 “Lars von Trier: más que un discutido”
Por: Maria Nela Lebeque Hay
Desde el título el suceso queda definido: uno de los más “controvertidos” directores de cine llegó por estos días al cine Chaplin de la capital cubana. Reflexionar sobre su obra constituye un reto para aquellos cinéfilos habituales, por no decir una proeza. Y es que su poética es como su vida: compleja, múltiple y controversial. En los múltiples estadios de su obra ha obtenido calificativos de “Absurdo”, “Loco”, “Maestro” o “Genio”. Pero en realidad, sus dotes como cineasta y artista sólo son definibles por su propio ser: Las von Trier.
Se dice que desde su nacimiento Lars tuvo todo para ser artista. Sus padres lo enseñaron bajo la doctrina comunista y como estilo de vida el nudismo, inculcándole al mismo tiempo el amor y la belleza por la imagen en movimiento captada por el lente. De algún modo esta realidad signó al joven rebelde de la ciudad de Copenhague (Dinamarca), cuando sus primeros pasos por el mundo del cine afloraban desde una cámara Super Ocho a la edad de 11 años, quedando así sellando su destino para siempre.
En la década del ’80 ingresa a la escuela de cine de Copenhague. Es por estos años que le añade a su nombre como burla quizás o insolencia, el título de Von, signo de realeza que lo acompañaría a lo largo de su ascenso a la palestra pública. También es donde empieza a explorar sus cualidades como cineasta, llevándolo a alcanzar varios lauros con ejercicios filmados durante la carrera.
Su primera obra después de graduado (El elemento del crimen, 1984) visibilizó a un creador marcado por la experimentación formal de la imagen y el manejo excelso de los recursos plásticos y formales del cine. Con esta obra inicial el director aseguró un premio a mejor Logro Técnico en el Festival de Cannes de 1983 y su distinción en el circuito fílmico como una de las jóvenes promesas del momento. Luego llegarían los éxitos.
A modo de retrospectiva el ciclo programado en la Cinemateca de Cuba recorre esas obras insignes del director a lo largo de más de dos décadas. Titulado “El controvertido director Lars von Trier”, ella resume el bregar de un artífice signado por la polémica y la crítica incisiva, y otorgan la posibilidad de por primera vez visualizar la producción de este Autor de manera conjunta, dialogando entre sí.
Filmes como El elemento de crimen, Epidermis (1987), Rompiendo las Olas (1996)- metraje que signó su carrera como cineasta y le valió un Premio Especial del Jurado en Cannes de ese año, mas no el máximo galardón-, Cinco obstrucciones (2003), Manderlay (2005) y Bailando en la oscuridad (2000)-obra con la que finalmente adquirió la Palma de Oro y el reconocimiento de la Academia- se encuentran entre las seleccionadas para la ocasión.
En ellas von Trier refleja su maestría como realizador a límites insospechados. Desde el autor que se autorrefleja en el cine dentro del cine (el caso de Epidemic donde un director –interpretado por él mismo- trataba de conseguir el dinero para hacer una película dentro de una película), algo ya visto en filmes de la Nueva Ola (La noche americana (1973) de Truffaut); pasando por la comedia negra (Europa) y la sátira (El jefe de todo esto (2006); hasta los predios del musical y el melodrama como en el caso de Bailando en la Oscuridad (con las magníficas actuaciones de la intérprete islandesa Björk, la actriz francesa Catherine Deneuve, y el sueco Peter Stormare).
Asimismo clásicos de su filmografía llegan al ciclo. Estas son Dogville (2003) y Manderlay (2005), dos partes de su archiconocida trilogía de sólo dos secuelas Visiones de América y que consagraron al director como controvertido y símbolo por excelencia del discurso postmoderno desde el cine. Sobre estas obras el crítico cubano Tony Mazón apunta:
“(…) prescinde de la ilusión de realismo consustancial al cine y la sustituye por decorados estrictamente teatrales, confiando excesivamente en que el interés por la historia, la publicidad alrededor de sus repartos o la probable calidad de las actuaciones nos harán olvidar que esta formulación estética significa retroceder el cine a su infancia (…)¨1
Aun así estas obras devienen dos momentos puntuales de su producción. La complejidad narrativa desde la propia experimentación en los diálogos y los personajes, así como la inaudita representación desde una espacialidad imaginaria esbozada en planta, quiebran el discurso preestablecido y subvierten los cánones del cine tradicional. Sus referentes intertextuales y simbólicos provocan al espectador sensaciones de rotundo absurdo, frustración, la incomprensión de la pieza, la burla, el abandono del cine en no pocos casos. Pero la intención está muy marcada: sólo el verdadero interesado volverá a verla; aunque entenderla sean “palabras mayores”.
También aparece en el ciclo otra de las obras relevantes dentro de su filmografía por los preceptos con que fue concebida. Esta es Los idiotas (1998), único de sus filmes realizado por el director bajo los códigos del Movimiento Dogma ’95. Iniciado por él junto a otros dos directores daneses (Soren Kragh-Jacobsen y Kristian Levring) en el año 1995, la relevancia alcanzada por las doctrinas del grupo, aunadas en un decálogo definido para llegar a formar parte de sus filas (llamado “Voto de Castidad”), determinó la percepción y los modos de hacer el cine venidero a nivel mundial. Se proponían con ello resquebrajar todo la parafernalia hollywoodense y la deprimente comercialidad que estaba subsumiendo al cine.
Con esta intención dispusieron como cánones a seguir los rodajes en locaciones, fuera de sets de filmación; sonido directo; el uso de la cámara en mano; empleo de la imagen en colores y la luz natural (ausencia de efectos ópticos o filtros); rodaje en 35 milímetros; la prohibición de cambios temporales o geográficos y la renuncia total a las películas de género. Asimismo, otro de sus logros fue la concepción de no-autoría de los filmes: el director no debía aparecer en los títulos de crédito. Por tanto se logró un espíritu de comunidad creativa, del Arte en su máxima expresión ajeno a la fama y es StarsSystem implantado por la industria norteamericana. Aunque sólo se llegaron a producir tres filmes certificados como Dogmas: (Festen (Celebración), Idioterne (Los Idiotas) y Mifune Sidste Sang (Mifune)), los logros alcanzados aun hoy permanecen latentes en importantes directores emergentes a la escena pública.
Es así que la obra cinematográfica de Lars von Trier deviene una referencia obligada para aquellos iniciales y no tan novicios. En ella confluyen múltiples caminos en constante ebullición; asidero por antonomasia de re-formulaciones. Como artista controvertido que es, su especialidad consiste en la intolerancia y el desacato. Tal vez por ello en El jefe de todo esto (2006) es un programa de computadora su director de fotografía; o en Anticristo (2009) las escenas de automutilación y la densidad simbólica (sin dudas un digno homenaje a Tarkovski) alcanzaron tanto el rechazo como la admiración de los disímiles públicos de todo el Orbe. También su miniserie para la televisión The Kingdom (1994-1997) denotan su maestría como creador, más allá de su vilipendiada figura pública.
Entonces sólo queda acudir al encuentro propuesto desde el contexto cubano. No con vocación de homenaje, culto; tampoco de satanización. Ante nada la Historia ya está escrita y Lars von Trier, sin dudas, ya la integra.
1 Masón, Tony: “El controvertido director Lars von Trier”. En Cartelera Cine y Video. La Habana, Mayo 2011, Año 6, Número 67, pág. 6.
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