 La emigración de los músicos cubanos a los Estados Unidos. La socialización de sus masculinidades (1940-1949).
Por: Ernesto Díaz Calderín
Entre las manifestaciones culturales, la música representa un espacio en el cual se legitiman y desarrollan las relaciones sociales, donde se reproducen comportamientos y se crean rasgos identitarios. También constituye un campo de acción que permite, a través de la aplicación de métodos y teorías provenientes de las Ciencias Sociales, analizar las dinámicas y comportamientos que se establecen entre los individuos y la sociedad, en el devenir histórico de las naciones.
Alrededor de este tema, varios han sido los académicos que han dedicado investigaciones relacionadas con este campo son ellos: Pierre Bordieu, Max Weber, Alphons Silbermanm, coincidiendo que la música representa un campo de acción en el cual convergen la etnia, la clase, la identidad y el consumo1.
De igual manera el investigador Gerhard Steingress, reflexionando acerca de la música y lo que representa en el marco de los estudios académicos plantea: “La música es más que un ritual donde la comunidad reasegura su identidad mediante la celebración de valores compartidos: es un proceso estrechamente vinculado a la construcción de la realidad social misma. La música aporta una dimensión simbólica a la generación de nuevas realidades sociales, a partir de su capacidad de evocar la espontaneidad, con el fin de estimular la expresión de las necesidades sociales y personales que contrastan con el carácter represivo de la cultura y que reivindican la importancia de la naturaleza humana como elemento constitutivo de la vida social”.2
Estos aspectos brindan la posibilidad, dentro del campo musical, de analizar la construcción de la(s) masculinidad(es), transversalizada por otras construcciones sociales como la raza, la clase social y la nacionalidad, permitiendo analizar la socialización de los individuos con otros de su mismo entorno.
En el caso de Cuba, esta relación no escapa de su análisis, sobre todo teniendo en cuenta los distintos procesos por los que ha transitado la música en el transcurso de la construcción de la nacionalidad de la Isla.
Es importante señalar que estas reflexiones forman parte del proyecto de investigación del autor, mediante el cual pretende dar seguimiento y sistematicidad al proceso ininterrumpido surgido en el siglo XIX hasta el triunfo del 1ro de enero de 1959, la emigración de los músicos cubanos a los Estados Unidos y la socialización de sus masculinidades, temática que ha sido poco abordada por la historiografía cubana.
Entrado el siglo XX, después de varias centurias bajo el poder colonial, la música cubana adquiere una sonoridad particular. Se había nutrido de esos elementos tímbricos, orales y estructurales, que después de un largo proceso de transculturación, trajeron consigo estilos y sonidos musicales con características propias. Diferente de las romanzas francesas e italianas, las zarzuelas españolas y los tambores folklóricos africanos, surge la “música mulata”, término que utilizaría Fernando Ortiz para acuñar la música cubana que se estaba creando en el ambiente urbano y rural de la Isla, y que se erguía como símbolo de identidad nacional.3
En Cuba, entre las expresiones culturales más representativas de la nacionalidad, se encuentra la música. Desde la creación de las primeras piezas de danzón en la década del 70 del siglo XIX4, el surgimiento del son como símbolo de cubanía en respuesta a la penetración de los ritmos norteamericanos en la década de 1920, y hasta la actualidad, la música cubana ha contado con un respeto a nivel internacional y continúa representando las raíces de su identidad.
La música en Cuba es uno de los grandes socializadores de los hombres, debido a que ha representado a lo largo de la historia de la nación un espacio de ascenso y reconocimiento social para los sectores marginados los negros y los pobres, atendiendo a los cánones y patrones establecidos por la sociedad. Asimismo, ha constituido un espacio en el cual el mayor número de sus practicantes han sido hombres, aunque no se desconoce la existencia y el aporte brindado por un pequeño número de mujeres que han incursionado, imponiendo sus estilos y logrando una gran aceptación.
Este fenómeno está relacionado con los prejuicios que han existido alrededor del ambiente musical y por ser este espacio reflejo de los patrones impuestos por la sociedad patriarcal. De acuerdo a varios criterios de investigadores de la materia, el hecho de no ser las mujeres mencionadas responde a los estereotipos que se les asignaba a los músicos, y estaban relacionados con su carácter bohemio, la excesiva ingestión de bebidas alcohólicas y la promiscuidad en sus relaciones. Estos aspectos por tanto, alejaban a las mujeres de este ambiente y se limitaban, en su mayoría, a ser profesoras en sus hogares.
