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| Alina Rodríguez, al fondo, medita un plano del rodaje de El color de Elisa |
Hay que volver a contar con el cine cubano
ENTREVISTA
Por Carlos Ríos y Lourdes Stusser
Enamorada de las artes, Alina Rodríguez Abreu no pudo encontrar su camino en la actuación, como su homónima. Es en el cine donde ha hallado su espacio. Un mundo imaginado donde se entretejen la realidad y la ficción. Su ópera prima, Buscándote HAVANA, galardonada con el premio el Premio Sara Gómez del Consejo Nacional de Casas de Cultura en el 28 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y mención especial de la 6ta Muestra Nacional de Nuevos Realizadores, es otra de las obras que denotan el interés de las nuevas generaciones de cineastas cubanos por palpar zonas de silencio de su realidad.
Su documental nos presenta una Habana oculta en los catálogos del turismo, que generó polémica tanto fuera como dentro del país. Con El color de Elisa, un corto de ficción de un encanto y sensibilidad inusitada en el cine joven cubano, Alina se ubicó en la 9na. Muestra y en el 8vo Festival Internacional del Cine Pobre de Humberto Solás, hace solo una semana, como una de las jóvenes promesas en el camino sinuoso del audiovisual en la Isla. Alina Rodríguez convierte en obras de arte sus preocupaciones, miedos e interrogantes, y obtiene lauros.
Cuando la propuesta de estudiar Medios Audiovisuales llegó a tu preuniversitario, se vivía una década en la que no había nada más lejos para esos jóvenes que una cámara digital de cine… ¿Qué te impulsó a decidirte por esta carrera en medio de tanta nebulosa?
Yo nunca pensé que fuera una carrera que iba a estudiar, porque de hecho no existía. Pero siempre me habían gustado las artes, quería ser actriz, me gustaba la pintura, la danza, todas las manifestaciones artísticas… pero la que más me gustaba era la actuación. Antes de entrar a la Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin me di cuenta que no iba a ser actriz, que no era mi vocación, pero cuando supe que se iba a hacer la convocatoria para esta carrera, vi de alguna manera que ese podía ser mi camino. Porque podía mezclar todas las cosas que me gustaban, todas las manifestaciones y, pese a que no tenía ninguna preparación al respecto, ni sabía nada de cine, ni de cámara, nada de nada, me lancé y me arriesgué un poco en la entrevista, y tuvimos suerte, yo y todos los que entramos de la Lenin, porque todos teníamos las mismas características.
¿Has encontrado en el cine ese mundo que estabas buscando?
Definitivamente sí. Sin que yo lo supiese antes de coger la carrera, era lo que me gustaba. A mí me fascina, y creo que cuando uno está enamorado de lo que hace, al final encuentra esa satisfacción. Los miedos, las inseguridades son muchas, pero sí encontré pasión en él.
A diferencia de otras generaciones signadas por la película de 35 mm, la tecnología digital le ha permitido a la tuya –más masivamente que antes- aprender haciendo. ¿Cuánto ha influenciado en tu formación la posibilidad del diálogo directo con el lenguaje del cine en el proceso de aprendizaje?
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| Compartiendo con la actriz una intención |
Eso ha sido lo fundamental. Independientemente de todos los conocimientos teóricos y técnicos que uno tenga, si no lo llevas a la práctica, te falta la mitad de todo. De hecho, nosotros no tenemos toda la formación práctica que necesitábamos, a pesar de la tecnología digital. Comparado con los predecesores sí, porque llegar al 35 mm era y es más complicado que llegar al digital, pero al mismo tiempo no tenemos suficiente práctica, a diferencia de la Escuela Internacional de Cine y TV, que en ese sentido tiene un poco más de recursos, porque el cine aunque sea digital, los necesita.
Yo he sentido ese vacío del contacto directo con la práctica, con el ejercicio diario, con el experimento, que es fundamental. Y a nosotros nos ha marcado porque un realizador, antes tenía que contar con una industria, y ahora con una cámara digital uno puede experimentar, buscarse y probar qué es lo que quieres decir, por dónde vas, y por dónde vienes… porque cuando uno está empezando no te queda otro remedio que buscar por todos lados porque no sabes quién eres todavía. Si no es con la práctica no puedes llegar a eso por más libros que leas, por más películas que veas.
