
Crónica de una despedida. Finales del XXXIII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano
Por: Maria Nela Lebeque Hay
Como, para que se cumpla el ciclo natural de la vida, todo lo que empieza tiene que acabar, llegó a su última jornada de actividades el XXXIII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana. Debates, sueños compartidos, intercambios en pos de proyectos futuros... así fueron algunas de las experiencias presenciadas para aquellos que vivieron cada día de la cita cinematográfica -aunque para otros fue sinónimo de gentío en las calles, múltiples ganancias en las ventas o algún que otro sinsabor.
De manera general el encuentro cumplió las metas que se propuso. Se expuso la producción fílmica que se viene desarrollando en el continente y otras latitudes; La Habana se convirtió en hervidero de ideas y confluencias, y el Festival funcionó como espacio de socialización para las nuevas generaciones de cineastas y espectadores, contribuyendo a la consolidación de ese cine latinoamericano fundado una vez por espíritus igualmente jóvenes.
El acto de clausura celebrado en el Karl Marx tuvo como protagonistas al público cinéfilo y a muchos de los directores llegados con sus materiales al Festival. De manera sobria -tal vez un poco solemne para mi gusto- fueron presentados cada uno de los lauros y menciones de los jurados en las especialidades. Como parte de los premios colaterales el filme cubano Habanastation, de Ian Padrón se alzó con varios galardones, entre ellos los otorgados por el Circulo de Periodistas de Cultura de la Unión de Periodistas de Cuba, el Premio de la UNICEF, el Premio Glauber Rocha de la Agencia de Noticias Prensa Latina y el Premio Vigía conferido por la subsede de Matanzas.
Por otro lado, la coproducción de Argentina y España dirigida por Pablo Giorgelli Las Acacias fue laureada con el Premio de la Asociación de la Prensa Cinematográfica. La piscina, de Carlos Enrique Machado, obtuvo el de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC; Loipa, existencia en plenitud y La más hermosa cosa del mundo de los realizadores cubanos Gloria Arguelles y Jorge Perugorría respectivamente, se llevaron a casa el premio de la Revista Revolución y Cultura y el Premio CINED, otorgado por la Cinematografía Educativa.
El Centro Matin Luther King premió el material audiovisual En el nombre de la hija, una coproducción de Ecuador y Colombia, dirigida por Tania Hermida, y el Centro Pablo de la Torriente Brau lo hizo con Los abuelos, de Carla Valencia Dávila. Los otorgados por la FIPRESCI, Telesur y SIGNIS fueron para los metrajes Bonsái, de Cristian Jiménez de Chile, El viaje silencioso, de Marie-Eve Tremblay (Canadá-México), y Los últimos cristeiros, de Matías Meyer (México).
Por su parte el Premio El Mégano, otorgado por la Federación Nacional de Cine Clubes fue para Fábula, de Lester Hamlet, y el Roque Dalton dado por Radio Habana Cuba recayó en las manos de Tropa Élite II (O inimigo agora e'outro),de José Padilha. Estos dos filmes también obtuvieron lauros dentro de los Corales de esta edición del Festival. En el caso del primero, alzándose con el tercer premio a Mejor largometraje de ficción, mientras que el segundo fue Premio Especial del Jurado en esta categoría y Coral a Mejor Edición y Dirección.
El primer premio en ficción fue para El infierno, de Luis Estrada de México. Este devino una de las sensaciones de la noche cuando se llevó tres galardones más en los apartados de Mejor Dirección Artística, Vestuario y Música Original. Asimismo el segundo peldaño fue ocupado por El abismo plateado (Karim Ainouz, Brasil), que además obtuvo el premio a Mejor Actuación femenina, Fotografía y Banda Sonora. La Mención del Jurado fue para El cuento chino, de Sebastián Borensztein (Argentina-España). Este fue recibido por el actor ya popular en la Habana Ignacio Huan, quien expresó su intención de volver a la cita cinematográfica por uno de esos Corales.
En Documental, el primer galardón fue para Agnus Dei, Cordero de Dios (Alejandra Sánchez Orozco, México), el segundo lo obtuvo Las Carpetas, de Maité Rivera Carbonell (Puerto Rico- España), mientras que en la tercera posición estuvo Los últimos Cangaceiros, de Wolney Oliveira. El Premio Especial lo alcanzó el material Diario de una búsqueda, de Flavia Castro, y la Mención fue para El casamiento, de Aldo Garay (Uruguay). El corto de ficción tuvo como protagonistas a Pantalla (Tela), de Carlos Nader y L, de Thanis Fujinaga, ambos de Brasil.
En cuanto a Óperas Primas, los peldaños fueron ocupados en orden ascendente por Distancia (Sergio Ramírez, Guatemala;), Abrir puertas y ventanas (Milagros Mumenthaler, Argentina), y Trabajar cansa (Juliana Rojas y Marco Dutra, Brasil). La mención fue para El premio, de Paula Markovitch de México, y el Premio especial del jurado lo alcanzó Remolino, de Clarissa Campolina y Helvécio Marins Jr.. Asimismo el lauro en Mejor Contribución Artística fue para el filme Sudoeste, de Eduardo Nunes de Brasil.
La categoría de animación, estuvo protagonizada por varios materiales provenientes de Costa Rica, México, Brasil y Venezuela. El primer premio Coral fue para Animales de alquiler, de Pablo Ortega Rodríguez; Mutatio, de León Fernández, recibió el Premio Especial del Jurado; Cielo, infierno y otras partes del cuerpo, creada por Rodrigo John ocupó el segundo peldaño y El duelo, de Jesús Barrios Ortiz, alcanzó la tercera posición. La mención fue entregada a la interesante propuesta de Fernando Millar titulada Furico & Fiofó. Para el mejor guión se entregaron un Premio Coral y una Mención a NN, de Héctor Adrián Gálvez de Perú, y El buen demonio, obra conjunta de Alejandro Hernández Díaz y Daniel Díaz Torres de Cuba.
Por su parte, el premio de la popularidad entregado a partir de los votos emitidos por el público fue para Juan de los Muertos, del realizador Alejandro Brugués con un total de 4880 puntos y escoltado por Fábula (Cuba), La hora cero (Venezuela), Tropa Élite II (Brasil) y El cuento chino (Argentina). Queda probado así el reiterado gusto del espectador cubano por su cine nacional, llevado año tras año a los niveles más insólitos de espectacularidad cuando los recintos de proyecciones son abarrotados con largas colas a la entrada para entrar a ver la nueva propuesta.
De este modo fueron cerradas las premiaciones de la trigésimo tercera edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. A ello le sucedieron las palabras de clausura pronunciadas por el gestor indiscutible de la cita: Alfredo Guevara. Este volvió a expresar su convicción del rejuvenecimiento que ya se va evidenciando dentro de la cinematografía latinoamericana; los papeles protagónico de los nuevos exponentes para la consolidación de este proceso y la seguridad de que otras entregas quedan para este encuentro de cineastas y cinéfilos en el último mes del año. En sus momentos finales el reconocido intelectual develó su profunda visión del futuro. Se despidió hasta la XXXIV del evento hablándonos de la continuidad de contactos a través de los nuevos medios, la Internet y el sitio web del Festival creado para compartir experiencias e invitaciones desde todas las zonas geográficas posibles. Así confirmó este incansable maestro de espíritu joven su confianza en los tiempos venideros, marcados por la tecnología y la ciencia como ejes impulsores a otras maneras de hacer cine y con ello leer esas realidades que imperan en el continente. |