A los jóvenes realizadores nada nos une
El premio tras las cámaras
La novela de los muchos besos
Historias que cuentan historias
Barcelona, una ciudad de tanta soledad
Con los ojos fijos en la altura
Del cine, el arte y el ensayo
Estamos apostando por la diversidad
A la carga…contra la virginidad audiovisual
El día que el cine cubano no exista, no tengo más nada que hacer
Otra apuesta desde el audiovisual
Una cita con Santiago
Arturo Infante: ironía, escepticismo y desencanto
La mujer en el centro del lente
Queremos hacer un cine que renueve
Nadie puede negar lo que tú quieres ser
El placer de resolver misterios (o, al menos, intentarlo)
Brevísimas acotaciones
Premios de la Novena Muestra de Nuevos Realizadores
El desafío es escarbar dentro de nosotros mismos
El cine exige talento
El cine es mi venganza contra el no mentir
Una muestra de madurez serrana
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Ián Padrón
A los jóvenes realizadores nada nos une
ENTREVISTA

Por: Carlos Ríos y Lourdes Stusser

Ian Padrón anda dando vueltas por el mundo del cine hace más de una década, pero sigue siendo parte del grupo de jóvenes realizadores que intenta renovar drásticamente ese arte en Cuba, aunque eso aún esté bajo discusión. Es el autor del polémico documental Fuera de Liga, y del recientemente visto en las salas de la isla Eso que anda. A punto está, aunque nada es seguro en medio de los altos costos del séptimo arte, de entregarle a los cubanos su primer largometraje de ficción: Pleiesteichon. Tiene en su casa una pequeña habitación dedicada a las glorias del béisbol nacional, porque parece conjugar en el mismo tiempo y espacio, todas las cosas que le apasionan, además del cine. Su padre es Juan Padrón, realizador de dibujos animados, pero él no se dedicó a lo mismo. Prefirió darle vida a otros seres o a otros acontecimientos, y su talento se ha puesto a prueba y se ha crecido en cada una de sus obras. Más de una veintena de video clips llevan también su firma; él ha logrado fundar un universo de imagen a muchas canciones que hoy forman parte de la banda sonora de las calles de Cuba. Sin duda alguna, Ian Padrón pertenece a ese equipo disperso de generaciones que desea por poner su punto de vista artístico al servicio de la realidad cubana. En esta entrevista nos comenta sobre eso y algunas otras razones de su cine y de su historia.  

Entraste por la puerta grande del cine. Tu tesis Motos la hiciste en 35 mm y fue a algunos festivales internacionales. Es una oportunidad que no todos los jóvenes tienen. De ese momento hasta hoy, ¿cuánto ha cambiado tu perspectiva de lo que es el cine y de lo que es y será tu cine?

Yo tuve lo que ustedes le llaman la suerte de poder filmar en 35 mm una de las pocas tesis de un alumno de la escuela que ha podido hacerse en ese formato, pero también fue un propósito personal. Yo quería respetar a la escuela, porque la facultad se decía de Medios Audiovisuales, o sea, Radio, Cine y TV, y nadie había logrado hacer un trabajo en cine. Me atrasé un año en graduarme, sacrifiqué un año de mi vida para que fuera así. Lo que más me gusta de ese trabajo, es que logré trabajar el cine en su verdadero sistema, haciendo positivo, editando en moviola, cortando físicamente la cinta, haciendo un magnético de sonido, haciendo un óptico, una copia compuesta, rectificando en laboratorio: el cine como es desde hace 100 años. Si uno es director de cine, tiene que pasar por esa experiencia. Los alumnos de la Escuela Internacional del Cine y TV de San Antonio de los Baños hacen físicamente el cine en 16mm o en 35mm. Pero acá en la FAMCA (Facultad de Medios Audiovisuales) es más teoría, y poca práctica.

