¡Stop, Emotion a la vista!
Por: Ingrid González Fajardo
Lleva a cuesta un mundo lleno de fantasía. No lo niega y puede dejar de hacer todo si solo transmiten un dibujo animado; qué importa si es Lolek o Bolek o La Señora Santana o el Elpidio Valdés. Marcos puede alimentar su universo con ver una y mil veces los mismos “muñes”.
“Desde niño soy fans a todo lo que huela a muñequitos, lo que se mueva en la pantalla. Cuando mi papá vivía conmigo, siempre lo esperaba para verlos juntos porque él lo hacía más divertido. Imitábamos las voces, decíamos los textos antes que los protagonistas y hasta zumbábamos las melodías de cada animado”.
Marcos Menéndez es un tunero “ilustre” de su natal Puerto Padre. Sin estudios de diseño gráfico ni nada parecido, este muchacho de 26 años logró enaltecer su pasión de niño a través de una técnica, casi un fósil dentro de los estudios de animación: el stop motion.
Otras habilidades le fueron surcaron el camino de lo artístico. La pintura, por ejemplo, marcó su infancia y varios premios en las galerías de arte de su municipio incentivaron esa recreación de lo imaginativo. “Pero cuando me enfrenté a escoger una carrera para la vida no lo vi como una profesión; ser artista de la plástica lo veía como un hobby. Un día podía hacer un dibujo perfecto y al otro no me salía porque simplemente mis musas no eran constantes sino variables; le cogí mucho miedo a eso”.
Pero esos inicios lo llevaron por escondijos que al final apuntaban hacia el mismo lugar. Fue entonces que se graduó de electrónica, y posteriormente como licenciado en informática, pero la verdad nunca imaginó que estos conocimientos le darían un vuelco a su vida profesional.
Su oportunidad llegó entonces con convocatoria lanzada por el nuevo canal de televisión que tendría Puerto Padre. “Entonces hice una maquetación para el concurso y escogieron mi diseño. Ahí empecé a tomar más en serio el trabajo y cuando me di cuenta que la animación me iba a dar de comer, es decir, que me iban a pagar por divertirme, me dije: no hay otra opción, es esto”.
Así llegó Marcos, sin pretensiones ni fanfarrias, al mundo donde no existen los límites. La agudeza de su pasión lo llevó a un primer trabajo serio. Donde el jejé puso el huevo, premiado por el Cubanima 2009, le dio un viraje a la perspectiva de este joven: allí, en una de las clases magistrales del evento, supo de esa técnica que amén de lo difícil y paciente, sería la visión de su interioridad.
Ser defensor del stop motion fecundó en él la Hora de almorzar, nacida bajo esta perspectiva de plastilina, alambres y materiales alternativos. Fotografiar imágenes de manzanas, flores, hierba, piedras y todo eso en movimiento, durante cinco horas de la madrugada resultó ser esta propuesta, competidora en la 9na Muestra de Nuevos Realizadores.
“La sinopsis de este corto dice algo así: un gusano hambriento llega a un campo lleno de manzanas donde puede escoger y por “escogedor” no le funciona la estrategia. Es una moraleja como no dejes camino por vereda o la luz de adelante es la que alumbra”.
Detrás de lo experimental, Hora de almorzar sentó las bases para otras aproximaciones a un género que muchos pensaban sepultado o al menos en desuso.
El stop motion en Cuba resurge, extrañamente, hace poco tiempo por el interés de los más jóvenes pero, ¿por qué esa atracción hacia una técnica nada fácil, cuando por la combinación de varios programas de animación se lograrían iguales y hasta mejores resultados?
Una técnica, un sentimiento
Dos cortos de animación cubanos han recibido, en menos de un año, múltiples premios, incluso a nivel internacional. Aunque notable, el hecho pudiera escurrirse en la autopista de la cotidianeidad: el talento de nuestros realizadores cinematográficos es premiado usualmente en diversos certámenes.
Esta vez los creadores surgen de los estudios del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y para mayor sorpresa, son jóvenes los que se arriesgan en esta gran “empresa” de la fantasía con una técnica como el stop motion o animación corpórea, un fósil viviente dentro de las formas de hacer un dibujo animado.
El primero de los cortos fue La última gota, premiado en el Festival Video Agua de Montreal, Canadá y en el V Foro Mundial del Agua, celebrado en Estambul, Turquía. Por su parte, La semilla se alzó con dos galardones Rosa Elena Simeón, de la Academia de Ciencias de Cuba; el premio de Ópera Prima en el festival Por primera vez, de Holguín y el Premio Nacional de Animación, en el Quinto Festival Nacional de la Televisión.
Ambos cortometrajes emplearon el recurso del stop motion, conocido también como parada de imagen, paso de manivela o cuadro a cuadro, la cual logra la captura de fotografías. La técnica de animación corpórea (TAC) es, en palabras simples, una concatenación de fotogramas que asemejan actividad a partir de objetos estáticos.
Para los estudiosos, la técnica de animación consiste en aparentar el movimiento, el dinamismo de cualquier objeto que no posee vida. A través de una cámara fotográfica y su posición fija, los creadores deben modular constantemente cada expresión del rostro de los personajes, sin contar las transformaciones que debe sufrir la ambientación del lugar para apoyar la historia que se cuenta.
