
Comprar un boleto al ¿paraíso?
Por: Alcides Pereda y Rubén Ricardo
A excepción del último cine cubano, interesado en las contradicciones familiares (Casa vieja); en el exilio como búsqueda para resolver los problemas del cubano (Larga distancia); en la exploración del ser interior (Afinidades); en la construcción de una trama donde el conflicto nunca queda del todo claro; Boleto al paraíso, la película de Gerardo Chijona, echa manos de una historia verídica para contar la suya, aunque siempre resulte increíble.
Los primeros minutos del filme, donde el padre inaugura las relaciones de incesto con la hija, muy parecido con las historias del libro Espuma, de Karla Suárez, es solo el detonante para que la muchacha huya de la casa, ya bastante disfuncional.
El cine cubano necesita urgente pensarse y repensarse a sí mismo, intentar atrapar una esencia ya lograda en ocasiones, pero abandonada al descuido de la memoria, conformados con el hecho de hacer cine, olvidando la calidad del mismo, hay que tantear y observar que de los directores cubanos activos, hay poco filmes medianamente logrados, y sí, un público ávido de reencontrarse con las historias y la realidad actual, aunque no exista un movimiento que pueda catalogarse como “nuevo cine cubano”. Chijona en Boleto…recrea la historia de jóvenes que encuentran en el SIDA la cura a sus males, ¿o son los enfermos de SIDA quiénes buscan la cura a su enfermedad?
Pero los jóvenes, quienes pertenecen según los estudios a la Generación X, responden a características particulares, son seres que el daño de los procesos consumistas se manifestó en ellos, además de los cambios en los sistemas políticos, sumándose la llegada de Internet, la caída del Muro de Berlín y la aparición del SIDA. Ahí se inscribe la historia contada a lo largo del metraje de Boleto…, estos muchachos no están a gusto en sus casas, pero tampoco lo estarán en ningún lugar. Se integran en comunas o tribus urbanas, donde se manifiesta una cofradía entre ellos.
La adolescencia es un proceso complejo que no termina definitivamente en algún momento de la vida, sino que puede variar su extensión a causa de condicionantes, agravantes o atenuantes, según el caso específico. Pero los jóvenes retratados en el filme son eternos adolescentes con sus complejos y crisis cercanas a la melancolía. Todos actúan acorde al embullo, a la respuesta grupal y no a lo que cada uno piensa, solo cuando regresan a su pueblo arrepentidos de querer contagiarse con el virus y dejan a uno de ellos en el Sanatorio, están actuando acorde a sus propias decisiones.
Todos mantienen grandes conflictos familiares agudizados por esa apatía lógica de seres que están transitando por un momento crucial, donde se le pide que actúen como niños, o como adultos, según el caso, y ellos no saben, porque genéticamente no están preparados para eso.
Mientras corría el tiempo y avanzaba la historia, el filme lograba cierto acercamiento peligroso a Mucho ruido, la serie que dislocó a unos cuantos adolescentes, incluso el cartel del largometraje parece una copia menos poblada del cartel de la serie.
Boleto…es una película desgarradora, que cuenta una faceta diferente de la enfermedad, mientras otros llegaron por casualidad y evitándola, estos jóvenes se entregaron a ella como ofrenda, sin saber qué era, más bien por ignorancia, por inmadurez, por rebeldía y, pudiéramos decir, que hasta por amor, en una época tan dura como los años 90 en Cuba, cuando aún muchos no sabían ni qué significaban esas siglas.
El guión escrito entre Francisco García, Maikel Rodríguez y Gerardo Chijona e inspirado en testimonios de Confesiones a un médico, de Jorge Pérez Ávila, del Instituto Pedro Kouri (IPK), no supera el intento de reflejar una época ya pasada, pues la mirada queda irresuelta y perdida entre el retrato del período o el conflicto interno de los protagonistas.
Sobre las actuaciones, la más destacada es Miriel Cejas, ya estrenada en la pantalla grande en Lisanka, donde se incorporan: Héctor Medina, Dunia Matos, Saray Vargas, Fabián Mora y Ariadna Núñez, además de Laura de la Uz, Luis Alberto García, Jorge Perrogorría, Paula Alí y Mario Limonta. |