Uno va como por escalones. Yo logré hacer ese trabajo, le fue muy bien, la gente se rió mucho y la pasó bien en el cine, aunque no decía nada del otro mundo. Era bastante elemental ese cortometraje, pero me permitió trabajar el cine con todas las de la ley, y fue un primer paso. Como decimos en el juego de las bolas, “poner tiro”, empezar a caminar y quizás ahora, 10 años después, es que creo que ha dado uno o dos pasos.

Me di cuenta de que es muy difícil hacer una obra audiovisual de ficción. Porque puedes comenzar filmando el final del material, a mitad filmar el inicio, y al final filmar lo del medio. Tienes que tener una gran concentración. Uno cuando está estudiando siempre tiene dudas: “¿tendré la capacidad para hacer esto toda la vida?” Ahí fue que por primera vez se me reveló que podía ser cineasta. Una madurez personal. Pude decir: “soy cineasta”. Aunque pienso que uno siempre es aprendiz, pero ahí uno se acerca ingenuamente a creer que puede hacer algo.

Tu colaboración con el ICAIC viene de 1996, cuando hiciste el making off de Amor Vertical. Has estado dentro y fuera de la Industria. ¿Qué esperas de ella y qué crees que pueda brindarle a tu generación y a las más jóvenes que comienzan?

Fuera de Liga, un polémico documental.

Yo me crié en el ICAIC cuando era niño, viendo cómo se hacían los dibujos animados. En 1996 empecé a trabajar profesionalmente, no como parte del ICAIC, sino contratado. Nunca pertenecí a ninguna institución. Siempre hago el chiste de que sólo pertenezco a los CDR. Y hasta el 2003, hasta Fuera de Liga, todo lo hice institucionalmente.

El ICAIC en todas las épocas ha marcado una diferencia positiva con respecto al cine cubano. Al principió logró aglutinar a cineastas cubanos que estaban dispersos incluso por todo el mundo, a todos esos aprendices: Titón, Santiago Álvarez, Julio García Espinosa… jóvenes entonces. Logró unirlos y fomentar una industria que evidentemente cambió la historia del cine cubano, que ya existía, pero adquiere su fuerza a partir de 1959. Pienso que en los tiempos actuales el ICAIC está soportando el encontronazo de la nueva generación que surgimos con el Período Especial, con la crisis económica; el encontronazo de esa generación que no respeta tanto lo institucional, que se ha impuesto además de las instituciones y alternativamente a ellas. El ICAIC también está aguantando el encontronazo de las tecnologías, porque antes para poder ser cineastas había que contar con él, porque sólo él tenía laboratorios y técnica, las cámaras de cine… También ahora saben que no son exclusivos. Ahora mucha gente con una pequeña cámara de video, de fotos y hasta con celulares, puede lograr captar una imagen, llevarla a un cubículo de edición, a una computadora, editarla, sonorizarla, hacer música y crear un discurso, hacer una obra audiovisual sin contar con el ICAIC. El ICAIC se ha enfrentado en los últimos 10 años a esas problemáticas, y yo creo que las ha aguantado bastante bien, aunque quizás muy lentamente.

Se han hecho cosas inteligentes, de acercarse a los jóvenes, de no darles la espalda, de invertir en tecnología parecida a la que tienen los jóvenes en las calles. Pero van demasiado lentos, no van al ritmo de los más jóvenes, y hay muchos que no quieren seguir trabajando con el ICAIC, no les interesa, porque las formas de producción son mucho más lentas que las de ellos. Y se les pasa la vida sin hacer sus películas. ¿Qué espero del ICAIC? Que sea inteligente, que siga básicamente por los caminos que va, pero más rápidamente, con otras dinámicas, que tiene que flexibilizar aún más los modos de producción, para que la gente no se vaya. El ICAIC debería ser más exigente, pidiendo que se invierta más presupuesto en el cine. Porque es una profesión que se puede perder.

La Muestra de Nuevos Realizadores visibiliza hoy día un fenómeno que en tus comienzos tenía menos alcance y también menos oportunidad de exhibición… ¿Cómo ves ahora los panoramas de producción y exhibición para los jóvenes en Cuba?