¿Cómo valoras la calidad de la enseñanza de cine ahora en Cuba?
Pienso que es un privilegio que en Cuba exista la enseñanza de cine, porque es una carrera extremadamente cara. Pero al mismo tiempo dentro de las condiciones en las que estamos y tenemos, falta mucha profundidad, incluso a nivel teórico, incluso a nivel del ISA, hay escasez de buenos profesores que tengan conocimientos tanto teóricos como prácticos, artistas que se dediquen a enseñarnos.
La teoría, que es lo que hace fundamental al ISA, también está muy floja. Necesita personas que se comprometan y que de verdad tengan un conocimiento en el sentido práctico de los recursos, porque a veces se pretende que con clases solamente se tenga todo; y es necesario saber de cine, tener cultura general, pero también saber hacer cine, y en la escuela hay pocos recursos. Sé que de alguna manera eso se está tratando de lograr, sé que hay voluntad de profesores y artistas y de la dirección de la escuela, pero falta un largo camino. A diferencia de otras carreras, esta todavía adolece de un programa de estudio sentado, fundamentado, probado -es lógico que no esté, esta carrera es muy joven, solamente tiene 5 años… Pero se puede hacer mucho más énfasis, más relación con otras escuelas de cine, con que los estudiantes vean qué está pasando dentro y fuera de Cuba, con el cine joven y con todo el cine; y en ese sentido hay un camino por recorrer en las escuelas. La preparación es insuficiente, aunque independientemente que la universidad no te va a llenar todos los espacios, al final vas a salir con mil interrogantes, te abre mil puertas, mil dudas y mil caminos, pero siempre aspiramos a una preparación lo más fuerte posible.
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| Durante la preparación de una escena |
En muchos países esta carrera no existe, pero nosotros con las condiciones que tenemos la estamos tratando de instaurar. Con eso hay mucha polémica. Hay quien opina que se debería cerrar y dejar sólo para curso por trabajadores y cerrar el regular, porque existe en algunos la mentalidad de que el cineasta tiene que tener una madurez y a la vez conocimiento, y con 18 años, ni con 19, no sabes si quieres ser cineasta. Yo difiero de eso porque te están dando la posibilidad -independientemente de que no seas todo lo bueno, ni sea tu camino-, te estás ahorrando muchos pasos que tuvieron que dar las generaciones anteriores que se formaron en el ICAIC, que tuvieron que pasarse diez años como asistentes de dirección para poder dirigir una película, un documental, un corto o lo que fuera. Fue una generación que se formó en la práctica, sin una base sólida, y aquí te preparan desde joven.
Las Muestras de Nuevos Realizadores nacieron solo poco antes de que comenzaras tus estudios y te han acompañado hasta la fecha. ¿Qué has encontrado en ellas?
La Muestra fue y es el único espacio donde actualmente los jóvenes pueden mostrar sus obras, confrontarlas, ver lo que está pasando y lo que están haciendo los demás. El Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano entra en una laguna con muchas otras cosas, el Festival de Gibara también; el único espacio que afortunadamente fue creado para esto fue el de la Muestra, que además se lo han ido ganando los mismos jóvenes porque cada vez hay más posibilidades y más se están formando en las escuelas. Antes no existía, por supuesto que se hacía imperativo crear algo así, a no ser que toda esa masa siguiera su camino, por su lado, es la única manera de concentrar todos esos esfuerzos en un festival; y yo pienso que es para el desarrollo nuestro, para querer más cosas nuevas y mejores. Creo en la competencia sana, en la que mejore el cine cubano, que nos haga superarnos y nos haga hacer mejores búsquedas, porque ves tus posibilidades, lo que pueden hacer otros; además porque puedes consultar con el público. Es una semana donde las personas ven, opinan, debaten.
Perteneces –dicen los críticos- a ese grupo inexacto que se ha dado en llamar “los nuevos realizadores”… ¿Sientes pertenencia a ellos?
