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A 800 km de la capital: animados a la vista
ENTREVISTA 

Por: Cosette Celecia

"Una tienda de artículos infantiles", pensé al ver por primera vez el lugar. La hermeticidad de las altas puertas de madera y cristales, delataba el privilegio que resulta por estos días la climatización. La “calurosa bienvenida” que me daba la Ciudad de Holguín me hacía refugiarme, de tramo en tramo, en esos pequeños oasis que resultan los espacios públicos con aire acondicionado. Lo confieso, por eso llegué hasta allí.

No fue hasta entrar que descubrí  en realidad de qué se trataba. En ese edificio recién reparado, para más contraste justo frente a las ruinas de la Plaza de la Marqueta, Anima se anuncia en letras grandes y rojas que sobresalen en una fachada decorada con un vistoso mural lleno de “muñequitos”. Uno de los jóvenes --casi adolescente-- que trabaja allí, me explicó que me encontraba en los estudios de animación de Holguín, mientras con pases mágicos de clics y teclado daba movimiento a unas graciosas figuras en la pantalla de su ordenador.

“Personajes de dibujo como gente, animados por la vara de algún brujo…”; comenzó a darme vueltas la canción de Pedro Guerra ante aquel develamiento que no quería pasar por alto. Así surgió la idea de esta entrevista a Adrián López Morín, director de Anima, quien llegó poco después para descubrirme parte del universo que crean en sus estudios. Conversábamos. En la sede del periódico Ahora, ubicada en el piso superior del inmueble, se construía la realidad, mientras en la propia Anima, rodeada de contrastes, se seguía creando un mundo fantástico.

¿Cómo se ha insertado este proyecto dentro de la producción de animados en Holguín y en relación con las otras productoras de animados cubano -una perteneciente al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) y la otra al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica(ICAIC)?

En Cuba existen solo esas dos productoras de animados, una que trabaja con el ICRT, que para desgracia del dibujo animado está en muy malas condiciones y la otra la constituyen los Estudios de Animación del ICAIC. Nosotros le presentamos este proyecto al Ministerio de Cultura,  de ahí pasó al ICAIC y con el apoyo de las autoridades de la provincia se decidió crear primero un pequeño grupo de desarrollo, o sea: 4 gatos tratando de hacer dibujos animados. Soy graduado del ISA, a donde entré con la idea de hacer dibujos animados; me gradué con animación y gráfica aplicada y mi único objetivo después de eso ha sido crear un grupo para hacer dibujos animados.

En un principio no había mucha confianza en que un trabajo tan complejo como este se pudiera desarrollar desde una provincia. Lo otro es que no nos hemos querido ir para La Habana a trabajar como independientes o “free lance” como le llaman, porque esta es nuestra ciudad y al menos yo, quiero hacer lo que me gusta y quiero hacerlo desde  mi espacio.

De algún modo ya los Estudios de Animación del ICAIC habían experimentado con grupos independientes, de ahí salió el caso de Orichas, y de ahí nació Ernesto Piña, en la Muestra de Nuevos realizadores, pero nosotros no apostamos por nada de eso. También sucede que en las provincias se exige mucho más que todo sea institucional, que esté respaldado, y bajo esa premisa fue que decidimos crear un grupo de desarrollo.

Comenzamos con un grupo de estudiantes que yo venía formando a través de un taller de animación que imparto en la Escuela Provincial de Artes plásticas y ellos mismos me ayudaron a hacer el primer material: un video clip a una canción de El Guayabero, bastante primitivo en cuanto a la factura.  Así empezamos a darle forma a un grupo de trabajos hasta que comenzamos a demostrar que éramos capaces de hacer animados de manera seria, porque la idea es hacer este trabajo porque nos apasiona, pero también como producción, en función de la industria.

Todo este primer año de trabajo precisamente lo que hemos ido haciendo es eso, engrasar la maquinaria, trabajar en función de planes, de cronogramas de entrega. Hoy somos una filial de Los Estudios de Animación del ICAIC. Ya no somos un grupo de desarrollo, sino una institución en nacimiento con algunos premios: este año nos otorgaron el Premio de la Ciudad en Animación, además del premio en Comunicación Integral por una campaña de calidad de vida, la misma que obtuvo también el Premio Imagen de Cristal que entrega la Televisión Cubana (TVC). Además obtuvimos un premio en festival que celebran los propios Estudios de Animación del ICAIC -- El Voláo-- lo cual es muy importante para nosotros porque es un reconocimiento que viene de los propios animadores. También estuvimos nominados al Cubadisco con Despertar en el Lomerío, un clip a una canción infantil, o sea, que ya somos un colectivo con resultados de trabajo.

