Advertencias a modo de (imberbe) prólogo
La crítica precoz o el estreno de otras voces
Crítica joven: Utopía o realidad. Por la historia y para la historia
Crítica de la crítica: banalidad, prejuicios y ceguera
Reencuentro en la memoria: la conformación de la nación desde el debate estético en la década del sesenta
Eusebio Leal, encuentro con la historia
Pensamiento Crítico para todos los tiempos
A cargo de Yanetsy León González
Natalia Bolívar: “Yo soy Cuba”
La década del sesenta: un nuevo modo de narrar en el cine cubano
La utopía de continuar (Re) pensando Cuba
Los miserables o de Las miserias. Esbozo de un análisis histórico
Masculinidad y violencia en los “bonches”
Lectura de tabaquería. Una tradición viva en la era digital
Por los caminos del género: algunas reflexiones
Laboratorio de Crítica Audiovisual  con aires de Madriguera
Patria: “ala y raíz”
Tributo póstumo a Rufo Caballero
La danza de Orígenes
La nación en disputa: migración, género y raza en debates y polémicas culturales cubanas durante el siglo XIX
Por los caminos del género: algunas reflexiones
“Siempre he sido aventurera”
La mala costumbre
Sugerencia del chef: guiso de Juan Flores
Practicar nuevas miradas
Enfermedades de Martí
Pensar la cultura desde la Memoria joven
Pensamos Cuba: mejores maneras de estar juntos
Tecnologías que no(s) acercan
Crítica y observación: Indagación del pensamiento joven
Una incógnita que se despeja y abre nuevas preguntas
La poesía de Heredia y Martí en la identidad nacional
Jóvenes iniciativas a debate
Un escritor que renació de una generación que nació de él (II)
Pétalos de piedra
Los caricaturescos años cincuenta
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Crítica joven: Utopía o realidad. Por la historia y para la historia

Por: Amanda Cárdenas Acosta

El concepto de crítica contempla el examen y juicio acerca de alguien o algo, siendo mayoritariamente la reacción u opinión personal del que emite el parecer. La crítica constituye un arma en las manos del denominado crítico, sea una persona, institución o gobierno el que la ejerza. A lo anterior habría que agregarle el complemento joven, como modificador de un término de por sí problemático.

Joven, más allá del concepto biológico, es todo aquello que aporte frescura, innovación y empeño a una idea, proyecto u obra. Es además, partiendo de esa intención, un rompimiento con lo tradicional, que alguna vez también fue joven pero dentro del ciclo interminable de la vida se vuelve obsoleto cuando una nueva generación irrumpe.

De ahí entonces aparece la crítica joven, vehículo de la nueva generación para encontrar fisuras dentro del edificio construido por nuestros padres. Atención, por fisuras no me refiero a destruir lo construido, sino a una actualización de las vías, ideas, conceptos y soluciones existentes y por qué no, crear premisas nuevas en la sociedad. En ejemplo máximo de ello se convierte la Revolución cubana y el rompimiento que supuso el triunfo del 1ro de enero de 1959 con la sociedad anterior.

Habría que aclarar que cuando hablo de esta crítica joven, lo hago pensando en un grupo de intelectuales que dentro de Cuba trabajan en función de la sociedad contemporánea; y específicamente de la profesión que me atañe, el ejercicio de historiar.

¿Es la historia un medio de crítica? La respuesta es absoluta y rotunda: sí. La asunción de temas, métodos, teorías y posturas es la mejor manera de ofrecer el criterio acerca de algo. Desde ella comparamos constantemente realidades diversas tanto en el tiempo como en el espacio que definen posturas ideológicas determinadas. Es vehículo de legitimación y cambio para aquellos que la asumen desde posiciones críticas; pues viendo los procesos desde ópticas analíticas se permite un amplio ejercicio del criterio y aporta muchísimo a la experiencia propia del historiador.

En ese sentido la historia es una profesión que implica madurez y experiencia; pero teniendo esta tesis gran parte de verdad implícita, no es absoluta. El medio condiciona en gran medida la asunción de postulados de este tipo que mayormente impiden el desarrollo de los que como yo somos iniciados en la profesión.

La imagen «popular» de los grandes historiadores es tradicionalmente la de personas respetables, confiables, maduras, eruditas, etc. Tras estas barreras conceptuales se esconden quienes pueden decidir nuestro futuro. Sin embargo: ¿Cómo se forma el relevo, esa nueva generación que sustituye a los grandes intelectuales? Ser publicado o dejar de existir debería ser el eslogan del tiempo que vivimos. El reto es llegar al círculo de los «trabajadores» de las Ciencias Sociales sin que sea privilegio de pocos. ¡Cuánto contribuiría a la formación de sociólogos, filósofos e historiadores la implementación de espacios experimentales, de debate y divulgación de sus investigaciones!