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| Junto a los actores y Luis Najmías, director de fotografía |
Me siento parte de una nueva generación, porque formamos parte de alguna generación y me identifico con esta. Ahora tenemos inquietudes, formamos equipos, pero soy parte de esa masa de nuevos realizadores que en realidad no es algo concreto, ni creo que haya una conciencia general de que formamos parte de una generación.
Hay cosas en común, porque todos vivimos en una misma sociedad, una misma realidad, el mismo contexto, tenemos inquietudes parecidas, pero no creo que haya una conciencia sobre eso, ni de que haya esa unión. En todo caso la han querido fomentar… Será con la distancia, con los años, que los que estudian se darán cuenta de que hay conexiones, puntos de vista comunes. La Muestra existe desde otra generación, aunque al final somos parte de lo mismo: Pavel Giroud, Léster Hamlet… Ellos entraron con una fuerza al ICAIC queriendo abrirnos espacio a nosotros, pero las inquietudes de ellos son diferentes a las nuestras, no hay una conciencia de que formamos parte de lo mismo.
Buscándote HAVANA es un documental que dialoga con una de las zonas más complejas de la realidad social cubana. Al igual que él, otros documentales presentados en la Muestra abordan realidades en el país que no se encuentran de igual modo en los medios de comunicación. ¿Hasta qué punto el documental hecho por los jóvenes ha ocupado ese espacio de debate?
Ese tipo de documental se ha impuesto por esa escasez de trabajos que aborden el tema, o de conciencia en nuestros medios y nuestra sociedad de los problemas que nos ocupan hoy. Muchas veces los críticos dicen que venimos a sustituir el periodismo que no se hace en la televisión porque muchos son documentales que toman del periodismo y de sus técnicas para abordar las temáticas.
Entonces influye un poco, porque el documental siempre ha tenido la necesidad de hacer pensar y de cuestionar la realidad históricamente; independientemente de eso, ellos tienen la necesidad de llegar a alguien y decirle cosas que no se han dicho, ese es el papel que deben jugar, por eso se considera que llenan esos espacios que no llenan en los medios. Hacía muchos años que no se hacía ese trabajo. He hablado con personas de otras generaciones y nos decían: “nosotros hay temas que ya no nos planteamos, esos temas que abordan muchos jóvenes de ahora, que polemizan, existió mucha autocensura, durante un período a nosotros ya ni se nos ocurría.” Las cosas van cambiando, los jóvenes son más contestatarios, tienen menos miedo a arriesgarse, a expresarse.
Entre documental y periodismo, ¿cuáles son los límites?
El artista busca hacer arte, el periodista busca ser más inmediato, decir algo en un momento determinado y no necesariamente que ese mensaje trascienda, más allá de la inmediatez de la noticia. El documental busca la trascendencia en el espectador. El objetivo del periodista es diferente al del arte, aunque las fronteras a veces se imbrican. Al final son obras audiovisuales también que trabajan con las mismas temáticas, con los mismos problemas, pero un artista trata de mirar un poco más allá de lo que se ve a simple vista, de profundizar. Intenta sensibilizar un poco más, aunque sin dudas están muy relacionados, cada uno cumple su función en un momento específico.
Este año en la Muestra te decidiste por la ficción con El color de Elisa. ¿Qué necesidades expresivas te hacen desplazarte entre tipos de narraciones tan diferentes como esta y Buscándote Habana?
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| El corto va al interior de la psicología humana |
Me gustan los dos, pero siento que hay cosas que se dicen con un lenguaje y hay otras que se dicen con otro, depende de la necesidad y forma expresiva que busques para hacerlo, la manera que busques para llegar a esa historia y las cosas que tengas que decir. En ocasiones se dice mejor desde el documental, en otras se dice mejor desde la ficción. A mí me gustan las dos. La ficción me encanta y a veces tenía una barrera ahí, precisamente por la formación que tuve que fue escasa en ese sentido. Ahora esas cosas han cambiado, ahora muchos de los jóvenes que están presentando cosas ni siquiera se han graduado del ISA y ya hacen ficción.