La interacción de los músicos estaba también condicionada por el patrón hegemónico de masculinidad imperante, este patrón estaba asociado a lo que se reconoce por el hombre de éxito, solvencia económica, proveedor de bienestar a su familia, blanco y en el caso de la música, durante el periodo que aborda este trabajo, este modelo respondía a la capacidad ejecución de los ritmos norteamericanos de moda, lo que denotaba modernidad y desarrollo.
Estos factores anteriormente mencionados les posibilitaban tocar en los cabarets de primero y segundo nivel en la Isla, lo que les garantizaba una mejor remuneración en comparación con los músicos de los clubes de tercera categoría5.
Desde sus inicios, el desarrollo musical en Cuba estuvo vinculado el fenómeno de la emigración de los músicos a otras latitudes del mundo y de manera más específica hacia los Estados Unidos. Se conoce que desde la segunda mitad del siglo XIX, músicos cubanos llegaron a los Estados Unidos como son los casos de Nicolás Ruíz Espadero e Ignacio Cervantes, ofreciendo estos numerosos conciertos en los principales escenarios de ese país.
Teniendo en cuenta la crítica situación económica por la que atravesaba la Isla y la situación política, varios fueron los factores que estimularon la emigración de los músicos cubanos a aquel país en la década del 40, algunos son:
En el año 1941 la American Society of Composers and Performers6 se negó a concederle licencia de uso de sus materiales a otras estaciones de radio, lo que provocó que estas tuvieran que recurrir al catálogo de la Broadcast Music Inc.7. Esta última tuvo que abrir su espacio e incluir también música latina, entre la que figuraba la cubana.
La Federación de Músicos Americanos8 prohibió a sus asociados que grabaran con las grandes compañías disqueras, por lo que se crearon pequeñas empresas en la cuales incursionaron también los músicos cubanos.
La década del 40, es el período en el que el mambo, la rumba y la conga alcanzan una gran aceptación en los principales escenarios de los Estados Unidos, resultando una condicionante para que emigren hacia ese país los músicos más talentosos de aquel período9, estableciéndose de manera temporal o permanente.
Los Estados Unidos representaban el centro fundamental del espectáculo a nivel mundial. Se encontraban las empresas del disco más populares de aquella época y los escenarios más codiciados del mundo.
Los músicos cubanos sufrían una situación muy particular en su país. La “invasión” de los ritmos americanos en Cuba provocó que los clubes y cabarets, de primer y segundo nivel de La Habana, estuvieran saturados de big bands10, por lo tanto la música cubana era relegada a los clubes de tercera categoría, en los cuales los músicos eran menos remunerados.
Sobre la base de lo que representó la música popular, con los estilos musicales que estuvieron de moda en la época es que se pretende analizar la interacción de los músicos y la confluencia de la música cubana y la norteamericana. Estas músicas que inundaron los escenarios de Cuba y del resto del mundo, en particular los Estados Unidos11. Al respecto señalaba una revista de la época:”…París y Londres estaban más preocupados en los nuevos pasos de la conga y el son, que en la amenaza de Hitler”. Así cubría el fenómeno de la música cubana una de las revistas más ilustres de la época, la revista Carteles12. Frase que demuestra la aceptación de la música cubana en el universo musical de los Estados Unidos y que responde a la confluencia musical entre ese país vecino y la isla. Desde finales del siglo XIX, el surgimiento de las empresas de disco y el marcado interés de los productores de Broadway, trajo como consecuencia la inserción de los músicos cubanos, de forma permanente o temporal.
En este proceso de incorporación a la dinámica musical de los músicos cubanos, también merece un análisis, el proceso de socialización en el cual estuvieron inmersos, entendiendo por socialización “al proceso mediante el cual el individuo -en este caso los músicos cubanos- adquiere el aprendizaje de la cultura de la sociedad donde vive, a partir de la aceptación de normas y patrones que le permiten asumir los roles que le posibiliten entablar relaciones sociales e interactuar con los individuos.”13
Teniendo en cuenta lo anterior y la masculinidad como la construcción social que se hace alrededor de los hombres, además todos aquellos comportamientos, actitudes físicas y mentales que se esperan de él, los músicos cubanos experimentaron un complejo proceso de inserción en el campo musical.
La vida de estos músicos cubanos fue bastante compleja en el marco de las relaciones sociales, si bien la música era aceptada en el ambiente musical de la época, los ejecutantes vivieron un proceso diferente.
Atendiendo a algunos de los términos que definen la construcción de la masculinidad, dígase raza, nacionalidad, clase social es que se pretende comentar el proceso en el cual estuvieron involucrados estos músicos.