Ian Padrón con Alejandro Pérez, director de fotografía durante un rodaje.

La Muestra forma parte de esas acciones inteligentes del ICAIC. Lo hizo en un momento donde había una explosión de realizadores, algunos trabajábamos con el ICAIC contratados, logramos conocernos, compenetrarnos, ver los puntos que teníamos y no teníamos en común. Y se logró crear un espacio, sobre todo teórico, y en muy poca medida social, donde los críticos y la prensa pueden ver la obra de los jóvenes realizadores. Aunque no es menos cierto que antes de la Muestra se hacía muy poco, digamos que ahora está en un 50% de ese camino, pero le falta otro 50% más. También es un poco de experimento que se hace, donde se ve quiénes son los jóvenes realizadores como los pitcher en la pelota. Se ve quiénes son los mejores pitcher, y se le da la oportunidad a alguno que pitchee en un juego –que es hacer una película-…  Eso es lo principal, y creo que es un gran logro, pero todavía desde el punto de vista de exhibición, de impacto en los jóvenes cubanos, le falta mucho. Quizás la Muestra espera que los jóvenes de otros ámbitos vayan a ella, y tal vez debe ser al revés: la Muestra se debe organizar para ir a la Universidad de La Habana, hacia donde están los jóvenes, y no que los jóvenes vayan a la Muestra. Tampoco soy un especialista, hace muchos años que no participo, me desencanté mucho con todo. Te digo lo que veo desde afuera.

¿Percibes alguna identidad común que una a los llamados “nuevos realizadores” de la Cuba contemporánea?

Eso es un tema para escribir un libro. Si algo une a todos los realizadores jóvenes cubanos, es que nada los une.  No hay manera de encerrarnos en solo espacio o una única tendencia. Quizás seríamos más fuertes como grupo de creadores si tuviéramos opiniones comunes, si nos sentáramos juntos y manifestáramos juntos y en una misma posición común muchas cosas. Pero no existe esa posición común. Nadie ha logrado aglutinarnos, aunque somos un grupo, pero no compacto. Ese es el principal rasgo. Todo el mundo hace lo que siente, lo que piensa, a su manera, desde su criterio; no como en otras épocas donde los realizadores siempre lograron unirse ante un problema, y aunque no estaban de acuerdo en todo, tenían puntos en común. En mi generación, no. Y eso es preocupante, porque siempre pienso que cuando todo está bien, no hay problema; pero cuando hay crisis, cuando hay censura, cosas preocupantes, debería encontrarse una posición común de fuerza. Pero no pasa eso. En realidad hay una anarquía total, cada quien hace su trabajo, todos nos conocemos, nos respetamos mutuamente, pero no hay una unión.

¿Qué momento crees que viva el cine cubano?

El cine cubano está en un momento interesante, hay una generación que está terminando y otra que está empezando.  Están confluyendo las dos, se está viendo cine de realizadores de 60 años con el de realizadores de 30, y hasta de menos. Yo creo que el cine cubano está hace rato a punto de dar un golpe fuerte en la cinematografía internacional. Por ahora quizás, aisladamente, hay una película que logra impactar, y girar la vista de la crítica y los productores internacionales hacia a Cuba. Pero creo que en menos de 5 ó 10 años pasará esto que te digo, alguien lo logrará, dar un paso fuerte como el que dio Fresa y Chocolate, y de alguna manera Guantanamera también, La Bella del Alhambra… a finales de los 80, comienzos de los 90… Y ojalá ocurra de nuevo, ojalá viren la mirada hacia Cuba.

