Entrevista a Raúl Flores Iriarte
El hombre que vendió el mundo
Por: Ahmel Echevarría
Delgado, estatura media y pelo largo. Desde la periferia al centro de la ciudad va cargando una pesada mochila repleta de libros y películas, video clips y música en formato digital. A ratos hay en su rostro una sonrisa en cuarto menguante. Sus ojos están en el fondo de unas cuencas que tal parecen un abismo. A grandes rasgos ese es RFI o Raúl Flores Iriarte (La Habana 1977): seis libros en ocho años, una revista digital, una peña literaria de frecuencia mensual —donde alternaba lecturas de escritores invitados, entrevistas, video clips y cortos de ficción—, autor de reseñas —o textos de opinión que tocan los límites de la ficción, la crónica y la reseña—. ¿Una impresionante hoja de servicios? ¿O esconde, en cuanto se ha propuesto, un plan que nos podría tomar por sorpresa?
Existe una increíble curiosidad por saber cuáles han sido las primeras lecturas que hicieron los escritores. Sé que te interesa la música. Como podrás advertir soy increíblemente curioso, más que interesarme por tus primeras lecturas quiero saber cuáles fueron tus primeros discos —no me hables de la banda sonora de tu infancia, sino del soundtrack de tu adolescencia.
Primero que todo, hay mucho de los Beatles. Desde que tenía cinco o seis años, en vez de oír canciones infantiles oía a los Beatles y me gustaban. De ahí a una marcada preferencia por la música de los 60´s y los 70´s no va mucho. ¿Has visto alguna vez Almost famous, de Cameron Crowe? Yo era una especie de Patrick Fugit en versión cubana. Me interesaban y me interesan Led Zeppelin, David Bowie, Creedence, Styx, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Doors, ZZ Top, Rolling Stones, Eagles, Tom Petty, George Harrison, Paul McCartney, Billy Joel, John Mellencamp, Queen, y algunas cosas en español como Fito Páez.
¿Por qué esa afición por la música?
Quizás por todo el glamour de ir guitarra al hombro, noches de concierto en ciudades distintas, acceder a millones de personas con solo una canción. Lo más cerca que he estado de esa sensación es la tirada de mil ejemplares de algún librito desconocido. Nada más.
Habíamos hablado de los últimos discos y bandas que incorporaste a tu archivo musical, también quisiera saber de tus últimas lecturas —un individuo es el resultado de cuanto consume.
Esas últimas lecturasque te interesa saber te las dije cuando hacía referencia a los nuevos discos y grupos. De lo que te puedo hablar ahora es de referencias cinematográficas. Como dices, un individuo es el resultado de cuanto consume y yo consumo bastante cine, así que te puedo hablar de Cronenberg (Spider, Una historia de violencia, Existenz), David Lynch (Inland empire, Mullholland Drive, Lost highway, Blue velvet, Wild at heart), casi todo de los hermanos Coen y de Woody Allen, Paul Thomas Anderson, Tim Burton, Jim Jarmusch, Terry Gillian, Quentin Tarantino. Películas como Blade runner, Scream, Matrix, Eternal Sunshine of the spotless mind y actores como Johnny Depp son igual de imprescindibles.
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También hay trazas del cine en tu literatura: bellas y terribles mujeres, tipos duros, perdedores, referencias al gran cine made in Hollywood o el cine independiente, incluso me atrevería a decir que más allá de esas referencias, en algunos de tus textos hay un tempo digamos que cinematográfico: escenas, diálogos, incluso hasta un visible o audible soundtrack. Y como nada es gratuito ¿qué subyace bajo este universo?
De nuevo el glamour, esta vez el glamour cinematográfico. A veces veo un cuento tal como una canción, como si estuviera frente a una película: te hablo de cambios de planos, escenas, tomas de cámara diferentes. Pocas veces veo un cuento solamente como literatura.
