
Los caricaturescos años cincuenta
Por: Raciel Del Toro
El término “caricatura” tiene su origen etimológico en la palabra italiana caricare, que significa agredir. Como la caricatura es hija de la sátira, puede decirse que siempre ha sido una especie de burla que implícitamente también conlleva una protesta o un escarnio, ya sea para con un proceso, sistema o fenómeno, como para con una costumbre, una ideología o una persona.
Y la República de Cuba que surgió en 1902 en medio de profundas contradicciones, no escapó de ello. La prensa que surgió estaba a merced de los vaivenes de la política, de los designios del gobierno de turno. Los diarios que comienzan a fundarse responden más a intereses de una personalidad o una empresa que a presupuestos ideológicos. En ese contexto, fue La Política Cómica, publicación dirigida por Ricardo de la Torriente desde 1905 hasta 1931, la primera que le inyectó nuevos bríos a la caricatura cubana.
Torriente fue el creador de Liborio, personaje que adquirió gran popularidad, más por su voluntad política que por sus valores estéticos. Sin embargo, aunque Liborio se valía de recursos populares como la décima para comentar los sucesos de la actualidad política y socioeconómica nacional, demostraba una actitud completamente pasiva. No proponía; ni siquiera protestaba; simplemente manifestaba una denuncia tácita.
En la historia de la caricatura cubana, Liborio devino paradigma dentro de lo que algunos sistematizadores del arte han denominado caricatura simbólica. Esta clasificación puede ser parodia cuando se yuxtaponen personajes o puede resultar simbólica cuando en la imagen está implícita la representación de una idea, una raza o una nación.1 Luego de Liborio, nacieron otros dos personajes que intentaron compartir similares intenciones que las del primero: el Bobo, de Eduardo Abela, y el Loquito, de René de la Nuez. Los tres, aunque de maneras diferentes, encarnaban el papel del pueblo cubano de la época.
A partir de la década de 1920 renacen las inquietudes revolucionarias, las cuales se acentúan con la instauración de la dictadura machadista en 1929. Comienza entonces a manifestarse una posición de rechazo en amplios sectores de la sociedad, lo que es reflejado en una buena parte de la prensa.
La caricatura política del momento, además de denunciar la situación de crisis socioeconómica imperante en el país, tomó partido en contra del gobierno. El Bobo de Abela se convertiría en el símbolo de una época que requería un mayor protagonismo cívico y político del pueblo cubano.
Dicho personaje inundaba las páginas de varios medios impresos del momento. Por estos años la situación de la censura en la prensa llevó a una comunicación casi codificada entre el público y el caricaturista. Así surgieron símbolos que mediante la reiteración en cada nuevo número lograban establecer el estado de ánimo y de opinión del pueblo con relación a la situación política. Uno de los recursos más empleados por Abela fue la utilización de la vela para representar la esperanza del pueblo en un mejor futuro. Así la vela podía aparecer apagada, fláccida, de dimensiones enormes, etc., de acuerdo al estado de la política en el país.
El Bobo era un muñeco lleno de vida, de picardía, de humor socarrón. La caricatura casi siempre se publicaba sin texto o con uno mínimo que la explicara. Bastaba un gesto, una expresión, una mirada, para sugerir la idea. Entre el gesto del dibujo y el lector se establecía rápidamente una relación de complicidad. El Bobo fue un combatiente sutil y mordaz contra la dictadura machadista.2
En los años posteriores a la revolución maltrecha del ´33, los medios periodísticos afianzan su carácter mercantil y llevan a un nivel casi nulo el factor ideológico. Aparece un grupo de dibujantes que intentó ampliar hasta un ámbito más universal la temática y las formas humorísticas. Querían abordar problemas comunes a todos los hombres sin restar el interés por nuestro pequeño mundo isleño. En cierto modo fracasaron, porque su mensaje era una utopía en aquellas circunstancias.3
La generación posterior, la que se forjaría en la lucha de los años ´50, sería la encargada de comenzar a hacer realidad esa utopía; una generación plagada de excelentes dibujantes comprometidos con el momento que les tocó vivir.
Los caricaturistas ante el cuartelazo
El 1º de junio de 1952 debían celebrarse elecciones generales en Cuba; pero aprovechando su influencia dentro del ejército, la oligarquía burgués-latifundista y la diplomacia norteamericana apoyaron a Fulgencio Batista y su camarilla, quienes dirigieron un golpe militar contra el gobierno de Carlos Prío el 10 de marzo de 1952.