Cuando entramos en la escuela no había esa posibilidad, no había casi recursos, por tanto, si tú no tenías una cámara, la escuela tampoco; no podíamos hacer nada y yo me gradué sin hacer un corto de ficción, sin haber dirigido actores. Había hecho algunos ejercicios de clase, pero ni siquiera con actores profesionales, era entre nosotros mismos.
El color de Elisa es el ejercicio que no hice en la escuela, claro, a lo mejor con mucha más preparación en el sentido práctico del cine porque había hecho documentales y ya había madurado en alguna medida con respecto a cuando estaba en la escuela. Era el salto al que le tenía mucho miedo, pero al mismo tiempo me fascinaba.
En realidad me gusta más la ficción y quisiera hacer más cosas de ficción. Me gusta más trabajar con los actores, crear una historia, incluso en la parte del guión — que yo le tengo terror, pánico, porque respeto mucho la profesión del guionista, me es muy difícil, para mí es una cosa desgarradora, es una tortura, es lo más complicado. El guión es lo que más me limita para hacer otras cosas, porque lleva tiempo escribir. En el ISA no tenemos contacto con otros dramaturgos que pudieran nutrirnos de conocimientos, más allá de la escuela, de lo que te dice la teoría. Está bien que uno pueda ser su propio guionista, pero esa es una opción. Formamos partes de una generación del ISA de artistas plásticos, actores, bailarines, músicos, dramaturgos, y nosotros a pesar de estudiar en el ISA no nos conocemos. En el ISA no hay imbricación de la FAMCA con las demás manifestaciones y eso es fundamental, porque son artistas de tu generación, los que pueden crecer contigo, están en tu mismo contexto y por tanto es más probable que tengan que ver con lo mismo que tu piensas, con tus mismas inquietudes, y favorecer tu obra porque te nutres de todas las demás. Cuando somos más los que pensamos, los que creamos, los que ponemos nuestra cabeza en función de la idea, tiene muchas más posibilidades de desarrollarse. El cine es una carrera de equipo, no es uno solo.
A dirigir le tenía mucho miedo, estaba muerta de miedo, pero luego de que viví la experiencia, la disfruté. El rodaje me emocionó muchísimo.
¿De qué quieres hablar en tus películas? ¿Qué no te interesa abordar?
Quisiera hacer un largo de ficción, a veces todo el mundo piensa que es porque el documental sea un género menor o algo así, pero yo no lo veo en ese sentido, lo veo como una necesidad expresiva, y no como una necesidad de que hay que hacer primero un documental y después ficción. Si hubiese podido, hubiera hecho ficción mucho antes.
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| Un plano de El color de Elisa |
Tengo muchas ideas, pero no tengo nada claro. No sé cuál de las historias pudiera dar mejor. Siento la necesidad de que tengo que escribir el guión yo misma. Quiero llegar, pero no estoy lista para hacerlo, ahora mismo he escrito muchas cosas pero no me sentaría a escribir mi guión de un largometraje. No es que no me sienta capaz, sino que necesito prepararme más porque requiere de una madurez cuando quieres decir ciertas cosas. Le tengo respeto, sé que es muy complicado, quiero hacerlo cuando crea que estoy lista.
Cuando hice el documental Buscándote Habana quería tocar otros muchos temas que no los he tocado todavía y como que va variando. Me interesa mucho el tema de la incomunicación, la incertidumbre, ese no saber quiénes somos ni a dónde vamos, dónde estamos parados para saber a dónde queremos llegar. Tiene que ver con la realidad de nuestro país, son cuestionamientos que tengo y que por tanto los quisiera siempre plantear en mi obra; la situación de los cubanos, por dónde estamos pasando ahora mismo. Es un tema que quisiera poder entender yo para poder hacer hablar sobre eso, porque es importante que los artistas hablemos de lo que está pasando, más allá de los estereotipos.
¿Qué significa para ti ser premiada en la Muestra?
Fue muy importante, porque siempre tienes la incertidumbre. Piensas: ¿lograré mi objetivo, comunicar…será que la gente entenderá lo que quiero decir? En ocasiones cuando uno empieza necesita saber si llega, oír a las personas que saben, con experiencia. Yo tengo muchas inseguridades, no sé si estaré bien o estaré mal. Y significó un poco eso. También no sólo en el público especializado, sino también en el general, porque sentí que había una comunicación y que podía llegar a él, y en ese sentido, fue estimulante…
¿Cuáles son las principales dificultades a las que se enfrenta tu generación en materia de producción?
