“Chamaco: una película maldita”
Lucas, ¿tú ves tu meñique?
Vísperas de una muestra joven
De Sokúrov y el cine ruso en movimiento
Cine documental: entre la diversidad y el sueño
Noveles de protagonistas
“Me siento como si fuese un momento crucial”
Iluminada concesión a la esperanza
Pasaje a la nostalgia
Unos estudios bien animados
Un retrato auténtico del Perú
Pertenencia de un bolero
Público y jurado premian un Festival
Nunca nadie ha festejado tanto
Tarjeta Roja a la desmemoria
Claudia, Lucía e Isabel: tres autoras consumadas
Un hombre nuevo en el genio de Tristán Bauer
Del Sector Industria a Óperas Primas
Acordes visuales llegan de la Argentina
“Al mundo lo cambia la gente”
Para ver G de cerca
Cuando la realidad se congela
Curtis Hanson : Me gusta que el público sonría y reflexione
Tic Tac: la hora de Alien Ma Alfonso
Cremata: la reafirmación del artista
Sueños cumplidos
El regreso a casa y la alteración de todas las cosas
Veinte años, una mirada a la violencia de género
ANIMA, Estudios de Animación de Holguín
Voces Cruzadas
Beca Chicuelo
Premio Tomás Gutiérrez Alea
Taller Nacional y Concurso
de la Radio Joven Antonio Lloga in Memoriam
III Encuentro Nacional
La Radio en la Comunidad
XVII Muestra Audiovisual
El Almacén de la Imagen
Entrar
Programa Paréntesis
Luz Joven
ICAIC
Revista Miradas
Lucas, ¿tú ves tu meñique?
COMENTARIO

Por: Antonio Enrique González Rojas

Es un hecho proverbial, casi una verdad de Perogrullo, la inadecuada jerarquización del arte cubano (y también extranjero) genuino, sincero, comprometido e iconoclasta del cual adolece la programación de la Televisión Nacional. Es una verdad trasmitida ya durante 24 horas, la legitimación en muchos espacios altamente sintonizados de pésimos exponentes musicales del kitsch, la banalidad y el comercialismo rampante, chatos y hueros como nunca, culpables de pervertir programas interesantes en sus inicios, como Conexión, donde la presentación, concebida e interpretada por William Vivanco y Thelmari, es defenestrada en cada emisión por los bodrios melódicos invitados. Por otro lado, sin parar mientes en cuán dañino es para el rating de un programa el constante cambio de su horario, son continuamente movidos a lo largo de la semana y de la programación, propuestas de alta calidad musical, tanto cubana como extranjera como A Capella, Música del Mundo, Sur, Paréntesis, Cuerda Viva…y a estas alturas dudo teclear Lucas como coletilla de la enumeración.

Desde la justeza de cualquier reclamo, esgrimido genuinamente por un creador, circula hace días un e-mail (definitiva vía expedita y alternativa, empleada por los intelectuales y artistas cubanos, como propicia liza para ejercer el criterio acerca de los temas más urgentes de nuestro contexto sociocultural) redactado por Orlando Cruzata, uno de los innegables fundadores y promotores del Video Clip criollo, donde llama la atención acerca de ausencias casi escandalosas en los resúmenes artísticos anuales realizados por la TV Cubana a finales de 2009. En ellos se ignora el Festival Cuerda Viva, oportuna hendidura en el telón de intereses que envuelve la industria musical cubana. Entre las cuerdas de este programa tiene cabida la obra de talentos emergentes y consolidados, que sedimentan en verdad nuevos estratos de la música cubana en toda su heteroclicidad y plural discurso lírico/melódico. Son cuerpos que aún yacen dormidos, atados al piso por otras cuerdas, desafinadas y sintonizadas con la frecuencia del populacherismo chato, garante de un reposo neuronal al 100%.