En cuanto a la situación de los medios de prensa de la época, los periódicos con mayor circulación estaban estrechamente ligados a una aristocracia mediática que mantenía un férreo control sobre la información. Las más importantes publicaciones periódicas de la nación −El Mundo, El Diario de la Marina, El País y Bohemia, entre otras− poseían una estructura que sustentaba sus dividendos en la publicidad, los anuncios y la venta de espacio al público para que escribiera cualquier tipo de interés, desde la búsqueda de trabajo hasta problemas amorosos.
En la mayoría de los casos, el medio periodístico pertenecía a un consorcio o empresa específica, por lo que respondía a las demandas del mercado y a los intereses comerciales del monopolista que fungía como presidente o director. Como los dueños de los diarios y semanarios generalmente pensaban más como empresarios que como periodistas, sólo les interesaban las ganancias y las influencias, por lo que tenían la capacidad de ponerse a la disposición del gobierno de turno con la mayor facilidad. Así, por supuesto, ocurrió cuando Fulgencio Batista tomó el poder por la fuerza en 1952.
La contrapartida de los medios de prensa alineados en la reacción estaba constituida por una serie de publicaciones que, en su mayoría, sufrían de precarias condiciones de trabajo o tenían que confeccionarse en la clandestinidad, debido a la persecución desatada sobre sus realizadores.
Entre las primeras respuestas en contra del golpe de Batista, el periódico Hoy publicó una caricatura de Adigio Benítez que denunciaba el carácter inconstitucional del gobierno y la relación del dictador con los intereses estadounidenses.
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| Caricatura de Adigio Benítez realizada para el periódico Hoy en 1952. |
En esta etapa surgen unos y continúan saliendo otros semanarios humorísticos, publicaciones periódicas, revistas y suplementos como el semanario Zig-Zag, la revista Mella, la revista CTC, el periódico Hoy, el semanario Actualidad Criolla y el periódico El Cubano Libre, entre otros.
La revista Mella era publicada de forma clandestina, pues protagonizaba un combate ideológico frontal contra la tiranía de Batista. Combinaba sus materiales periodísticos con las humoradas de denuncia de Pucho, personaje-perro creado por Marcos Behemaras y el dibujante Virgilio, quien para burlar la persecución policíaca firmaba bajo el seudónimo de Laura.
También circulaba Zig-Zag, semanario humorístico que mezclaba elementos de la política y otros de la picaresca. Allí surgiría el emblemático Loquito. Además, en sus páginas se ejercía una fuerte denuncia a través del dibujo satírico. Por ejemplo, el inicio de la zafra y el de las funciones legislativas en el Congreso era una coincidencia que los humoristas de aquella publicación no desaprovechaban. Sus dibujos reflejaban que el producto de la zafra jamás llegaba al pueblo que cortaba la caña, y que los beneficios de las actividades congresionales solamente recaerían en los aprovechados políticos de turno.
Bajo la tiranía batistiana, el humorismo buscó fórmulas para burlar la censura, sobre la base de sencillos símbolos populares. Debido a la persecución política, muchas veces el mensaje se presentaba enmascarado. Actualidad Criolla utilizó con éxito este recurso satírico en varias oportunidades. El precio que pagó el semanario lo explica su director, el caricaturista Felo Díaz:
Llevábamos al censor Benítez las pruebas de planas en una forma y luego habilidosamente alterábamos los textos y sacábamos el periódico “calentito”. Eso hizo que al sexto número nos clausuraran y nos persiguieran los sicarios.4
Por otra parte, el humor entra en combate frontal con su presencia en la Sierra Maestra, a través del joven combatiente Santiago Armada, Chago. Sus dibujos, hechos para El Cubano Libre fundado por Ernesto Che Guevara, denunciaban a la tiranía batistiana y anunciaban el definitivo triunfo de las armas rebeldes.
En los años ´50 sobresalieron caricaturistas que lograron denunciar, satirizar y reflejar a través del arte la realidad compleja de su tiempo. Fueron los casos, por ejemplo, de José Hernández Cárdenas (Hercar), Juan Eduardo David, Rafael Díaz (Felo), Rafael Fornés, Adigio Benítez, Humberto Valdés Díaz (Val), Virgilio Martínez ó Santiago Armada (Chago).
