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Claudia Calviño
Queremos hacer un cine que renueve
ENTREVISTA

Por: Carlos Ríos y Lourdes Stusser

Graduada de Producción del Instituto Superior de Arte (ISA), pero realmente al frente de un poco de todo, Claudia Calviño es una de las jóvenes “luchadoras” por el cine cubano. Desde hace cuatro años participa de Producciones de la 5ta. Avenida, un intento por hacer películas en el contexto de crisis en que hacer cine fuera de Cuba es muy costoso, y dentro, un desafío.

En el 2006 obtuvo junto a Carlos Lechuga el premio de guión inédito del Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara y hace un año el proyecto de Melaza entró al V Encuentro Iberoamericano de Coproducción Cinematográfica en Guadalajara. Su pragmatismo –un rasgo que parece atravesar a toda su generación- no la limita en el ejercicio lúdico de soñar, también, que Cuba se reencuentre con el cine de calidad que alguna vez la impuso al frente de la producción regional.

Un cine que se parezca más a la vida de la gente y se distinga sustancialmente por una cosa: su diversidad. En plena preparación de producción para tres películas en las que se encuentra enfrascada, Claudia Calviño comenta sobre su arribo al mundo de cine y lo que espera de él.

¿Cómo llegaste al cine? ¿Por qué dedicas tu vida a esto?

Cuando estaba en la secundaria quería ser actriz, no pude entrar a la ENA  porque no era lo suficientemente buena, entonces, tenía que ser otra cosa. Íbamos a los festivales de cine, Supongo que mi interés se despertó por mi familia, una gran parte de ella trabaja en eso. Salí del preuniversitario e hice las pruebas para el ISA.

Como productora, ¿qué posibilidades reales ves de que el cine cubano que se hace hoy tenga un rumbo cierto?

No sé, supongo que el mismo que tienen otros cines de América Latina; no son  Estados Unidos o Inglaterra. Es complicado, porque se hacen miles de películas al año y hay producciones que uno nunca las ve y nunca va a pasar nada con ellas. El handicap de este otro cine cubano que está tratando de hacerse y que no se hace, no es solamente el rumbo que va a tomar después, sino la posibilidad de hacer o no, porque el después es igual para todo el mundo.

Luego de realizada una película, tienes que salir a batirte con todo el mundo.  Es el mismo escenario, lo mismo para un cubano, un mexicano o un francés, quizás hay países que tienen ciertos incentivos en cuanto a la proyección, pero fuera de eso a nivel internacional y pensando en competencia, es igual y las películas cubanas no son tan buenas.

¿Te sientes identificada dentro de la generación llamada de nuevos realizadores?

No, no tengo sentido de pertenencia de nada en general. Tengo de mi familia, de mi trabajo y de los proyectos que tengo, fuera de eso no soy una persona de pertenencia, no lo he sido nunca. Si hubiera que definir dos bandos, no creo que haya un bando en el que yo tenga que estar y haya definiciones, rumbos y cosas esclarecidas y metas en común, quizás hay algunas y es tratar de  hacer películas, en eso estamos un montón de gente: nuevos y viejos.

¿Algo los identifica?

No sé, no es un problema de generaciones porque yo tengo 26 años, Alejandro Brugués, 33; hay gente que está haciendo y tienen 38, 39, 40 y tienen las mismas alternativas que nosotros que somos más jóvenes. Hay gente que no quiere estar dentro de la Industria, hay quien que no los dejan, otros que no les queda más remedio y hay gente que se ha estado adentro y se ha salido. Es complejo.

Ahí está Pavel Giroud que ha hecho sus tres películas con el ICAIC y de pronto nos busca a nosotros que, amén de las buenas relaciones que existan como Instituto y todo, está claro que incluso con lo riesgoso como positivo, esta otra vía sobre la que nosotros podemos producir su película es una vía distinta. Y Pavel estaba adentro de la Industria. No hay por qué casarse con un solo modo de producción.

Con la fundación del ICAIC, el cine cubano adquirió una identidad y el prestigio de un cine fundamentalmente político. ¿Qué tipo de cine crees que se hace en Cuba hoy? ¿Aprecias una ruptura, una continuidad?

