Isla 70
Por: Ahmel Echevarría
1.
Porque no es solo el testimonio de una vida. Porque ningún hombre es una isla. Porque es una máquina narrativa que sorprende. Porque en esas páginas no yace un hombre. Porque no es una sucesión de relatos o acontecimientos relacionados únicamente con las artes plásticas cubanas. Y porque va por su segunda edición y todavía hay ejemplares en librerías —de seguro estará en los anaqueles de la otrora fortaleza militar que albergará la Feria Internacional del Libro en su edición de 2011—. Por eso y más vale volver a Yo Publio, Confesiones de Raúl Martínez, publicado por la combinación Artecubano Ediciones-Editorial Letras Cubanas.
Yo Publio es un libro al que imaginé intenso y hermoso aerolito. Al final de su parábola de vuelo impactó sobre mí. Tras la colisión pude tener a mano relatos inéditos e imágenes que abarcan, a saltos, buena parte de la vida de Publio Amable Raúl Martínez González* —el relato del autor tiene su punto de partida en la niñez, también el lector dará de cara contra fotocopias de manuscritos y alguna de las obras del chino Raúl.
2.
“Creo que tendré que ponerme a escribir mis memorias” —esta frase, impresa al principio del libro, fue escrita en Moscú, en 1988.
“Tendré que ponerme a escribir mis memorias. Son las 5:00 a.m. Desperté hace media hora. No he podido dormirme. Preparo un trago. Fumo. Tenía un sueño que podría convertirse en una novela. Un sueño de enredos amorosos-sexuales en la edad media, salido de la picaresca española, lleno de ingenuidad y malicia.” —esta otra frase de Raúl se puede leer en las últimas páginas.
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La primera cita es una clara advertencia que se le envía al lector antes que se abandone a la lectura del texto, el mismo aviso se reproduce en los momentos finales del libro, tal como si el chino Raúl nos dijera: ¡Ojo, se trata de un libro de memorias!
Para librarnos de cualquier duda acerca del tipo de libro que es Yo Publio…, Abelardo Estorino nos regala una confesión: “Después de varias lecturas de las memorias de Raúl Martínez (...) se comprende la intención de expresar en palabras su esfuerzo por penetrar los espacios más ocultos de la memoria y de contar la historia de un hombre en lucha por alcanzar la perfección”.
Permítanme citar a Roberto Bolaño: “De entre todos los libros, los de memorias son los más engañosos del mundo, pues en ellos el disimulo llega a alturas a veces insospechadas y sus autores generalmente buscan la justificación”. ¿Acaso puede uno devenir individuo verdaderamente imparcial en el intento de ubicarse como actor y testimoniante en un momento determinado de la Historia Nacional? Escribir un libro de memorias es el verdadero arte de la maroma.
Pues sí, estarán ante un texto al que no le faltan, digamos, las marcas de ubicación, y si son tantas quizá se deba a que el libro nos deja perplejos porque se desmarca de su propia clasificación. ¿Pero de veras Yo Publio… es un libro de memorias? El chino Raúl no solo perpetra la “falta” de nombrar figuras clave de la cultura cubana, desnudarlas, además las ubica en un contexto privado o público. En la medida en que transcurre la lectura de las confesiones aparecerán Abelardo Estorino, Wifredo Lam, Portocarrero, Servando Cabrera, Martínez Pedro, Mariano, Virgilio Piñera entre otros. Raúl consignará juicios sobre la vida y la obra de estas personalidades devenidas aquí personajes —por supuesto, mostradas siempre desde su perspectiva—, quitándole así el velo o el aura mítica aportada por nuestra traducción de cuanto nos han dicho de ellos profesores y estudiosos de su obra.
Otro de los “pecados” cometidos por Raúl en Yo Publio… es el de sucumbir a la necesidad de narrar episodios —olvidados o enterrados— de nuestra historia, sin excluir de ellos la desazón, el miedo, el horror, la incertidumbre. Pero la lista de “faltas” es mayor, el Raúl inserta diferentes voces en sus confesiones, aparecen y toman la novela como se toma una cabeza de playa. Sí, escribí “Novela” porque no solo se podrán leer los supuestos parlamentos de quienes interactuaron con Raúl, el relato también avanzará desde otros puntos de vistas: la de uno de los hermanos de Raúl Martínez y la de su padre —en otras confesiones aparecidas en una entrevista concedida para la revista La Gaceta de Cuba (mayo-junio 08), Estorino dijo que Raúl creó el personaje de El Loco (el hermano menor) para hablar de sus amigos y no sentirse culpable—. Pero hay más, el libro se complementa con páginas aisladas de un diario.