Te pediré que apeles a tu memoria y a tus gustos. Cítame un fragmento de un libro y su autor, una escena de un filme y su director, y la estrofa de una canción y su autor. En ese orden, por favor.
Podría citar muchos fragmentos de libros, pero probablemente estarían mal citados porque tiendo a reelaborar frases y títulos, y pueden salir verdaderas innovaciones. Hablando de películas hay una escena de Almost famous —dirigida por Cameron Crowe— que se desarrolla en un autobús durante la gira del grupo y todos están molestos con Billy Crudup, que era el guitarrista y se había portado mal. Había muy mala atmósfera hasta que alguien empieza a cantar Tiny dancer, de Elton John, todos se unen en el estribillo y es como un rayo de sol en medio de la tormenta, Kate Hudson incluida. O Sean Penn y Dakota Fanning en aquella secuencia de I am Sam, donde suena Eddie Vedder con You´ve got to hide your love away. O Johnny Depp con sus manos de tijeras construyendo una gigantesca estatua de nieve mientras Winona Ryder baila en Edward Scissorhands —dirigida por Tim Burton—. Y las canciones: de Dylan, How does it feel to be on your own, a complete unknown, with no direction home like a rolling stone. Y de los Beatles: He´s a real nowhere man sitting in his nowhere land making all his nowhere plans for nobody. Casi magia.
¿Es la felicidad una pistola caliente? ¿De qué estará hecha la felicidad?
No estoy muy seguro de que Lennon haya sido muy feliz con aquella pistola caliente. Vete tú a saber de qué estará hecha la felicidad. A veces basta solo una tarde de frío y lluvia y un libro para leer. A veces una mañana de sol y cielo brillante y un buen disco en el CD player.
¿Y qué es la literatura?
A mi modo de ver, un divertimento. La literatura es hobby y, a la vez, trabajo, melange de formas, experimentación, pero siempre entretenimiento ya sea creándola o leyéndola.
A mi buzón del e-mail llega 33 y 1/tercio. Eres parte del staff de esta revista digital. ¿Revistas digitales para qué? ¿33 y 1/tercio para qué? ¿Qué es lo que no hay en el revistero nacional?
Revistas digitales —dígase, en este caso, también alternativas— para subsanar de cierta manera lo que no pueden —o no quieren— dar las revistas institucionales. Lo que no se ve, lo que no se lee. Lo censurable y censurado, las corrientes más actuales en cuanto a escritura. Revistas digitales para evitar el conservadurismo, la literatura monolítica, para evitar a los grandes maestros o la LITERATURA en mayúsculas. Revistas digitales que crean una serie de literaturas minúsculas que se encuentran en contraposición.
Revistas digitales para aprovechar las tecnologías del siglo XXI —Internet llega a todas partes, muchos tienen e-mail y siempre va a ser mucho mejor esto que una tirada de mil ejemplares en papel gaceta—. Así puede plantearse, en 33 y 1/tercio, una línea de escritura más desenfadada y fragmentaria, experimental quizás, jugando con los conceptos de bad writing y de literatura kitsch, palabra trash que no siempre debería traducirse como palabra basura, sin deberle nada a ninguna institución y, por supuesto, sin censura de ningún tipo.
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El lado oscuro de la luna (Editorial Extramuros, 2000), El hombre que vendió el mundo (Editorial Letras Cubanas, 2001), Bronceado de luna (Editorial Extramuros, 2003), Días de lluvia (Editorial Unicornio, 2004), Rayo de luz (Editora Abril, 2005) y Balada de Jeannette (Ediciones Loynaz, 2007) son todos tus libros. Cierta vez me dijiste que Días de lluvia era tu Álbum blanco, y Bronceado de luna tu Abbey Road –inevitablemente volvemos a la música–. ¿Por qué? ¿Con qué otros discos compararías el resto de tus libros?
