Arturo Infante: ironía, escepticismo y desencanto
Arturo Infante: ironía, escepticismo y desencanto
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Arturo Infante: ironía, escepticismo y desencanto
ENTREVISTA

Por: Lourdes Stusser y Carlos Ríos

Ver a dos mujeres discutiendo sobre el barroco latinoamericano en una plaza no académica, o sencillamente acercarse a los dilemas del ser, a los problemas que agobian a la sociedad cubana actual, hicieron popular entre el público nacional a  Arturo Infante,  autor  del cortometraje Utopía. Su lente disecciona la realidad minuciosamente, como un sociólogo desentraña cada uno de los conflictos que a menudo le son comunes; él los adereza con las herramientas del teatro, aprehendidas durante su formación, para contar historias irónicas que sacuden a todo tipo de espectador.

Los lauros obtenidos en la segunda y tercera Muestra de Nuevos Realizadores de La Habana, hacían notar su entrada al audiovisual cubano. Su mención en guión por La Edad de la peseta, en elXXV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, y sus sucesivos premios, han unificado el criterio de los especialistas, quienes lo valoran como unode los noveles guionistas más talentosos de la nueva generación de realizadores del séptimo arte  cubano.

El escritor de Gozar, comer, partirdialoga sobre su trabajo y coloca  sobre el tintero posibles polémicas sobre el cine que se está haciendo hoy en Cuba.  

Te has dedicado más a la ficción para acercarte a la realidad cubana actual a través de tus cortos. ¿Por qué apuestas más por esta que por el documental?

La edad de la peseta, de Pavel Giroud, figura como el primer guión de largometraje de Infante.

No lo sé exactamente. Quizás tenga que ver con mi formación teatral, o con cierta timidez, que me dificulta involucrarme de manera directa con la realidad. Soy un observador de todo lo que me rodea, a veces un poco distante, como observaría un entomólogo a un insecto a través de la lupa. Constantemente estoy escuchando a las personas, estudiando su manera de hablar, archivando mentalmente sus gestos, frases, imágenes… Es algo que hago de manera natural. Luego, inevitablemente, todo ese material se va “cocinando” solo, y un buen día me levanto y ya tengo alguna historia dándome vueltas en la cabeza. Paradójicamente, distorsionando la realidad a través de la ironía y del absurdo, se consigue un reflejo mucho más exacto. Y siento que la ficción es la herramienta más eficaz para lograr estas distorsiones.

Con Flash Forward, Utopía y Gozar, comer, partir… te diste más a conocer que con tu trabajo como guionista de largometrajes… ¿definitivamente te sientes más cómodo escribiendo un corto o adentrándote en una historia para un largo?

Sí. Un guión de largometraje es un trabajo mucho más complejo. Muchas veces ni siquiera es una historia mía, así que tengo que lograr sintonizar con otro universo distinto, y adaptarme a él. Es un proceso que disfruto mucho también, de otra forma. Por lo general, escribo cortometrajes que pienso dirigir yo mismo, y por tanto ya sé exactamente qué quiero lograr, conozco mis limitaciones como director, imagino a lo actores con los que me gustaría trabajar, etc. Y como también participo en la producción, trato de escribir cosas que sean realizables.

¿Qué visión tienes del cortometraje de ficción que se está haciendo en Cuba en estos momentos?

Con relación al documental, creo que va con cierta desventaja. Y con excepciones,  el guión es siempre el punto más débil. Son los mismos directores quienes escriben, y no siempre lo hacen bien. El guión de cortometraje tiene además sus especificidades, sus tiempos. En ningún caso debe ser un largo en miniatura.

En Camino al Edén, una película concebida para televisión, compartió trabajo con Daniel Díaz Torres

La Muestra de Nuevos Realizadores es prácticamente el único momento del año en que puede verse el mayor volumen de trabajo de los jóvenes… ¿Qué opinas de este espacio? ¿Te parece suficiente como mecanismo de incentivo al cine realizado en su mayoría fuera de la Industria?

No creo que sea suficiente, pero sin duda es un espacio importantísimo, que año tras año va ganando en solidez y repercusión. Yo le debo mucho, estuve participando desde la segunda hasta la sexta edición, y fue allí donde pude confrontar mis cortometrajes, no sólo con el público sino también hacia el interior del ICAIC. Gracias a que mis trabajos han participado en la Muestra, he tenido la oportunidad de que varios directores se interesaran en contar conmigo para escribir sus proyectos. En ese sentido creo que la Muestra es una vitrina que funciona en esas dos direcciones. Y no sólo da a conocer el trabajo de los nuevos directores, sino también de los actores, guionistas, diseñadores, músicos, etc.

Cuando has sido premiado en la Muestra, ¿has sentido que formas parte de una nueva etapa del cine cubano?