La obra de Hercar se distinguió por el dibujo costumbrista de la vida del negro, su vida como raza oprimida y rechazada por aquella sociedad clasista. Felo fue un caso particular en la época, pues tomó parte en varias publicaciones humorísticas, pero todas con una corto tiempo de existencia, debido a su actitud independiente. Los que lo conocieron cuentan que Felo era de los que prefería fracasar antes que establecer compromisos con anunciantes y políticos que entorpecieran sus criterios progresistas.
Por su parte, los dibujos satíricos de Adigio Benítez se publicaron en el diario comunista Hoy y en la revista Mella, órgano clandestino de la Juventud Socialista, como denuncias a la corrupción política-administrativa del gobierno.Virgilio, a su vez, se caracterizó por su combate directo contra el tirano Batista, con las historietas de Pucho y sus perrerías, donde el protagonista es un perro que participa en la lucha contra la tiranía; Luis y sus amigos, que reflejaban la situación de los jóvenes; y Supersticiosa, parodia del Supermán estadounidense. Todas sus personajes tenían un contenido político-social. Y Chago fue el creador de Julito 26, protagonista de las primeras historietas del humor en campaña, que aparecieron en julio de 1958 en el periódico El Cubano Libre. Y luego, cuando comenzó la ofensiva rebelde, apareció una contrafigura, Juan Casquito, un soldado batistiano.
La caricatura personal de Juan David
Juan David fue uno de los caricaturistas que desarrolló una profusa labor durante la década de 1950. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, no ejerció la caricatura política, sino la social, basada fundamentalmente en el retrato de personalidades tanto del ámbito nacional como internacional de su época. Fue creador de una caricatura que pretendía ser una reseña expresivo-gestual-psicológica del individuo. Intentaba atrapar esa expresión rígida que de vez en vez se asoma en el rostro de cada persona
Corrían tiempos en los que la caricatura que reflejara la realidad del país era perseguida, prohibida o censurada. En una época donde se pretendió favorecer el chiste ilustrado, sin complicaciones, que no conmoviera estructuras sociales, Juan David optó por darle prioridad a su arte desde su puesto de trabajo. Cuando Batista tomó el poder en 1952, ya hacía cerca de cuatro años que Juan David trabajaba en la revista Bohemia. «Hay que hacer reír sin comprometerse demasiado», le dijo en cierta ocasión Miguel Ángel Quevedo, dueño y director de la revista Bohemia. «Las cosas no son tan dramáticas como las ve el caricaturista».
Cada semana publicaba dos y hasta tres caricaturas personales de figuras relevantes de aquellos tiempos.
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| Caricaturas de Juan David aparecidas en Bohemia. |
Un examen detenido de aquellas caricaturas, permite apreciar un vigor, una soltura y una capacidad creadora, que muestran en su plenitud al artista, ya por completo autónomo y perfectamente definido. En semanas sucesivas, tuvo a veces que hacer la caricatura de un mismo personaje, pero jamás la repitió, siempre era nueva. La singular capacidad del artista para ahondar en el personaje y verlo más allá de su imagen externa, se advierte, de manera relevante, en figuras de la vida internacional, a casi ninguna de las cuales había visto personalmente.5
La caricatura generalmente estaba acompañada de un pie. Sólo para ilustrar lo críticos e irónicos que podían resultar aquellos pies, véase el realizado para una caricatura de Eusebio Mujal, personaje que había usurpado la dirección de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC). Apareció en 1954, en plena dictadura batistiana, y decía así:
«El señor Mujal, que no nació en Cuba es, sin embargo, el más vivo de los cubanos. Con el pretexto de sacar a los comunistas del movimiento obrero, se ha apoderado de una posición que recauda más dinero que un ministerio. El señor Mujal es más importante que un ministro. Como los ministros, da puestos, regala favores, es citado a Columbia, va a las mesas redondas de la CMQ. ¿Representa el señor Mujal a los trabajadores cubanos? Sí, como representa El Caballero de París a la nobleza de Francia. Pero el señor Mujal celebra elecciones para que no digan que su mandato es ilegal. Dentro de una semana se reunirán en la CTC con el señor Mujal, los amigos del señor Mujal, para reelegir como jefe nuevamente al señor Mujal. ¡Qué grande es este señor Mujal!»
Hacerse el loco
Machado había caído a manos de la movilización masiva del pueblo y, al parecer, el Bobo debía dejar de existir, pues el propósito que perseguía el personaje ya había sido cumplido. Los ´40 pasaron sin penas ni gloria para la historia de la caricatura cubana; y tenía que sufrir la Isla el peso de otra dictadura sobre sus hombros para que surgiera otro personaje emblemático del dibujo humorístico antillano. Así, después de más de veinte años de la desaparición del Bobo de Abela, nació el Loquito de la pluma de René de la Nuez.