Siempre me ha interesado la intertextualidad entre la música y la literatura, por eso concibo libros como un músico podría concebir discos. En los tres más recientes incluso salgo yo en la portada porque, si un músico sale en la portada de su disco ¿no puede salir un escritor en la portada de su libro? ¿O siempre tiene que aceptar el papel de aquel oculto detrás de lo escrito? La cantidad de cuentos casi siempre se corresponde con el track listing de algún disco. Por eso comparaba Bronceado de luna con el Abbey Road —17 canciones, 17 cuentos—, pero solo por esa razón. Bronceado de luna no llega para nada a la profundidad conceptual y brillantez del Abbey Road.
En cambio, con Días de lluvia sí traté de acercarme al Álbum Blanco de los Beatles. Aparte de lo obvio —30 canciones, 30 cuentos—, la portada en ambos es blanca y tiene el mismo concepto minimalista que noto en el Álbum Blanco, la misma fragmentación, un par de hit singles —Ob-la-di, ob-la-da y While my guitar gently weeps contrapuestos a Pintura negra y Las manos de Mónica—. También nombro a mis libros como álbumes. The man who sold the world es un LP de David Bowie, The dark side of the moon es el clásico de Pink Floyd, Moon tan es un disco de un grupo holandés casi olvidado que tuvieron un hit en 1974 —Radar love— y se llamaban Golden Earring. Ray of light es de Madonna y Balada de Jeanette está basado en el Songs about Jane de Maroon 5.
Seis libros en ocho años. Hay quienes dicen que es mucho en muy poco tiempo, que así no se debe hacer, y que sigues amenazando con más y que debes pensar ya en el “Gran Libro”. Si me preguntan sobre tu ritmo digo: “Puede que RFI sea la máquina George Simenon en Cuba, que secretamente nos quieres vender el mundo”. ¿Qué dirías acerca de tu manera de hacer y sobre lo que has escrito hasta ahora?
Es cierto que trabajo mucho y muy rápido, pero tampoco trabajo todo el tiempo. Solo cuando siento la necesidad y cuando sé que la trama va a fluir. Así puedo hacer tres cuentos en el mismo día —Michel Encinosa también lo hace— y lograr entre diez y veinticinco cuentos al mes. Pero también puedo estar mucho tiempo bloqueado, sin nada que decir.
A veces, paso meses sin nada que decir. Termino el cuento siempre el mismo día que lo empiezo y lo reviso siempre ese mismo día, después no vuelvo a tocarlo. Tampoco reviso demasiado. No creo en esa máxima de que un cuento nunca se termina de revisar. En lo que he escrito hasta ahora hay cosas que no me gustan mucho y otras que sí me gustan. No sé qué más decir.
En una entrevista publicada en el Paris Review George Simenon reveló detalles que describían su proceso de creación. Descríbeme cómo asumes la escritura de un libro.
Para un libro generalmente reúno unos “sesentaipico” de relatos y selecciono una docena o un par de decenas. El resto se queda ahí hasta alguna otra oportunidad. O hasta nunca. Las novelas también las hago bastante rápido, usualmente en un mes. Y siempre, siempre, siempre escribir con música acompañante. Determinado texto lleva determinada banda sonora.
¿Qué hay del “Gran Libro” que los lectores podrían estar esperando de Raúl Flores Iriarte? Si tu respuesta es definitivamente un “no”, ruego que me expliques por qué.
Nunca habrá un “Gran Libro”. El “Gran Libro” quizás sean los cuentos que he hecho hasta ahora. O tal vez nunca existirá. Conceptos como “Gran Libro”, “Gran Obra” siempre asustan.
En varias publicaciones he leído reseñas tuyas, en ellas te refieres a libros de escritores jóvenes. Sé que tu visión no es la de un crítico, ¿pero cómo definirías o qué caracteriza a los escritores de tu misma generación?