La vida en el exterior favorecía satisfactoriamente a los ritmos cubanos, pero hay que hacer un alto y ver en qué ambiente se movían los compositores e intérpretes. En el período señalado, el mundo del espectáculo, atendiendo al patrón de masculinidad hegemónico, estaba representado por el músico blanco. Teniendo en cuenta que en esos momentos los estilos musicales que más promoción tenían a nivel mundial eran el swing, el fox trot, ritmos que estaban representados, en su inmensa mayoría por músicos de piel blanca, integrantes del jazz band que fue el formato musical que se dio a conocer desde la década del 30.
Como antecedente al proceso migratorio que aborda este trabajo, se conoce que la llegada de los músicos cubanos a los Estados Unidos, se ubica en la década del 20. Por esta época ya existía una colonia de boricuas ubicados en la llamada zona “latina” de Nueva York. A este lugar también llegaban los cubanos, con muy poco contactos con el llamado downtown, sitio de algunos músicos blancos de la época. Pero a su vez tenían contacto con los barrios afroamericanos, Harlem.
Por una parte el ambiente musical era el propicio y las migraciones latinas anteriores habían creado una infraestructura para que se desarrollara. Cines, teatros, cabarets, emisoras radiales y salones de baile. Pero a su vez esta separación por barrios, con un marcado componente discriminatorio hacia los músicos latinos, es el resultado de una compleja relación de poder establecida por la sociedad norteamericana, en la cual los complementos raciales y nacionalidad, seguían constituyendo un elemento fundamental de distinción que tuvo su origen en años anteriores y que aún perduraban por esta época, independientemente de la aceptación de la música que producían.
Sería válido destacar, atendiendo al análisis que se ha estado llevando con la socialización de los músicos, que muchos de ellos incursionaron en estilos musicales asociados con la música africana y el jazz, el cual tomó el nombre de Cubop, término acuñado por el destacado músico Dizzie Guillezpie. Música que estaba de moda y desde el punto de vista comercial tenía más éxito, a diferencia de lo que pasaba en Cuba, que incluso las orquestas con el formato de jazz band ejecutaban música tradicional.
Existía una realidad, los músicos cubanos, en comparación con los músicos provenientes de otras áreas del Caribe14, tenían una mayor aceptación. Las razones son desde el punto de vista musical.
Desde los primeros momentos de entendimiento de esta música, su sonoridad y ritmo alcanzaron una aceptación por el público y los grandes círculos de poder, se empezaron a mezclar los ritmos de la Isla con los americanos con lo cual fluyó el contacto entre los músicos de ambas orillas.
Otro aspecto que refleja la preferencia de la música cubana con la música de otras áreas del Caribe, es que durante la década que comienza en 1940, muchos artistas, cabarets, teatros y hasta las orquestas de los Estados Unidos se cambiaban el nombre al español, lo cual le garantizaba el éxito y reconocimiento.
Por lo tanto uno de los elementos que favorecía el complejo proceso de inserción de los músicos, era la nacionalidad y la confluencia existente con el mundo musical norteamericano. Acontecimiento que se registra desde la segunda mitad del siglo XIX, período en el cual los productores de la “Gran Manzana” depositaron sus expectativas en lo que acontecía en la Isla.
A pesar de esta preferencia por los músicos cubanos en el mercado musical de los Estados Unidos, estos de igual manera estaban discriminados y la acogida no era igual para cada uno de ellos. Existían una serie de exigencias de corte estético que favorecían a algunos músicos más que a otros.
Un ejemplo de este fenómeno expuesto, es que en una de las revistas, que ya fue citada en este trabajo, la Carteles, además una de las revistas cubanas a la cual se tuvo acceso de este período que reflejaba la vida cultural que acontecía a nivel mundial. En la misma aparece en varias ocasiones el éxito y el impacto causado por la orquesta de Miguelito Valdés en los Estados Unidos, así como los temas que más sonaban y en los diferentes teatros que se presentó.
El acontecimiento resulta llamativo, si se tiene en cuenta que en el período que se está analizando se registra la llegada de músicos cubanos, que de acuerdo al criterio de Leonardo Acosta, “fueron la influencia de mayor peso y autenticidad de la música cubana en Nueva York”15, me refiero a Alberto Socarrás, Alberto Iznaga, Mario Bauzá y Frank Grillo “Machito”, músicos negros. Además de la presencia en las orquestas de jazz del destacado percusionista Luciano “Chano” Pozo.