Pensemos además en la frecuencia de la grabación: elemento que le añade complejidad al proceso por las tan recurrentes dificultades tecnológicas. Esta es igual que en el cine, 24 imágenes por segundo que le permiten percibir al ojo humano un movimiento continuo. Un minuto de grabación de un estrechón de manos, la sonrisa de una enamorada o la pelea de dos borrachos se traducirían en 1 500 imágenes fijas aproximadamente.
Nada despreciable si tomamos en cuenta que en un estudio moderno existen cámaras con motores especiales que se mueven automáticamente al tirar cada cuadro. En cambio, los estudios del ICRT carecen de estos aparatos, por lo que cada desplazamiento debe ser manual y por supuesto, realizar las marcaciones pertinentes para no equivocar los ángulos.
Los equipos de trabajo para una animación en stop motion suelen ser pequeños: un animador, un asistente, un camarógrafo, un escenógrafo. Y aunque muchas veces una sola persona puede encarar un proyecto, cada especialidad le otorga autenticidad e inmediatez al resultado.
En nuestro país, el cuadro a cuadro tiene otros requerimientos si de materiales se necesita. Según los más experimentados, hoy en día se emplean los mismos que en la década de los ochenta. Papel, goma de pegar, plastilina, cartón, poliespuma, objetos desechables. Otros son mucho más contemporáneos como la silicona y los polvos especiales, pero esos aun no están al alcance de todos los creadores.
Pero ante la carencia de productos, los jóvenes realizadores han explotado ingenio y creatividad. Se reafirmaría entonces el dicho popular que tanto nos caracteriza a los cubanos: “De grandes necesidades surgen grandes soluciones”. No importa lo sofisticado de una técnica si la moraleja nos invita a la reflexión de temas cruciales de nuestra realidad.
Background de un fósil viviente…
Los orígenes de la TAC se funden con la historia de la cinematografía, de ahí sus puntos de contacto. Entre los pioneros del stop motion, el cineasta ruso Ladislaw Starewicz fue uno de los primeros arriesgados en hacer una película con esta técnica. Con el título La venganza del camarógrafo en 1912, este director narra la historia de una familia de escarabajos que se destruyen mutuamente por la infidelidad de sus cónyuges.
 |
Algunos años antes, España se deleitaba con los trabajos de Segundo de Chomón quien en 1908 realizara El hotel eléctrico. Otro destacado pionero en la técnica fue Willis O'Brien, cuya animación en King Kong (1933) continúa siendo un icono de nuestros tiempos.
En los ochenta, la técnica fue usada por Tim Burton, influenciado en su niñez por las películas con los efectos especiales de Ray Harryausen. Burton utilizó entonces el stop motion en sus cortos para World Disney, de los cuales Vincent es el primero. A principios de los noventa saldría al aire The Nightmare Before Christmas o Pesadilla antes de Navidad y en 2005 Corpse Bride o La Novia Cadáver.
Pero los inicios de la TAC para nosotros estarían aun más lejos, geográficamente hablando. La técnica estuvo muy difundida, en lo fundamental, en la zona Este europea, en el antiguo campo socialista y dentro de ellos, principalmente en Hungría y Polonia. El vínculo estrecho de Cuba con esas naciones influyó en nuestra forma de crear animados.
Desde la década del setenta y hasta principios de los años noventa este fue el tipo de animación que desarrollamos. El gatico Vinagrito, Marinero quiero ser y Chuncha, son solo tres ejemplos de muñequitos realizados bajo el lente del stop motion en este lapsus y que gracias a las potencialidades de la computación, casi dos generaciones de cubanos no se perderán del disfrute.
Los estudios del ICRT le han dado vida a series educativas como Piófilo y Cascarón y a diecinueve episodios de la teleserie infantil Claro, Clarita; aunque ya se preparan para un serial de 30 capítulos, con un minuto de duración cada uno y que tocará temas importantes para la familia cubana.
Pero el Instituto de Radio y Televisión no es el único. Del Departamento Cinematográfico ICAIC han surgido propuestas de jóvenes realizadores, con argumentos tan sólidos como la decepción en un matrimonio de dos décadas o simplemente, la discriminación de la mujer en un ámbito familiar.
20 años fue todo un acontecimiento cinematográfico para el mundo de la animación corpórea. Con 12 minutos de duración, el cortometraje escrito y dirigido por el matancero Bárbajo Joel Ortiz mostró la calidad de los jóvenes para empeños sin límites, ni imposibles. La excelente puesta en escena despuntó por una dirección de arte exquisita, el alto nivel de la animación y por lo universal de su historia.
Basado en la canción de María Teresa Vera, 20 años cuenta la vida de una mujer, que tras dos décadas de matrimonio, hace lo imposible por sostenerlo hasta un día. Este animado para adultos sirvió de impulso a los creadores cubanos y mostró la necesidad de formar un Estudio especializado en la técnica de stop motion.
Tunero cuadro a cuadro
Marcos Menéndez mantiene su reminiscencia. Nuevos proyectos le auguran creatividad: la invitación para participar en el Cubanima de este año lo hace sentirse orgulloso de una técnica como el stop motion. Más que dolores de cabeza por la atrasada tecnología o la falta de materiales, la TAC ha removido matrices sensitivas con solo fotografiar imaginación hecha de plastilina. |