Brevísimas acotaciones
Premios de la Novena Muestra de Nuevos Realizadores
El desafío es escarbar dentro de nosotros mismos
El cine exige talento
El cine es mi venganza contra el no mentir
Una muestra de madurez serrana
La expiación de un amor incapaz de traducirse
Convocan a CUBANIMA
Queremos hablar de una manera más dura
Lisanka, deja que te coja
TVC o el síndrome de la telaraña
Lo que nos une es lo que nos separa
Lo más importante de un director es su punto de vista
Rebelde por partida doble
“Chamaco: una película maldita”
Lucas, ¿tú ves tu meñique?
Vísperas de una muestra joven
Noveles de protagonistas
Iluminada concesión a la esperanza
Unos estudios bien animados
Un retrato auténtico del Perú
Pertenencia de un bolero
Público y jurado premian un Festival
Nunca nadie ha festejado tanto
Para ver G de cerca
El regreso a casa y la alteración de todas las cosas
Veinte años, una mirada a la violencia de género
Voces Cruzadas
Beca Chicuelo
Premio Tomás Gutiérrez Alea
Taller Nacional y Concurso
de la Radio Joven Antonio Lloga in Memoriam
III Encuentro Nacional
La Radio en la Comunidad
XVII Muestra Audiovisual
El Almacén de la Imagen
Entrar
Programa Paréntesis
Luz Joven
ICAIC
Revista Miradas
Ernesto Daranas
El desafío es escarbar dentro de nosotros mismos
ENTREVISTA

Por: Carlos Ríos y Lourdes Stusser

Hace dos años, prácticamente una sola película causó conmoción entre el público del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Los dioses rotos fue una bofetada a la inercia con la que operaban ciertos tipos de discursos en la sociedad cubana. Lo sórdido de un mundo de prostitutas y proxenetas de La Habana socialista, en un diálogo constante con el mito de Yarini, y recreado a través de una bellísima historia de amor, hicieron tornar la mirada hacia Ernesto Daranas, un hombre que habla de lo que sabe, y que lo hace bien. Ya ¿La vida en Rosa? había demostrado que sabía manejar los códigos de la ficción, y Los últimos gaiteros de La Habana, que podía arreglarse a la perfección con el documental. Lo han premiado en todas partes, e incluso en las cortes españolas del rey Juan Carlos. Un aire de pragmatismo lo envuelve; sin embargo, Daranas ha hablado más en su cine sobre la espiritualidad de la gente, tiene el don de exponer los laberintos del alma humana mediante un gesto en el rostro de una actriz o una confesión de alguien que recorre el Camino de Santiago, en Peregrinos. Aunque ahora filma tres documentales a la misma vez, el presidente del jurado de la 9na. Muestra de Nuevos Realizadores, se dio un tiempo para contestar algunas preguntas sobre su vida, su cine y el cine de los otros.

Recordamos hace un año cuando Los dioses rotos quebraron la monotonía de las salas de cine en La Habana, y mucha gente se pasaba de flash en flash copias de tu película. ¿Te imaginaste en algún momento de la realización que la cinta llegaría prácticamente a todas partes de este país y que iba a ser tan seguida?

Por supuesto que soñábamos con eso, pero de ahí a lograrlo había una gran distancia. Y la verdad es que ya en la práctica todo lo que ha ocurrido con Los Dioses dentro y fuera de Cuba nos ha rebasado.

Salvo cintas como Suite Habana, más de una década separa Los dioses rotos de otras películas cubanas anteriores que miraban hacia la realidad sin producir risa. ¿Tienes algo contra el cine ridiculizante que muchas veces se hace o es pura casualidad que no te decidieras por una comedia?

Es muy difícil hacer una buena comedia y lo bárbaro que tiene el humor cuando es bueno, es que nos permite profundizar sobre cualquier asunto, incluyendo los más dramáticos. Por otro lado, hay comedias ligeras que son muy divertidas y necesitamos de eso también. Tal vez lo que pasa es que dentro y fuera del cine nos hemos fabricado un cliché de lo que somos que ha terminado por hastiarnos. Supongo que eso de que somos unos chivadores del cará no se lleva tan bien cuando te estás comiendo un cable la mayor parte del tiempo. Y no es que no seamos capaces de reírnos de eso, lo que pasa es que no nos gusta que se nos subestime a la hora de hacerlo.

