colorao
Deseo, peligro (II)
Deseo, peligro (I)
Historias mínimas
La Cortina de Plátano
Náufragos
Isla 70
La breve novela feliz de Raúl Flores Iriarte
El señor de las moscas
La tarde en que monté un Lamborghini Diablo
El hombre que vendió el mundo
Cuba, la noche y la locura
Nacidos para matar / Nacidos para contarlo
Bumerán: Encuentro con Michel Encinosa Fú
Deseo, peligro (II)

Por: Ahmel Echevarría

Previamente en “Deseo peligro”

Cuerpo reservado y Cuerpo público dos libros de Dazra Novak como una invitación no solo a la lectura. Adentrarse en un terreno con acceso restringido, otro en el cual no es necesario un salvoconducto: el cuerpo, la memoria, la escritura. Deseo, peligro. Leerlos como parte de un ciclo. Ciclo de escritura, lecturas, vida.

De Cuerpo reservado (Letras Cubanas, 2007) comenté: “Si esta entrega de Dazra no es en mi opinión un volumen de cuentos, tampoco una novela, ¿qué es entonces Cuerpo reservado? A falta de un nombre mejor les llamo Cuaderno a este tipo de texto construido a partir de Piezas Narrativas (así las denomino, no todas son propiamente cuentos) que se engarzan ya sea por la aparición de los personajes a lo largo de todo el libro, o porque no todas las piezas forman en sí mismas unidades independientes; algunas esperan y necesitan de otros fragmentos de historias para completarse, para intentar el cierre del círculo, de la historia toda.”, también consigné: “Es un tipo de escritura que a mi modo de ver no tiene principio, tampoco fin.”
Hablemos de la segunda entrega:

Peligro

A diferencia de Cuerpo reservado, Cuerpo público (Ediciones UNION, 2008, Premio David 2007) muestra en la ilustración de cubierta un solo cuerpo. Es una mujer de cara a la ciudad, desnuda. Una hermosa caligrafía se revela sobre la piel. También hay una golondrina y la avecilla no es pura decoración. Es un tatuaje que parece cobrar vida. Esta ilustración resume de manera eficiente la segunda entrega de la Novak. ¿Su estructura? Similar a Cuerpo reservado, está formado por piezas narrativas que se van engarzando como un collar de cuentas azules, amarillas. El color no es pura decoración, responde a pigmentos que simbolizan el estado de ánimo del narrador personaje: una mujer (la misma voz de la ópera prima). Esa muchacha escribe y ha decidido vivir y escribir intensamente.

Los personajes secundarios se alternarán en los textos de este cuaderno, otorgándole al libro todo un aliento seriado, pero con divisiones monotemáticas. Al igual que en la primera entrega, no todas las piezas narrativas son independientes, necesitan de otras ficciones para intentar un cierre del ciclo —pero no acontecerá, pues Cuerpo público es un mapa, y un mapa, como ya dijimos, nunca acaba de trazarse.

Abramos un paréntesis. Tal parece que se repite el esquema de disección, de análisis, de impresiones. Casi es cierto. Y lo es porque Cuerpo público es un mapa a la vez calco de otro mapa, de ahí el deja vú. Estructura similar, el mismo narrador, un mismo escenario. Más que La Habana, todas las acciones y parlamentos toman el cuerpo tal como se toma una cabeza de playa. Y las acciones y parlamentos no corresponden a un único individuo. No es solo la narradora quien se permite desandar por ese espacio finito y a la vez sin final que es el cuerpo —con el perdón de Kawabata—, sino las mujeres y hombres que carenarán allí para conversar, amancebarse o sufrir y gozar (un profesor de filosofía y su novia, un profesor de francés, una estudiante… en resumen: personas que bien podrías conocer al doblar de la esquina). El cuerpo-parque temático, cuerpo-isla, cuerpo-campo de exterminio, el cuerpo devenido también tribuna y cementerio. Fin del paréntesis.

Cada devenir del cuerpo implica aquí diferentes lecturas. Como “andar sobre cristales rotos”. Si en la primera entrega Dazra eligió trazar un mapa donde lo político y la política si asomaban el morro lo hacían elipsis mediante, en Cuerpo público no se anda con medias tintas. El hocico del Gran Blanco aparece. Y abre sus fauces. Es imposible en este país evitar conversaciones arduas; la comida y la política son los temas que se alternan cuando nos ponemos graves o gozadores —da igual el estado, desde el puro goce podemos despotricar sobre temas políticos.

 Los dos libros de la Novak son igual de breves. En ambos la autora apuesta por la claridad, la exactitud. Su lectura transcurre cuan rápida vuela una golondrina, pero en la levedad de Cuerpo público aparece la gravedad o el peso de los exergos (una cita extraída de un contexto y puesta en otro a manera de mascarón —el fragmento del diario personal insertado en la historia narrada por la Novak tiene a Nietzsche como rompehielos), el peso de las notas al pie (lastre a cargar en una lectura según sean resueltas; abro otra vez el libro y me pregunto ¿por qué no se apostó por convertir dichas notas en piezas narrativas?, a fin de cuentas el libro le da cobija a las “páginas rectificadas” del diario personal de la narradora) y el de las traducciones, y la gravedad o el peso de esos no pocos parlamentos que encierran una Respuesta más que una Pregunta, la intención del diario tal como lo veía Kafka: para entender, desplazado, el sentido de la vida.  A diferencia de la primera, en esta entrega no hay textos propios de la literatura del absurdo o fantástica, de esa zona onírica a la que se abandona el cuerpo cuando delira o duerme; ya lo anunciaba esta berlinesa o cubana al inicio del libro: “cualquier coincidencia entre estas historias y la vida real, es real. No teman los implicados, no usé sus nombres”. El aviso tal parece haber sido escrito sobre la propia piel de la autora, con un fierro agudo, al rojo vivo.

Pero en Cuerpo público no todo es calco, no todo es una apuesta por lo seguro. Está la necesidad de parase en el borde del desfiladero, de lanzarse al infierno, y de apostar por el regreso aunque sea con un miembro menos. Bastan unas pocas líneas; la narradora le dice a un profesor de francés —o nos dice: “no sospecha que yo también puedo amarlo como un hombre, que puedo ser un hombre para usted y hablarle en francés: yo también puedo ser Baudelaire y escribir para usted Las flores del mal”.

* Fin.

* Dazra Novak (Berlín, 1978). Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana. Egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Premio David 2007 por el libro de cuentos Cuerpo público, Premio Pinos Nuevos 2007 por el libro de cuentos Cuerpo reservado.

© Asociación Hermanos Saíz. 2011.