El principal problema que le veo al cine cubano es que no hay salas de cine, todas están deterioradas, las proyecciones tienen muy mala calidad, y aunque al público cubano le gusta el cine cubano, no hay buenas condiciones para irlo a ver. Y también el dinero que se recauda en los cines –sea poco o mucho, y en pesos cubanos-, no va directamente de nuevo a la Industria del cine. Debería ser una línea, que si una película logra un millón de espectadores, ese dinero que logra recaudar, vuelva al ICAIC.  El cine cubano tiene que luchar por tener un presupuesto mayor, si no se logra eso, siempre estaremos con dos o tres películas al año. Los cineastas necesitan hacer cine para llegar a una obra maestra. Y aquí se hace cine cada 5 años, cada 8 años. Un gran realizador como Fernando Pérez tiene 5 ó 6 películas. Un director de su edad y con su calidad, tendría 15 ó 20 películas en cualquier sitio. Pineda Barnet, lo mismo. Mi padre, tiene 4 de dibujos animados. En Cuba siempre se ha hecho muy poco cine. Menos Titón que logró hacer 10 ó 12, lo demás hicieron muy poco. Y eso es grave y lo seguirá siendo hasta que no se ponga dinero en el cine cubano.

Has dicho anteriormente que tu película Pleiesteichon tiene que ver con el éxito o el fracaso en la vida de las personas en relación con sus tenencias materiales. ¿Qué es Pleiesteichon, cuándo se verá, y qué esperas de lo que pueda dejarle al público?

Pleiesteichon es una variante de eso que te explicaba. Logramos un financiamiento con presupuesto de instituciones, pero con una manera de producir más a lo independiente. Llevamos 8 meses esperando para poder comenzar la postproducción de la película, por problemas económicos, el país está en una situación complicada… Es una película que no te puedo decir ni cuándo saldrá, es la primera producción audiovisual de La Colmenita, y es la historia de dos niños que están en una misma aula de una escuela cubana en la capital, pero no se conocen, no son amigos, y por una X situación pasan un día juntos. Se dan cuenta cuán iguales y cuán diferentes son sus rumbos, sus maneras de ver la vida. Estoy muy contento con los actores y con el proceso de filmación, no tengo fecha de cuándo se va a poner, y no sé si saldrá una película digna, que sería lo ideal, que se pueda ver, que a la gente le guste. Pero no he podido terminarla, tal vez para finales de este año y principios del otro, o tal vez para el verano próximo… ese es mi proyecto fundamental de este año.

Pleiesteichon es precisamente tu primer largometraje de ficció. Luego de que por fin lo has podido hacer y tienes ambas experiencias, ¿qué te permite expresarte con más libertad y comodidad: el documental o la ficción?

Yo tengo 34 años acabados de cumplir, y no puedo definir mi vida ni mi carrera. Pero sí veo más adrenalina en el documental, es más afín a mí. En el sentido en que puedo hacer la película de una manera más espontánea, tengo que vivir la realidad que estoy filmando, tengo que interactuar con ella de una manera más orgánica. Con la ficción paras la calle para filmar, pides silencio, y creas una realidad para el cine. En el documental no, la mayoría de las veces. Tienes que filmar con la gente de verdad, en los escenarios reales, no hay nada prefabricado, no hay nada prehecho, no utilizo ni narrador, yo dejo que la gente hable y diga lo que quiera y con eso mismo voy armando la historia. Me es más interesante el trabajo en el documental, aunque me interesan ambas cosas. Porque la ficción te permite crear un mundo a partir de algo que no existe, de un papel, de un guión… Son dos maneras distintas de divertirse.

Fuera de liga vino acompañado de una gran polémica. A pesar de la terrible sensación que en ese momento debió inundarte, ¿cómo crees que ese debate influyó en ti como creador?