Es un problema de cómo se valida la historia. Siempre se dice que la historia del cine cubano casi comienza con el triunfo de la Revolución, como si antes no hubiese pasado nada, y antes había productoras, distribuidoras y coproducciones…

El cine de los años 60 era el que hacía falta y que representaba en un momento un discurso, una necesidad, no sólo de los artistas, sino también de los públicos; pero es un cine que ha ido pasando con el tiempo. Es un cine que se ha puesto viejo, por decirlo de alguna manera. Porque se han puesto viejo los mecanismos. Las maneras de hacer, hasta las estéticas, se han quedado un tanto obsoletas. No creo que se haya perdido la intención de analizar la realidad, de criticarla, pero es que no puedes llevarla a la pantalla como hace 50 años. Creo en cuestionar la realidad, y hay muchas películas que lo hacen, pero creo que lo hacen de la misma manera.

Y no me refiero desde el punto de vista formal, sino que lo hacen desde los mismos conceptos de pensamiento. Eso se ha puesto viejo y los mecanismos que se ponen viejos son engranajes también que generan discursos, es difícil que la cosa se mueva, porque es una industria.

Dentro del panorama del cine latinoamericano, ¿en qué posición ubicarías al cine cubano? ¿Crees que siga siendo la vanguardia que una vez fue?

Es increíble como se están haciendo películas buenas en toda Latinoamérica. Hace 15 años fue un momento distinto. Ahora las películas son buenísimas, ganan premios en festivales europeos -Gigante, La Teta Asustada-. Están haciendo buen cine, y por gente joven también. Si las comparamos con las últimas películas cubanas dices: ¿y esta Doña Bárbara a estas alturas? No, no va, no pega.

En Latinoamérica son personas hablando de su realidad, de sus conflictos, a veces hasta criticando las mismas cosas de antes. Estamos hablando de El secreto de sus ojos, película súper buena con un discurso también político, también social, de una época que ya no es la que está hace mil años. Y en ocasiones te dices: ¡ay, como hacen los argentinos películas sobre la dictadura! Evidentemente hablan de cosas sociales, profundas, políticas, pero con maneras de contar diferente; parece una película americana. 

Marcada por las dictaduras y la violencia, América Latina avanzó hacia las supuestas democracias trayendo consigo un cine de contenidos políticos, pero tal vez hoy, mucho menos interesado en lograr una concientización de sus pueblos. Muchos cineastas hacen cine hoy para ir a festivales y no para convocar a la revolución total, como hicieron alguna vez Fernando Pino Solanas o Miguel Littín… Desde tu percepción, ¿esto a qué puede responder?

Ver ahora El Chacal de Nahueltoro… Es que hay cosas que no envejecen bien, que uno no puede hacer.  Tú la ves y la tienes que ver retrospectivamente, hay películas así: Memorias del subdesarrollo sigue siendo Memorias del subdesarrollo;también Glauber Rocha. Pero también el mundo ha cambiado, y no puedes pretender que el cine no cambie. Yo apuesto por los cambios.

El ICAIC es un lugar muy centralizado, regula mecanismos y hace lo que normalmente hace cualquier instituto, pero a la vez controla la producción, la distribución, discursos, estéticas, lo que se hace y lo que no se hace, ya no en un sentido de línea, sino también de lo práctico, porque lo práctico se concentra ahí también. La industria es mucho más: puede ser la productora del gobierno, los pequeños productores, los que tienen cinco productores…; eso sería la industria y alguien que defina cuáles son las leyes, cuáles son los mecanismos que den incentivo. Para de alguna manera, organizar esa práctica.  

¿Qué es Producciones de la 5ta Avenida?

Somos un grupo de personas que ha encontrado un espacio común para hacer cosas que a nosotros nos gustan, que nos interesan o que nos costarían muchísimo trabajo poder insertarlas en un sistema que funcione para cierto tipo de películas. Es  buscar la alternativa de hacer sin contar con mucha más gente. Es lúdico, es mi proyecto de vida, pero nosotros dependemos de los mecanismos.

Los discursos pueden ser distintos. Un problema, es el de cómo se ven las cosas. En la Muestra -donde trabajo en ocasiones- llegan materiales muy buenos en cuanto a la propuesta, y me parecen interesantes, pero están hechos en condiciones que tú  dices: “¡no!” Porque así no se puede ver todo.  No significa que no haya un documental filmado con una camarita de aficionado, y no hagas cosas buenas, pero no todo se puede hacer así.