Encontrar financiamiento para los trabajos. Las dificultades ya después se extienden a lo cotidiano, al día a día, pero encontrar financiamiento es lo más complicado. En Cuba no hay espacios nacionales propiciados que te permitan llevar a cabo un proyecto. El mecanismo del ICAIC es una nebulosa. A veces sí, lanzan una convocatoria y esa es la oportunidad, pero no es suficiente.
Deberían existir instituciones que den su apoyo al desarrollo de proyectos cinematográficos. No todo puede caer en el mecanismo del ICAIC, porque no puede ser él, el único. Eso no lo hace ni Hollywood. Deben existir opciones como el ICRT, el Ministerio de Cultura, y otras que no tengan nada que ver con el cine, pero que una de sus funciones y de sus maneras de aportar a la sociedad sea también esa. Porque aquí no hay una estructura de reciclar y de sacar el dinero, ese ciclo no existe, es como una vaquita, que sale y sale dinero y nunca entra, porque nunca se recauda…
Con la Muestra, el ICAIC ha abierto una puerta de exhibición, y a veces de colaboración a los jóvenes en la producción de sus filmes. ¿Qué esperas de esta cooperación con la Industria? ¿A dónde puede llevar?
A que se abra mucho más, a que la Industria no lo es todo, porque no puede serlo todo ni queriendo; a que existen producciones independientes, a que eso se pueda instaurar en Cuba, de que se puedan crear productoras independientes donde se pueda hacer cine con el ICAIC y sin él, pero que siga siendo cine cubano, no importa si lo hiciste en tu casa con una cámara. Hablar del ICAIC es hacerlo de todos lo grandes que han pasado por él y es imposible hacer algo sin estar vinculados con él, aunque sea a nivel espiritual. Desde ese punto de vista, el ICAIC puede abrirse un poco más y ayudar a los jóvenes en el sentido práctico. Debe crearse un mecanismo de presentar proyectos junto a otras opciones, y que sea como una comunión, donde todo el mundo trabaje junto por un mismo objetivo: el cine cubano. El mundo está evolucionando y si en un futuro no toman las medidas que tienen que tomar, quien va a quedar atrás va a ser el ICAIC.
¿Es posible una sinergia a nivel de discurso o trabajo conjunto entre este movimiento de jóvenes y la generación activa más antigua del cine cubano?
Yo pienso que es posible, creo en lo importante de la comunicación, lo importante que es el debate, hablar, compartir. En el ICAIC siempre se hizo, se debatía. He oído las historias de cómo las nuevas generaciones se unían a las más viejas, era un proceso de aprendizaje, no en plan de “ustedes son los jóvenes que vienen y nos están quitando a nosotros”. Sino “¡cuánto tenemos que aprender de sus maneras de hacer, de sus experiencias!”, aunque no te guste la obra de ellos. Siempre hay algo que aprender, porque vivieron en otra época, otros fueron sus problemas, unos sobrepasaron miles de cosas, otros no tanto. Yo pienso que ese proceso de enseñanza de ambas partes se podía recuperar un poco más, pudiera ser compartir, debatir cómo se puede mejorar y trabajar todos juntos en función del cine.
El día en que cuentes con un presupuesto significativo para filmar… ¿te vas a decidir por trabajar con un equipo experimentado de la Industria, o seguirás apostando por los jóvenes como tú?
Definitivamente, definitivamente sí. Independientemente de que haya alguien con quien me gustaría trabajar del ICAIC, porque lo conozco, porque me interesa, o tiene una gran experiencia. No es que me cierre a: “con el ICAIC nada, fuera de él todo”. En el ICAIC hay buenos profesionales, a los que admiro y para mí sería un orgullo trabajar con ellos. Independientemente de eso, me gustaría formar mi equipo.
Has sido jurado también en otros eventos como el Festival Internacional del Cine Pobre de Humberto Solás, al que llegan obras extranjeras, y también muchas cubanas. ¿Cómo valoras el cine cubano inserto en el panorama internacional?