Uno siempre ha tenido situaciones que marcan, para bien o para mal, tu trabajo. Ya sé que todo lo que haga, mejor o peor, siempre estará marcado por Fuera de liga. “Soy el que hizo Fuera de Liga. Y eso tiene lados buenos y lados malos. Lo que uno pretende con un trabajo es que el espectador llegue, se siente y se impacte, se emocione, llore, se ría, pero a partir de una comunicación directa. A la vez que se engaveta algo, las personas ya no van a ver tu trabajo en sí mismo, sino qué fue lo que no se exhibió. Es inherente al ser humano. Fuera de Liga me ha dado mucha promoción, buena y mala, me ha dado un lugar, a la gente le gustó, se dice que hay 1 millón de copias piratas en todo el mundo. Es bonito porque la gente te agradece en la calle, te ubica en su vida, en su panorama, porque hiciste algo que les llegó. Pero desde el punto de vista personal fue muy duro, me cambió todo como creador. Inclusive algún día sé que voy a escribir un libro de recopilación de todo lo que hubo alrededor de Fuera de Liga, lo que la gente sabe, lo que no sabe, el cabildeo, las cartas, los correos. Fuera de Liga es la ubicación para mucha gente de cuál es mi trabajo, y también es una cicatriz que ha sanado bastante, pero que siempre vuelve a doler. Lo he tratado de superar haciendo más trabajo, siendo padre dos veces.

A propósito de Fuera de Liga, decías en una carta que entonces circuló por Internet: “Tengo 33 años y como artista, le brindo a mi país parte de mi juventud y mi tiempo para llevar a cabo acciones que puedan regenerar la perdurabilidad de esta pasión entre todos los aficionados.” ¿Por qué el cine te permite brindar tu juventud y tu tiempo a las áreas de la realidad cubana que te interesan?

Eso es una carta que hice sobre el béisbol cubano, y me refería a que creo que en Cuba, en el cine y en muchas cosas, no se hace uso de su patrimonio en fomentar que las generaciones que vengan sean más auténticamente cubanas. No hay un museo del cine, o del béisbol, o del atletismo. Aunque yo soy cineasta, dije que estaba decidido a dar mi tiempo a que se hiciera un museo del béisbol cubano. Todavía soy de la gente joven que está más “a la calle”, más cerca de la realidad y menos ingenuo. Pero todavía creo tener la ingenuidad suficiente para creerme una Cuba donde eso se pueda hacer. Tengo esa ilusión de poder salvar el patrimonio de los jugadores de béisbol cubano, que para mí es más importante que el ballet y el cine cubano y la literatura y la música. Es cultura cubana a pulso. Yo quisiera salvar ese espacio. Dije que en esa y otras cosas estoy dispuesto a renunciar a mi trabajo personal en aras de que eso les quede a mis hijos y a mis nietos.

¿Qué áreas de la realidad te interesan más para abordar en tus películas?

Cada vez me interesan menos. Cada vez me es más difícil encontrar temas que me emocionen. Me imagino que los encontraré, pero también en mi caso, porque vengo de la decepción, de que a veces criticando, para mejorar cosas, recibes la incomprensión y el rechazo. Lo sigues haciendo, pero también te aburres. ¿A quién le planteas las cosas, quién te va a oír? Se corta la comunicación cuando la obra no se ve cuando se hace. Cada vez que me voy a meter en un reto nuevo, me digo: ¿puedo hacer algo que realmente logre impactar a la gente? Lo que no está bien es que dedique dos años de mi vida y mis recursos y mi tiempo y después no tenga manera de mostrarlo. Por eso me es difícil. Cada vez me es más difícil enamorarme de un tema, por eso me dedico más a la ficción, al video clip… para no obligarme a coger un proyecto de ese tipo. No me cojo las cosas a la ligera.

Con una ascendencia tan decisiva en el mundo de la historieta, ¿qué te hizo alejarte de ella y moverte más al documental y a la ficción de los adultos?

Dicen que cuando era chiquito pintaba más o menos bien, pero no lo desarrollé por el rechazo de las consecuencias de la fama. Los hijos de la gente famosa pasan por diferentes estadíos de admiración y rechazo hacia lo que significa ser el hijo de alguien conocido. Era el hijo de Juan Padrón, el hermano de Elpidio Valdés… Como ser humano busqué una manera diferente de expresarme, buscarme un nombre al margen de la historieta. De todas maneras, mi casa está decorada con historietas. Sí siento una gran admiración por la obra mi padre, para mí es uno de los cineastas cubanos más importante de los últimos 40 ó 50 años. Pero me alejé.