Catauro, Debates Americanos, Temas, Revista de la Biblioteca Nacional y el Boletín del Archivo Nacional de Cuba son algunos de los espacios más prestigiosos, por decirlo de alguna manera, para la publicación en el área de las Ciencias Sociales. Y no podemos perder de vista que una revista, un sitio web, un blog, un café debate, así como conferencias interdisciplinarias o la conjunción de todas ellas, harían completa la formación de un estudiante de Humanidades al publicar los principales intereses e inquietudes de este grupo. Muchas veces los recursos no están ausentes, sino mal empleados. Se trata de con lo poco que se posee contribuir a formar mejores cientistas sociales enfocados en la resolución de problemas concretos de la Cuba actual.

Mi experiencia me lleva a pensar que más allá de las tendencias y corrientes dentro de la historia, existen prejuicios basados en temáticas, generaciones, conexiones grupales y algunos de otra índole que no merecen mención; evitando que se explote al máximo la calidad intelectual del país. En este sentido los booms temáticos son frecuentes en todas las áreas del conocimiento social, e implican el predominio de ciertos temas en un momento dado. Si bien esto contribuye al desarrollo de ciertas líneas investigativas, retrasa otras al solo poner atención en un punto determinado.

La contemporaneidad nos obliga a dejar de consumir los grandes mamotretos históricos, híper descriptivos y hechológicos, para dar paso a Encarta-consumidores y Wiki-consumidores. Como herramientas educativas, estas fuentes enciclopédicas no son malas (más de una vez me han salvado de un apuro); sin embargo, cuando se convierten en la única voz autorizada y utilizada para sustentar un análisis, convergen disímiles pronunciamientos acerca de la masividad del conocimiento. ¿Es elitista? ¿Se puede convertir en universal lo elaborado o complejo? ¿Un intelectual solo produce para sí mismo y el grupo reducido que le rodea? Son cuestiones que nos competen a todos los que de una manera u otra trabajamos en función del pensamiento social.

Los historiadores, por su parte, diversifican y complejizan, con teoría y metodología, el lenguaje coloquial que considero debe tener el discurso en función de la historia. El mercado intelectual exige cada vez con más fuerza productos novedosos, pero esto no significa la pérdida de la calidad de la obra. Se trata de encontrar un balance efectivo que satisfaga la demanda.

La aparición de Internet, por otra parte, es para nuestro medio un hecho trascendental si alguna vez se redacta una historia del impacto de los medios masivos en las Ciencias sociales. La red vulgariza el conocimiento, pudieran decir algunos, señalando sus defectos, pero se convierte en una alternativa legitimadora del intelectual. Los blogs, dentro de este fenómeno, llevan todas las de ganar; pues permiten la interacción directa del que emite el criterio con aquellos usuarios que llegan a él. De otra manera, sería complicado conocer el impacto de ciertos temas, aunque las percepciones pueden ser tan diversas como humanos existen en la tierra.

Las redes sociales, por su parte, juegan un papel vital en estas sociedades modernas que no existen sin la tecnología. Los criterios compartidos a través de miles de personas tienen más peso si surgen en sitios web reconocidos (Facebook, Twitter, YouTube, MySpace); por lo el reto de la crítica joven hoy es la asunción de los mismos para propagar sus propios intereses.

Todas estas cuestiones desembocan en una gran interrogante: ¿Cómo se legitima la crítica joven? Al ser joven historiadora o en formación, se me presentan diariamente retos y obstáculos, mayoritariamente insuperables. Habría que comenzar haciendo recuento exhaustivo de las trabas que tiene el ejercicio crítico de la investigación. Dificultad del trabajo en bibliotecas, centros de documentación e información y archivos, trabas burocráticas que impiden el acceso a la información, deterioro de los documentos y los pocos espacios centrados en la divulgación del joven pensamiento crítico social.

No es una enumeración de quejas, sino la expresión de que la crítica joven se legitima criticando, en los espacios alternativos, cada vez más alto y más fuerte hasta que llegue a oídos receptivos que la autoricen y divulguen. Puede que parezca irreal o ilusorio, pero parto de la lógica de que la generación anterior se legitimó haciéndole frente a las mismas problemáticas y consolidó su posición del mismo modo. Lo que habría que aprender a diferenciar los contextos y coyunturas, aprovechando las posibilidades que se nos presentan y cuestionando todo hasta el cansancio en el espíritu de hacer un mundo mejor.

 

© Asociación Hermanos Saíz. 2011.