Si al inicio hablé de las frases de advertencia con las que se le advirte al lector de que el libro en cuestión son las memorias de Raúl, pero también dije que era una novela, entonces cabría preguntarse: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Yo Publio, Confesiones de Raúl Martínez? ¿Acaso de “memoria novelada”? ¿O novela armada a partir de las memorias del autor? ¿Novela a secas?
Yo Publio, Confesiones de Raúl Martínez es lo que nadie esperaba —o lo que muy pocos esperaban, que no es lo mismo pero es igual—. Es un intenso y bello aerolito. O un oasis de amor/horror en un desierto de tedio. O el recordatorio de ciertas claves olvidadas u olvidadas ex-profeso en el viejo oficio narrar.
3.
Una cita de Raúl: “Yo tenía miedo a ser confundido. Recuerdo con qué temor tomaba café en la parada de la guagua, mirando a un lado u otro para huir si algo pasaba. Cuando me veía obligado a pararme allí mismo [hace referencia a la heladería Coppelia], al salir de Radiocentro [Cine Yara para los más jóvenes] o del Habana Libre, rezaba porque llegara la guagua lo más rápido posible.”
¿Miedo a ser confundido?
Hay un cuadro de Raúl verdaderamente hermoso: Isla 70. Es más largo que ancho —tal como La Siempre Fiel Isla de Cuba—. Un cuadro bien colorido; hay bastante rojo, amarillo, azul y mucho verde, muchísimo —tal como sucede con la paleta de colores que caracteriza a La Siempre Fiel Isla de Cuba—. Hay niños, adolescentes, hombres maduros y viejos, tampoco faltan los animales, los líderes, héroes y mártires. Hay flores, estrellas, símbolos, instituciones, fábricas, mucha caña, una bandera y palmas. Pero no se puede pasar por alto el rostro que, en la esquina inferior izquierda, quizá grita desesperadamente mientras una mano parece abofetearlo justo al lado de un joven que disfruta de un barquillo coronado con un helado de fresa de curiosa forma oblonga —quizá no sea exactamente un helado—, tampoco el tono de piel (varias gamas de verde) tan parecido en casi todos los hombres y mujeres que coexisten en esa Isla de los 70 (líderes, héroes, mártires, ciudadanos sin otra historia a sus espalda que el diario acontecer) —¿uniformidad en la diversidad?, un detalle: hay un jovenzuelo, de torso desnudo y piel ligeramente azul, en la esquina superior izquierda del cuadro (o de la isla), está justo al lado del supuesto autorretrato del chino Raúl y dicen que es Reinaldo Arenas—. Tampoco se pueden obviar los penes amarillos y enhiestos, como sutiles adargas.
Había mencionado la presencia de animales. Pues sí, hay un mono en esa isla, su pelaje es del mismo color que el de la piel de algunos hombres de carne y hueso, y el de los líderes, héroes y mártires. En esa Isla de los 70 aparece literalmente hasta el gato, pero el pelaje del minino es de un intrigante color rojo.
4.
Yo Publio, Confesiones de Raúl Martínez es una máquina narrativa que desde de los engranajes de la ficción procesa partes de personas y episodios de la Historia Nacional. Para ser todavía más verosímil, el relato narrado incluye páginas de un diario, imágenes, manuscritos.
Un detalle curioso: en su apuesta por la verosimilitud el libro termina de manera abrupta; sin embargo, tras la lectura no nos queda la sensación de que la historia del chino Raúl está inconclusa, porque intuimos que lo verdaderamente importante ha sido narrado.
* Raúl Martínez González (Publio Amable Raúl Martínez González, 1927-1995). Pintor, diseñador y fotógrafo cubano. Uno de los exponentes más importantes del expresionismo abstracto de mediados del siglo XX, y paradigma del pop art en Cuba. Recibió numerosos premios y reconocimientos, entre los que se encuentran: Mención Honorífica en el Salón del Círculo de Bellas Artes en La Habana, Mención Honorífica en el Salón del Círculo de Bellas Artes, Medalla de Plata en la Cuban Painting Exhibition, Universidad de Tampa, Premio al mejor conjunto fotográfico en el Salón Integración Racial, Primer Premio de Fotografía en el Concurso Carnaval de La Habana, Medalla de Bronce en la Feria Internacional del Libro IBA, Leipzig, Medalla de Plata en la Exposición internacional del Libro IBA, Recibió la Distinción por la Cultura Nacional. |