“Chamaco: una película maldita”
ENTREVISTA
Por: Mayle González Mirabal
Una versión inconclusa del más reciente largometraje (Chamaco) de Juan Carlos Cremata Malberti, basado en la obra homónima de Abel González Melo, inaugurará la novena edición de la Muestra de Jóvenes Realizadores; y acaban de seleccionarla para su premier internacional durante el Festival de Cine de Miami, a solo unos días de su primera exhibición en Cuba.
Sospecho que tantas coincidencias no pueden ser casuales, pero a la vez no tengo manera aún de comprobarlas, salvo quizás entregando lo que hoy llamaría, un bellísimo encuentro.
“El 23 de febrero se hará una proyección única de mi película en su estado actual. Precisamente estamos buscando financiamiento para su hinchado a 35 mm y una mezcla a 5.1. Será como una especie de ensayo general con público. Pero para mí es muy importante presentarla ya, y en este espacio.
“¿Por qué? Pues porque pienso que la Muestra es la expresión más auténtica y libre de cómo piensa la juventud cubana. Ha sido como el acicate o la energía de la que se nutren los jóvenes realizadores.
“Lo que pretendo también con la proyección de Chamaco es darles aliento y demostrar que, cuando se tienen muchas ganas, se puede trabajar. Chamaco se hizo ―y todavía no se acaba― con muy poco dinero; de hecho, hasta ahora solo hemos invertido 100 dólares. Nadie ha cobrado absolutamente nada por su trabajo. Claro que es invaluable la deuda con todos los que han formado parte de esta empresa para hacer realidad un lindo y difícil sueño. Y es que este tipo de cine quizás no sea fácil, pero es posible y sobre todo es necesario”.
“Yo digo que la juventud es una enfermedad que se pega y a mi me gustaría enfermarme, ponerme grave. Por eso siempre trato de ir a la Muestra y beber de ella, estudiar. Como mismo soy un eterno aprendiz en cada uno de los proyectos que realizo, soy un eterno estudiante en todas sus ediciones.”
Dijiste que El premio flaco está pensada en tanto comedia retro, luminosa y medio estática, al estilo de la televisión de los años 50, mientras que la visualidad de Chamaco es más alternativa, complicada y nocturna.
La historia ocurre durante tres madrugadas en la Navidad de 2006, y es por eso además, que la película es oscura. Son once capítulos alrededor de la muerte de un joven en el Parque Central; incluso en uno de ellos, que hemos titulado “Oscuridad”, probablemente el espectador no vea nada de lo que está ocurriendo porque pretendemos que sienta aún más de lo que ocurre.
Aunque teníamos una muy buena imagen, la degradamos y ensuciamos a tal punto que ahora parece filmada con un celular. Eso tiene su filosofía: en ella se habla de cosas bastante sucias, secretos que la gente oculta celosamente, y nos interesaba reflejarlo a través de una realización contestataria, alternativa, contraria a la belleza estética que suele exigírsele al cine.
Muy personalmente, lo que me llevé de El premio flaco fue un mensaje esperanzador, presentado con el personaje de Iluminada. En Chamaco, al menos en la obra de teatro el personaje muere. Qué quiere decir Juan Carlos con esa muerte. ¿Es una manera de escapar? ¿Una forma de jugarle la contrapartida a la esperanza?
En Chamaco la fe está totalmente perdida, por eso he dicho varias veces que puede convertirse en una película maldita, y lo digo porque no creo que el público quede muy complacido: la gente va a salir del cine con dolor en el pecho, con sentimientos encontrados, malestar en el alma, porque su historia y la forma en que se cuenta, saca cosas muy duras de los seres humanos. No estamos haciendo una crítica específica a nada en Cuba; estamos utilizando esos personajes cubanos, tan bien creados por Abel, para mostrar ese lado oscuro que pueden llegar a tener ciertas personas en cualquier parte del mundo.
¿Y de la música?
Volví a repetir una maravillosa experiencia con mi primo Amaury Ramírez Malberti, el mismo que hizo la de El premio flaco, aunque esta vez la propuesta es diferente, es más libre, más jazzeada, más contemporánea. Participan algunas muchachas de la Camerata Romeu, una excelente percusionista y la soprano Bárbara Llanes (bajo la dirección de Zenaida Romeo) y Baby Lores, quien me regaló un reggaetón que le vino de maravilla al filme, porque levanta un poco ese final tan demoledor que desata la historia.
Actor, escritor, profesor y director de cine y teatro, pero dices que últimamente lo que más te interesa es la dirección de actores, quizás porque tu primera graduación fue de Teatrología y Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte. ¿Intentas modificar tu estética a un tipo de cine determinado que se centre en las actuaciones, o es esto solo un ensayo?
No busco nunca nada a priori, yo respondo a un instinto. En este caso me interesé más en la dirección de actores, aunque no creo haber descuidado eso en mis anteriores películas (de hecho, Viva Cuba fue como una gran escuela en ese sentido). Pero no respeto la fidelidad en mi vida cotidiana, soy bastante cambiante, incluso en mi propia obra. Hasta ahora ninguna de mis películas se parece a la anterior y trato de que sea así, aunque, por supuesto, siempre existen puntos de contacto.
Chamaco tiene el mismo propósito de El premio...: recurrir a textos de la dramaturgia cubana para hacerlos conocer, divulgar y dejarlos plasmados para el futuro en el celuloide. Y es que por ahora me interesa mucho el cine de texto, el cine de palabra, rescatar una escritura cuando es buena y lograr que sea bien dicha e interpretada. Me interesa mucho el cine de autor y soy dichoso dirigiendo actores.
¿Con quiénes trabajaste esta vez?
A los actores que estuvieron en la primera puesta en escena de Carlo Seldrán, y que actuaron en la película como Pancho García, Laura Ramos, Caleb Casas y Fidel Betancourt, se incorporaron Alina Rodríguez, Luis Alberto García y Aramís Delgado, en el personaje protagónico. Y el travesti, que en la obra original se llama La Paco, es interpretado por Alfredo Chang, que no es actor de profesión, pero realiza una muy personal creación como La Chupi.
¿Puede anunciarnos algunos de tus proyectos actuales?
Tengo la filmación de un corto que forma parte de una película que hasta ahora tiene el título de Amores prohibidos. Son 5 historias en 5 décadas diferentes de la Revolución. La primera se desarrolla en los años 60 y la dirigirá Enrique Pineda Barnet. Después, Juan Carlos Tabío, en los 70; Jorge Luis Sánchez, los 80; Fernando Pérez en los años 90 y a mí me toca la etapa más reciente, después del 2000.
Son historias que no tienen nada que ver una con la otra, de repente sí y hay algún elemento que se relaciona, pero no es la principal intención. Este trabajo para mi es un reto grandísimo y un honor inmenso por poder unir mi nombre con el de esos cuatro grandes directores, amigos y cineastas a los cuales admiro enormemente.
No es que vayamos a hacer la película juntos, son cortos independientes, claro que eso generó un proceso de trabajo en el que ahora los 5 estamos escribiendo un guión para dirigirlo entre todos y de hacerse, se daría un hecho inusitado en la cinematografía internacional, porque nunca ha habido una sola película filmada por 5 egos totalmente diferentes. Amores prohibidos quizás abrió el camino a una manera de ser que el ICAIC había perdido. Y es precisamente ese trabajo en taller, esa comunicación e intercambio entre los creadores.
También estoy escribiendo otra película con niños donde quiero liberarme todavía más. Aunque para nadie es un secreto que mi mayor sueño es la adaptación de la novela de Carlos Montenegro, Hombres sin mujer.
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