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En la raíz del problema
Por: Liset Caño Deibe
Todos los seres humanos aspiramos a ser auténticos, los artistas con más razón deben esforzarse por ello y encontrar su senda. Este es el empeño del joven Lemay Oliva Cabo.
Lemay, es autodidacta, y esta afirmación implica segundas y terceras consecuencias para una vida que no se ha construido fácil en lo personal y en lo profesional. Como autodidacta, el joven artista, se ha hecho y reinventado en múltiples ocasiones. Este proceso interior de búsqueda y exploración lo ha sometido a un ritmo introspectivo dinámico, pero de mucho silencio. Para encontrarse a sí mismo, Lemay, debe estar físicamente solo y sentir profundamente la ausencia humana. No es entonces ajeno o casual el resultado de una obra reflexiva en la que la soledad alcanza la dimensión de única compañía. Y es precisamente la densidad del vacío el estilo y gran tema que anima casi toda la obra del joven Oliva Cabo.
Armarse de un arsenal técnico, sin escuela ni maestro, solo escuchando correcciones y criterios de unos por aquí y otros por allá, imprime al arte de Lemay un sabor fresco y espontáneo que se expande a los espectadores pero, solo puede ser definido por aquellos que posean una visión más entrenada y acuciosa. Las circunstancias y el contexto han determinado en mucho los caminos explorados por el artista y por eso en su arte es apreciable una evolución de tránsito por diferentes modalidades de las artes visuales: dibujo, pintura, instalación y más recientemente fotografía.
El mundo que con actitud segura y sensación de certidumbre transmite la obra de Oliva Cabo, a pesar de su corta edad, se debe precisamente a que el artista es su propio guía o gurú y esto no es contradictorio con sus exploraciones porque cada paso es firme y denota crecimiento humano y artístico.
Su obra pictórica la podemos dividir en dos ¨géneros¨ o tipologías: paisaje y onirismo, ambos con una larga tradición en la historia de las artes plásticas cubanas y latinoamericanas.
En los paisajes, Lemay, logra atrapar la atención del espectador por medio de sutiles manipulaciones de los elementos naturales como la luz y la sombra en el follaje de los árboles y palmas, las texturas de la tierra, ramas y piedras que complementan orgánicamente el mundo verde atrapado en el bosque tropical cubano. Estas obras se distinguen por sugerentes títulos que hacen de los paisajes una propuesta aparentemente conservadora en el plano formal pero ambiciosa en cuanto a ideas y finalidad. Como casi todo joven artista Oliva peca de ingenuo en ocasiones al dejarse seducir por la belleza del entorno, más que por un estudio minucioso de todos los elementos que dan lugar a la obra de arte, por la vivencia intensa de un mundo virtual creado por su pincel y por el ensimismamiento y estado contemplativo que ella le produce .
En su obra paisajística es evidente la herencia legada por la tradición de la Escuela Cubana de Paisaje que se desarrolló a finales del siglo XIX con maestros de la talla de Sanz Carta, Armando Menocal y Leopoldo Romañach, y que en las vanguardias continuó de las manos de Carlos Enríquez y Víctor Manuel entre otros. Sus influencias más actuales se encuentran en la obra de Tomas Sánchez y Ernesto Estévez.
