
Recorrer una Larga distancia
COMENTARIO
Por: Rubén Ricardo y Alcides Pereda
Una revisión crítica de la producción cinematográfica cubana arroja a simple vista el interés de los realizadores en dos tipos de cine, dos tipos de pretensiones: por un lado, un cine que intenta experimentar con la forma y el lenguaje para desde allí crear un mundo propio, también considerado cine de autor; y otro, que intenta retratar con pelos y señales la realidad que se vive, tal vez con el fin de subsanar el déficit de espejos críticos que acusa la prensa nacional.
Dos definiciones que intentan agrupar o incluir en cine poético o realista la producción cinematográfica. Pero los propios creadores no tienen que limitarse a ellas o circunscribir su mirada a una de las dos, con dosis inclusiva y reduccionista, por demás.
Con Larga distancia sucede precisamente que su director, Esteban Insausti, y su modelo de concepción del filme, responden a una experimentación desde lo formal, pero a su vez en un retrato de la realidad circundante. Cayendo nosotros también en una subdefinición donde se refiera la mirada realista dentro del cine poético o la perspectiva poética a un cine realista.
Lo mejor que tiene Larga distancia es esa búsqueda por nuevos rumbos dentro de la producción de 2010, pero que abre el horizonte para la segunda década del presente siglo y milenio. Pero como todo intento tan abarcador, su alcance se limita a mostrar un fenómeno sin abundar en el mismo, además de estar concebida de forma dispersa en su propia narración, hecho que impide el entendimiento o pleno disfrute de cualquier espectador.
Decía Humberto Solás en el libro A solas con Solás que preparó Rufo Caballero, sobre el postmodernismo que: Creo que la posmodernidad, como concepto, es un tanto ilusoria. En la historia del arte, siempre que las formas se estrechan, se hacen ortodoxas y las escuelas se encasillan en definiciones terminantes, sobrevienen las rupturas, que bien les llamemos cubismo, dadaísmo o surrealismo, son expresiones del barroco, que nunca podrá verse como un estilo cerrado, sino como la necesidad de la liberación permanente. (…)
El tema es una preocupación constante para los realizadores más jóvenes: los sueños anhelados, la posibilidad real de cumplirlos o no, la diáspora en su máxima extensión, que incluye esa propia posibilidad para concretar algunos sueños y abandonar otros.
Resulta sugerente la forma en que está contada Larga distancia con ese juego a base de estructura fragmentada, donde los personajes, cada uno bien definido, actúan coherentemente o no, a sus reglas dispuestas por ellos mismos, porque la necesidad de sentirse libre, dijo Mills en La imaginación sociológica que: El problema definitivo de la libertad es el del robot alegre, y surge hoy en esta forma porque hoy se nos ha hecho evidente que no todos los hombres quieren por naturaleza ser libres; que no todos los hombres están dispuestos o son capaces, según los casos, de esforzarse en adquirir la razón que la libertad exige. ¿En qué condiciones llegan los hombres a querer ser libres y capaces de obrar libremente? ¿En qué condiciones están dispuestos y son capaces de soportar las cargas que la libertad impone y verlas menos como cargas que como auto-transformaciones gustosamente emprendidas? Y en el lado negativo: ¿Puede hacerse a los hombres querer convertirse en robot alegres?
Una de las cuestiones más significativas en la confección de los personajes es que cada uno de ellos está atrapado en un entramado singular, por un lado la concreción de algunos sueños o aspiraciones y por otro los ideales o concepciones que son su base real.
Pero no hay porque encasillarlos, pues sus actuaciones dentro del filme y a medida que este avanza, no demuestran linealidad. Responden a necesidades propias y modos de actuación ¿censurables?, ¿dignos de criticar? Ni lo uno ni lo otro. Sólo ajustables a circunstancias particulares.
Sobre la diáspora se ha dicho mucho en los últimos años, el filme usa aquello que escribió en su libro de entrevistas Luis Báez y que ha generado más de una discusión en torno a Los que se fueron y Los que se quedaron, porque tanto lo uno como lo otro es una decisión personal y no refiere sobre pensamientos políticos, ni apolíticos, o de simple bienestar o facilidad económica. La emigración, que en Cuba se ha asumido como algo tan común, como para los mexicanos atravesar la frontera, tiene una raíz histórica ya abordada en anteriores y mejores ensayos que parten desde un análisis interdisciplinario buscando la respuesta a tanta pregunta inconclusa.
Acerca del filme Larga distancia, ya hemos dicho que no explota a plenitud ni la mitad de los recursos de los que dispone. Y no hablamos de recursos técnicos, de los cuales se sabe servir Insausti, para la confección final de la película, que si mantiene un ritmo cercano a una estética, venida de sus obras anteriores.
Pavel Giroud, Lester Hamlet y Esteban Insausti, fueron los directores de cada una de las historias que conforman Tres veces dos, quienes ya cultivan sus frutos en solitario.
Apertura del cine cubano a sus jóvenes y fieles. El resultado de sus obras está latente: mejor, peor, motivo también, y por qué no, de crítica o miradas agudas, a la obra en cuestión, papel que de tanto abordarlo se ha hace cansina, pero que intenta legitimar el arte cubano contemporáneo, entonces, también puede ser motivo de crítica a la crítica, ojalá así sea. |