 Jorge Molina
El electrón molesto del cine cubano
Por: Ailyn Martín Pastrana
Jorge Molina es, al decir de Fernando Pérez, una voz única dentro de la cinematografía cubana actual, su producción audiovisual está entre las más peculiares de la filmografía nacional.
Con un tono desenfadado y un verbo provocador, Molina —más que conversar— reflexionó con los jóvenes realizadores sobre sus impresiones acerca del estado actual del cine cubano.
Como profesor de realización comentó que los jóvenes deben ver más cine, y estudiar en profundidad. “Contar historias no es tan fácil. Todo el mundo se piensa que puede hacer una película. Eso está de moda.”
“Se habla mucho de un audiovisual joven, pero yo creo que no es tan joven, sino que está envejecido, porque la manera de contar es cada vez peor. Siento que hay una vacuidad, no hay nada que contar; y lo que se cuenta, se cuenta muy mal.”
En medio de un contexto dominado por las tecnologías, Molina confesó que estas no son fundamentales, sino el talento. Sobre las producciones, explicó la importancia de planificar bien, desde la historia, la filmación, hasta la postproducción. “Lo que fotografía no te da, edición no lo puede resolver; lo que no hay a nivel conceptual de sonido, tampoco se salva poniendo con un parche.”
Sobre la industria cinematográfica cubana alegó que es “obsceno que hayan 150 personas para hacer una película y que sólo 15 estén trabajando realmente.” Por estas razones, decidió emprender su carrera fuera del circuito industrial.
Molina es un artista que defiende a ultranza su decisión de hacer un cine sin concesiones de ningún tipo. “Primero la película me tiene que gustar a mí. Cuando yo voy a hacerla no cuento con nadie, y además, no me censuro: yo la hago.”
Sobre el precio que ha tenido que pagar por esta libertad creativa dijo que no entrar en los circuitos de distribución no le preocupa demasiado, pues él regala sus películas; y sobre el poco financiamiento con el que cuenta, explicó que lo resuelve contando historias que sean fáciles de realizar desde el punto de vista de la producción, aunque eso no significa ir en detrimento de la calidad artística.
“Yo sé bien lo que me gusta y lo que quiero hacer. Mi conciencia está muy tranquila.”
Ante la pregunta sobre si considera que su cine tiene un sello cubano o no le interesa esa arista, contestó: “Yo me considero un realizador cubano y hago un cine cubano. Lo que pasa es que hemos tergiversado el término de cubanía, y eso implica que no hay cabida para el cine de género.”
La obra de Jorge Molina podrá o no gustar al espectador, pero sin dudas no pasará desapercibida. Ambientes oscuros, personajes de naturaleza retorcida e historias terroríficas moverán un sinnúmero de sensaciones que nos harán reflexionar sobre nuestra naturaleza más sombría. |