Otra tendencia en sus trabajos es la creación de pinturas marcadas por un componente fantástico- onírico pero de rigor naturalista que persigue cuestionar abiertamente la relación de la persona con su medio social y el entorno que le rodea. Para esto Lemay recurre a un personaje humanoide pero de cabeza y abdomen esféricos que surgieren mutación y deformidad en el hombre que piensa y sobrevive al margen del mundo real. Crea así espacios mentales donde habita y dialoga consigo mismo o sus réplicas, que no son más que la suma de los alter ego que conforman la personalidad del artista, por momentos fragmentada en visiones ideales-optimistas y negativas-obsesivas que alternan o se enfrentan a las aberraciones socioculturales del medio imperante. Oliva pone el dedo sobre la llaga, cuestionando las causas de la violencia, la incomunicación, la ignorancia, la desinformación, el odio, las fobias, el fanatismo, el materialismo o las doctrinas ideológicas fundamentalista y tantos posibles males que hacen prever una larga y fecunda labor. El artista, se vale de sus propias histerias y obsesiones que llevadas al plano visual resultan ser una efectiva terapia espiritual para el creador y el público que observa un ambiente provocador de sensaciones contradictorias como el placer y angustia. Gracias al empleo de una técnica basada en la armonía de ocres y tierras, explorando en texturas naturales (la piedra, la madera seca, la erosión ambiental), anatomías deformes y rebuscadas, utilizando perspectivas sugestivas y angulosas, el trabajo de planos bien marcados por la luz y la sombra y el espacio vacío, el artista, logra una atmósfera visual para cada obra. A una ejecución preciosista que varia con las dimensiones y el soporte se le suma un riguroso trabajo de mesa donde se define la composición y el discurso que sostiene cada obra: “quiero capturar la atención del público que visita el espacio expositivo y sensibilizarlo hacia su otra realidad…¨.
Otra serie de trabajos de perfil más amplio o por encargo incluyen ilustraciones, fotografías, bodegones, marinas, retratos y piezas de temas religiosos. Lemay no solo pinta al óleo, también ejecuta aguadas al carbón y la tinta china, dibujos y plumillas caracterizadas por su capacidad de comunicación.
Con el arte instalativo Lemay incursionó en el espacio que se convierte realmente en el elemento más importante de la obra pues comunica los diferentes componentes u objetos de la misma y hace permisible su penetración. Trabaja la idea, los conceptos del creador, se acerca al arte conceptual. Concibe al espectador desde una nueva perspectiva, más participativa y vivencial, transporta al individuo al marco teórico para suscitar reflexión, crítica, experiencias estéticas o artísticas, aceptación, repulsión etc. Selecciona cuanto material le sea útil y expresivo y abandona “aparentemente” el oficio entendido de forma tradicional porque el creador permeado de una serie de conocimientos adquirido por vía práctica y teórica no se puede deshacer radicalmente de ellos, más bien los utilizada resemantizándolos. ¨En la raíz del problema¨ se hace evidente la sensibilidad del artista al abordar problemáticas contemporáneas inherentes al ser humano, a la sociedad y al entorno proporcionando lecturas disímiles y polisémicas. En ¨Y es arte porque me da la gana¨ no solo hace valer su irreverencia sino también hace gala del derecho del arte y del creador a rebasar los límites estéticos y provocar al espectador con nuevas sugerencias.
Mención aparte merecen los proyectos de las instalaciones que aunque deudores se alzan con un nivel de independencia tal que los eleva a propuestas artísticas abriéndole mayor brecha aún al conceptualismo que se va arraigando e instaurando en el artista.
A pesar de su juventud es posible constatar una madures creciente en el trabajo de Lemay Oliva Cabo como artista de la plástica y fotógrafo, donde incursiona desde hace algún tiempo, en principio como una herramienta de la pintura y finalmente como obra en si misma por lo que no podemos descartar una futura exhibición de instantáneas.
A pesar de su formación autodidacta, se observa en Lemay Oliva Cabo, un firme propósito de alcanzar maestría sobre la técnica, sus obras, de gran arraigo realistas pueden confundir a los ojos pero no a la mente que logra comprender los mensajes más allá de lo evidente.
La obra de Lemay es aún muy joven, pero se vislumbra en ella la inquietud, personalidad e inminencia de expresión necesarias para convertirse en una propuesta más interesante; siempre en cambio, capaz de rebasar los marcos locales y crecerse ante las dificultades técnicas y materiales.
- Currículum
- Ver Galería "Lemay Oliva y la persistencia del oficio"(2002-2010)
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