El programa en cuestión, ha mantenido el sino alternativo con una integridad  asombrosa en los tiempos que corren, pagando altos precios por ser consecuentes, traducidos en inestabilidades horarias, magra producción, y ser obviados mediáticamente como espacio cualificado y cualificador dentro de la promoción musical cubana. Su festival es extensivo de tales principios, digno corolario del bregar anual con remos partidos y chiquiticos así, por aguas infestadas de intereses depredadores. La audacia de fusionar (en el mejor sentido de la palabra) en sus espectáculos diversas manifestaciones musicales, muchas harto subestimadas, con disciplinas escénicas igualmente estigmatizadas como el arte circense, es uno de tantos méritos de este “aguerrido colectivo” que sabe de principios y piensa la cultura musical del archipiélago desde el compromiso desinteresado.

En este espejo bruñido debería mirarse un proyecto como Lucas, concebido noblemente en sus orígenes, no para preguntarse quién es el programa más bello entre los bellos, ni cuál es el mejor de los espectáculos posibles, sino para analizar cuánto de culpa puede tener en todo el despropósito mediático citado por Cruzata en su e-mail.

La reservoir sheep parece desteñirse, contratando sus servicios a postores más solventes que la música cubana de altos quilates, compuesta en este minuto a lo largo del país y que se va con el viento, por no encontrar abrigo en ninguna disquera, o en realizadores misericordiosos que apuesten por la Honda de David, den las espaldas al Goliat monetario, y conciban videos clip decorosos, merecedores de toda promoción.

Las filas de la Asociación “Hermanos Saíz” (AHS) son mudos testigos de lo que escribo: la sangre, el sudor y las lágrimas derramadas sobre incontables buróes materiales y subjetivos (éstos los peores), por muchos de los gestores de esta organización, que pervive a pesar de los pesares, como contrapartida y alternativa a concepciones grises del arte, atestiguan cuánto brazo y espinazo se parten para sacar a la luz las voces silenciadas.

Asumido como la industria que es, los sueños se postergan o se olvidan a la hora de hacer un video clip, y excelentes creadores ponen frecuentemente su talento al servicio de la mediocridad, legitimándola desde excelentes facturaciones. A veces ni eso, pues se toca fondo con monstruosas producciones, como el remix del tema musical identificador de los dibujos animados Cecilín y Coti, acometido por Cubanos en la Red. Lucas es la bandeja donde se ofrecen los reggaetones, perdón, las vergüenzas.

Cierto es que todos tienen derecho a respirar en la Viña del Señor, hasta las alimañas, y que la reservoir sheep busca la promoción de valor estético audiovisual y no musical. Para nada es falso este argumento, pero en caso de ser esgrimido, denotaría estrechez de miras igualmente peligrosas para la promoción cualitativa de una cultura que debe ser pensada desde un prisma ecuménico, dialéctico, nunca desde las partes aisladas.

En este panorama, plegado muchas veces al dictado de la industria cultural, junto a la pequeña pantalla, cual fiel Sancho (o jinete del Apocalipsis artístico), cabalga la industria disquera nacional, persecutora de dividendos, bien con la grabación de apuestas seguras por consolidación añosa o foránea, o de propuestas nuevas, bonitillas y simplonas, con “gancho” populacherista. De ahí las meteóricas carreras de baladistas edulcorados y otros idolillos instantáneos para los que se organizan estrategias mercadotécnicas de amplia cobertura. El video clip es pieza importante del puzzle promocional, y de ahí para Lucas. Todo es una cadena interconectada de eventos desafortunados para la música realmente enjundiosa.     

La TV Cubana olvidó el rutilante espectáculo de Lucas, pero Lucas olvida a veces echar su suerte con los pobres de la Tierra, vendiendo indistinta (inescrupulosa)mente “hamburguesas” y “croquetas”, pues para algo sirven ambas. Aunque ya no se mencione, prima como nunca la divisa “lo que te den…cógelo todo”. El meñique, no divisado por el catalejo de poca fe,  puede volverse monstruoso. Peor aún, todos los dedos de la mano pueden convertirse en meñiques. A predicar con el ejemplo pues…

¿Y el meñique del Pie? Por: Orlando Cruzata

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.