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| El Loquito, creado por René de la Nuez para el semanario humorístico Zig-Zag. |
René de la Nuez comenzó a trabajar en el semanario Zig-Zag en 1955. De formación artística autodidacta, además de caricaturista, fue periodista, escritor, pintor e ilustrador. Su obra recoge temas como el antiimperialismo, el costumbrismo, la dicotomía guerra-paz y la protección del medio ambiente.
Nuez era aún un adolescente cuando en 1957 propuso la publicación del Loquito en Zig-Zag. Yo había ido a Zig-Zag varias veces y había publicado algunos dibujos. Cuando llegué con la idea del Loquito le gustó mucho al director y empezamos a publicarlo. La primera caricatura que se publicó fue el Loquito saliendo de Mazorra para dar la impresión de que era un loco y que hacía cosas de loco.6
El nuevo personaje estaba concebido para que apareciera en viñetas sin texto. Desde sus primeras entregas es obvia la condición de locura que desea asentar en el público: mirada extraviada, un sombrerito que parece un barquito de papel periódico sobre su cabeza, y una de sus manos introducidas constantemente en una especie de chaleco, al estilo Napoleón Bonaparte. Por supuesto, juega con el tipo de personaje que popularmente es reconocido como alguien que gusta de “hacerse el loco”.
En su primera salida el 2 de febrero de 1957, donde aparece saliendo de Mazorra, el semanario insertó una nota de presentación titulada “El loquito de Zig-Zag”: «no se trata de un loquito cubano, un poco distraído, un poco tártaro, otro poco calculista y muy sinvergüenza, que hace de la locura un medio para fastidiar a los demás. No señores, este es un loquito cien por cien honradito, sincero, capaz de pegarse con una mandarria en el dedo gordo del pie…»
La primera semana no tuvo sentido político. Fue sólo eso, para después entrar en “locuras” que tuvieran un contenido político. Las primeras fueron las que se hicieron cuando el ataque al Palacio Presidencial –que fue como a las dos semanas de nacer-. Entonces este personaje salía frente a Palacio o en el Parque Zayas, y comenzaba a ligarse con la situación nacional.7
Para burlar la censura y entablar un diálogo con el público –tal y como lo había hecho el Bobo de Abela anteriormente- de la Nuez acudió al lenguaje simbólico. Según la historiadora del arte Adelaida de Juan, entre los recursos alusivos más empleados por de la Nuez se encuentra la validación del léxico popular; es decir, la utilización de frases que sirvieron para desarrollar claves, como “arar en el mar”, “cruzar el Niágara”, “estar con el corazón en la boca”, “andar con pies de plomo” y “enyerbarse”. Estas últimas eran esgrimidas con un sentido político; y para referirse a la deplorable situación económica que sufría el país, eran utilizadas otras como “comerse un cable”, “pagar los platos rotos” o “no quiero caldo, toma tres tazas”.
Otro símbolo muy reiterado es el de las “bolas” que le rodean en la calle, que están en el billar o en la bolera, o que sirven para adornar el árbol navideño. El empleo de estas claves se manifiesta insistentemente a lo largo del primer año del dibujo, cediendo luego el lugar a nuevos símbolos que aluden directamente al desarrollo de la lucha insurreccional y a las advertencias contra la represión de las fuerzas batistianas.8
Desde el punto de vista visual, la mayor reiteración del Loquito es la anunciación de la guerra que libra el Ejército Rebelde en las montañas. Los símbolos de los que más se vale de la Nuez son la sierra de carpintería pensada o contemplada por el Loquito (para referirse a la Sierra Maestra), y el dibujo del ómnibus marcado con el número 30, ruta que en aquella época llegaba hasta el reparto llamado La Sierra.
A medida que el Loquito fue adquiriendo aceptación en el pueblo, el censor designado en el semanario Zig-Zag se esforzaba más por intentar truncarlo. De esta manera, fue prohibido utilizar el número 30 en los dibujos que incluyeran al Loquito. Fue entonces cuando de la Nuez desplegó su mayor capacidad de inventiva. En lugar del 30 colocaba un camarón –que es la representación de dicho número en la charada-, la palabra en inglés “thirty”, o un conjunto de operaciones matemáticas cuyo resultado siempre daba 30.