Desde un punto de vista generacional,  evidentemente sí. Desde otro punto de vista me veo más bien como una continuidad. Como guionista he trabajado con directores ya establecidos dentro de nuestro cine, y en estas experiencias la diferencia generacional, lejos de establecer una barrera, enriquece el diálogo con diferentes puntos de vista y le aporta riqueza y mayor complejidad a las historias.

¿Qué crees que diferencie al cine cubano anterior a la Muestra con el que se ha venido haciendo después?

Sinceramente no lo sé. Creo que habría que esperar unos años más para saberlo. Supongo que ha servido para romper esquemas en relación a la producción, o al uso de tecnologías más recientes… Pero eso es algo que inevitablemente pasaría, con Muestra o sin ella.   

Trabajaste el guión de Camino al edén, una cinta de corte histórico, dirigida por Daniel Díaz Torres. La película no fue muy difundida. ¿Qué crees que falló?

Camino al Edén es una película hecha para la televisión, y ese era su destino, al menos fuera de Cuba. Aquí tengo entendido que pasó por la televisión, y estuvo en las salas de cine. No sé que más decirles. Desde que uno escribe el guión hasta que la película se produce y finalmente se estrena, suele pasar mucho tiempo. A esas alturas el guionista ya está enfrascado en otro proyecto al que consagra toda su dedicación. Siempre que veo las películas que he escrito, tengo la sensación que el guionista es otra persona. Estoy al tanto de lo que sucede con la película, pero no con la misma atención que el productor o el director.

En el caso de Camino al Edén, sí podría hablarles del proceso de escritura. Fue muy intenso y estimulante. Como guionista, trabajar con Daniel Díaz Torres ha sido una de las experiencias que más he disfrutado.

Con Pavel Giroud en la premiación de los Goya, en España

Con La edad de la peseta junto a Pavel Giroud te fue muy bien, fue una cinta muy bien recibida por la crítica y jurados dentro y fuera de Cuba. ¿Qué significa este momento en tu carrera?

Mucho. Fue  mi arranque como guionista profesional, y no pudo haber sido mejor.  Ya Pavel había editado dos de mis cortometrajes, Utopía y El Intruso, y era alguien al que conocía y en el que confiaba bastante. Así que le entregué mi guión sabiendo que había caído en buenas manos.

¿Por qué escribes tus cortos con una visión futurista, mientras los largos miran más hacia el pasado?

Flash Forward es el único “futurista” de los que he hecho. El resto de mis cortos transcurre en un presente más o menos vago. Con respecto a los largos, muchas veces son encargos y no es decisión mía establecer la época en que se desarrolla la historia.  De todas formas, es cierto que tengo una tendencia a mirar hacia el pasado, comprobar cómo la historia se repite, y a veces descubrir ecos de ese pasado en la actualidad. Cuando escribo un corto quiero realizarlo, y por  una cuestión de producción, es más sencillo ubicarlo en el presente.

Con frecuencia haces uso de la ironía en tus trabajos. ¿Te llevas bien con ella o es el recurso que has tenido más a mano? ¿Nunca has sentido temor de que el público no llegue al nivel de lectura que tú esperas?

La ironía en mi caso no es ni un recurso ni una elección de estilo, sencillamente es parte de mi manera de ser. Inevitablemente todo lo que haga siempre tendrá ese matiz irónico, escéptico y un poco desencantado. Trato de trabajar desde una historia sencilla que todo el mundo pueda entender sin dificultad. Y a partir de ahí intentar darle capas de sentido un poco más profundas, de manera que cada espectador llegue al nivel que su sensibilidad le permita. Guiones - cebolla. No es nada fácil, y debo decir que no siempre lo consigo.

Fotograma de Gozar, comer, partir

La crítica ha dicho que tu trabajo posee muchas veces una mirada bien sociológica. ¿Lo percibes tú también? ¿Les das la razón?

En algunos de mis cortometrajes, desde luego que sí. Pero es algo que surge orgánicamente. A veces a mí mismo me agobia esta carga sociológica. Quiero librarme un poco de esta mirada y explorar otros enfoques. Aunque precisamente estos cortometrajes (Utopía, Flash Forward y Gozar, comer, partir) son los que mejor han funcionado con el público.

¿Crees que el cine deba encargarse de denunciar o alertar sobre zonas oscuras de la realidad?

Un tipo de cine “comprometido”, sí. Siempre con inteligencia, nunca desde el panfleto, que provoca el efecto opuesto a lo que se quiere denunciar. El humor, la ironía, suelen ser herramientas sumamente eficaces. Siempre están presentes, por ejemplo, en el cine de Michael Moore.

Creo que mis cortometrajes hablan de la realidad también, a su manera. Aunque nunca me he dicho: “Mira que zona mas oscura hay aquí, ¡voy a denunciarla con un corto!”. Si hay algún tipo de alerta o denuncia, está más en la mirada del espectador, que en una voluntad mía.

