Temperamento y A. J en La Habana: dos documentales cubanos de estreno
El placer de resolver misterios (o, al menos, intentarlo)
Por: Mayle González Mirabal
Si el documental fuera, como suele decirse, únicamente representación de la realidad, el valor de estos no dependería entonces de la búsqueda creadora que hace el cineasta para sugerir con imágenes ideas nuevas. Sin embargo, lo que más excita la imaginación es si realmente la representación descubre algo.
Dos documentales cubanos reserva este mes la cartelera de los cines. Uno, sobre la visita a Cuba, en el año 68, del pintor danés más conocido del siglo XX (A. J en La Habana, de Ismael Perdomo); el otro, acerca del universo de los músicos del grupo de jazz Temperamento (Temperamento, de Jorge Fuentes).
Dicen que en 1968, cuando estuvo en La Habana, el pintor neorrealista danés Asger Jorn hizo un mural en las paredes de la recién inaugurada Oficina de Asuntos Históricos. Pero Ismael Perdomo supo de la existencia de 15 lienzos firmados por el artista y aparentemente realizados en esa época, que fueron vendidos por un cubano a un coleccionista en Copenhague.
A. J en La Habana es entonces una especie de investigación detectivesca, en la que el director intenta conocer sobre la autenticidad de los cuadros. El juego de responder la incógnita, sin que ello implique obligatoriamente que la resolución sea el elemento central, le permite a Ismael contar una historia protagonizada por el suspense y la intriga.
Asger Jorn vino a ser la coartada para que Ismael Perdomo realizara un documental sobre los años 60 en Cuba. De modo que los entrevistados, conscientes o no, se suman a este juego y, más que especular sobre la posible originalidad de las pinturas, describen lo que podría ser el mundo secreto del artista en la Isla. Así, aparecen evidencias de la vida habanera en esos años.
La gráfica, los colores y las fotos de no solo remiten a la época porque la recuerden, sino por el ritmo que alcanzan. La música (el texto de las canciones) sirve para agregar pistas a la investigación. Este es un documental en el que el director prefiere formar parte de lo que explora. Se pregunta, explica, duda, y todo lo incluye en el filme.
Entre las diversas líneas estilísticas del jazz cubano contemporáneo, la música de Roberto Fonseca y su grupo Temperamento es probablemente una de las que más atrae por la peculiaridad con que logran mezclar las melodías y el ritmo que alcanzan en sus temas. Jorge Fuentes estrena un documental que prefiere mostrar la vida cotidiana de los integrantes de la agrupación. Las opiniones que sobre ellos tienen sus amigos, familiares y el público, le sirven al director para trasladarse a los orígenes del jazz en Cuba. Temperamento se mueve entonces entre la naturalidad de la vida de los artistas y las propuestas musicales de estos.
Pero no es precisamente lo cotidiano lo que estimula la atención de la película. Aunque en ella se insinúa la personalidad de Roberto Fonseca a través de una cámara que persigue casi todo el tiempo a los artistas, Temperamento deja la añoranza por saber más sobre estos.
No obstante, alcanzan las exquisitas composiciones y, mirándolo así, Temperamentocautiva porque descubre su historia por varios caminos de manera que cada cual elige el que prefiera: la posibilidad de encontrarse con Fonseca a través de su música o la oportunidad de comprender sus melodías a través de sus imágenes de vida. |