En el Festival de La Habana, Los dioses rotos obtuvo el Premio del Público y la crítica, pero no recibió ningún Coral. Luego cuando salió fuera de Cuba la aplaudieron en muchos lugares, e incluso jurados estadounidenses -acostumbrados al estilo Hollywood- le dieron el visto bueno. ¿Cómo percibiste esta diferencia entre cómo la vio el movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano y el resto del mundo? ¿A qué crees que se deba esto?

Aquí tienes otro cliché, referido a qué cosa es el cine latinoamericano. Sabíamos que nuestra película se alejaba de eso, muy a pesar de que el melodrama y la tragedia por la que apostamos sí están cifrados en nuestros genes. Pero hay quienes piensan que asumirlo es de mal gusto. ¿Qué podemos hacerle a eso? No filmo una película para reinventarnos ni para coquetear con tendencias. Por supuesto que eso no determina que lo que hago sea mejor o peor, y ni siquiera diferente, es sólo mi manera de ver las cosas.  Por lo demás, el Premio del Público estuvo muy bien y, por fortuna, eso es lo mismo que nos ha pasado en todas partes.       

Los dioses rotos es una película valiente desde el título hasta los créditos. ¿Quisieras mantener esta línea de filmes de denuncia y análisis social anclados en el hoy y el ahora, o alguna vez te decidirías por algo tan hipotético como la ciencia ficción?

Siempre hablo de lo que me rodea, de lo que me conmueve. A partir de ahí el camino puede ser el de Los Dioses o el de ¿La Vida en Rosa?, que es una comedia; el de El Hombre de Venus, que es un drama psicológico, o el de El Otro, que es una historia familiar. Y en el documental me ocurre exactamente lo mismo. Es verdad que en todo lo que he hecho, de un modo u otro, hay un diálogo con nuestra realidad.  Pero eso no evita que en materia de géneros esté abierto a cualquier cosa. Por otro lado, siempre insisto en que el realismo no me interesa, no hago una película para reproducir la realidad; para eso sólo tienes que abrir los ojos cada mañana. El desafío es escarbar en lo que hay dentro de nosotros, y los caminos para llegar a eso son variados, apasionantes y complejos.

¿Crees que existen temas tabú dentro del cine cubano?

Hay temas tabú en todas partes, cosas de las que no hablamos como necesitamos hacerlo.

Hace casi 15 años que los premios no te abandonan. Tienes el reconocimiento de todos los festivales de Cuba y algunos de otros países, como el premio Rey de España… ¿Qué piensas que te diferencia del resto de los realizadores de tu periodo?

Un poco de suerte tal vez, porque en mi generación ha habido mucho talento, lo mismo en el ICRT que en el ICAIC, e incluso en espacios como Trimagen, que eran los lugares en los que básicamente se podía producir hace ya más de 20 años.  Pero nos tocó empezar a finales de los 80, en un momento en el que estas nuevas tecnologías eran ciencia ficción. Estábamos forzados a dialogar con industrias que en los 90 quedaron casi abocadas a una “opción cero”. Se producía muy poco y la prioridad no éramos nosotros. El resultado fue que muchos se fueron y otros simplemente se malograron entre aquella  parálisis. Pero otros consiguieron abrirse paso, a menudo entre incomprensiones como las que los primeros realizadores independientes tuvimos que enfrentar. Cada momento entraña sus propias dificultades y estas fueron sólo algunas de las que nos tocó ir desbrozando.

¿Por qué te dedicas al audiovisual?

Todo el tiempo me pregunto por qué no me siento a escribir y punto, que ya voy para viejo, que hasta cuándo. Pero no, esto es una maldición o un jodido regalo de Dios. 

Has dedicado una parte importante de tu trabajo a hablar sobre temas que vinculan a Cuba con España. ¿Has sido favorecido por la financiación para estos tópicos o te producen fascinación los vínculos culturales y espirituales entre los dos países?