Pero de cualquier forma, no creo que este cine comprometido sea mejor ni más valioso que otro. El cine debe ser lo que es. Debe haber diversidad. Cine para “alertar sobre zonas oscuras de la realidad”, y también cine para hacerte olvidar por un rato que esas zonas existen. Cine para soñar, para pensar, para excitar, que te saque las lágrimas,  que te asuste, o que te haga morir de risa.

Algunos críticos señalan en parte de tu trabajo rasgos heredados de tu formación en el teatro. ¿Tú mismo lo reconoces? ¿Qué efectos tiene en tu manera de hacer cine tu formación en la teatrología?

Por supuesto. Pero en un sentido más amplio, tiene que ver con mi formación teatral durante el tiempo que estuve en la Facultad de Artes Escénicas. Leí mucho teatro, vi mucho teatro e incluso fui actor ocasional en ejercicios de mis compañeros. Curiosamente nunca escribí ni dirigí nada, aunque tenía la libertad y el espacio propicio para hacerlo.

La teatrología realmente no me gustaba. Aunque de eso vengo a darme cuenta años después. No quiero imaginar que hubiera sido de mí si al año siguiente de terminar en el ISA no hubiese entrado en la Escuela de Cine de San Antonio. Es que no tengo una inteligencia analítica, más bien intuitiva, y me cuesta mucho trabajo teorizar. Mi punto de vista sobre las cosas cambia constantemente.

Muchas personas han visto tus cortos más por vías secundarias, pasándoselos de mano en mano, que gracias a la esfera de la distribución instituida en el país. ¿Cómo crees que las nuevas tecnologías están cambiando las maneras de consumir el cine cubano?

¡Del cine cubano y del cine mundial! En el caso particular del cortometraje, es un formato que en el mundo no suele estar incluido en los circuitos de distribución ni de exhibición en ningún lado, (salvo circuitos muy especializados). Está destinado a verse por “vías secundarias”. Es un género que suele utilizarse como “tarjeta de presentación” de los directores que aspiran a realizar su primer largo.  Es algo que me parece un poco injusto. Me siento orgulloso de que mis cortos hayan provocado interés y sean vistos de esta forma alternativa.

¿Crees que debería crearse un nuevo circuito de distribución del trabajo independiente que les permitiera ganancias para la producción de otros proyectos?

Suena bien, pero no me imagino cómo pueda ser este circuito.

¿Cómo han sido tus relaciones con la Industria y qué esperas del ICAIC?

Me muevo con libertad dentro de la Industria y fuera de ella. Como guionista he colaborado en varios largometrajes producidos por el ICAIC, y a la vez el ICAIC me ha apoyado con la producción de algunos de mis cortos (El Intruso y Gozar, comer, partir). Me parece una relación saludable y fructífera, y confío que continúe del mismo modo.

¿Por qué crees que a pesar de haber una explosión de jóvenes guionistas –la Muestra es prueba de ello- el cine cubano actual no destaca por buenas historias?

No se a cuál “explosión” de jóvenes guionistas se refieren, la verdad.  Tampoco creo que “joven” sea necesariamente sinónimo de “bueno”, particularmente en el caso de un escritor de cine. No sólo vale el talento o las buenas ideas. Hay que escribir muchísimo y todos los días, durante muchos años, para alcanzar la madurez como escritor.

En cuanto a lo de que el cine cubano no destaca por sus buenas historias, tienen razón, y supongo que como guionista, también tengo un poco de responsabilidad en esta carencia.

¿Cómo llegaste al cine?

De manera profesional, a partir de La Edad de la Peseta. Pero mucho antes, desde niño, ya tenía clarísimo que quería trabajar en el cine. En aquel entonces no sabía bien cómo, ni haciendo qué, pero mi vocación era bastante definida.

¿En qué trabajas ahora?

Varias cosas a la vez. En un guión por encargo, y preparando un corto para filmar yo mismo. Con este corto quiero explorar el cine de género, particularmente de terror.  También tengo en la cabeza un proyecto documental al que llevo dándole vueltas desde hace tiempo, nunca he trabajado este género y me da un poco de miedo. Aunque eso forma parte también de su atractivo.

¿Qué historia te ha obsesionado y no has podido contar?

Volviendo a mi fascinación por el pasado, tengo ganas de inventar algún thriller decimonónico ambientado en La Habana. Tengo un par de ideas esbozadas para un guión. Una película bien cara, con un montón de reconstrucciones, y muchos extras. El guión lo escribiré seguro, que se haga o no, es harina de otro costal. Pero al menos me voy a dar el gusto.

¿Cómo ves el cine cubano actual dentro del contexto internacional?

Hay muy poca presencia. No creo que esté en su mejor momento.

¿Qué esperas del cine cubano para el futuro?

Que se diversifique más. Que se arriesgue más. Que logre alcanzar mayor presencia internacional.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.