Aplausos oportunos para un documental acertado
RESEÑA
Por: Lázaro J. González González
Nunca pudo explicar las razones de su preferencia, pero siempre estuvo consciente de estar atrapada en el cuerpo equivocado. A Mavi Susel, Dios le jugó una mala pasada. No pudo practicar deportes con los demás varones, caminar o actuar como ellos. Era mujer aunque todos se empeñaran en negarlo.
Los miedos, desventuras, y decepciones no la hicieron desistir de su propósito. Entonces, la reasignación sexual era solo una quimera y él estaba lejos de sospechar que sería el primer cubano en cambiar de sexo. Corría el año 1988 cuando al olor del quirófano, su sueño rompió las fronteras de la posibilidad. Sin embargo, ese sería el comienzo de su historia, más pletórica de infortunios que de alegrías.
Veinte años después, Mavi ha logrado construir su feminidad pese a los estereotipos y el rechazo por parte de numerosas personas, y ofrece sus testimonios en el docudrama En el cuerpo equivocado, ganador del concurso del Programa de fomento a la producción y teledifusión del documental DOCTV IB Latinoamérica. El mediometraje, dirigido por la realizadora Marilyn Solaya, fue estrenado recientemente en el cine Chaplin.
La historia, sobrecogedora y atrevida, no llega tampoco a lo melodramático. Ficción y realidad logran una armonía indiscutible; imbricadas en una misma línea dramática transcurren los diálogos de la propia protagonista, las representaciones de su pasado y el simbolismo del conflicto. A la tríada, fruto del guión de Marilyn, se agrega el contraste con los argumentos de Sissi, travesti que también anhelaba la transexualidad pero no contó con apoyo y fue rechazada. Del encuentro entre ambas surgen cuestionamientos sobre la feminidad y los prejuicios en una sociedad machista y homofóbica.
A la narración, le sobra fluidez y verosimilitud. Tanto palabras como imágenes logran comunicar la complejidad humana y los conflictos existenciales de seres considerados diferentes y marginados por la mayoría de la sociedad. Las alegorías visuales, logradas con los maniquíes -dispersos en todo el periplo cinematográfico-, sugieren poéticamente la diversidad sexual y adquiere un peso dramático bastante significativo en el mediometraje.
Con igual destreza, la dirección de fotografía de Raúl Pérez Ureta y la edición de Manuel Iglesias, llenan la cinta de planos ágiles y cargados del sentido que propone el documental, totalmente funcionales con la dramaturgia. La Mavi actual se cruza en el Malecón habanero consigo misma en la niñez y la adolescencia. Infancia, juventud y etapa adulta se prueban el mismo vestido frente al espejo, se confunden cronológicamente sin perder la coherencia visual. La iluminación interviene con notable eficacia en el dramatismo que nos conmocionó, porque sabíamos que todo era absolutamente cierto.
Asimismo, la música original de Roberto Carcassés, dialoga con la historia, junto a la Camerata Vocal Sine Nomine, capaz de mantener alerta al espectador por el desenlace que sugiere el canto, y a la inigualable voz de Beatriz Márquez, cantante preferida de Mavi. Brillaron además, las actuaciones de Amanda Gallardo ( Mavi niño) y Lyam Sarduy (Mavi adolescente), ambas físicamente muy parecidas a la transexual.
Definitivamente, a la directora le sobraron recursos para cuestionar con valentía, tocar temas sensibles desde el punto de vista social, con la digna profundidad del mejor arte. En el cuerpo equivocado, ganó con creces sus aplausos en su estreno y hasta algunos silbidos de espectadores emocionados. Los grupos numerosos que abandonaron esa ocasión la sala cinematográfica, miraban con respeto a la protagonista, presente en la proyección y conmovida también porque muchos habían comprendido su derecho a elegir. |