
Literatura conmemorativa sobre primeros filmes cubanos
Por: Rubens Riol
Entre las novedades editoriales propuestas por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) figuran dos textos nacidos de un aliento común: rendirle homenaje a obras fundacionales de la cinematografía cubana a medio siglo de su estreno. De ahí, que los títulos de ambos materiales no disimulen sus referentes: Memorias de Cuba Baila, selección de textos de Dolores Calviño y Mario Naito, y A cincuenta años de Historias de la Revolución, compilación de Ailyn Fong. Colectivo de autores, en su mayoría, compuesto por especialistas de la Cinemateca de Cuba.
Dichos esfuerzos investigativos ostentan, lógicamente, estructuras similares en su publicación. Por ello, al interior de ambos libros, el lector encontrará de manera organizada una verdadera labor arqueológica de rescate de información. Ambos poseen textos de presentación a cargo de estudiosos o realizadores del cine cubano, quienes se pronuncian desde su relación crítica o creadora con la película en cuestión. Le siguen datos útiles como: sinopsis, fichas técnicas completas, fragmentos de comentarios, críticas y reseñas de la época, tanto nacionales como extranjeras, premios y reconocimientos; sin dejar de mencionar valiosos testimonios y la biofilmografía de sus respectivos directores.
En el caso particular de A cincuenta años de Historias…, aparecen esbozados también los antecedentes cinematográficos que contribuyeron a la realización de esta película expuestos por su director Tomás Gutiérrez Alea (Titón), quien alude a la notable influencia de Paisà (1946) -cinta de Roberto Rossellini- en cuanto a la estructura narrativa, y del neorrealismo italiano en sentido general. Asimismo, aparecen curiosidades y anécdotas sobre el difícil proceso de rodaje, que implicó una gran movilización de recursos técnicos para recrear con verosimilitud la lucha entre el Ejército Rebelde y las fuerzas de la tiranía batistiana en una etapa marcada por la inexperiencia; además de algunas notas sobre el cartel de Eduardo Muñoz Bachs a propósito del filme, entre otros elementos.
Por su parte, Memorias de Cuba baila exhibe una mayor creatividad desde su esmerado diseño. Con una extensión que supera tres veces el texto anterior, la selección incluye además el guión de la película y un notable apéndice gráfico con excelentes fotografías, correspondencia entre Zavattini y Julio García Espinosa, etc; todo lo cual implicó, seguramente, una búsqueda exhaustiva. Por tales razones, recomiendo la lectura de estos ejemplares que sistematizan y reúnen gran cantidad de información concerniente a los dos primeros largometrajes de ficción estrenados por el cine revolucionario. Iniciativa que contribuirá a elevar la conciencia del público sobre al valor histórico y cultural de estas cintas pioneras como parte indiscutible de nuestro patrimonio cinematográfico.
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