Historias que cuentan historias
Entrevista
Por: Ariadna Ruiz Almanza
Los personajes del mediometraje El más fuerte, última obra cinematográfica del realizador Tomás Piard, todo el tiempo con la incertidumbre, parecen caer, pero se levantan. Aunque los hechos se crean exagerados y las situaciones caricaturescas, nacieron de la realidad. Tomás Piard nos narra en secuencias loquísimas y abrumadoras, instantes surreales de una filmación, que se alternan con los sentimientos encontrados de sus personajes.
¿Qué le sedujo de la obra La más Fuerte, del sueco August Strindberg para realizar este mediometraje?
Me sirvió de pretexto para crear El más fuerte, que es la última de una trilogía conformada por los largometrajes Espectros (2005) y Viaje de un largo día hacia la noche (2006), basados en las obras homónimas de Henrik Ibsen y Eugene O´Neil respectivamente. Hacía mucho tiempo que quería realizar una obra en la cafetería La Arcada de 23 y M, pues ese es el punto de salida de los equipos de realización del ICRT cuando vamos a filmar. Y ya se imaginarán el caos, porque siempre sucede algo inesperado. Strindberg me puso el pie forzado, porque lo que hice fue una deriva creativa de su clásico como matriz cultural. Esta es una tendencia muy contemporánea y consiste en crear a partir de una obra específica, otra bien distinta.
Strindberg es considerado un precursor del teatro del absurdo. ¿Se manifiesta en El más fuerte esta categoría?
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Sí, porque lo absurdo puede estar en cualquier escena de la realidad, y el quehacer cinematográfico no está exento. Esta película es en esencia un gran caos, todo acontece alrededor del rodaje de una obra: precisamente La más fuerte; y la cinta en general trasmite desconcierto, alboroto ante los increíbles obstáculos que se interponen. Usualmente los involucrados en el problema no se entienden, arman escarceo, y en este sentido trabajamos detalladamente el diseño de la banda sonora. Para suerte del staff el director de la obra busca siempre rápidas soluciones, es el equilibrio en medio de la catarsis. Para caracterizar mis personajes, mi basamento ideológico, por decirlo de alguna manera, fue el clásico de la ensayística cubana Memoria sobre la vagancia en la isla de Cuba (1830), un estudio psico-social del cubano, donde con extrema vigencia José Antonio Saco plantea que solemos resolver todos nuestros contratiempos con cajón y ron. Y ya verán cómo introduzco esta filosofía en el filme.
La más fuerte es básicamente un monólogo. ¿Concibió así también su mediometraje?
En efecto, solo que en mi propuesta quien monologa es un hombre. Resulta que en La más fuerte, una gran actriz de un afamado grupo de teatro se enfrenta a la amante de su esposo, el director del grupo; mientras que en El más fuerte, el amante es un hombre. Lo pensé de esta manera, primero, porque siempre mis protagonistas son masculinos; y segundo, porque así acercaba la obra al presente, naturalizando el histórico tabú de la homosexualidad.
Tomás, usted pone a dialogar el texto de Strindberg, con el lenguaje cinematográfico y su experiencia misma como director de cine. ¿Cómo articular estos niveles de lecturas con coherencia en la concepción del guión?
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Esta obra es mi expresión práctica del diálogo entre nuestra cosmovisión de la realidad y los referentes culturales de la Suecia del siglo XIX. ¿Cómo apropiarme de esa pieza clásica y hacerla interactuar con el hoy complejo de la sociedad cubana? Pues bien, lo que más me importaba mostrar era la tragedia que implica para un creador hacer su obra en nuestro país. Este trabajo fue muy interesante pues seguí un método de puesta en escena donde le ocultaba información a los actores, quienes solo conocían con exactitud las situaciones. Así evitaba el ensayo y enfatizaba en la improvisación como vía para otorgarle a la cinta una perspectiva más documental. Es simpático cómo todos se sentían extras ante las exigencias de espontaneidad e invención que les pautábamos; algunos hasta se consideraban innecesarios en determinadas escenas. Pero luego, cuando vieron el resultado final del montaje comprendieron el sentido de todo. Fue un reto. Porque yo era el único que estaba claro de los diferentes planos narrativos en que nos movíamos. Por ejemplo, uno es cómo se va haciendo la obra de Strindberg dentro de la mía. Pero también utilicé el documental de entrevistas al estilo de Nicolás Guillén Landrián para concederle cierta veracidad a la historia, a modo de un falso documental que fue una idea que valoré en su momento. El más fuerte está dedicado precisamente a Landrián por sus aportes al cine cubano y a Ingmar Bergman, quien dirigiera el filme Persona (1966), otra deriva de La más fuerte.
¿Qué podría destacar, desde el punto de vista estético, de esta puesta en pantalla?
Sin dudas la dirección artística. Hubo que recrear siete épocas distintas pues, aunque la obra está situada en la contemporaneidad, la actriz de la pieza que se pretende filmar dentro de mi obra, retrocede desde la década del 50 hasta 1889 –fecha en que Strindberg escribe su texto–. Por tanto, esto conllevó un arduo trabajo de vestuario, maquillaje y peluquería, donde debo resaltar la profesionalidad y destreza de Idalmis Ríos y Yudmila Hernández. Por su parte, la fotografía era el otro elemento que me fortalecería los cambios temporales. Para esto tuve la dicha de trabajar una vez más con Pepe Riera – anteriormenteLa última niebla(2002)y El viajero inmóvil (2008) –. Como las locaciones eran reales, y esta es una obra de atmósfera, donde todo se filmó en exteriores, tuvimos que recrear los períodos en postproducción a partir de las texturas y el color. Fue necesario por tanto utilizar un “etalonaje” para corregir la iluminación.
Tomás, ¿son sus personajes símbolos antagónicos?
En general la obra es el enfrentamiento entre el hoy y el ayer. El protagonista es un hombre de ideas renovadoras y la protagonista vive desfasada, obsoleta, arcaica para los tiempos que corren. La señora representa esos personajes anacrónicos de nuestra sociedad que tienen un sistema de pensamiento infuncional, envejecido. Este monólogo me sirvió para expresar mi dolor ante las condiciones en que trabajamos, pero al mismo tiempo mi orgullo, porque muchas veces convertimos las carencias en recursos expresivos. |