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Por: Yansy Sánchez

Hasta Santiago a pie son las confidencias más recientes de Oscar Cruz, poeta y editor en Santiago de Cuba, quien ha asumido en su poesía su estilo de vida o viceversa, como si estos principios fueran partes de una misma moneda, y en ello descubrimos la actitud que le impone su generación, o al menos que él cree que le impone. Esa valentía de defender lo que se es y lo que se piensa, es, a mi entender, una condición con la que muy pocos han tenido la suerte de contar hasta el final. Hasta este minuto ha sabido granjearse entre los vientos de Oriente y de Occidente para conquistar un espacio. De esta manera ha logrado distinciones como el Premio David (2006), el Premio Pinos Nuevos (2009) y el Premio de la Gaceta de Cuba (2010).  Estas «confidencias» nos descubrirán su persona o lo que es lo mismo, su escritura.  

¿Consideras el hecho escritural solo como un oficio más o como una actitud ante la vida?

Escribir nunca ha sido para mí un oficio, pero sí una búsqueda de lo mejor que hay en mí; y también un descubrimiento paulatino de lo peor. Escribo para que las personas que de una manera u otra me lean, rompan el acuerdo conmigo o con lo escrito, para que hallen en los textos no a un poeta o un escritorzuelo de charol, sino a un hombre con los mismos altibajos que ellos.

Sabemos que el oficio de escribir nos da la capacidad de desdoblarnos y de encarnar roles y personajes, a veces distantes de nuestra concepción de vida. ¿En ti cómo funciona eso? ¿Escribes desde lo que vives o simplemente de lo que tienes ganas de escribir?

Escribo lo que me da placer. No importa si es algo triste, despectivo o material. Si hay promesa de placer le entro al asunto, si no, espero a que aparezcan los motivos. Sucede que la literatura cubana se ha vuelto muy triste, muy sufrida, solterona, es como una mujer muy buena que tiene mala suerte con los hombres y las mujeres. Estoy bastante cansado de los buenos poetas y narradores aburridos que andan llorando de texto en texto, ya sea por el país, por la madre, por la mujercita o el hombrecito que se les fue. Los libros en los estantes dan fe de lo que digo. No hay quien meta el diente en esa carne. La gente necesita que los poetas, los narradores, los que se atreven a poner algo por escrito, pongan las palabras a funcionar, que les pongan la cabeza mala, que les muevan los hilos, pero sé que esto no es tan sencillo. Primero, no veo ahora mismo a un grupo significativo de autores con esa voluntad, y en caso de que existieran, sus libros no llegarían muy fácil a los estantes de las librerías. Tendrían que ceder paso a la literatura sin nervios, sin ton ni son, cosmética desde la letra inicial mayúscula hasta el punto final, bien correctica, y educada en el uso y el desuso de la lengua castellana.

Hemos experimentado en tus últimas publicaciones que tu literatura se ha radicalizado en varios órdenes, ¿puedes referirnos a qué se debe el desenfado temático y estilístico?

Cuando uno lee en las publicaciones periódicas cubanas reseñas críticas de la peor calaña, elogiando libros de dudosa calidad; comentarios que ensalzan a autores que no necesitan que los ensalcen pues tienen una brigada de salseros en función de ellos todo el tiempo; cuando uno lee en el periódico ciertos comentarios laudatorios sobre cualquier peña; cuando uno se encuentra en la ferias o en los eventos que a ratos se dan a lo largo y ancho del país a ciertos panelistas trasnochados, con una nostalgia insuperable por lo que fue la literatura cubana de los ochenta y los setenta y qué sé yo; cuando uno escucha ciertas lecturas de los maestros y sospecha que éstas cosas ocurren por el bien de nuestra literatura; cuando uno descubre que todo esto pertenece al mismo engranaje, a la misma salsa; uno se pregunta: cómo no ser radical con esa masamba, cómo no hacer tábula rasa de todo eso y decir: paren esto que me voy a pie…….hasta Santiago a pie…….hasta Santiago pie.

Sé que parte de tus inicios en la literatura se desarrollaron en los talleres literarios, dirigidos fundamentalmente por escritores ya establecidos. ¿Consideras que el desenfado en tu literatura se debe de alguna manera a una reacción o punto de ruptura con la generación precedente o sencillamente es una necesidad expresiva?

Siempre me ha gustado esa calificación de escritores establecidos. Cuba posee uno de lo mayores índices de Hispanoamérica de escritores establecidos por cantidad de habitantes; fíjate si es así, que si a cada uno de estos se le asignara un taller literario y se les pagara 300 pesos, la economía cubana entraría en paro. Pero sí reconozco que son importantes los talleres, hasta el momento en que descubres que ya no los necesitas y te marchas, y comienzas a tener problemas con el jefe del taller porque considera que eres un ingrato, un mal hijo, y que para colmo no quieres hacer las cosas como él te enseñó.

Algo debiste retener de tu generación precedente. ¿Qué agradecerías al respecto y hasta qué límite?

Claro que soy agradecido, sobre todo por algunos libros que me prestaron y que no devolví.

¿Consideras que la poesía joven santiaguera, en su generalidad, goza de buena salud? ¿A qué se debe este hecho?

No creo que exista una poesía santiaguera, o al menos no la conozco. No existe una marca específica que denote esa nomenclatura y considero saludable que no exista una poesía santiaguera, pues sería terrible para aquellos que siendo santiagueros no quieran afiliarse a ésta. Ya disfrutamos bastante con la conga que sí tiene buena salud, para qué más.

Conversando con otros poetas he escuchado de sus ambiciones y sus metas. ¿Tienes algunas en particular que quieras compartir?

Me gustaría, para el año que viene, poder presentar mi próximo libro en El Cairo. Esto solamente lo había comentado con mi madre, y con un amigo que se llama José Ramón Sánchez. Él quisiera presentar el suyo en la franja de Gaza.

¿Admiras en particular a algún escritor cubano todavía entre nosotros? ¿Por qué?

Sí, admiro a unos cuantos porque escriben bien, porque son valientes, porque resisten, porque no les ríen las gracias a nadie. Me gustaría nombrarlos, pero no soy bueno con los nombres.

Puedes adelantarnos algo de lo que tienes entre manos como objetivo para tu próximo libro.

Lamento defraudarte, pero dicen algunos que me han oído acá en Santiago, que se trata de lo mismo, lo mismo con lo mismo (qué voy a hacer).

© Asociación Hermanos Saíz. 2012.