Diseñando la palabra ENTREVISTA
Por: Estela Ferrer
Sencilla, carismática y de un humor increíble, la joven diseñadora Laura Llópiz me dio el privilegio de realizarle esta entrevista. Llegue a ustedes como a mí, el sortilegio de su arte.
Comenzaste a estudiar diseño en el Instituto Superior de Diseño Industrial, pero ¿era esa una inquietud que sentías desde antes?
Lo decidí casi a última hora. Yo estaba en el preuniversitario, en la Lenin, y ahí el trabajo vocacional era bueno comparado con el que tengo entendido que había en las otras escuelas. Daban conferencias sobre lo que era la carrera y lo que sería tu perfil profesional. Más o menos uno iba entendiendo así de qué se trataban las carreras, y a mí nada me gustaba lo suficiente. Un día entré en el aula a la hora del auto-estudio y vi a la gente dibujando. Cuando pregunté, me dijeron que se estaban preparando para las pruebas de diseño, que esa era una carrera de dibujar. Entonces mi mamá, que era profesora de química de la universidad, me ayudó a indagar acerca de qué era en sí el diseño.
Un profesor de filosofía me explicó qué era la carrera y me puso en contacto con un profesor del Instituto para que me dijera si tenía habilidades para el dibujo. Eso es un tabú que tiene la gente. En la prueba de aptitud el dibujo es importante, pero la carrera no es ni remotamente eso. Él me explicó en qué consistían las pruebas de aptitud, me corrigió algunos trabajos y un día me dijo: “estás de alta”. El ISDI no era un instituto tan conocido como ahora, la competencia era menor.
La carrera es muy peculiar debido a que el sistema de evaluación y el plan de estudio son distintos. Por ejemplo, los trabajos son proyectos y hay que darle solución a problemas de diseño. Es un cambio en la metodología, pero yo considero que esta muy bien concebido de acuerdo con lo que es la vida profesional del diseñador. Yo recuerdo que cuando salí del examen yo repetía que eso era lo que yo quería ser en la vida, fue una identificación total.
¿Qué herramientas te dio la carrera para tu trabajo profesional después de graduada?
El ISDI me dio herramientas académicas, las que se pueden decir básicas e indispensables. Las que no me dio fueron las de tipo práctico, de contacto, de negociación a la hora de lidiar con el cliente. En mi caso, que lo que más trabajo es gráfica, tuve que conocer cómo funcionaba una imprenta. Me equivoqué en cosas. Todavía hoy concibo un diseño creyendo que se va a producir en una imprenta A y luego se produce en una B y hay que cambiarlo todo. Por ejemplo, que no se imprima en offset, en cuatricromía, sino en una impresora de rayos láser. Son elementos prácticos de los que la carrera no me proveyó. Son elementos que constituyen la base de la especialización.
Laura, ¿por qué escogiste el diseño editorial?
Yo siempre digo que las cosas que te gustan no se pueden explicar. Hay una parte en ello que para mí no tiene explicación. Quizás porque a mí me gusta mucho leer, me fascine el mundo editorial. Me agrada que gracias a ese objeto, que es el libro o la revista, se multiplique lo que un autor genere. Ese fenómeno tan simple a mí me fascina, ese hecho de contribuir a la reproducción de una obra básicamente literaria. Y luego me maravilla la existencia del lenguaje escrito, del alfabeto, de que el ser humano haya sido capaz de plasmar en un soporte artístico su lenguaje.
El lenguaje oral es algo que tenemos solo los seres humanos, al menos con esa complejidad. Los animales tienen otro, menos complejo, pero también se dicen cosas importantes. A mí me parece una genialidad que el alfabeto sea un sistema gráfico que convierte el lenguaje oral en algo que está físico y que lo puedes transmitir, incluso, cuando tú no estés. En el diseño la parte que tiene que ver con eso es el diseño editorial. Me encanta el diseño con la tipografía, la variedad y diversidad que existe para los diferentes idiomas. Por tanto, yo disfruto conviviendo con las letras y con el idioma.
El diseño de la cubierta de un libro es fundamental a la hora de captar la atención del público. Creo que existe una relación entre el autor, lo que contiene el libro y el propio diseño. ¿Qué crees acerca de ello? ¿En tu caso las soluciones son más personales?
La relación entre esos tres factores siempre está, pero el diseño editorial es mucho más amplio. La cubierta es lo que más se aprecia del producto libro. La segunda parte es la calidad y un punto intermedio es la relación del usuario con el contenido. En el libro es complejo, porque puede haber un error en la tipografía seleccionada para el interior o en el ancho del margen. El acierto en la elección de la tipografía es aun más importante que la portada. Si existen problemas de diseño importantes, el libro no se puede leer.
¿Cómo ha sido tu experiencia trabajando en la UNEAC? ¿Haces también ahí diseño editorial?
