Tecnologías que no(s) acercan
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Tecnologías que no(s) acercan
COMENTARIO

Por: Alejandro Rodríguez Rodríguez

El siglo XX, que entre otros calificativos fue llamado “de la información” por sus múltiples aportes en esta esfera del desarrollo social, se va quedando atrás a pesar de que el naciente XXI solo acumula una década de inventos. Igual, a estas alturas, ya nadie desconoce que vivimos una época de cambios constantes en las maneras de comunicarnos, algo que ciertamente complejiza la vida y las relaciones de la personas.

No son excepcionales los casos de jóvenes literalmente sembrados frente al display. Esa suerte de ermitaño digital, que vive del correo, el chateo tonto y la gula informativa en Internet, que además no se entera de lo que se habla en las paradas, las guaguas y las colas porque la música portátil se ha convertido en parte inseparable de su cuerpo, se está perdiendo la participación en el más productivo foro de la Cuba actual.

Contribuyen igual a la enajenación entre generaciones. Hablo por ejemplo de esas largas conversaciones de sobremesa en que nuestros ancianos no se enteran. Y si bien es cierto que esto no es nuevo, si lo es que ahora el fenómeno se da con mayor frecuencia, con mayor intensidad.

La masificación de la tecnología se escapa de las manos del control social,  pero siempre se pueden aportar elementos constructivos desde el ángulo intencional de la educación y la participación.

La ciencia también se ha pronunciado por el uso cuidadoso de las TIC (Tecnologías de la información y las Comunicaciones). Por ejemplo se ha registrado, entre muchos otros asociados, el síndrome del click, que consiste básicamente en ejercitar constantemente los dedos con que se acciona el mouse de la computadora.

La tecla del vago

Otro gran peligro, que no por cien veces advertido ha dejado de crecer junto al número de teléfonos móviles en las calles, es la profanación salvaje del idioma, la apología a la contracción de la sintaxis y al anglicismo inventado. Ese tipo de ahorro no se necesita.

Los SMS, Short Message Service, no es un servicio tecnológico nuevo de la telefonía móvil ni mucho menos; apareció a principio de los noventa, de modo que sus excesos alcanzan ya cierto grado de madurez, al tiempo que se extiende la socialización del producto.

El internauta “Miguel” explica la causa de manera muy sencilla: “Eso pasa porque mientras menos caracteres escribas, menos dinero gastas”; sin embargo hasta el momento CUBACEL no cobra por las demoras tipeando el mensaje, y por corto que este sea siempre hay alternativas que no lastiman al idioma. Yo votaría por los emoticones, por ejemplo, sabiendo que la solución saldrá de propuestas novedosas y originales; para eso el universo digital no tiene límites.

Figuran entre los descalabros más populares: Estoy en la casa (i home), Calme x noch (Llámame por la noche), Tqm (Te quiero mucho), 1b (Un beso), Adiós (a2), No sé (ns). Aunque las variaciones son incontables, y sé de verdaderos carniceros que de cuatro letras pretenden comunicar mil ideas, los códigos se extienden sin uniformidad entre emisores y destinatarios… Al final siempre hay que recurrir, en algún que otro momento, al viejo método de la comunicación verbal para explicar qué significan los caracteres.

La búsqueda de responsables va desde el facilismo del usuario común hasta las carencias de algún raro metal en las minas africanas, pasando por los siniestros intereses del mercado, que ya se sabe no busca solo centralizar el capital. También en lo que respecta a la idiosincrasia y la autonomía cultural, la tecnología puede acarrear desastres de grandes proporciones.

El siglo XX, entre sus tantos inventos audiovisuales, cargó también con fracasos de talla extra como aquel televisor con olor que pretendió revolucionar conceptos y sentidos humanos. Como supondrán, el “televisor oloroso” solo provocó risas en todo el mundo, algún corto circuito, y perdidas económicas de todos los colores.

El joven XXI también ha hecho sus estragos, obviamente asociados al Internet. Me viene a la mente el momento infausto en que algún defensor de la información irresponsable decidió “colgar” en la red de redes el video del ahorcamiento de Saddam Hussein. Semanas después aún se reportaban niños asfixiados por intentar reproducir la popular escena.

Entonces, ya lo sabe usted: si se descubre de pronto haciendo click sobre los dedos de su pareja en vez de acariciarlos, debe proponerse seriamente hacer un alto en su mundo digital, y finalmente leer los libros que compró durante la última Feria.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.