Advertencias a modo de (imberbe) prólogo
La crítica precoz o el estreno de otras voces
Crítica joven: Utopía o realidad. Por la historia y para la historia
Crítica de la crítica: banalidad, prejuicios y ceguera
Reencuentro en la memoria: la conformación de la nación desde el debate estético en la década del sesenta
Eusebio Leal, encuentro con la historia
Pensamiento Crítico para todos los tiempos
A cargo de Yanetsy León González
Natalia Bolívar: “Yo soy Cuba”
La década del sesenta: un nuevo modo de narrar en el cine cubano
La utopía de continuar (Re) pensando Cuba
Los miserables o de Las miserias. Esbozo de un análisis histórico
Masculinidad y violencia en los “bonches”
Lectura de tabaquería. Una tradición viva en la era digital
Por los caminos del género: algunas reflexiones
Laboratorio de Crítica Audiovisual  con aires de Madriguera
Patria: “ala y raíz”
Tributo póstumo a Rufo Caballero
La danza de Orígenes
La nación en disputa: migración, género y raza en debates y polémicas culturales cubanas durante el siglo XIX
Por los caminos del género: algunas reflexiones
“Siempre he sido aventurera”
La mala costumbre
Sugerencia del chef: guiso de Juan Flores
Practicar nuevas miradas
Enfermedades de Martí
Pensar la cultura desde la Memoria joven
Pensamos Cuba: mejores maneras de estar juntos
Tecnologías que no(s) acercan
Crítica y observación: Indagación del pensamiento joven
Una incógnita que se despeja y abre nuevas preguntas
La poesía de Heredia y Martí en la identidad nacional
Jóvenes iniciativas a debate
Un escritor que renació de una generación que nació de él (II)
Pétalos de piedra
Los caricaturescos años cincuenta
Beca de pensamiento Ernesto Guevara
Karina Pardo Rodríguez
Esneider Gutiérrez Reyes
Diamelis Menéndez Vázquez
Yamil Sánchez Castellanos
María Antonia Borroto Trujillo
Fundación Fernando Ortiz
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Revista Criterios

La crítica precoz o el estreno de otras voces

Por: Rubens Riol Hernández

Primeramente, debo señalar que mi definición de «crítica joven» estará determinada por mi corta experiencia y relación con la Historia del Arte en tanto profesor, investigador y crítico; aunque habría preferido un círculo menos estrecho que comprendiera «la cultura» de manera general, pero esa es una competencia en la que apenas doy los primeros pasos, de modo que no puedo valorar todavía su estado en la actualidad. Dicho esto, entiendo como «crítica joven», el ejercicio sistemático del criterio por parte de un grupo reducido de jóvenes, que podríamos llamar «geniecillos» o «pequeña élite» (dígase: estudiantes universitarios, recién graduados de carreras humanísticas o de ciencias sociales como Filología, Historia del Arte, Periodismo, Comunicación Social, Filosofía, Historia, u otras especialidades dentro de la enseñanza artística como la Dramaturgia y la Teatrología) que haciendo gala de un riguroso aprendizaje académico, una vocación fatal por la escritura o un talento a prueba de balas, deciden lanzarse al mundo editorial con el ánimo de socializar sus opiniones.

Todos sabemos, desde luego, que resucitar el discurso crítico sin quebrar la tradición de un género literario cultivado históricamente por brillantes defensores en nuestro país es una ardua y riesgosa labor que no todos vencen con éxito. De ahí que se tienda a confundir esta crítica joven con gestos irreverentes, inmaduros, vulgares, cínicos y especialmente polémicos. Personalmente, considero que nuestros puntos de vista no debieran desestimarse caprichosamente, siempre que se trate de provocaciones honestas, consistentes, profundas y reveladoras, ya que esta podría ser otra manera de enriquecer los debates sobre el arte y la cultura en nuestro país. Al menos aquí en La Habana sobran espacios -me refiero a las publicaciones de perfil artístico-literario como: Upsalón, Extramuros, Dédalo, La Gaceta de Cuba, Revolución y Cultura, La Siempreviva, Noticias de Arte Cubano, Arte por Excelencias, Cine Cubano, etc. donde pueden colaborar los jóvenes, y como en efecto lo hace a duras penas esa pequeña élite a la que me refería al inicio, solo que por lo general, esos mismos espacios están reservados para autores legitimados, lo cual significa, naturalmente, una garantía de prestigio y calidad para las revistas en cuestión. Bajo dicha política, he notado que los textos de las conocidas -y no sé si mal llamadas- «vacas sagradas» hacen zafra, dejando un delgado margen para nuestras «desasosegadas» conjeturas.

Aunque es válido aclarar que no todas las editoriales son extremistas, conservadoras y antidemocráticas, debemos reconocer que en los circuitos de poder, desde donde se negocia el acceso de los más jóvenes, perviven juicios ortodoxos que se resisten a valorar poéticas arriesgadas o especulativas, al tiempo que se subestima el talento joven. Un ejemplo de ello, es la tendencia reciente de algunos jurados de concursos, que deciden -quizás por un recelo generacional, al tratarse de rigores, formaciones, intereses o coyunturas diferentes- declarar los premios desiertos en sus distintas categorías, alegando que ningún trabajo reúne las condiciones suficientes (pareciera temor o prejuicio). En este sentido recuerdo una confesión que me hiciera Rufo Caballero en un correo electrónico hace ya algún tiempo, donde escribía: No sabes la enorme tranquilidad que me da leer la sabiduría y la destreza de la gente que viene detrás, con un empuje que mete placer en lugar de miedo. Obviamente se refería a la pertinencia del relevo, a esas voces que hoy se atreven y hay que darles paso porque seguramente -y sin paternalismo alguno- serán los autores consagrados de mañana.

Ante esta negativa, es que algunos críticos jóvenes acuden a otras variantes; digamos, alternativas como los blog en Internet, tertulias o espacios de debate muy personales y organizaciones como la Asociación Hermanos Saíz, etc. entornos que facilitan la movilización del criterio y la mengua de la censura entre otras cosas; pues dentro de la oficialidad no se puede hacer contracultura. Por mucho que se sepa que la crítica también edifica, se le tiene como un arma enemiga y se equivocan. Ese es otro síntoma de la «paranoia cederista», espero que esta vez mi texto no cause rubor y se publique. A fin de cuentas, hacen falta reclamos como este, aunque para cambiar las cosas sea necesario ponerlas de cabeza. La crítica, no por precoz, tiene necesariamente que ser deficiente, irrespetuosa, irracional o excesiva. Pensemos, por el bien de nuestra cultura, que la nueva crítica a menudo oxigena y fortalece. ¡Salud!

 

© Asociación Hermanos Saíz. 2011.