa o Antonio Orlando Rodríguez, entonces es el libro con la mejor suerte del mundo.

El asunto de los temas difíciles en la literatura infantil ha sido discutido hasta el cansancio. Sin embargo, a veces se pierde de vista que lo que puede ser un tema difícil para un niño de ocho o diez años, ya es algo normal para un adolescente. ¿Qué piensas sobre esto? ¿No te parece que si no se uniera la literatura para niños con la que va destinada a los jóvenes, como se hace hoy en Cuba, estaría un poco más claro el nudo de esta polémica?

Ante todo creo que a pesar de que el término temas difíciles se usa mucho, no es apropiado. Los temas son temas y punto, no son ni fáciles ni difíciles. Difícil para un creador es escribir de algo de lo que no esté bien informado, o no sepa llevarlo a los lectores, algo que… no sé, le cueste trabajo. No se debería usar la denominación por la manera realista o fantástica en que se enfoquen las historias. Que unos lo hagan bien y otros no, ya eso es harina de otro costal.

También es verdad que desde el punto de vista etario las distintas etapas por las que pasa el ser humano van acompañadas de una determinada madurez psicológica que permite interpretar los sucesos de diferente manera. Ahora, no olvidemos que una obra de arte, y por supuesto la literatura que se escribe para niños y jóvenes lo es, tiene tantas lecturas como espectadores existen y que cada una de estas lecturas depende no solo de la madurez psíquica de dicho espectador sino del medio sociocultural donde se desenvuelve y hasta de factores genéticos. En fin, todo esto es para resumirte que los niños pueden leer cualquier tema a cualquier edad y su nivel de comprensión e interpretación llegará hasta donde llegue su conocimiento del mundo. Años después, confiando en que revisiten los libros ya leídos, de seguro descubrirán algo más. Tendrán otra lectura y otra y otra en el trascurso del tiempo.

Atendiendo a lo que dices, la editorial Gente Nueva, por ejemplo, especializada en publicar este tipo de literatura, clasifica todos sus libros en infantil o juvenil, ahora viene la otra arista del problema, ¿Quiénes son las personas encargadas de esa clasificación? ¿Existe un equipo multidisciplinario integrado por psicólogos, pedagogos, escritores, editores, ilustradores, niños y jóvenes para clasificar estos libros? ¿Se hacen investigaciones en Cuba que orienten sobre este parecer? Hace unos meses tuve la oportunidad de visitar librerías en Venezuela, en ellas vi muchas libros con las barras de colores que delimitan determinadas edades para la lectura, algo así como el azul de 6 a 9 años, el rojo de 9 a 12 y el verde de 12 a 15… no recuerdo bien, y fue triste cuando vi que los padres sólo se centraban en comprar a sus hijos libros que estuvieran dentro de la edad que supuestamente les correspondía leer. ¿De esa manera no estamos limitando el universo de los niños? ¿Por qué todos los niños de 12 años deben de leer los mismos libros? ¿Qué pasa con la influencia del medio económico, sociocultural, que es determinante en la diferenciación de todos los seres humanos aunque tengan la misma edad? Los mediadores de la lectura, o sea los padres, los maestros, los bibliotecarios realizan su papel a la hora de escoger el libro que van a leer los niños ¿Conocen los mediadores a los niños? Al final te he dado más preguntas que respuestas pero creo que con ellas te debe quedar claro lo que pienso. Es mejor no escribir para edades determinadas. Los lectores que escojan lo que quieran leer, tengan la edad que tengan, sin previas clasificaciones y cuando, después de repasar la primera página, no les agrada un libro, deben tirarlo a la basura.

Sé que estás escribiendo una nueva novela y que su redacción te ha llevado a realizar intensas investigaciones. Cuéntame sobre ello.

¿De qué quieres que te cuente exactamente, de la novela que estoy escribiendo, de la que sale en esta feria o de la que sale en la otra? Bueno, en esta Feria no tengo novelas, pero sí tres libros de cuentos, y una antología que se llama Vuelve a cantar la cigarra. Cuentos en homenaje a Onelio Jorge Cardoso, que es una selección de cuentos de veintiséis autores cubanos que de cierta forma le hacen un homenaje a Onelio y en la que me inicio como investigador. Presento además una compilación de ensayos sobre la obra de Nersys Felipe que hice junto a José Raúl Fraguela, y que gentilmente Ediciones Loynaz aceptó publicar: La dimensión de lo trascendente, acercamiento a la obra de Nersys Felipe.Para la otra Feria espero que salga la novela La Comarca, por ediciones Cauce, un libro en el que el amor, la búsqueda de la felicidad y la locura vuelven a ser mis temas.

Un psiquiatra llega a un pueblo, crea un manicomio y sale a buscar locos para ingresarlos, más o menos por ahí va la cosa. Además debe salir por la editorial Gente Nueva una reedición de la primera parte de Marité y la Hormiga Loca, junto a la segunda que se llama Los novios de Marité, que todavía está inédita. Junto a estos libros se edita una antología de escritores para niños nacidos después de 1970 que saldrá por Ediciones La Luz, de Holguín, y que se titula Retoños de almendro. Ahora, como dices, estoy escribiendo una novela en la que vuelvo a hablar de la diferencia y la intolerancia y que me ha obligado a buscar mucha información para ser lo más verosímil posible. Creo que puede ser un libro inquietante pero no digo más. Cuando termine y se publique, sabrán. Como ves, he trabajado mucho últimamente y te aseguro que tengo otros doce mil proyectos en mente.

Hace algunos años que eres vicepresidente de la AHS. ¿Cuánto puede ayudar la Asociación a un escritor? ¿Cuenta la AHS con el apoyo y la confianza de las instituciones culturales y políticas de la provincia?

Como te dije, la Asociación y el resto de las instituciones culturales existen para que los artistas podamos usarlas como el espacio promocional que necesitamos. Pero, importante, por mucho que quiera la institución, si el artista no se acerca es difícil que se logre un buen trabajo. En mi caso no puedo quejarme. Desde que empecé a escribir, la AHS ha estado ahí. En sus oficinas escribí mis primeros libros, los imprimí en la añeja impresora de punto epson, muchos de mis personajes han tenido que ver con lo que ha sucedido en el patio de la Casa del Joven Creador. Cuando me fui del Ministerio de Salud y no tuve trabajo la Asociación me ofertó una beca de creación; he conocido el país por cada uno de los eventos promocionales; el Premio Calendario y la beca La Noche me han permitido llegar a las editoriales nacionales y todavía hoy, cuando se habla de literatura infanto-juvenil en cualquier filial de la Asociación en el país, se cuenta conmigo. Yo creo que por eso es mi lealtad a la Asociación desde hace tanto tiempo, porque me di cuenta que está ahí para ayudar, promocionar e enriquecer la obra de los artistas y eso trato de hacer desde la vicepresidencia. Pero, ojo, como dice nuestra presidenta, Carelsys Falcón, las instituciones las hacen las personas que las dirigen, así que todo lo que te dije se ha podido lograr por determinadas personas que cumplen su función dentro del sistema institucional de la cultura, sabemos que hay otros muchos que no las cumplen.

Lo otro que me preguntas es mucho más complejo. La AHS representa el arte joven, inquieto, irreverente y a veces las personas se asustan con eso, volviendo a lo que decía, si las personas que dirigen las instituciones no están bien preparadas, si no son verdaderos mediadores culturales, se asustan, censuran, cuestionan. Pero para eso también estamos aquí, para ser mediadores entre toda esa carga emocional que tienen los jóvenes creadores y el sistema institucional cubano.

© Asociación Hermanos Saíz. 2012.