Vladimir Cruz
“Devolverle al cine lo que el cine nos ha entregado”
ENTREVISTA
Por: Lourdes Stusser
Como un muy convencido militante comunista en plena Revolución Cubana, Vladimir Cruz hizo su irrupción en la gran pantalla bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, en 1993. El Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana premió aquella cinta con cinco Corales, ganó el Oso de Plata y el Oscar la nominó un año después en la categoría de Mejor Película Extranjera. Fresa y Chocolate, un punto de reflexión obligado dentro del cine cubano, les brindó a Vladimir Cruz y a Jorge Perugorría –en el papel de un homosexual sumergido en un mar de incomprensiones sociales- la posibilidad de probarse a lo grande en el séptimo arte. Dieciséis años después, y luego de haber desandado decenas de largometrajes y la cinematografía de varios países, ambos dirigirán en la Isla una coproducción cubano – española bajo el título de “Afinidades”. A una semana del comienzo del rodaje, Vladimir Cruz acepta adelantar algunas ideas.
Es la primera vez que se estrenan en grande en un largo de ficción. Siendo actores de carrera, ¿cómo se les ocurrió a ambos tomar este reto?
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Pichi y yo hemos tenido carreras profesionales, incluso, experiencias vitales paralelas, desde que debutamos en Fresa y Chocolate. Y hace rato veníamos hablando de las ganas que teníamos de explorar otros terrenos. Hicimos tres películas juntos en el año 2007 y ahí maduraron un poco nuestras ideas. Yo había empezado a escribir guiones en el 2005, escribí un par de cortos y él también había hecho unos documentales. Y se nos ocurrió que ¿por qué no unir las fuerzas? Pero el argumento que verdaderamente nos convenció es que somos hijos de la co-dirección. Fresa y Chocolate es una co-dirección, aprendimos a hacer cine en equipo, y en equipo vamos a seguir. Es un reto profesional enorme para nosotros, porque además de dirigir vamos a actuar los dos. Además he escrito el guión, y estamos en todas las etapas del proceso. Creo que en este momento de nuestras vidas, y de nuestra vida profesional, tenemos la madurez para enfrentarlo. Es difícil, sé que va a ser muy difícil, pero estamos con mucho entusiasmo.
¿Qué puedes adelantar sobre la historia que van a contar?
Lo que se puede contar del argumento es poco, porque no vamos a contar la película. Está basada en una novela publicada en Cuba, se llama Música de cámara, de Reynaldo Montero, un escritor cubano muy prolífico, con muchas novelas. Y esta es una novela corta, muy íntima, su nombre indica que son prácticamente cuatro personajes, que pasan juntos un fin de semana. Son cuatro personajes muy diferentes que hacen un viaje, y en ese viaje pasa de todo. Es una película de personajes, por lo tanto, de actores, que es lo que nos hace sentirnos un poco en nuestro terreno. Y a través de su interacción se cuenta mucho de nuestra época, de las relaciones de pareja, de la moral, de la ética, de la ideología, y sobre todo del ser humano.
Desde que ustedes trabajaron juntos en Fresa y Chocolate, ¿qué ha cambiado para los dos como seres humanos hasta el momento?
Han cambiado muchas cosas. Hemos madurado, somos más viejos, han pasado dieciséis años, hemos trabajado en muchas partes, filmado en Cuba, fuera de Cuba, hemos vivido muchísimas cosas de manera paralela, que nos han enriquecido mucho. Y esta película es un poco la síntesis de este proceso. Es devolverle al cine lo que el cine nos ha entregado: mucha vida, muchas experiencias. Estamos en condiciones de elegir nosotros la historia. Porque el actor muchas veces está al final de la cadena y tiene que esperar a que le propongan un proyecto, y ahora nosotros somos los que proponemos, con todo lo que hemos acumulado en experiencias vividas, las vamos a volcar. Es una síntesis de lo que han sido nuestras vidas desde Fresa y Chocolate hasta ahora.
Fresa y Chocolate fue un hito ético e ideológico en el camino de una nueva lectura de la realidad cubana en su momento. ¿Qué esperas de lo que esta nueva película pueda proponer en ese sentido?
Yo creo que hay mucha frivolidad en el cine internacional. Mi formación y la de
Pichi es mucho más responsable en ese sentido. Nos gustan las películas que nos involucren ideológicamente, aunque no se hace una película pensando en nada de eso. Se hace pensando en los personajes, en la humanidad de los personajes, como fue Fresa y Chocolate, que la hicimos concentrados en sus conflictos. Y los resultados a nivel ideológico y todas las lecturas que se puedan hacer tienen que ser eso, un resultado. Ahora vamos a contar la historia de unos personajes, pero por supuesto no son inocentes, viven en una determinada sociedad y en un determinado contexto. Son de la Cuba contemporánea, de determinado status social, por lo tanto, están presentes conflictos que eso puede generar.
Estoy casi segura de que la acogida del público cubano va a ser absoluta, primero porque ustedes dos están a cargo, y segundo porque el público espera siempre por el cine hecho en casa. Ustedes en especial, ¿qué esperan de los espectadores?
Yo creo que hacer cine en Cuba es una gran responsabilidad, sobre todo por eso, porque el cine cubano es muy esperado por el público, el público cubano lo ve mucho, y no es igual en otras partes donde el cine nacional casi no se ve. Y aquí sí hay una comunicación directa con ellos, lo que nos pone un poco más de presión, porque sabemos que va a ser vista por mucha gente. Pero eso también nos gusta mucho, porque las películas se hacen para el público y nosotros pensamos en el público cubano. Entonces el hecho de que haya una expectativa y la gente espere por ver la película que vamos a dirigir nos gusta mucho, nos compromete y ojalá estemos a la altura de ese compromiso.
Acerca de la novela “En el cielo con diamantes”, publicada por Senel Paz hace más de un año y que es casi un prólogo a tu aparición en Fresa y Chocolate, ¿hay algún plan de llevarla al cine?
Yo le decía en broma a Senel que cada vez me pone el personaje más joven, y cada vez me va a ser más difícil, porque él se tarda diez años en hacer una novela y el personaje es diez años más joven. Y no lo puedo esperar con 25 años. Soy muy amigo de Senel y me encanta su obra, y ojalá que podamos hacer algo con él. De momento no sabemos, ni siquiera sé si hay planes de hacer la novela en cine. Yo presenté el texto en Madrid, lo presenté desde el punto de vista de David, que también quería ser escritor, y decía que ya está teñida por el trabajo cinematográfico de Senel. La novela está pensada en planos, se habla de sonido, de música, tú ves los primeros planos, los planos generales. Creo que el destino natural de esa novela será el cine. No sé si yo igual hago de padre de David, o algo así.
Ahora en tu rol de guionista de este largo, ¿crees que cumples un poco el sueño de David de poder escribir sus historias?
De alguna manera, sí. Los sueños de David son los sueños de mi generación y yo respeto muchísimo la labor del guionista. He llegado a escribir por casualidad y casi jugando, como se hace todo lo importante en la vida, por lo mismo que soy actor. Más que el sueño de David estoy cumpliendo el mío propio, pero no es un sueño que tenía yo a priori, sino que ha ido surgiendo con el trabajo. Mi anhelo máximo es contar historias de personajes interesantes. Y si para eso tengo que contar las historias de personajes que no me ofrecen, pues las escribo, y así voy y adelanto el trabajo, en lo que Senel escribe la próxima novela. |