Como tantos cubanos, esa es parte de la historia de mi familia. Son trabajos que he tenido el placer de compartir con Natasha Vázquez, Rigoberto Senarega y Pedro Suárez. Y por supuesto que las coyunturas han tenido mucho que ver en la posibilidad de realizarlos. Pero igual en cada historia de esas hemos asumido que nuestro primer destinatario es nuestra gente. Si funciona entre nosotros también va a funcionar en otras partes.

Te has rodeado de un equipo talentoso que te acompaña en varios proyectos a lo largo de los años. En un contexto de escasez para producir cine, ¿es una fórmula valedera?

Un team de trabajo es un grupo artístico y humano. Respetarnos, apoyarnos, atender a nuestras diferencias como parte del enriquecimiento del trabajo han sido las claves de esta colaboración de tantos años. Cuando existe eso la obra lo agradece y, en un giro tan colectivo como el nuestro, es una necesidad más que una fórmula.

Este año presides el jurado de la 9na. Muestra de Nuevos Realizadores. ¿Qué impresión te causaron los materiales que pudiste ver?

Además de la siempre necesaria irreverencia que cabe esperarse de la juventud, me estimula la franqueza de su mirada hacia nuestra compleja realidad. No me gusta ser jurado, me asusta la subjetividad que inevitablemente siempre hay en eso. Pero la Muestra es algo especial y Fernando Pérez era quien nos convocaba. Ha sido muy interesante haber compartido esto junto a X Alfonso, Nanette García, Ernesto Piña y Angélica Salvador. No puedo dar detalles todavía, pero hubo muchos trabajos que nos motivaron, algunos por su calidad expresa y otros por su capacidad de arriesgarse formal o temáticamente.

Les llaman todo el tiempo “nuevos realizadores”. ¿Te parece tan nuevo lo que hacen?

Lo esencial es que sea verdadero, que se prueben a sí mismos y confronten ante un público. Sin eso no hay crecimiento ni se logra nada realmente propio. La clave no está entonces en lo nuevo por lo nuevo, sino en lo auténtico, en la capacidad que tengan de asumirse y de expresarse con honestidad a partir de eso.

Cada vez son más los jóvenes que se mueren por hacer cine en Cuba. ¿Qué posibilidades reales les ves de que en algún momento puedan constituir un movimiento generacional estético, ético o temático?

Quizás esta no sea una época de movimientos o corrientes estéticas. La producción cinematográfica de estos días o se estandariza desde el pragmatismo de los grandes estudios o se abre a un espectro de individualidades que, aunque en muchos casos notables, no es sencillo agrupar en movimientos, tal y como ocurría hasta hace unas décadas. El arte se ha atomizado demasiado y el cine no escapa a ello. Si algo puede estructurar un movimiento como el que mencionan, eso estaría dado por la necesidad de esos jóvenes realizadores de defender sus intereses más allá de la Muestra.  

¿Qué carencias o debilidades le ves a las narraciones audiovisuales de los nuevos creadores?

Como es lógico, las que son propias de la inexperiencia, sumadas a las mismas que padece nuestro cine y audiovisual en general, donde el guión es muchas veces el punto que hace tambalearse incluso a obras formalmente interesantes. Pero también uno encuentra  propuestas muy redondas en casi todos los aspectos que, a pesar de la precariedad de recursos que casi siempre se aprecia, cristalizan en resultados encomiables.

¿Qué crees que le falte a la Muestra como mecanismo facilitador de la creación audiovisual?

El valor de la Muestra es indiscutible y no podría definirse en tres palabras. Pero si algo le falta es pantalla, más allá de esa cartelera itinerante que por diversas partes de la isla se proyecta. No puede ser que alguien ponga en un canal de TV una obra premiada en la Muestra y que lo truenen por eso. Estoy seguro de que al público de toda Cuba le encantaría confrontar con estas miradas, polemizar con las mejores de estas propuestas, sacudirse un poco de tantas series enlatadas, de informativos y programas de opinión donde nuestros verdaderos problemas y criterios apenas son tenidos en cuenta. Y por supuesto que la Muestra no es la solución ni la respuesta a esa cara omisión que padecemos, pero sí nos ofrece al menos una opción diferente.