Lo que demuestra que independientemente, de que los cubanos eran bien acogidos por su música, no escapaban a los prejuicios raciales existentes en la época y que el patrón de hombre ideal, incluso en la esfera musical y artística, seguía estando representado por el hombre blanco norteamericano.
El ambiente social, sin dudas constituyó otro escenario de retos para los músicos cubanos. La bienvenida a su música no constituyó necesariamente la acogida a sus músicos, sobre todo en los sectores de poder de la sociedad americana. De la misma forma que se establecían en la Isla las distinciones por música y se ubicaban locales donde la entrada estaba mediada por el color de la piel. En el país norteño, la nacionalidad, la raza y la música, también representaron factores de división para estos hombres.
La música fue un elemento de distinción para estos hombres que de igual manera eran víctimas de los embates de los códigos sociales impuestos, del racismo existente, al cual no escaparon.
A pesar de esta realidad. Los músicos cubanos marcaron una pauta en la vida musical de Nueva York, su música se difundió por el mundo entero y sirvió de base para la ejecución de muchos ritmos salidos del país vecino.
Los músicos cubanos salieron de Cuba, llegaron y triunfaron. Las desavenencias que sufrieron no afectaron su manera de hacer la música con el sello que la caracterizó. Estos hombres llegaron con su música cubana a la cúspide del mercado musical, al país de Broadway y Hollywood, a la ciudad de las grandes avenidas y la convirtieron en universal.
Bibliografía
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1 Para mayor información sobre el estudio de estos académicos ver: Pierre Bordieu. Sociología y cultura. México. D.F., Editorial Grijalbo, 2003; artículo de Max Weber publicado en el año 1921 Las bases racionales y sociológicas de la música y Alphons Silbermanm. Estructura social de la música. Madrid, Editorial Taurus, 1991.
2 Gerhard Steingress. “El caos creativo: fiesta y música como objetos de deconstrucción y hermenéutica profunda. Una propuesta sociológica”. En: Anduli Revista Andaluza de Ciencias Sociales, Sevilla, número 6, 2006, p. 43.
3 Véase: Fernando Ortiz. La música afrocubana. Madrid, Ediciones Júcar, 1974.
4 La primera pieza de danzón fue interpretada por vez primera el 1 de enero de 1879 en el Liceo de Matanzas y se llamó “Las Alturas de Simpson”. Su autor fue el matancero Miguel Ramón Demetrio Faílde y Pérez.
5 Los clubes que se reconocen de primera y segunda categoría son: Saint Souci, Mountmatre, Capri y Tropicana. Por su parte los de tercera categoría son: La Polar, La Tropical y los círculos sociales de la playa.
6 Agencia norteamericana de compositores y músicos de todos los ritmos y estilos musicales, es la asociación encargada de controlar los derechos de autor y las licencias de los músicos. Cuenta entre sus miembros a George Gershwin y Duke Ellington, entre otros de connotada fama mundial. Fue fundada en el año 1914.
7 Esta agencia fue fundada en el año 1939 por los ejecutivos de la radio norteamericana para promover la competencia y fue la primera en brindar representación a los compositores de blues, música country, jazz, góspel y la música latina.
8 Es una organización que surge en el año 1896 en Nueva York y era la encargada de aglutinar a los músicos profesionales de Estados Unidos y Canadá.
9 Véase información acerca de los primeros músicos cubanos vinculados con el escenario musical del país norteño. Ver: Leonardo Acosta. “Interinfluencias y confluencias entre las músicas de Cuba y los Estados Unidos”. En: Mirar al Niágara. Huellas culturales entre Cuba y los Estados Unidos. La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2000.
10 Es la expresión en inglés que hace referencia al formato de agrupación que incluye a diez o más músicos de jazz. Además era el formato de orquesta que había alcanzado una gran popularidad a partir de la década de 1930 de siglo XX en los Estados Unidos y que debido al vínculo musical que había entre ese país y Cuba, se traslada la idea de esa estructura a la Isla creándose orquestas con ese formato. (Ej.: La orquesta de Benny Moré).
11 También en este período México, Brasil y Argentina, contaron con la presencia de los más grandes músicos cubanos de la época por ej. Ernesto Lecuona, Dámaso Pérez Prado, Benny Moré.
12 Revista Carteles: no.5, año 22. 2 de febrero de 1941.p. 56.
13 Ver diccionario filosófico Herder, 3ra edición.
14 Me refiero a músicos que venían de México, Venezuela y Puerto Rico.
15 Ver: Leonardo Acosta. Ob. cit., p. 311.
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