Voces por el Audiovisual
Tras el festival, caminos para la animación cubana
A 800 km de la capital: animados a la vista
Mirar atrás: 50 años de un cine que hizo escuela
“Fuimos testigos de una lucha pacífica admirable”
Paréntesis: punto y aparte frivolidades
CUBANIMA, un sueño cuatro veces repetido
La espontaneidad de Temperamento
El nuevo milenio del cine español
“Quiero filmar y continuar mi ejercicio crítico”
¿Y este sábado qué?
Hay que volver a contar con el cine cubano
Convocan al seminario El ojo que mira lo real
El Martí que imaginó Fernando
Apostar por el audiovisual
El cine no tiene edad
¡Stop, Emotion a la vista!
Mi generación se impuso haciendo
Hay que subir los montes altos…
PM, una mirada joven al arte audiovisual
El cine en piezas filatélicas
A los jóvenes realizadores nada nos une
La novela de los muchos besos
Historias que cuentan historias
Barcelona, una ciudad de tanta soledad
Estamos apostando por la diversidad
A la carga…contra la virginidad audiovisual
El día que el cine cubano no exista, no tengo más nada que hacer
Otra apuesta desde el audiovisual
Arturo Infante: ironía, escepticismo y desencanto
Queremos hacer un cine que renueve
Nadie puede negar lo que tú quieres ser
El placer de resolver misterios (o, al menos, intentarlo)
El desafío es escarbar dentro de nosotros mismos
El cine exige talento
Voces Cruzadas
Beca Chicuelo
Premio Tomás Gutiérrez Alea
Taller Nacional y Concurso
de la Radio Joven Antonio Lloga in Memoriam
III Encuentro Nacional
La Radio en la Comunidad
XVII Muestra Audiovisual
El Almacén de la Imagen
Entrar
Programa Paréntesis
Luz Joven
ICAIC
Revista Miradas
Mirar atrás: 50 años de un cine que hizo escuela

Por: Mayle González Mirabal

Cincuenta años hace que el ICAIC produjo el primero de sus noticieros, habitual espacio que se exhibió cada semana en los cines hasta julio de 1990. Veintisiete minutos no podían recogerlo todo, pero Mayra Álvarez tuvo la venturosa idea de resumirlos.

La realizadora se vale de breves fragmentos que dialogan con los propios entrevistados: Daniel Díaz Torres, Fernando Pérez, Raúl Pérez Ureta, Jerónimo Labrada, Denis Pastor, Miriam Talavera, Daniel Diez, Carlos Fernández, quienes trabajaron junto a Santiago Álvarez en la realización de aquellos diez minutos en pantalla que por más de tres décadas se proyectaban en los cines antes de cada película.

El noticiero y sus voces no pudo sino exaltar la figura de Santiago. Sus colegas lo recuerdan como un torbellino por los pasillos, atento siempre a cuanto ocurría en la Isla, atareado en una y otra cosa.

Lo decía él mismo. Su propósito era “registrar lo conocido, enriquecerlo, combinarlo, mezclarlo y transformarlo en una nueva dimensión de la realidad”. Lo lograba con una vertiginosa asociación de planos, con una habilidad para mezclar lo descomunal y lo específico.

Si revisamos los archivos ―siguiendo el camino que Mayra Álvarez traza― encontramos cómo estos se ajustaron a cada época. El tránsito de una a otra estuvo marcado siempre por la agudeza de los materiales. Muchos los recuerdan como una suerte de escuela cinematográfica porque cada edición era como un ejercicio de clase: “había que experimentar, que probar el talento”.

Santiago dejó claro su propósito de hacer un cine militante, que acompañara y defendiera las ideas revolucionarias. Sabía captar la realidad desde muy diversos ángulos y hábilmente alcanzar la síntesis. La fotografía y la edición le permitieron excelentes montajes paralelos. Se servía de cualquier fuente (fotos, grabados, películas, reportajes televisivos) para que la película lograra toda esa emotividad que lo caracterizaba.

En julio de 1990 salió al aire la última edición. La crisis económica impidió que este pudiera seguir realizándose. Memorable despedida, dicen la mayoría de los críticos del cine cubano, porque parece haber mezclado su acostumbrada instrucción con la necesidad de darle un buen final al proyecto de tantos años.

A estas alturas se ha hablado muchísimo del Noticiero y Santiago ha pasado a ser paradigma para los que hacen o pretenden hacer cine documental. El noticiero y sus voces viene a ser, entonces, una especie de homenaje al Santiago que sentó cátedra, al que marcó una corriente estética y un modo de hacer entre sus contemporáneos.

El documental de Mayra Álvarez que se estrenó este lunes en el cine 23 y 12 es una feliz manera de festejar los 50 años del primero de los noticieros. Collage de la variedad de temas y formas que elegían los realizadores para que cada edición hiciera su historia de la historia. Entrevistas a varios de los que trabajaron en el alboroto que suponía hacer una película en siete días. Síntesis de lo que significaron tres décadas en pantalla.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.