El censor también prohibió que se asociara al Loquito con un indio pielroja que aparecía de vez en cuando, pues este indio hacía alusión a la figura de Fulgencio Batista. Entonces el caricaturista comenzó a dibujar la imagen del sol, el cual en Cuba es popularmente llamado “el indio”. Pero esta representación también fue intervenida por el censor de Zig-Zag.
Desde fines de 1957 y a lo largo de 1958, el Loquito advirtió constantemente la presencia de los delatores, aludiendo a los 33 pesos con 33 centavos que popularmente se decía recibían en pago de la delación.
Asimismo, el Loquito subraya la necesidad de discreción absoluta, cuando lleva un zipper en la boca; o alude a la censura cuando aparece con un bozal amarrado, con dos maderas clavadas sobre la boca o incluso sin boca. Y también recalca la censura sobre la prensa escrita cuando representa la máquina de escribir cubierta de telarañas, de hongos o colocada en una urna de cristal.
El Loquito, incluso, podía funcionar como vocero de las victorias del Ejército Rebelde en la Sierra. El personaje daba pistas para que la población conociera las acciones revolucionarias que eran tergiversadas por los medios periodísticos plegados a la dictadura. Así aparecen las victorias de la batalla de Bueyecito, cuando el Loquito contempla un buey de juguete, o la de Pino del Agua, cuando el Loquito se coloca frente a un pino que tiene en el tronco un grifo de agua.
Con el triunfo del 1º de enero de 1959, el Loquito se traslada de Zig-Zag al periódico Revolución. Dicho diario publicaría que el Loquito “tomó su nombre de cuando había que hacerse ´el chivo loco` para gritar verdades. Ahora está más cuerdo que nunca.” El Loquito desaparecería poco tiempo después, pues ya había desaparecido el entorno histórico-social que había auspiciado su surgimiento, lo cual confirma que el desarrollo de la caricatura está estrechamente vinculado con la cotidianidad, con la realidad económica, social y política del lugar donde ha sido diseñada. Su mayor valor y su principal limitación, a la vez, estriba en su actualidad. Resulta muy difícil la comprensión de la caricatura cuando no se conoce el contexto en el que fue creada, cuando no se consume durante el presente. No obstante, es un útil legado que refleja las personalidades y los hechos más relevantes de la vida moral, política y sociocultural de un tiempo específico.
BIBLIOGRAFÍA
- Acosta Crespo, Fidel: Expediente científico de René de la Nuez, en Museo del Humor de San Antonio de loa Baños.
- Acosta Crespo, Fidel y Leticia Ortega Cruz: Historia del humorismo gráfico cubano (1945-1979), Museo del Humor de San Antonio de los Baños, 2001.
- Aniceto Bárcena, Rolando: Bohemia 1958 sin censura, Facultad de Comunicación, 1991.
- Carreras, Julio A. : La prensa comercial cubana entre 1940 y 1958, en Santiago, No. 67, revista trimestral de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, diciembre de 1987, pp. 97-130.
- David, Eduardo: Juan David abrazado a sí mismo, Ediciones Unión, 1999.
- David, Juan: La caricatura: tiempos y hombres, Ediciones La Memoria, 2002.
- Juan, Adelaida de: Caricatura de la República, Ediciones Unión, 1999.
- Le Riverend, Julio: La república, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1973.
- Recasán, Vilma: Trayectoria de la revista Alma Mater desde 1922 hasta el triunfo de la Revolución, Facultad de Comunicación, 1984.
- Tamayo, Évora y Juan Blas: Más de cien años de humor político, tomo I, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1984.
- Trujillo, Marisol: La caricatura y el 68, en Revista de la Universidad de la Habana, año XXXII, No. 192, edición extraordinaria, oct- dic 1968, p. 177-194.
- Veigas, José: El humor Nuez-tro de todos los días, entrevista a René de la Nuez, revista Revolución y Cultura, La Habana.
NOTAS
Trujillo, Marisol: La caricatura y el 68, en Revista de la Universidad de la Habana, año XXXII, No. 192, edición extraordinaria, oct- dic 1968, p. 177-194.
David, Juan: La caricatura: tiempos y hombres, Ediciones La Memoria, 2002.
En Tamayo, Évora y Juan Blas: Más de cien años de humor político, tomo I, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1984.
David, Eduardo: Juan David abrazado a sí mismo, Ediciones Unión, 1999.
René de la Nuez, en entrevista aparecida en Veigas, José: El humor Nuez-tro de todos los días, revista Revolución y Cultura, La Habana.
Juan, Adelaida de: Caricatura de la República, Ediciones Unión, 1999.
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