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Sugerencia del chef: guiso de Juan Flores
ENTREVISTA

Por: Wendy Zuferri

Hijo de una húngara y un mulato puertorriqueño, Juan Flores creció en un barrio blanco y anglosajón de Nueva York, ciudad en la que más tarde se licenciaría en Germanística.

Esta existencia híbrida es consecuente con el hecho de que Flores sea el autor de un libro como “Bugalú y otros guisos”, merecedor en la 51 edición del certamen Casa de Las Américas del Premio Extraordinario de Estudios sobre Latinos. De cualquier modo, los Premios Casa no son una experiencia nueva para Flores, quien ya fuera galardonado en la categoría de ensayo en 1979. Desde entonces, este investigador ha visitado Cuba asiduamente y se complace ahora en ofrecer una entrevista al portal del arte joven.

¿Cómo ves la transculturación de una parte de la comunidad latina en la actualidad?

La verdad es que ya somos 44 millones de latinos en los Estados Unidos. Sólo en la ciudad de Nueva York hay cinco grupos nacionales con más de 100 mil habitantes: los mexicanos, los dominicanos, los ecuatorianos, los colombianos y los portorriqueños, que somos más de un millón, dispersos por muchos barriecitos. De casualidad uno de esos barriecitos newyorricans cayó cerca de una barriada húngara. Aunque siempre hay diferencias, la convivencia era buena porque son dos pueblos muy dados a la fiesta, a la música, que les gusta comer bien y bastante, así que no es tanto de extrañar el casamiento de mis padres.

En un final, los portorriqueños han ido mezclándose con todo el mundo por todas partes. Hay una frase que dice “portorriqueño hasta en la luna”. Incluso en Hawai existe una comunidad grande, descendientes de los que a principios del siglo XX fueron a trabajar en la siembra de piñas.

Eso es en realidad lo que significa la palabra diáspora: un sembrador que va echando su semilla por todas partes. Es lo que originalmente quiere decir.

Una de las grandes contradicciones de la emigración es que las personas se marchan de su país de origen a otro que debería resultarles más atractivo, pero por otra parte, se rehúsan a ser asimilados por a la nueva cultura. ¿Cuál es su visión de esta paradoja?

Todo el mundo que llega quiere mantener algo de lo suyo. En el caso de Puerto Rico, que es una colonia de los Estados Unidos, cuando los portorriqueños llegan allí es una lucha muy  grande por preservar su cultura, porque se vuelve una cuestión de principios. Pero por otra parte la influencia norteamericana es tan grande que la identidad tiene un riesgo muy grande de diluirse. Las nuevas generaciones apenas hablan español. Mi propio español no es muy bueno, tengo acento y hay varias cosas que me es mucho más fácil expresarlas en inglés, con todo y haber recibido una buena instrucción. Y eso es solamente en lo que se refiere al idioma, para qué mencionar la  música, la poesía, el conocimiento de la historia de Puerto Rico. Por supuesto, hay que ver la cultura de forma dinámica. En la emigración se pierde parte de tu cultura originaria pero se ganan componentes de otra, por eso la cultura portorriqueña de Nueva York es distinta a la de la isla, sigue siendo Puerto Rico y a la vez es diferente. Eso se ve en el ritmo del bugalú, que se quedó sólo con una parte de lo que forma la música popular portorriqueña, pero ganó todo lo que pudo aportarle la música afronorteamericana.

Como parte de esa dinámica hay que darse cuenta de que la cultura cambia porque sencillamente las condiciones cambian. Moverse entre ese cambio constante y el deseo de mantener la identidad es un balance precario pero necesario, porque si no se está insultando a las nuevas generaciones, a las que a veces sus mayores les dicen: “estás perdiendo tu cultura, esa música que a ti te gusta no vale nada”. Esa no es la solución, hay que animarlos a que conozcan más sus orígenes pero también hay que darles crédito por haber creado algo nuevo.

Son numerosos los estudios acerca de la cultura puertorriqueña en los Estados Unidos. La mayor parte de esos estudios son realizados por investigadores anglosajones, sin embargo, usted sí es de origen latino. ¿Cambia eso su enfoque a la hora de acercarse a las etnias que estudia?

