
Otros cien caminos por recorrer
Por: Alcides Pereda
Al cabo de los 50 años de fundado el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC)—precisamente el 24 de marzo de 1959—Ediciones ICAIC se propuso agrupar una serie de experiencias desde el campo de la creación sobre este ámbito, y poner especial acento en el carácter crítico de una historia contada con más prisa y aceptación tácita que con dosis de análisis pausado y polémico sobre una realidad, marcada por el flujo mayoritario de creaciones y creadores en décadas asombrosas como la del sesenta; en periodos de crisis como los del setenta; por la búsqueda de coyunturas y distanciamientos en los ochenta; asumir riesgos y reciclajes en los noventa; pasando por otros apuros y consumaciones a partir de los 2000.
Estos intentos se han abocado en distintas experiencias: Romper la tensión del arco. Movimiento cubano de cine documental,de Jorge Luis Sánchez, que sondea un recorrido sobre este género en la Isla; Conquistando la utopía, donde están recogidos nueve ensayos sobre los principales rubros de la industria del cine en Cuba: animados, cine hecho por mujeres, cine documental…; y Los Cien caminos del cine cubano, de Marta Díaz y Joel del Río un: “recuento, homenaje, selecta antología de filmes, biografía de realizadores, opiniones, acontecimientos y experiencias que demarcaron más de cien itinerarios de nuestra cinematografía. Desde el Parque de Palatino (1906) hasta Los dioses rotos (2008) se presenta al lector, críticamente, 112 títulos relevantes, innovadores o ilustrativos de una tendencia coyuntural, o momento culminante, a lo largo de 102 años en la historia de la nación.”
En las palabras de contracubierta Los cien… dice que: “Los criterios de selección rebasaron los limites establecidos por las valoraciones estrictamente estéticas o artísticas, y se abrieron a la consideración de aquellas películas insoslayables por su aporte a la comprensión de ciertos contextos expresivos, sociológicos, culturales y políticos.”
Aclarado el punto del objetivo del libro, sin pretender más allá de los mismos temas y los clásicos, entonces, queda como camino por recorrer la necesidad de explorar, al menos, en el quehacer de una serie de obras hechas en provincias y nunca consignadas como tal. Oficio de hombre, dirigida en 1990 por Alfonso Banderas y producida por Tele Cristal en Holguín; o la de Juan Ramírez El correo de la amistad, producida en Bayamo en 2010 son muestras del quehacer fuera de La Habana. La pregunta sería si algún libro venidero que se ciña al mismo empeño las consigne como tal, amén de sus calidades estéticas, discutibles por demás, pero existentes como cuerpo fílmico de una nación en perpetuo empeño por historiarse a sí misma.
Sobre lo escrito acerca del cine nacional se mantiene o existe cierto recelo hacia los materiales producidos fuera e independiente del ICAIC o de otra productora, y hoy por hoy son muchos los realizadores que producen fuera las estructuras oficiales.
La mirada oblicua que se mantiene en este tipo de estudios hacia el llamado cine de la diáspora, resulta contraproducente y limitado si analizamos que ya en otro terrenos como los literarios, los estudios acerca de una literatura cubana incluyen a autores que no residen en la Isla, además la no inclusión en este tipo de artículos de un cineasta como Mario Coyula y su participación en la última muestra organizada por el ICAIC de Jóvenes Realizadores, incluidos premios a su película Memorias del Desarrollo nos hacen cuestionarnos la necesidad de profundizar en estos temas y estas obras: historiográfica o críticamente, breve o extenso, publicable o no, criticable o lleno de limpieza y rigor, son dudas que asaltan al observar demasiado interés en relatar una historia que está contándose por sí sola.
Este empeño sumado al de Luciano Castillo en A contraluz (Ed. Oriente, 2005), Las trampas del oficio de Ambrosio Fornet (Ed. ICAIC y Ed. José Martí, 2007), Cine latinoamericano. Un pez que huye de Rufo Caballero (Ed. Arte y Literatura, 2005), La tienda negra de María Eulalia Douglas (Cinemateca de Cuba, 1997), Juan Antonio García Borrero en Otras maneras de pensar el cine cubano (Ed. Oriente, 2009) y Cine cubano ese ojo que nos ve de Reynaldo González (Ed. Oriente, 2009) entre muchos otros complementan los intentos por analizar todo la trayectoria del cine cubano a lo largo de los años, un cine que además está ampliamente historiado a pesar de su escasa y agónica producción, empeño meritorio por recorrer. |