
Vida y humor en la sintonía de Alberto Luberta
Por: Lázaro J. González González
Dedicado por más de cinco décadas a la dramaturgia radial, el guionista Alberto Luberta afirmó en el primer Encuentro con organizado por la Asociación Hermanos Saíz este verano que la radio es una magia y una trampa, que lo ha atrapado toda su vida.
De ese “trabajo que no cuesta trabajo”, como define su quehacer el creador de Alegrías de Sobremesa, contó a los asistentes al diálogo conducido por la periodista Magda Resyk. Puntualizó que su amor por el medio se gestó en 1947 cuando, con dieciséis años, comenzó a trabajar como mecanógrafo en la emisora CMQ. Así, copiando libretos, entró Luberta al medio que lo acompañaría desde entonces.
“Lo aprendí todo en ese lugar. Por entonces no tenía mucho nivel cultural, pero fui adquiriendo un poco luego de mecanografiar cerca de doce guiones diarios; y al triunfar la Revolución me convierto en el jefe de los mecanógrafos”, dijo.
Antes del primero de enero de 1959, ya había escrito sus propios guiones con un seudónimo, pues no podía trabajar en ambas cosas. Después, como hacían falta escritores, se aventuró de lleno a la escritura radial.
Comentó además que antes de leer La Historia me Absolverá, se creía apolítico. Aunque más tarde, paradójicamente, formó parte de una célula de acción y sabotaje del Movimiento 26-7. Por su accionar político se vio forzado a emigrar hacia Venezuela, donde trabajó en Radio Continente hasta el triunfo revolucionario.
Afirma que se dedicó al humorismo a la fuerza y después se dejó llevar por él porque hacía feliz a la gente, y sin humor no hay vida. “Para hacer reír eludo la chabacanería, las indecencias: uno tiene que sugerir sin cosas burdas y la radio es esencial para ello porque tiene más poder de convocatoria. Por eso, no pienso que este medio tenga fecha de vencimiento aunque el audiovisual gane cada vez más público.
A propósito de las nuevas generaciones, el Premio Nacional de Radio acotó que este medio necesita una inyección de jóvenes con talento y voluntad para la realización radial.
Acerca del éxito de su programa Alegrías de Sobremesa opinó que se debía al hecho de tener los mejores humoristas de los años setenta, además de buenos directores; y que se nutría de la calle para escribir sus guiones. Anunció que pronto se escucharía una nueva temporada de sus libretos. Y afirmó, mientras sonreía, que seguía siendo joven y lo iba a demostrar. |