Eso también puedes responderlo tú, quizás mejor que yo mismo, porque no me gustan las definiciones y, por esa razón, no creo que nada defina a los de mi generación. Lo que define a uno en particular se contrapone con lo que define a otro. Cada caso es distinto a otro. Nos puede definir la diferenciación de escrituras, o la circunstancia de que casi todos escribimos en PC´s, o el hecho de que todos seamos jóvenes ahora y en algún momento vamos a dejar de serlo y entonces quizás nos entretengamos buscando definiciones y caracterizaciones para los que vienen después.
¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura?
Imagina la vida real, tan real que no merece la pena ser escrita. Imagina a una cobradora de multas que no sabe qué hacer con su jefe que la hostiga sexualmente y decide suicidarse con una sobredosis de amitriptilinas, y le salvan la vida con un lavado de estómago y el doctor se enamora de ella, y el día de la boda los dos chocan en la limosina y atropellan a un repartidor de periódicos y, poco antes de morir, la cobradora de multas le pregunta a su querido doctor con el último aliento: Después de todo ¿de qué hablamos cuando hablamos de literatura?
Has hecho poesía. Podría parecer contradictorio, se te conoce como narrador. Unos poemas tuyos aparecieron en uno de los números de la Revista Unión. ¿Por qué la poesía? ¿Por qué tan poca poesía entre tus publicaciones —demos por sentado que la cantidad de poemas no es, necesariamente, directamente proporcional a la calidad del poeta? ¿O acaso la poesía es parte de un ardid?
En la revista Unión que citas —julio-diciembre 2004— no aparecen poesías mías. Aparecen textos narrativos que semejan el esquema estético de un poema. El hecho de versificar las líneas le da otra perspectiva al texto narrativo. En palabras de José Ramón Sánchez, ese esquema estético se transforma en un hecho literario, en algo que se resiste a ser clasificado, y el mismo José Ramón lo hace en el campo de la poesía con esos poemas que semejan una narración. La literatura puede aprovechar estas especies de vasos comunicantes entre diferentes especialidades, y a veces pueden salir cosas interesantes. El texto “Ella quería ser escritora” en su forma narrativa me parecía bastante anodino, al llevarlo al esquema poético se transformó en uno de mis favoritos. Igual lo sigo considerando un cuento y no una poesía.
Mientras en los escritores crece la resistencia a organizar espacios públicos de confluencia tú insistes en hacerlos. Formabas parte del team del Espacio Polaroid—lecturas de los textos del grupo, cortos, clips, performance, escritores invitados—, organizabas el espacio Documento reciente, cuyo guión era parecido al de Polaroid, con la diferencia de que cada mes eres tú y un invitado frente al público. ¿Peñas para qué?
No solo peñas así en seco. Las peñas eminentemente literarias resultan ser eminentemente aburridas. Se trata de proponer un sitio diferente. Por eso la resistencia a la palabra peña, y por eso Polaroid nunca fue una peña, sino un espacio donde todo confluía, un espacio donde las lecturas se combinaban con elementos audiovisuales que resultaban atractivas para el público asistente. Nos habíamos propuesto crear un espacio cuya propuesta de enfrentarse a la literatura fuera diferente.
Creo que en este siglo que comienza habría que buscar nuevas formas de llegar a los lectores. Ya no se depende tanto de la palabra escrita, sino de otros elementos como Internet, performances y elementos audiovisuales. En algún momento la literatura dejará de estar escrita en papel y pasará a ser escuchada en discman o difundida en blogs o cualquier otra cosa rara de esas. Por supuesto, esta es una predicción para no ser tomada en serio, lo mismo dijeron de la muerte del cine cuando surgió la televisión. Los espacios públicos me sirven para difundir otras maneras de entender la literatura para la gente que asiste, pero me parece que mejor borramos esto último. Suena demasiado ambicioso.
¿De qué hablamos cuando hablamos del lector?
Estás hecho un experto en hacer preguntas incómodas. ¿De qué hablamos cuando hablamos del lector?, supongo que de la gente que se ha leído algo de Stephen King. Y, por supuesto, algo de Esquirlas y Días de lluvia, ¿no? |