Nacidos para matar / Nacidos para contarlo
Por: Ahmel Echevarría
1.
Asesinos natos. Los impulsa el placer, el deseo. Hay en ello un verdadero arte. Eligen una víctima y ejecutan un arduo performance en el que el dolor y la agonía alcanzan niveles insospechados. El arte de someter física y psicológicamente. La muerte será el fin de esa puesta en escena. Narradores natos. La necesidad de contar cómo ha sido ejecutado un crimen es el combustible que los mueve. En ocasiones dicho crimen es el punto de partida para dialogar con el lector acerca del relato social, económico y político narrado por el Estado. Desde una biografía que no es la suya viven el delirio y el placer de matar —pero también la zozobra del personaje que morirá y las elucubraciones de su futuro captor.
2.
Es brevísimo el libro Asesinos ilustrados (Ediciones Extramuros, 2010) de Rafael Grillo (La Habana, 1970)* —Premio Luis Rogelio Nogueras de novela policial en la edición de 2009—. Hay en él un montaje y desmontaje de la realidad y su antónimo: la ficción. Con “Asesinos ilustrados”, pieza introductoria de la novela, Rafael nos ubica en tiempo y espacio: la historia transcurre en la Cuba de 2010. ¿Quién pone el muerto?: un periodista y un escritor. Las víctimas son Luis Lorenzo López Reyes, miembro del equipo de redacción de la revista Purasangre –La Isla en Negro-, y Alex Miró, “joven ganador del Premio de Novela Luis Rogelio Nogueras”.
El texto en cuestión opera a manera de resumen toda vez que condensa en dieciséis líneas el contenido y la estructura de la novela. Antes de desaparecer, Luis Lorenzo estaba enfrascado en una entrevista a Alex Miró. La desaparición del periodista “ocurrió en medio de insólitas circunstancias no esclarecidas hasta el presente”. Su entrevistado también desaparece en condiciones similares. En relación con la estructura, la pieza introductoria nos advierte que los cuatro textos precedentes forman parte del dossier que a manera de homenaje a Luis Lorenzo fue publicado en la edición número 13 —¡nada más y nada menos que el número 13!— de la revista Purasangre.
Estaremos, pues, frente a un tipo diferente de novela
3.
Es el propio dossier la novela policíaca de Rafael Grillo. Una suerte de doble desmarque; es una rara avis en la literatura policíaca nacional y en la literatura nacional. “Largo adiós para el hermano” —crónica de Leopoldo Zamora Reyes, director de la revista Purasangre—, “Alex Miró, autor de La Isliada” —según dice el editor en una nota que acompaña al texto, este es el trabajo que Luis Lorenzo debía entregar a la revista; para más información el editor agrega que la entrevista fue hallada en el ordenador personal de Luis Lorenzo—; completan el dossier los cuentos “Hierve la sangre” y “Letra con sangre”, ambos de la autoría del periodista —según las notas, los cuentos también estaban archivados en el ordenador.
Como un rizoma es Asesinos ilustrados. Rafael Grillo ha creado para su libro una estructura que apunta y busca afincarse en diferentes direcciones para mostrarle al lector los últimos días de la víctima. No hay aquí división entre trama y subtrama; a partes iguales ha sido dividida la importancia de cada una de las piezas narrativas que conforman este libro —¿o deberíamos llamarle “capítulos” toda vez que en la cubierta corre en diagonal un cintillo con el rótulo “Novela Policial”?
4.
Como pudiera haber dicho un famoso asesino serial: vayamos por partes
Hay una revista cubana cuyo tema es la literatura negra y policíaca; dicha publicación arribó al número 13 (Enero-Marzo de 2010): Purasangre. Alexei Eduardo Rodríguez Miró, o Alex Miró, es un joven escritor cubano; según el dossier este muchacho ganó el premio de novela del certamen Luis Rogelio Nogueras —que a la vez ha sido ganado por Rafael Grillo—. Aunque no se precisa la fecha del año en que resultó ganador, con su libro La Isliada Alex obtuvo el premio —inferimos que el libro fue publicado por la editorial Extramuros, casa editora de Ciudad de La Habana; anualmente convoca dicho concurso—. La novela incluye no solo las tres reproducciones de cuadros que Alex Miró tenía en su habitación, sino también las imágenes de la estructura arborescente del explorador de Window del propio laptop de Luis Lorenzo. El dossier es pródigo en detalles reales del mundo editorial y literario cubano y cada uno de ellos opera como las partes del encofrado sobre el cual se verterá esa mezcla que es la ficción. Asesinos ilustrados es un tejido formado por dos tipos de hilos: el de la ficción y el de su antónimo: la realidad. Pero más que tejido me gustaría clasificarlo como trampa. ¿La presa?: el lector.
Notas hechas por el supuesto editor del dossier publicado en Purasangre —que no es el editor del libro—, fechas, referencias y referentes literarios (Raymond Chandler, Poe, Vila-Matas, Paul Auster, Borges…) como hebras tejidas con precisión para ese montaje / desmontaje de la realidad y la ficción. La compilación Asesinos ilustrados propone dinamitar las fronteras entre los géneros literarios. ¿Desde el non fiction a la ficción? La Literatura devenida comunidad global. Pasar de un territorio a otro sin que medie una identificación previa. De la crónica a la entrevista, del reportaje a la ficción. Datos reales que le aportarían una dosis mayor de realidad y verosimilitud al texto todo para alejarlo de los predios de la ficción. Una máquina que oculta una trampa para engatusar al lector. Hay una serie de preguntas en la nota de contracubierta. Cito la primera: “¿Incide la ficción a tal grado sobre la realidad que transforma los límites en una sola región?” Esta pregunta es un ardid. Grandes ficciones llevan al lector a pensar que esa historia narrada responde a la propia biografía de quien la escribe, grandes relatos autobiográficos operan como puras novelas de ficción. Está, en el libro de Rafael Grillo, el afán de crear un tejido con los hilos de lo real y la ficción. La ilusión del non fiction. Asesinos ilustrados: es el dossier publicado en la revista Purasangre. Sin embargo el libro queda en el vasto territorio de la ficción y esto, para mí, no constituye un gran problema o problema alguno. A fin de cuentas se trata del poder de ilusión del texto, del pacto ficcional entre el escritor y el lector en un siglo y milenio en donde ya no resulta paradójico poner en una mesa de disección dos objetos que no tienen relación entre sí. A pesar de que todavía sentimos la necesidad de sentarnos alrededor del fuego para escuchar historias, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
* Rafael Grillo (La Habana, 1970). Licenciado en Psicología y Diplomado en Periodismo. Poeta, narrador y crítico de arte. Jefe de Redacción de la revista El Caimán Barbudo. Autor de Ecos en el laberinto (Ensayo, Ediciones Extramuros, 2005) y Las armas y el oficio (Premio Fundación Ciudad de santa Clara 2008 en Periodismo Literario, Editorial Capiro, 2009). |