Otros festivales como el de Cine Pobre de Gibara, dan fondos para avanzar en proyectos. Pero fuera de los espacios que los propios festivales promueven, la esfera de la distribución está bien difícil para quien crea fuera de la industria. ¿Cuáles han sido tus experiencias en esta área y cómo ves el panorama actual en el país?

La distribución está difícil dentro y fuera de la industria. Eso de que el cine es un monopolio controlado por tres o cuatro gigantes no es un teque. Pero hay cosas que sí están en nuestras manos. En el caso de Los Dioses, por ejemplo, a más de un año de estrenada todavía no hay un DVD oficialmente estructurado para la película, a pesar de que presentamos un proyecto para eso desde antes de su estreno. Por supuesto que los vendedores callejeros llenan ese vacío, que las descargas de Internet se disparan y que hay distribuidores que se apropian del título y lo venden como si la película fuera de ellos. Y es que el cine ya no es sólo la pantalla grande; el acceso a la TV y a los formatos domésticos son hoy definitivos, sobre todo para un cine como el nuestro limitado por muchas razones en su acceso a los grandes mercados. Es cierto que tecnológicamente las cosas han cambiado, cada vez se proyecta más en High Definition o en 3D, pero la gran distribución sigue en manos de esos cuatro gatos.

Tu ficha en la web del ICAIC dice que eres profesor y geógrafo, además de haber hecho de todo en radio, cine y televisión, y encima publicidad. ¿Cómo has podido hacer tanto a la vez? ¿Por qué te fuiste de la Geografía?

Te confieso que Geografía me pareció la carrera más sencilla y la más aventurera, además de que alguien me dijo que la cogían solo muchachitas. Parecía perfecto. Lo que no me dijeron es que daban una Matemática, una Física y una Química durísimas. Nada, que al final me gustó, y mucho de lo que empecé filmando tenía que ver con lo que había estudiado. De hecho, mantengo un programa diario en Radio Taíno (S.O.S Planeta) en el que abordamos muchos temas afines con mi carrera. Así que, aunque nunca fui geógrafo, en cierto modo jamás abandoné la Geografía. Pero la verdad es que desde antes de finalizar la carrera ya escribía para la radio y sabía que terminaría enredado en todo esto.

¿Cómo la televisión, la radio y la publicidad han influido en el tipo de discurso que luego construiste para el cine?

Todo se suma inevitablemente. Y no importa a lo que se eche mano, lo esencial es que al final esa suma funcione.

¿En qué proyectos trabajas ahora mismo?

En varios, propios y ajenos. Los Dioses nos exigió casi tres años para un trabajo que podíamos haber concretado en 10 meses. Pero desde que la terminamos hemos filmado varias cosas a ese ritmo mucho más ágil que la producción independiente hace posible. Igual, los que amamos la ficción somos hijos del maltrato, así que en cualquier momento me lanzo en otra locura, para eso tengo guiones ya escritos y otros dos en los que estoy trabajando.

Este fue un año de boom en el cine latinoamericano. Le acaban de dar el Goya a “El secreto de sus ojos”, y junto a “La Teta asustada” está nominada a los Oscar. ¿El escenario te parece prometedor para el cine regional o es puro coincidencia comercial que esta vez nos alcanzó?

Si te fijas, casi todos los años Latinoamérica produce muy buenas películas, y creo que son las coyunturas las que hacen posible situaciones como esta.

¿Cómo ves la producción cubana en el contexto regional?

Creo que el primer contexto que debe atender nuestro cine es el nacional. Está demostrado que cuando hay películas cubanas la gente va al cine. A partir de eso, de que se produzca más y de las maneras más diversas, el resultado internacional será una consecuencia.

¿Cómo ves el futuro del cine cubano?

Sería injusto cuestionar la precariedad y las contradicciones de nuestro cine sin hacerlo también con las que padece el país en general, sobre todo ante una industria que es básicamente subsidiada y cuyo concepto estructural y productivo se ha visto ampliamente rebasado por la realidad. No hay futuro sin presente y esa es la importancia de la Muestra, la importancia de que nuestras diferentes generaciones de cineastas puedan dialogar con modos de producción mucho más diversos y eficientes. El resto es siempre una cuestión de talentos y no creo que ese sea precisamente nuestro problema.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.