De los realizadores de cine, eres uno con una cantidad récord de videos clips. ¿Por qué este género y cuánto crees que le esté aportando al audiovisual cubano?

Juan Formell y Ian Padrón durante el rodaje de Eso que anda.

El video clip vino a resolver algo que no lograban el ICAIC ni la televisión. Es que los realizadores, los fotógrafos, e incluso los actores, el personal técnico, pudieran mantenerse durante más veces al año filmando, creando una producción, creando atmósferas. Y eso hace que muchos realizadores tengamos una obra mucho más grande en videos clips, que de documental o ficción. Uno se mantiene calentando el brazo. Además de que hacer un video clip es algo muy difícil, porque partes de una canción, que tiene que ser lo mejor posible. Partes de un cantante que tiene que tener una imagen y una actitud audiovisual, y un carisma. De un presupuesto –que en Cuba es bastante chiquito-; y un mercado, o sea, de cómo la gente ve esa música. Es dificilísimo. Es un gran reto y me encanta. Crear una atmósfera en tan poco tiempo es difícil. Yo he hecho más de 20 y lo disfruto mucho, además porque sé que es mi mayor entrenamiento. Te ayuda a quedarte aquí, ganando un poquito para lo mínimo, pero aquí. Y ojalá se pudiera hacer más publicidad, que es un género muy bueno porque se sintetiza mucho.  

Hace sólo pocas semanas tu documental Eso que anda, sobre los 40 años de Los Van Van, “andaba” por la salas de cine de La Habana…  ¿Por qué Los Van Van y qué te dejó ese documental a tus puntos de vista como cineasta?

A mí me pasa que de los 20 años para acá, he venido a trabajar con temas y con personalidades que cuando niño, me eran importantes, atractivos, como el caso de Carbonell, Carlos Varela, Elpidio Valdés… De chiquito me impresionaba mucho en un vecino que era guagüero y se llamaba Isaac, con qué pasión él oía y seguía los discos de Los Van Van. Aquellos grandes de vinil, con Pedrito Calvo en la portada con una venda y el título de El negro no tiene na´.  Los Van Van siempre me impresionaron, porque vi que movían desde la gente más preparada hasta la gente más supuestamente elemental, o menos preparada, como puede ser un guagüero. Ahora cuando he podido trabajar con Los Van Van –haciendo todos sus audiovisuales en los últimos 5 años- realmente me he percatado de que son algo que ya trascendió, que se tiene el privilegio de vivir en la misma época de ellos, pero serán mucho más grandes a partir del tiempo, sus grabaciones serán inmensas. Oyes algo de hace 35 años y aún puedes bailar.

También muchos audiovisuales míos tienen música de ellos, el nombre de Fuera de Liga viene de ellos. Para mí es un privilegio. Ellos forman parte de la vida de los cubanos. Y tienen una condición que yo no he visto en más ninguna música cubana bailable: puedes reír, llorar de emoción, conmoverte, sacudirte, acordarte de toda tu familia, de los que perdiste… oyendo a Los Van Van. Eso pretende Eso que anda, reflejarlos un poco, aunque sé que son inabarcables.

Los Van Van durante la grabacion de Aquí el que baila gana.

En la Conferencia de Prensa de Eso que anda, Juan Formell anunció que daría unos 70 conciertos este año en los Estados Unidos. ¿Te interesaría filmar la recepción de su música en un país que mantiene tanta controversia con Cuba?

Hace mucho tiempo le estoy planteando a Los Van Van, que si algo les falta, es tener un material que refleje su impacto cultural fuera de Cuba. Pero también no me he encontrado a una institución cubana que me haya planteado un financiamiento para hacer este trabajo de tanta envergadura, una producción muy grande. Ojalá se pudiera. Siempre vemos los “world tour” de Shakira, por ejemplo, con millones de dólares atrás, y tal vez Los Van Van con muchos menos recursos logran un impacto y un enternecimiento tan o más conmovedor. Me encantaría dedicarle un par de años a algo así.

