
Misericordia y perfidia vestidas de mujer
Por: Lázaro J. González González
Relegada por machismos ancestrales a una docilidad estigmatizada, la mujer ganó progresivamente en la cinematografía mundial, no solo papeles protagónicos en películas también dirigidas por realizadoras con “la falda bien puesta”, sino además se ha proyectado a sí misma desde otros ángulos, para defenderse de la hegemonía masculina en los jardines del séptimo arte.
Esas visiones femeninas, han edificado lentamente un discurso de género, donde las portadoras del pecado original de los manuscritos eclesiásticos reivindican su status y abogan porque confíen en sus potencialidades artísticas. Partiendo de ese punto; pero sin llegar a un feminismo encarecido, la joven realizadora Maryulis Alfonso presentó en la Décima Muestra Joven un material con la perversión, el lado oscuro de la mujer como tema.
El cortometraje de ficción Misericordia, que ganó también en El almacén de la imagen de la Asociación Hermanos Saíz, presenta a una mujer vejada por el desdén, la incomunicación en su núcleo familiar, que libera sus tensiones con actos macabros; pero esa actitud violenta está remozada con la congruencia del buen arte, mediante un discurso más creíble, entre otras razones, porque hay una adecuada construcción del personaje.
Dicha señora de mediana edad, virtuosamente interpretada por Nancy González, imprime en la mirada perdida y en la mansedumbre de los gestos todo el hastío de la miserable situación en que se encuentra al llevar sobre sus espaldas el peso de una casa: bañar a la madre enferma, cocinar, limpiar, para después salir en busca de comida; mientras su hija, enajenada por completo, no le apoya, sino va tranquila a fumarse un cigarro, sentada junto a la anciana, que la acaricia, sin que la muchacha le preste la menor atención y que tampoco puede cuidarla cuando la madre sale.
Además, la mujer se siente humillada por el esposo que ni la mira cuando lo atiende y le deja dinero con un ademán despectivo. Ella, que debe aguantar los malos tratos del marido o el distanciamiento de una hija desconsiderada, está más cercana a nuestra realidad. De este modo, Maryulis, apoyada en el texto homónimo de la narradora Anna Lidia Vega Serova construye un personaje inestable, que transmite todo su sentimiento con la mirada, otro logro del corto, pues la ausencia de palabras corrobora el buen pulso de su realizadora al narrar solo mediante acción, imagen y banda sonora.
Por otra parte, una construcción dramática muy detallista, donde es necesario advertir ciertos indicios, para no perderse en la historia, como el perro muerto, los trozos de vidrio o esa excelente sucesión visual en la cual un búcaro se rompe y viene después otro plano con la masa de croquetas; montaje que alude explícitamente al hecho que resulta eje temático del relato audiovisual y evidencia el cuidado por la edición, al yuxtaponer o cotejar las acciones cargándolas de significado.
Al mismo tiempo, dirección de arte y de fotografía se conjugan para ilustrar los contrastes entre los ambientes, supeditados a las acciones del personaje: primero el cuadro miserable de una casa disfuncional, mediante la plasticidad lúgubre y estática del reducido espacio de las locaciones interiores, con unos claroscuros pronunciados que, dramatúrgicamente ya están insinuando los conflictos; luego unas tonalidades más sobrias e iluminación plana, que alterna notablemente con la salida a exteriores donde el colorido se vuelve más evidente y responde al estado de emancipación de la protagonista.
Misericordia, también tiene momentos de gran lucimiento como la escena en la cual se elaboran las croquetas, realzando el instante de tensión con planos detalle e incisivas notas musicales, aunque a veces puedan considerarse muy enfáticas. De la misma, logra conmocionar la parsimonia con que la mujer desarrolla su inefable tarea, como una liberación catártica; tras la cual, sin embargo, puede percibirse atisbos de culpa.
Luego otros actos refuerzan esa intención: se acicala ante el espejo y comienza a ponerse un elegante vestido y tacones- elementos sensuales- mientras en la cocina las frituras están en plena cocción. Les ofrece los alimentos a los perros; luego sube a una azotea y toma el aire fresco con una mirada que se pierde en la lejanía antes de triturar más vidrio. Regresa a casa, el noticiero puesto, el esposo leyendo el periódico, la anciana orinándose justo cuando entra. El summun tedio, la agonía persiste en aquella atmósfera oscura donde se introduce, sin que la noten. Mira las croquetas en el plato y una lágrima parece salirle, ¿será de arrepentimiento?... eso no lo sé, lo seguro es que la sugerencia se convierte en un punto a favor, ya que el final abierto proporciona la última pincelada a ese retrato decadente y a la vez verosímil de la mujer cubana.
La violencia sugerida en el corto de Maryulis Alfonso posee la ventaja de sugestionar, de inducir una inquietud que estimula el pensamiento. No hay mejor metáfora para denunciar cómo algunas situaciones pueden enfermar el alma femenina que ese momento en el cual Nancy sale, irradiada por la paradójica apariencia angelical que le confiere el vestido, y acaricia a los perros, con “misericordiosa sutileza”, mientras los envenena. |