Al cine cubano nos falta el experimento, una intención estética mucho más avanzada. Porque aunque se hace y hay personas que tienen ese objetivo, creo que nos deberíamos exigir más allá de lo que digamos que es fundamental. No puede ser forma y contenido, tiene que ser ambas cosas y nosotros en ese sentido nos hemos atrasado un poco, nos hemos achantado. Siento que hay una falta de cambio estético, de encontrar eso que se ha renovado en los temas y se está siendo contestatario en ese punto exacto; en el nivel estético hay que buscar más. Y eso se siente a la hora de ver otros trabajos, independientemente de los recursos, pero los jóvenes en todas partes del mundo pasan trabajo para hacer su cine; porque nadie confía en una persona que todavía no ha demostrado lo que es, y para poder demostrarlo tienes que hacerlo. Es un círculo vicioso, en ese sentido nos falta mucho más.
Para que el cine cubano tenga ahora mismo su despegue, ¿de qué depende?
En ocasiones hacemos un cine localista con cosas que entendemos solamente los cubanos y nadie más. Hay que abrirse a historias universales aunque salgas de lo particular.
En Cuba hay festivales internacionales de cine, pero ¿cuánto puede influir la posibilidad de confrontación directa entre nuestros jóvenes cineastas y el trabajo que se hace en otras partes del mundo, en esos propios escenarios?
Es que hay que ver nada más la tradición de cine cubano para darse cuenta de cuánto nutrió esa comunicación que existía entre el cine cubano de los años 60 y los artistas de la Nueva Ola, del Neorrealismo. ¿Cuál es el cine que todavía adoramos en Cuba y que todavía, en muchos sentidos, no ha sido superado? Además del talento, es fundamental sin dudas esa comunicación entre lo que está pasando en el mundo y los cubanos, entre los jóvenes y los no tan jóvenes, porque Cuba es una Isla, pero no tenemos porque ser una Isla aparte del mundo, tenemos que incluirnos e imponer también nuestro pensamiento, nuestra estética.
Todavía sigue existiendo el cine cubano pero le falta esa relación, esa comunicación con los movimientos artísticos en general, y eso nos hace quedarnos atrás en el sentido de comunicación. No es que nosotros debamos penetrarlos a ellos y viceversa, y hacer el mismo cine que se hace en España, en Francia; es saber lo que hacen otros, lo que puedo hacer yo, y aprender de otros y que otros aprendan de ti.
Además, la sociedad cubana tiene que volver a contar con el cine cubano. Tiene que hacerse notar nuestro cine, como en alguna época se logró.
¿Lo necesita?
Necesita. Necesita sentirse reflejada verdaderamente en el cine cubano. Este tiene un valor activo en la sociedad cubana y en el mundo. Nuestro cine tiene una presencia en el mundo, se ve y se pide, y se necesita y yo pienso que eso es fundamental. La sociedad cubana necesita confiar en el cine cubano, ver que responde al momento que se está viviendo en Cuba y en el mundo también. Esa pasión de antes, tiene que volver.
¿Cuáles son para ti las obras más significativas de tu generación?
De mi generación en el más amplio sentido de la palabra, la obra de Esteban Insausti. También la de Juan Carlos Cremata. Existen otros más cerca de mí, pero estamos formándonos; hay algunos trabajos, pero no tenemos todavía una estética definida, independientemente que pienso que hay muchos trabajos con grandes valores.
¿Cómo ves a tu generación en el cine dentro de 10 años?
Espero que no se vayan, porque muchos se están yendo y se está creando un vacío, porque no logran hacer mucho cine cuando se van. Espero vernos haciendo cine.
¿Dónde te ves tú dentro de 10 años?
Me veo haciendo cine en Cuba, quisiera estar haciendo un largometraje aquí, ojalá pudiera ser.
¿En qué trabajas ahora?
Ahora mismo hago un documental sobre mujeres en el café. Lo estoy escribiendo por encargo, uno nunca se debe cerrar a que pueda salir un buen trabajo. Muchas obras maestras han sido por encargo… También un corto de ficción. Vamos a ver si se da. |