Has confesado y demostrado ser un apasionado de cosas a las que los cubanos son rotundamente apasionados, como el béisbol y la música… ¿también te consideras un cineasta esencialmente cubano?

Yo provengo de una familia de españoles, sobre todo por mi madre. Soy la primera generación que nació en Cuba, y dicen que soy el más cubano de la familia: bailo, toco rumba. Pero tengo un problema: no me siento un cubano de esta época, me siento más reflejado en los mambises, en gente de más atrás. Me cuesta mucho trabajo convivir ahora con cosas que están pasando, cosas muy poco patrióticas, muy poco cubanas. Me siento cubano cuando hago cosas como mambí, tratando de salvar las esencias del país. Ya lo de cubano se ha convertido en el choteo, hacer más con menos, el tipo que no tiene los recursos pero hace las cosas, el que tiene que entender los problemas de los demás… Y yo soy muy intransigente con la falta de seriedad, la falta de rigor, de tolerancia… Si eso es ser cubano de este tiempo, no me siento cubano. Aunque sí de la otra manera, en el rigor que tenían los de antes, me identifico más Titón, con Santiago Álvarez, con mi padre… otro nivel de compromiso con la realidad.

¿Qué le hace falta al cine cubano que no tiene?

Producir más. Aunque salgan muchas obras malas. Que todo el que quiera hacer cine, con una mínima noción, que lo haga. Porque el cine cubano necesita obras que lo apuntalen, que lo ayuden, acá adentro e internacionalmente. Si se hacen sólo 2 ó 3, es muy poco probable que salga algo contundente.

¿Qué esperas del cine cubano para el futuro?

Lo que espero es que lo poco que se haga, se pueda ver, se respete, que las cosas no caigan en manos de gente que no valora el cine, que no respeta la cultura cubana. Los síntomas van por el lado contrario a eso. Hay mucha gente que no le interesa el cine.

En una entrevista anterior decías que hacer cine es tu vida y sólo la muerte te lo impediría. ¿Por qué y que planes tienes para no morirte en el futuro por no hacerlo?

Decía que me moría haciendo cine sobre todo porque es lo que yo creo que es donde soy más útil. Me hubiera gustado ser un buen pelotero o un buen médico, o hubiera sido un buen abogado. Todos los días trato de hacer cosas que yo creo que están bien hechas, que no van en contra de mi país, cosas que pueden ayudar a mi país, y eso lo voy a seguir haciendo toda mi vida. Y si quieren crear una polémica les digo que sí pudiera dejar de hacer cine, pero lo que no podría es dejar de luchar por las cosas que son justas para Cuba, nunca traicionaría a nadie ni a nada por hacer cine. Sé que mi país está por encima de mi trabajo, sé que la cultura cubana y que el resto del cine cubano están por encima de mi trabajo. Y yo lucharé siempre por hacer cine, cuando no obstruya esas otras cosas. Nunca usaré mi trabajo como pedestal para lograr cosas más arriba. El día que tenga que cambiar el cine por algo más importante, lo haré. Nos podemos ver en 5 ó 10 años para ver por dónde van los tiempos.

¿Después de Pleiesteichon, qué?

Estoy haciendo un video clip con Liuba María Hevia y con mi papá. Estoy haciendo el audiovisual y el concierto - DVD de una cantante lírica, Elaine. Acabamos de terminar la edición del próximo material de Los Van Van, su concierto por los 40 años. Está en planes también hacer un concierto con grande éxitos de Beatriz Márquez, a quien admiro mucho. Y sobre todo este año terminar Pleiesteichon, que es una espina que tengo encajada y quiero sacarla. Saber si filmamos algo digno, y sobre todo, que los niños cubanos la puedan disfrutar.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.