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Investigar el género en estos tiempos
COMENTARIO

Por: Lirians Gordillo Piña

Los estudios de Género en Cuba poseen ya una tradición de más de 25 años. El trabajo y resultados obtenidos por especialistas, instituciones y centros de investigación fundadores, así lo atestiguan.

En los años ochenta comienza el desarrollo de estas investigaciones en la Isla, liderados por la Federación de Mujeres Cubanas, la Universidad de La Habana, Casa de las Américas, y las Cátedras de la Mujer. En la actualidad otras instituciones se han sumado adquiriendo reconocimiento en el ámbito  académico y social a partir de la sistematización científica y trabajo comunitario; sobresale la labor del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociales (CIPS), la Red Iberoamericana de Masculinidades, el Grupo Equidad de la Universidad de Oriente, la Universidad de las Villas, el Centro Félix Varela, la Organización Oscar Arnulfo Romero y el Centro Nacional de Educación Sexual.

No obstante, la presencia de la perspectiva de género en las investigaciones lamentablemente aún continúa siendo minoritaria, pues no existe la conciencia necesaria para valorar la necesidad de tranversalizar los estudios socioculturales a partir del uso de categorías como el género, la orientación sexual, la raza, el posicionamiento económico y regional, la religión, etcétera.

Por otra parte, a lo largo de los años, la experiencia y resultados han sido concentrados en un grupo de importantes especialistas, mujeres en su mayoría, ante lo cual pudiera temerse la ausencia de una nueva generación que continúe el desarrollo de estos estudios.

Mas no. En la recién concluida 21 edición del Taller Internacional “Mujeres en el Siglo XXI”, pude apreciar el trabajo de jóvenes investigadores e investigadoras, quienes aunque inconexos, con distintas profesiones, disímiles niveles de acercamiento a la teoría, ámbitos de indagación y lugares de residencia, presentan en su mayoría lo que considero más importante: un posicionamiento ético e ideológico coherente con los presupuestos de la perspectiva de género.

Y digo esto pues en muchas ocasiones se piensa que por hablar de las problemáticas de las mujeres y(o) los hombres se están haciendo estudios de género. A mi criterio, uno de los principios centrales de este campo teórico es su fuerte contenido político; hablar de estudios de género siempre implica un posicionamiento ético y científico que denuncie las relaciones de poder desiguales que toman como fundamento las diferencias construidas históricamente entre los sexos.

Durante las sesiones de trabajo en el Taller, llamó mi atención la diversidad de miradas y puntos de interés que pude encontrar en varias ponencias a las cuales asistí, así como el rigor científico de las mismas. Entre otros se presentaron temas como: análisis del discurso y contenido de obras cinematográficas; estudios sobre modelos de masculinidad de hombres de la región oriental; un acercamiento a las experiencias de padres en situación de monoparentalidad; una mirada a los ritos socioculturales de las quinceañeras de hoy; vivencias personales desde el género y la raza; una breve sistematización de estudios de comunicación social desde la perspectiva de género, así como una investigación sobre el consumo cultural de hombres homosexuales habaneros.

Norma Vasallo, presidenta de la Cátedra de la Mujer -una de las instituciones organizadoras del evento- destacó la variedad de tópicos de esta edición y el papel de los jóvenes: “Si bien aún puede percibirse mayor número de trabajos en temas relacionados con la salud, la educación, la participación sociopolítica y la situación económica de las mujeres, vemos que en la actualidad va ampliándose el diapasón con otros espacios principalmente socioculturales, muchos protagonizados por jóvenes”.

Esta diversidad muestra las potencialidades de lo que es no solo una categoría científica, sino una manera de hacer ciencia. En cada discurso y criterios expresados apareció con mayor consenso, quizá una necesidad heredada de generaciones anteriores: la impronta de pasar de estudios descriptivos a estudios propositivos, de los resultados a la acción.

La larga tradición internacional de los estudios de género los vincula al arduo trabajo de los grupos feministas en el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Desde siempre, la acción social y política resulta un eslabón fundamental de la ideología feminista y perspectiva de género.
Por ello, en un proyecto social como el cubano más que necesario, me parece lógico y coherente el uso en las políticas sociales y culturales del país, de los resultados que arrojan las investigaciones desarrolladas en este sentido por los especialistas cubanos desde hace décadas.

Cuba aspira a una sociedad sin inequidades. No obstante, los cincuenta años de la Revolución Cubana no han sido suficientes para erradicar prejuicios y estereotipos que fundamentan, entre otras desigualdades, el papel de las mujeres como eternas cuidadoras y responsables del espacio familiar, así como la disminución de mujeres ocupando cargos de dirección a niveles centrales mientras representan un alto porcentaje de la población laboral y profesional. Son prejuicios y estereotipos que también  sustentan el dominio del hombre desde la competencia y el distanciamiento emocional, y que además, ubican en situaciones de riesgo y desventaja social a homosexuales, travestis y transexuales.

Creo que en la búsqueda de respuestas, los estudios descriptivos han contribuido en gran medida a reconocer imaginarios, mecanismos y estrategias del sistema sexo/género patriarcal. Aún así, estas investigaciones continúan siendo necesarias, pues campos como la diversidad sexual, resultan menos estudiados e integrados desde esta perspectiva.

Quizás el largo aprendizaje nos lleve a comprender que son los mismos principios los que sustentan la discriminación de mujeres y hombres por su color de piel, por su cultural o religión, por su orientación sexual e identidad de género, por su constitución física, ubicación geográfica y económica. Son los mismos principios que reducen la condición humana a un adjetivo, a una sola porción de lo que somos.

Tal vez de esta manera podamos hacer entender a todas y todos, que luchar contra el racismo implica también apostar por el respeto y reconocimiento de las diversidades. A mi criterio, en el presente debería apostarse por establecer redes, alianzas que unan los esfuerzos realizados en las diferentes zonas del país, establecer un discurso común y potenciar la acción social en las comunidades y con las instancias decisoras.

A los jóvenes que tomamos esta senda, nos corresponde apostar por la investigación científica y el accionar cotidiano. Llevar la palabra al acto, asegurarnos de que la perspectiva de género no se convierta en los tan mencionados espejuelos para ver las cosas más claras; pero que pueden ponerse o quitarse según la ocasión.

© Asociación Hermanos Saíz. 2009.