Cambia, cambia. Yo me crié dentro de esa cultura y algo la entiendo. Para mí además se vuelve un problema político porque aunque a veces se diga de otras maneras, Puerto Rico es una colonia, está de por medio la cuestión de alcanzar la libertad, por lo que en la conservación de la cultura hay una lucha ideológica implícita. Los portorriqueños no son el único caso, cuando en un sector de la inmigración hay algún tipo de pugna política o religiosa con la cultura dominante, ese va a ser un factor muy importante a la hora de decidir si uno se asimila o no al país que lo recibe.

El enfoque que te ofrece hacer el análisis desde adentro te es beneficioso lo mismo si vas a estudiar a los portorriqueños que a los inmigrantes alemanes, italianos o irlandeses. Ahora, eso tampoco quiere decir que por ubicarse desde el interior siempre se llegue a las conclusiones más certeras. Yo le hacía mucho rechazo a las clases de español cuando estaba en la escuela. ¿Para qué yo iba a estudiar un idioma que había crecido oyendo? Conclusión: ahora no hablo el español a la perfección.

Eso actualmente me pasa con algunos de mis estudiantes que se creen que porque son mexicanos o dominicanos  entienden mejor que nadie la cultura hispana y por eso no tienen que aprenderse la materia de clase de Estudios Latinos. ¿Para qué leerse un libro si ellos ya vivieron eso? Entonces viene un estudiante anglosajón que sí se faja con los libros y estudia, y me da mucha pena, pero a ese le tengo que dar una mejor nota. De este mismo tema de la música portorriqueña o cubana en Norteamérica hay libros muy buenos escritos por especialistas “de afuera”, que se han pasado horas en la biblioteca o que van personalmente a conversar con los músicos y sacan materiales fabulosos.

Se ha debatido largamente acerca de qué se debe entender por “cultura” a la hora de hacer investigaciones de Estudios Culturales como las que usted hace. En sus ensayos, ¿por cuál concepto de cultura  se decanta?

Muchas veces se limita el concepto de persona culta a aquél que comprende este o aquél cuadro, que puede disfrutar un libro complicado, pero está también la cultura de la vida cotidiana. Para mí cultura podría resumirse... como un modo de vivir. Todo el mundo tiene una cultura, pero solo puedes darte cuenta cuando le aplicas este otro enfoque. 

Eso no significa que ahora se eche a un lado el arte de los museos y los conciertos. A mí me gusta mucho ese arte y pienso que se debería facilitar el acceso a él. Hay gente no va a los museos porque creen que eso es para las clases altas; no les interesa ir o a veces hasta no se atreven a ir por miedo a no entender. Igual es cierto que de modo general los museos no están pensados para darles la bienvenida a las llamadas clases “populares”, te intimidan un poco. Las instituciones culturales, de manera general, rara vez piensan en darle la bienvenida a la gente de la calle. Eso para mí es triste y me paso la vida tratando de romper esa barrera. Yo hoy en día pertenezco a una cierta élite intelectual con la que me codeo, pero vengo de un barrio, y en fin de cuentas prefiero pasar más tiempo con la gente de pueblo, en realidad yo soy de ahí.

Cuando presentó Bugalú en la Casa de Las Américas, sacó a colación una suerte de segunda parte de este libro llamada La diáspora contra-ataca, acerca del aporte musical de varios sectores, entre ellos  los newyorrican,s a las sonoridades de sus países de origen. ¿Cómo se complementan estas dos publicaciones?

Bugalú le debe a un libro mío anterior llamado From bomba to hip-hop (De la bomba al hip-hop) que fue muy conocido en los Estados Unidos, pero que no ha podido promocionarse mucho en Latinoamérica porque solo está editado en inglés. Así que varios amigos vinieron y me hablaron de traducirlo al español tal y como estaba, pero yo preferí escoger nada más algunos de los originales en inglés y agregarle otros nuevos que había escrito directamente en español. A su vez, dos de los ensayos de Bugalú son como pre-estudios para el siguiente libro, La diáspora contra-ataca.  El libro mismo es como un guiso. Y el bugalú es como el sancocho, el plato que se hace en Dominicana a partir de muchas carnes. Yo mismo soy hijo de un guiso. Eso es lo que es la cultura, sí. Carne guisada.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.