¿De qué modo se insertan en esa industria a la que te refieres?

Tenemos varias estrategias de trabajo: una es el encargo estatal, u oficial, donde proponemos los proyectos a los Estudios de Animación , ellos los aprueban y trabajamos en eso, esa es por ejemplo, nuestra línea de diseño de videos clip infantiles. La otra cosa que hacemos es dar el servicio a las instituciones, a las empresas nacionales y a productores extranjeros.

Ahora, por ejemplo, estamos haciendo un trabajo por encargo para un importante jazzista canadiense que se llama Big Boguel, quien nos ha encargado un video clip que será uno de los primeros clips en 3D totalmente hechos en el país, porque todos los experimentos que se han hecho aquí han sido en colaboración con Iber Media y este ha sido 100 por ciento hecho en Cuba, con nuestros creativos y eso es un logro.

Lo otro en lo que trabajamos es en la organización de eventos y festivales. Tenemos un espacio que se denomina Muestra de Dibujos Animados, donde cada cierto tiempo ponemos en los cines holguineros lo último que producimos nosotros, lo último que se ha hecho en Cuba y también una muestra de materiales internacionales bien actuales. Ese es un  espacio que antecede la propia creación de Anima, pues tiene ya tres años y fue en buena medida impulsor de esta otra idea.

Hacemos promoción de dibujos animados, producimos animados y además, capacitamos animadores, por eso no nos consideramos un estudio de animación, sino un proyecto cultural.

¿Cómo influye en el trabajo --no obstante esa labor de capacitación-- la ausencia de una Escuela de animación? 

Alguien tiene que empezar con la “Escuela de Animación Cubana”, a lo mejor somos nosotros, a lo mejor no, pero estamos formando animadores desde la educación artística. Casi todos los que trabajan aquí son graduados del nivel medio de artes plásticas. Estamos en conversaciones con el Instituto Superior de Arte de Holguín, para generar el perfil de animación, el cual no existe ni en Plástica ni en Audiovisual, ni en Diseño Gráfico, pues aunque es una asignatura en el Instituto Superior de Diseño, lo es como complemento, y la animación es ya en sí misma una técnica que ha invadido la televisión, el cine, y los diferentes medios de expresión como la multimedia, la web.

Un buen especialista en animación es alguien que contribuye mucho a la estética visual del trabajo; quizás uno de los problemas de la Televisión Cubana es que tenga pocos animadores gráficos y uno ve pequeños destellos, por ejemplo, en la presentación de los canales, en algunos spots muy bien hechos, pero a todo lo otro le falta. Nosotros quisiéramos contribuir también a eso. Ahora estamos trabajando con  la televisión holguinera, diseñando presentaciones de programas en función de mejorar su estética.

Creo que en Cuba puede haber un boom nacional de animados y no precisamente desde los estudios del ICAIC, porque en cada provincia hay, o una filial del ISA en Audiovisual, o una escuela de artes plásticas, o instituciones de formación artística que pueden tributar a los pequeños Anima en el resto de la Isla, porque justamente el fenómeno del animado en Japón viene de experiencias de este tipo.

¿Tienen mecanismos de retroalimentación con el público?

El hecho de que el público asista a las muestras que organizamos acá es una forma de saber que no vamos por rumbo tan equivocado. La otra cosa son los criterios de especialistas y según sus juicios también hemos tratado de ir mejorando cada vez más en cuanto a técnica, animación, color, porque todavía no lo dominamos todo y estamos en pleno proceso de aprendizaje.

Lo que más hemos producido son clips infantiles y recién ahora comenzamos a trabajar la ficción, porque para eso hay que dominar una técnica que se llama lifting,  empleada para realizar el movimiento de la boca de los personajes en función de los parlamentos, lo cual es una de las cosas más difíciles, y eso lo hemos estado practicando todo este año.

Cuando nosotros llegamos a los Estudios queríamos hacer Abdala, una obra de ficción, con todo el drama que lleva esa obra de Martí y nos dijeron que debíamos calentar el brazo primero, aprender a animar bien, porque era una obra muy compleja y no estábamos listos entonces. Abdala era una pretensión muy grande, porque es una adaptación a una historia de ciencia ficción recreada en la cultura Maya, en la ciudad de Astlán, que no es más que la Atlántida mesoamericana.

¿Hay en Anima la intención de marcar un estilo que caracterice al proyecto, o cada creador mantiene una línea propia de trabajo?

