
Molina, solo Molina
Por: Samuel Orgado
Él es uno de esos jóvenes del periodismo cubano radial que atrapa a los que andan más entretenidos de solo escuchar su voz. Lo caracteriza la elocuencia y la sensibilidad como locutor. Lleva lentes pequeños, y demuestra suspicacia y objetividad al ejercer su profesión. Por todo esto, Carlos Luis Molina Labrador es uno de los periodistas más reconocidos de la radio cubana actual.
Al graduarse en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana nunca pensó perdurar en la emisora Radio Güines, actual Radio Mayabeque, en el occidente cubano, porque el medio radial no estaba entre sus preferidos. Me sedujo poco a poco y amoldé mis intereses. Creo que nos acomodamos ambos: la radio y yo, sin que me haya cansado de encontrarle encantos, apunta el joven Carlos.
Molina, como prefieren decirle quienes lo conocen a partir de su apellido y ante el eco que simula mencionar su nombre compuesto, o tal vez por la sencillez que lo caracteriza, recibió en dos ocasiones el premio anual de periodismo Juan Gualberto Gómez, máximo reconocimiento que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) por la obra profesional durante un año; y fue mención en tres ocasiones. También ostenta la Orden Félix Elmuza, que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba.
Cuatro Premios Caracol, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), galardonan además a este hombre de letras. En dos ocasiones, recibió el máximo lauro del Concurso Nacional de Periodismo Cultural. El premio de la CBU (Caribbean Broadcasting Union) en el 2007 y en dos ediciones el Premio Nacional de Periodismo Económico, entre otros tantos reconocimientos entregados en los concursos 26 de Julio, de la UPEC, en los certámenes de los primeros de Mayo y en los Festivales Nacionales de la Radio Cubana.
Molina sabe conjugar periodismo y locución en una misma realización. Y es que considera que el profesional de la prensa radial no puede ignorar las técnicas de la locución. Debe usar su voz y hacerlo adecuadamente. Un buen texto se puede echar por tierra si no se lee con la entonación y la interpretación que merece. Es un trabajo integral en el cual intervienen muchos elementos que deben dominarse y practicarse. En ocasiones he escuchado excelentes textos mal leídos o reportes intrascendentes dichos con perfecta dicción y entonación. Ambos extremos son perjudiciales y la radio exige ese enfoque integral en la labor del periodista. Sin poses rimbombantes, edulcoraciones, engolamientos, sino de manera natural y convincente. El público descubre enseguida lo falso, lo trivial y por eso es necesario el rigor en lo que hacemos.
A Molina lo conocí en una de las cabinas de grabación de Radio Güines. He tenido la oportunidad de regresar a él otras veces en búsqueda de su ayuda y doy fe de su exigencia profesional. Al terminar un trabajo, le interesa que lo disfrute tanto un oyente inexperto como un especialista; porque nadie es infalible, según opina.
Cuando el locutor termina de leer el guión y lo elogian sabe que una parte de la pelea está ganada. Escucha con interés, si le hacen señalamientos, y los valora. Y, según destaca, lo más sabio es que todos aporten sus ideas durante la concepción del material. Opina que en la radio se trabaja en equipo pero el que dirige debe estar muy claro que sobre el periodista pesa el resultado final. Él es quien concibe la idea y estimula un clima creativo en el colectivo.
Son muchos los elementos que garantizan la efectividad de una realización radial. La selección del tema, su enfoque atractivo y enjundioso, la calidad de las grabaciones, la correcta estructuración del reporte, el montaje sonoro, la concisión, en fin, detalles que influyen de manera orgánica en que el trabajo salga bien o mal.
Al referirse a su género periodístico preferido, menciona la crónica, a pesar de que escribe más comentarios. Considera que en este último se descubren guiños a la crónica. Asimismo, en la entrevista opinamos, en el reportaje mezclamos un poco de cada cosa, en fin, es difícil ceñirse a uno. Sin embargo, me parece que a mí lo que mejor me queda es la crónica, ese relato personal del hecho, género que por cierto tiene sus filos, porque puedes ir de lo sublime a lo ridículo en menos de lo que imaginas. Mucho lenguaje seudopoético, metáforas que dan miedo, elegías a destiempo, etc. Sin embargo, yo me arriesgo y me quedo con ella.
Creo que lo importante es plantearse cada vez cómo hacerlo para que impacte e interese. Cuando se pierde esa perspectiva estamos “fritos”, como decimos los cubanos. Algunas personas trabajan para cumplir obligaciones diarias, planes, llenar espacios como revistas, boletines, noticieros, y lo que hacen es un “corta y clava”, porque olvidan al oyente. Yo siempre me pregunto ¿esto gustará? Si no me convence la respuesta, lo desecho.
Molina considera que en Radio Güines aun aprende como periodista, director y realizador: porque esta profesión es como el cuento que nunca termina, siempre hay un nuevo sendero. Los años de ejercicio me han permitido conocer a grandes de la cultura cubana, entre ellos, Elena Burke, Frank Emilio Flyn, Rubén González, Abelardo Estorino, Luis Carbonell, Fernando Pérez, entre otros. También a figuras de renombre político, pero una parte sustancial de mi trabajo la consagro a personas de pueblo, seres de increíble magia que, aunque no salen con frecuencia en la prensa, en su hacer anónimo, como dijo en uno de sus versos, Borges, están salvando al mundo.
A leer buenos títulos también se dedica en sus tiempos libres. El estante de su casa en Güines así lo confirma. Según algunos más cercanos a su día a día, es un lector maduro por los libros que lo custodian. Con el tiempo he ido decantando mis lecturas hasta quedarme con un reducido grupo de escritores que me siguen acompañando, y leo y releo. Sigo atado a la poesía y narrativa de autores como Jorge Luis Borges, Eliseo Diego, Kavafis, Hernández Novás….
Decidió estudiar periodismo sin saber claramente en qué consistía la carrera, en su pueblo natal, Los Palos, en el municipio mayabequense de Nueva Paz. Fue una decisión que no tenía clara, aunque desde muy joven, sentía la necesidad de la comunicación. Es decir ese privilegio que supone también una gran responsabilidad al publicar tus ideas. Esa licencia para indagar, provocar. Esa búsqueda en oquedades y trasfondos, para al final echar luz sobre las cosas. Es apasionado y eso quería hacer.
Parafraseando las palabras de una colega, puedo decir que a Carlos Luis Molina Labrador no lo conocí por el periodismo, sino por su humildad, sencillez y disposición colaborativa, por la calidez de su voz. Es de esos jóvenes profesionales de la radio cubana que defienden en su obra los valores más cercanos al ser. |