¿Qué elementos del cine cubano clásico crees que haya heredado tu generación? ¿Cuáles crees que rechace abiertamente?

Hay una diferencia con lo que puede ser la impronta de la gente joven que está tratando de hacer visible esa diferencia. La vida ha cambiado mucho y hablar de ideas en común, de discursos que reúnan, es difícil,  porque se hacen cosas distintas. Quizás tengan en común la preocupación de cómo es nuestra sociedad, y eso lo hacen buscando artistas del pasado o historias de otros tiempos, otros pensando en el futuro, otros que discursan en el momento presente: la preocupación sería la actualidad.

Son discursos distintos, diferentes estéticas. Hay mucha diferencia entre las películas de Pavel Giroud y las de Alejandro Brugués. Eso lo percibo cuando Alejandro me cuenta las películas que quiere hacer o Carlos Lechuga, las de él; no hay un mismo discurso. Creo que hay una misma intención: hacer un cine que renueve, que comunique más, que diga algo.

El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, la Muestra de Nuevos Realizadores, el Festival de Gibara… y el resto de los encuentros de este tipo que hay en Cuba… ¿cómo crees que contribuyan a la consolidación del cine que hace tu generación?

Colaboran muchísimo. La Muestra ha abierto la puerta para que haya personas que lleguen al Festival de Cine, a otros lugares. Pero también tiene sus dificultades. Sí ha abierto puertas, pero no es la solución. Porque no sirve de nada si tú tienes que llegar ahí con la obra hecha. Sirve en el segundo paso, ¿y en el primero?, ¿quién te ayuda? La Muestra es un excelente mecanismo para que por primera vez, segunda, o tercera, puedas ver tu corto en un cine. No puede ser lo único, tiene que haber algo que te ayude a llegar a que tu corto esté en la Muestra. Existe la sección Haciendo cine y tienen una oficina con un grupo de personas que están preocupadas por qué está haciendo la gente. Sé que hay buenas intenciones en el Instituto, pero no existe el mecanismo creado y tendría que haberlo. Porque si mi corto es malo, ya nunca lo voy a hacer porque el tuyo es mejor y ganó ese fondo que son 10 mil pesos para terminarlo. ¿Y qué hace el cineasta de Guantánamo, qué hacen esa gente? ¿Y quién sabe? A lo mejor el de Guantánamo es el mejor, no puede ser sólo que ayudes a los jóvenes diciendo que estás en el Festival de Cine de La Habana, Gibara y la Muestra y un programa de televisión que es del ISA… ¿Pero cómo llegar ahí...?

¿En qué situación se encuentran las esferas de distribución y exhibición en estos momentos en el país? ¿Qué oportunidades reales ves tú para los que trabajan fuera de la Industria?

La distribución y la producción es un tema para los demás, porque las películas cubanas no las ven en ninguna parte. Se olvidó cómo hacer la distribución, es un mecanismo caduco, ya no se recuerda, hacer película es hacer películas. La distribución sí que necesita gente que piensen, no para Cuba, sino para el mundo entero. ¿Que lo va a ver un filipino? Necesitan cabezas conectadas con esas cosas. No puedes pensar solamente en la realización de tu película, tienes que pensar a dónde la vas a llevar.

¿En qué proyectos trabajas ahora?

Estamos trabajando en Juan de los muertos, filmando algunas cosas para promocionar la película; un corto de Carlos Lechuga que es la práctica para después hacer su largo, Melaza; y estamos preparando la película de Pavel Giroud, El acompañante.

¿Cuáles son los principales desafíos que te ves a ti misma en tu trabajo?

Que hacer mi trabajo no me cueste tanto sacrificio. La información es vital, me gustaría que vieran que hay otros espacios. El mundo que tenemos es como muy cerrado, y no apreciamos en ocasiones lo gigantesco que es y hay que pensar en el mundo. El futuro de nosotros va a estar bien, las cosas tendrán que cambiar en algún momento si logramos hacer estás tres películas, vamos a poder abrir las puertas para nuestros próximos proyectos.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.