En la UNEAC yo trabajo en la Oficina de Promoción y Eventos. El diseño es básicamente de promoción cultural, invitaciones y carteles, campañas y programas de concierto. Hago diseño editorial en mi trabajo freelance, y antes de trabajar en la UNEAC trabajé en el sello editorial del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, ArteCubano Ediciones. La UNEAC marcó un giro en mi carrera, empecé a hacer carteles, a trabajar con equipos que hacen spots, a crear imágenes visuales promocionales para eventos de diverso tipo.
¿Se siente Laura Llópiz enmarcada en alguna tendencia?
Enmarcar es algo complicado porque uno va evolucionando. Lo que hago ahora probablemente no lo hubiera podido hacer hace diez años y viceversa. Simplemente porque tu manera de hacer diseño va cambiando. Obviamente el diseño tiene un componente importante que es técnico, pero, a la vez, también está la expresión artística, y ello supone una especie de estilo de autor. El diseño no es como otras disciplinas, lo único común es lo que desea el cliente. Por supuesto, uno tiene un estilo, pero se ve influenciado por cuestiones de orden productivo. En mi caso prefiero las grandes áreas de color y el uso de las columnas de texto.
En la página de la Asociación de Diseño se pueden ver algunos de tus trabajos, por ejemplo el del disco de la Camerata y los de Voces en Libertad, y en las diferentes soluciones que empleaste se constata lo plural que puede ser tu estilo.
Voces en Libertad es un cartel muy libre. Fue un proyecto en el que participé por invitación. Te daban el tema y había que crear una imagen relativa a la libertad. El resultado fue un cartel minimal, con un gran plano de color, todo muy sutil. Sin embargo, el del concurso Antonio Maceo, que convocó la UNEAC y que tuvo que contener las bases del concurso, es cuasi barroco. En realidad yo creo que cada manifestación artística tiene una parte que te ata, te condiciona la creación.
¿El trabajo como freelance te propicia un poco más de libertad en la creación?
No, como diseñadora freelance solamente cambia el carácter del cliente. Lo que más he hecho es diseño editorial, discos y catálogos de exposiciones. He trabajado mucho con artistas plásticos. También porque me interesa la cultura y el trabajo ha ido saliendo por ahí.
¿Qué crees de este último decenio del diseño cubano?
Yo creo que hubo una etapa en la que se perdió mucho de lo bueno que hubo en los sesenta y setenta; sobre todo en el diseño de tipo público, y fundamentalmente en el cartel y la valla. Fueron soportes que se lucieron en aquella década de oro. Fue una época en que el Estado invirtió mucho en los productos de bien público. Se potenció el alcance popular de estas piezas de comunicación y ello disparó la producción. Hubo mucho atrevimiento, mente abierta.
Yo veo carteles que se diseñaron en esos años y estoy segura de que en el noventa ninguna institución hubiera aceptado ese trabajo. Eso es importante porque el diseñador necesita de una demanda, una entidad que apruebe el diseño y lo produzca. Y una entidad no es algo abstracto, es la persona que está al frente. Yo creo que eso le hizo mucho daño al diseño cubano en los últimos años del ochenta y el noventa. Podemos decir que en ese aspecto estamos en franca mejoría, sobre todo en las instituciones culturales. Además hay logros en el cartel y el diseño de vallas, es de buena calidad formal y conceptual.
Actualmente el cartel con el que más interactúa el público es de carácter promocional, ¿a qué crees que se debe este fenómeno?
Todavía las instituciones no destinan tanto presupuesto a la promoción en el soporte cartel, ni una vez que este ha sido producido lo emplazan en la calle. Yo no sé si es que no está permitido. Los pasquines de los conciertos que se ven en la calle están porque una persona pasa y los pega, pero ya un cartel a todo color de cincuenta por setenta cm. es otra cosa. Por tanto, los espacios públicos para la promoción son pocos, los carteles del Proyecto 23 se diseminan más, pero los de una función de ballet o de artes escénicas se ponen en el teatro.
En las vallas también se hacen algunas cosas. Yo diseñé una para un concierto de La Colmenita en el Karl Marx y he quedado contenta con cómo han sido producidas, creo que han cumplido su función. Ahora diseñé una para el aniversario cincuenta de la UNEAC. La valla forma parte de la campaña del aniversario, y se van a hacer pullovers, jabas, abanicos, hasta cajitas de fósforos ¡Te imaginas, cada persona va a tener una cajita diseñada por mí! Creo que es lo más grande que he hecho en mi vida, lo de más alcance (sonríe).
Sé que has recibido reconocimientos, coméntame un poco sobre ellos.
Sí, trabajos míos han ganado premios en diseño del libro y también en el Cubadisco, o han estado nominados. He tenido reconocimientos personales, que también te nutren, y personas que quieren seguir trabajando conmigo, que lo vienen haciendo desde que comencé. Además conozco personas que no son clientes, que son “admiradores” que han seguido mi trabajo. Eso realmente es muy reconfortante. |