Las dos cosas. Primero porque en Cuba, hasta ahora, todo lo que se hace es dibujo animado de autor. O es Juan Padrón, o es Tulio Raggui, o es Mario Rivas; y yo quisiera que eso siguiera existiendo, pero también quisiera que hubiese dibujo animado de estudio, como existe el anime japonés, que lo haga quien lo haga, es anime japonés. Eso es muy difícil de lograr y se requieren muchos años de trabajo y mucha cultura detrás para poder desarrollar un estilo. Pienso que todos los animadores del país debemos desarrollar un modo propiamente cubano de hacer animados, pues creo que es muy importante el que uno sea reconocido por su estética, por su línea de colores, por su modo de animar, pero creo que es muy pronto para empezar a hablar de eso.

Tengo la percepción de que la producción de animados cubanos ha transitado por diferentes etapas, --incluyendo un impase durante los años 90´ hasta que irrumpieron en ese ámbito las nuevas tecnologías--¿cuánto hay de esos primeros animados en los que se producen hoy? ¿Se percibe una continuidad?

Hay una tradición en los Estudios de Animación del ICAIC. Nosotros –el proyecto Anima-- entramos al dibujo animado ya tarde, no formamos parte de ese grupo de animadores que le deben a Padrón, a Raggui, porque nunca hemos trabajado en La Habana, nunca estuvimos en esos estudios, incluso hay animadores aquí que no los conocen, porque no es solo ver los materiales que ellos han hecho,  es sobre todo ver cómo lo animan, cuáles son sus estrategias de trabajo. Y sí les debemos no obstante, porque de niños disfrutamos muchísimo de su estética visual y sobre todo de sus maneras de contar las historias, tan cubanas.

Hubo un impase muy grande hasta que entraron a trabajar los Estudios de Animación del ICAIC y hoy se puede decir que hay una recuperación de la labor de estos estudios con una producción bastante seria, pero pienso que hay más cantidad que calidad. En general en toda la producción audiovisual del país hay una gran carencia de guiones. Tenemos que seguir trabajando para los niños, pero tenemos que pensar también que hay adolescentes y jóvenes que están pensando de otra manera y que estamos dejándole espacio a materiales extranjeros, que también tienen que existir, pero nosotros tenemos que tener una respuesta a esas producciones foráneas.

Por ejemplo, el anime en Cuba existe, no en los medios nacionales, sino en un mercado underground gigantesco en el que circulan las películas y los adolescentes prefieren ver anime que dibujos animados cubanos, porque no hay materiales dirigidos a ese grupo, como no los hay para adultos, pues los intentos han sido muy tímidos en ese sentido: Quietud interrumpida, con disímiles problemas en la banda sonora, pero que marca el inicio de una producción para adolescentes que hay que continuar; El propietario, de Ernesto Piña, Pubertad, que es interesantísima, pero no deja de ser didáctica.

Ahora mismo, por ejemplo, Alexander Rodríguez quiere hacer Juan Quinquín, una película inspirada en la novela de Samuel Feijóo, lo cual es muy interesante y nosotros queremos hacer Abdala, para lo cual ya tenemos el history board y el guión. Llevamos años investigando la cosmogonía Maya, que es bastante compleja, para llevarla a un animado que podrá ser para todos los públicos, pero pensado especialmente para adolescentes y jóvenes. 

¿Cuentan con los recursos necesarios para emprender todos sus proyectos?

Nosotros no nos preocupamos mucho por los recursos. Aquí las mesas de animación están hechas por nosotros, las lámparas también son inventos nuestros, si no hay sillas donde sentarse los animadores se sientan en las butacas de la sala de proyecciones. Los dibujos animados llevan sobre todo pasión y hay muchas formas de hacerlos. Tenemos por ejemplo, la experiencia de unos estudiantes que hicieron un corto con papel de origami y una cámara de bolsillo. A pesar de que la industria te exige cánones para trabajar uno puede hacer sus animados con los recursos que tenga a la mano, South Park es un ejemplo de eso pues está hecha en fhoto shop y Ernesto Piña comenzó a hacer Todo por Carlitos solo con una computadora.

Para nosotros también es muy importante mantenernos trabajando porque, por ejemplo, los clips que hacemos aquí son los que en La Habana, donde se concentra la principal producción audiovisual, no se hacen. Nuestro clips los realizamos a los artistas de la zona oriental, entre los que hay mucha calidad. Ojalá pudiéramos hacer más, pero lo importante es que en Holguín, a 800 km de la capital se están haciendo animados a pesar de las condiciones que aún nos faltan en la instalación y de la juventud de los que trabajan aquí. Pero además, ya tenemos 3 jóvenes en Puerto Padre que quieren sumarse desde allá al trabajo y también en los hay en Camagüey y en Santiago de Cuba.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.